Querer consolar a los demás no es empatía

Hoy qImatge relacionadauiero compartir contigo algo que sucedió en un grupo de práctica de CNV que facilito porque me pareció muy enriquecedor. Durante la sesión uno de los asistentes compartió con el grupo su tristeza por una situación que vivió como un fracaso. Al oír su testimonio, otro miembro del grupo, le dijo lo siguiente:

– Ya sé que lo que voy a decirte no es empatía, pero lo que cuentas me parece que no es un fracaso sino que en realidad me parece un auténtico éxito, porque ….”

Cuando acabó le pregunté:

– Si crees que lo que acabas de hacer no es ser empático y a pesar de saberlo, lo has hecho,… me pregunto qué necesidad tuya estaba viva cuando en vez de dar empatía has tratado de animar y consolar a la otra persona. 
– Quería contribuir a su bienestar
– ¿Te parece que le preguntamos a esa persona si eso que has hecho le ha servido para contribuir a su bienestar?

Entonces la otra persona contestó que el hecho de consolarla no le había gustado porque no se había sentido escuchada ni comprendida. Efectivamente, minimizar o tratar de animar a alguien, puede resultar frustrante para la persona que lo recibe. ¿No te ha ocurrido que explicas algo que te ha sentado mal y la otra persona te dice que te animes o que no tiene importancia? A mi no sólo no me gusta, sino que a veces incluso me molesta, porque pienso consolando o minimizando en cierta forma me está diciendo que lo que estoy sintiendo no es legítimo…

Más tarde, esta misma persona manifestó que tratar de consolar era un patrón de conducta hacia los demás que no podía evitar. Reconocer un patrón de comportamiento requiere mucha conciencia y es el primer paso para que lo podamos cambiar. Así que nos dispusimos a indagar sobre ello.

– Es bueno darse cuenta que tratar de consolar a alguien no es una actitud empática, porque estás tratando de imponer o cambiar un estado anímico a la otra persona. Detrás de este comportamiento tuyo hay una necesidad muy poderosa que trata de ser satisfecha y que no encuentra otro camino que hacer que el otro deje de sentirse triste a cualquier precio triste...

Entonces le pregunté:

– ¿Qué necesidad tuya estás tratando de satisfacer cuando quieres que la otra persona deje de estar triste a toda costa?
– Cuando alguien está triste me siento muy incómoda. Casi no puedo soportarlo.
– Así que consolar al otro responde a tu necesidad de tranquilidad, ¿no?
– Sí
– Parece como si el sentimiento de tristeza fuera muy difícil para ti. ¿Es así?
– Sí
– Entonces tratar que el otro no se sienta triste es una estrategia para satisfacer tu necesidad de tranquilidad
– Sí…

Vaya ejercicio de honestidad personal, no te parece? Y aquí está el aprendizaje. Todos tenemos algún sentimiento que no nos permitimos o que nos resulta más difícil sentir. En este caso era la tristeza. Saberlo es algo muy importante porque cuando lo reconocemos en el otro es probable que tengamos una tendencia a que el otro no la sienta. Aquí conviene ser honesto y darnos cuenta que en realidad queremos que el otro no esté triste sobretodo para nuestro propio bienestar y tanto para el del otro. Lo que nos ocurre es que no sabemos manejarnos muy bien con ese sentimiento y pensamos que al otro le ocurrirá lo mismo, pero no tiene porqué ser así.

Y si consolamos al otro no le estamos dando empatía, y sin empatía, el otro no puede sanarse a través de nuestra presencia empática. Así que la próxima vez que tengas unas ganas irrefrenables de consolar a alguien, pregúntate si el que está necesitando empatía eres tú y luego decide si quieres cuidar de ti, o olvidarte de ti mismo por un momento para acompañar a la otra persona con su sentir, sin quererlo cambiar, sólo dando al otro tu presencia empática. Eso a mi me parece un auténtico regalo.

¡Buen viaje!

Regálate autocuidado, regálate auto empatía

En mis talleres de CNV y en mi práctica como coach, no dejo de maravillarme del efecto que tiene el recibir una escucha empática profunda. Es como si se produjera un pequeño ( o un gran) milagro delante de mis ojos y yo fuera el testimonio privilegiado este prodigio. Tratar de explicar este proceso con palabras, es como explicar lo preciosa que puede ser una puesta de sol. Lo mejor es que lo experimentes tu mismo. Aún así voy a tratar de explicar porqué me maravillo cuando se produce un proceso de escucha empática sanadora, aún sabiendo que sólo será una burda aproximación a lo que realmente es… Y aún así quiero hacerlo, porque quizás mis necesidades de expresión y de compartir algo que pienso que es un auténtico tesoro son más poderosas que la sensación de fracaso…

Así que, el proceso de escucha profunda se produce en el contexto de una conexión muy auténtica entre el que habla y el que escucha. Una conexión que se hace posible desde una aceptación incondicional del otro, de un respeto profundo a lo que es y a lo que está viviendo. Una mirada y una actitud que muestra que estamos viendo y conectando con el ser humano que más allá de cualquier etiqueta y cualquier pensamiento.

Cuando esa mirada y esa conexión se produce, si el que habla expresa algo doloroso entonces se produce el proceso de alquimia que transmuta el dolor y la insatisfacción en otra cosa que es nutritiva para la vida, y es gracias al poder de la conexión y la presencia de la otra persona. Es como si las personas, en nuestro más profundo ser, supiéramos que tu, yo, nosotros, … que todos y todo, somos en realidad una sola y una misma cosa, que todos somos parte de algo mucho mayor. Desde esa certeza interior, tu sufrimiento es también el mío, tu alegría también es mi alegría,  y sé que si te hago daño a ti, también me lo estoy haciendo a mi mismo. Esta sabiduría interior, que está grabada en nuestro ser más profundo, a veces se nos olvida y es cuando aparece la desconexión y la violencia. Sin embargo la empatía es esa energía que está en nosotros que nos ayuda a recordarnos que todos somos uno. Gracias …

Alguien dijo que el mayor regalo que podemos hacer a otra persona es nuestra presencia (y yo precisaría, nuestra presencia empática). Estoy de acuerdo con esta afirmación y además creo que estar presente para el otro es un auténtico y profundo acto de amor incondicional. Así que mi propuesta de hoy para ti es la siguiente: ¿porque no te haces a ti mism@ este regalo?

Así que cuando te sientas anímicamente mal, en vez de tratar de ignorarlo, o tratar de evitarlo haciendo otra cosa, mi propuesta es que te regales tu propia presencia empática. Al fin y al cabo, eres la persona que tienes más a mano cuando te ocurre algo, ¿no? Si aceptas mi propuesta, entonces te sugiero una forma de hacerlo que quizás te parezca un poco loca. Se trata que busques un espacio de tranquilidad en el que te puedas hablar a ti mism@ en voz alta y no piensen que estás loc@. Entonces te puedes preguntar. A ver (y te dices tu propio nombre) cuéntame que te pasa, que te escucho, estoy sólo para ti.

Es muy importante que te digas tu propio nombre en voz alta, ya que es una forma muy directa para interpelarte. Luego te puedes permitir explicarte todo lo que te pasa por la cabeza hasta que te canses de hablar … y mientras hablas, te escuchas muuuuy atentamente. Y cuando has parado de hablar te puedes preguntar. A ver, <otra vez te dices tu propio nombre>, ¿cómo te estás sintiendo en este preciso momento? Y te lo explicas, o mejor te escuchas en silencio,… permitiéndote sentir lo que sientes en ese mismo momento. Lo que está pasando aquí y ahora es lo correcto y adecuado que pase. Pon toda tu atención en la sensación física, en tu cuerpo, en tu sentir, … si aparecen pensamientos deja que se vayan por donde han venido…

Y cuando te hayas permitido el espacio suficiente para sentir, te puedes preguntar. ¿Te sientes así porque necesitas ….? y te dices cuales podrían ser las necesidades y valores universales no satisfechas que están en la raíz de esos sentimientos. Nómbralas una a una, despacito, escuchando tu cuerpo para reconocer si resuena o no resuena en ti esa necesidad. Escúchate de esta forma para evitar caer en darte la razón y para salir de esa cháchara mental a la que estamos acostumbrados. Eso ya sabes que te lleva a la insatisfacción y el jaleo mental improductivo… y tu te mereces otro tipo de escucha.

Y al final de todo, con la claridad que te produce el saber lo estás necesitando, quizás te animes a dar el último paso para cuidar de ti mism@.. ¿qué es lo que te pides para cuidar de ti para tratar de satisfacer esas necesidades?

 

 

Cuatro maneras de escuchar mensajes difíciles

Resultat d'imatges de escucharEn la entrada de hoy me gustaría compartir contigo una situación en la que nos encontramos muchas veces, que es la de recibir un mensaje que nos resulta difícil de escuchar. En este artículo espero poder ofrecerte alternativas más allá de las conocidas, ¿te parece acompañarme?

Las 4 maneras de escuchar un mensaje difícil

Lo primero que tendríamos que ver es que es escuchar un mensaje difícil. Lo primero que podríamos decir es que un mensaje puede ser difícil de escuchar para mí y en cambio para ti no lo sea. Esto es quizás la primera cosa que podríamos tener en cuenta. Entiendo que un mensaje difícil es aquel que no me gusta escuchar. Pongamos un ejemplo, Supón que alguien me dice lo siguiente “Eres un desconsiderado por no avisarme que ibas a ir a aquella fiesta“. Me molesta escuchar eso porque siempre aviso y esta vez me despisté y no lo hice.

Voy a utilizar este ejemplo para describir las cuatro maneras, según la CNV, para responder a este tipo de comentarios.

1.- Culpar a los otros

Este tipo de comentarios son recibidos como un ataque, así que el primer impulso es responder con otro ataque culpando a la otra persona. Podría ser algo como lo siguiente: “Mira quien ha ido a hablar, la que se va sin despedirse ni decir nada a nadie…” ¿Te suena? 😉

2.- Culparse a uno mismo

El ataque recibido, en vez de producir una explosión, lo que puede hacer es una implosión, es decir culparse uno mismo por lo ocurrido. Así que podría ser algo así como “Es verdad, tiene razón, soy un desconsiderado y tendría que haber avisado”. Como ves, el ataque ahora se dirige hacia uno mismo. Ya no sé qué es peor. Veamos alguna alternativa más para salir de este círculo tan dañino.

3.- Expresión honesta de nuestras necesidades y sentimientos

Esto ya suena un poco más diferente a los que estamos acostumbrados, ¿verdad? De lo que se trata es de darse cuenta que el comentario me está afectando y escucharnos y tenernos en cuenta antes de hacer ninguna cosa. Se trata de parar y hacernos las siguientes preguntas ¿qué estoy sintiendo ahora mismo? ¿Qué necesidades y valores universales son importantes para mi en esta situación y me están faltando? Quizás estoy enfadado porque pienso que siempre la he tenido en cuenta y para una vez que me despisto, me tira la caballería encima…

Después de darme cuenta de ello podría decirle lo siguiente: “Oye, cuando me dices esto, me siento entre enfadado y frustrado porque me gustaría que valoraras las muchas veces que te he tenido en cuenta porque eres una persona importante para mí“. Supongo que ya ves que esta respuesta ya se sale de lo que acostumbramos a hacer. Pero incluso podemos hacer una salto más.

4.- Escuchar las necesidades y sentimientos de la otra persona: ofrecer empatía

Para llegar a este estadio creo que es necesario haber pasado por el paso 3, aunque no lo hayamos verbalizado. De lo que se trata es de tratar a la otra persona de la misma forma que hemos hecho con nosotros mismos, es decir, darle empatía tratando de imaginar que sentimientos y necesidades tenía esa persona en el momento que me dijo lo que me dijo. Así que ahora se trata de olvidarse de uno mismo y centrarse en la otra persona. Por eso te digo que para llegar al paso 4 antes conviene haber pasado por el 3. Pongámoslo en acción.

Vamos a ver, cuando esa persona me dijo que era un desconsiderado, ¿qué podría estar sintiendo? Y sobretodo, ¿qué necesidades y valores que son importantes para ella no estaban presentes? Seguramente estaba enfadada, lo puedo reconocer por el tono con el que me lo dijo. Supongo que para ella era muy importante asistir a esa fiesta,… No sé cual debe ser el motivo. Puede ser que fuera alguien que le interesa mucho, o simplemente quería pasarlo tan bien como nosotros. Supongo que también debe ser importante formar parte del grupo. Así que le podría estar faltando compañía, pertenencia al grupo, ser tenida en cuenta y valorada como un miembro valioso. Ahora ya imagino cuales podrían ser las necesidades que le están faltando cuando me hizo ese comentario. Bueno, aunque todo esto son sólo suposiciones mías. Lo importante es saber qué pasa a esa persona así que se lo podría preguntar. Diría algo como lo siguiente:

– Cuando me dices esto, supongo que estás enfadada porque para ti es muy importante que te consideremos como una persona importante y valiosa del grupo. ¿Es así?

Si acertamos, perfecto, pero si no, podemos volver a preguntar, porque lo importante no es acertar sino nuestra actitud de interés por sus sentimientos y necesidades. Es muy probable que después de eso, esa persona se haya tranquilizado porque ya ha sido escuchada y entendida, que es lo que todos los seres humanos necesitamos cuando estamos enfadados.

Una vez esa persona ya ha sido escuchada, sí que estaría más dispuesta a escucharnos, así que podríamos intervenir nosotros para decirle cómo nos hemos sentido cuando nos hablado de esa forma, siempre en términos de necesidades y sentimientos. Así la conversación podría haber sido algo así:

– Sí es lo que dices. Estaba enfadada porque pensaba que me estabais dejando de lado.
– Ya veo. Quieres estar con todo el grupo, disfrutar juntos y que te veamos como valiosa para el grupo.
– Sí, eso.
– ¿Te va bien si te explico ahora qué me ha pasado cuando me has dicho eso?
– Vale
– Pues lo que me ha pasado es que me he sentido primero enfadado y luego triste porque me gustaría que pudieras ver lo valiosa que eres para mi y cómo te he tenido en cuenta en otras ocasiones. También triste porque no me di cuenta de lo importante que era para ti esta fiesta. Me olvidé de avisarte y me entristece que este despiste ta haya dolido tanto.
– Bueno, lo importante es que lo hayamos aclarado. Además me ha gustado mucho oírte decir que soy importante para ti.
– Pues claro !
– Pues no hay problema, todos nos despistamos alguna vez. Dame un abrazo !

Conclusiones

En este artículo hemos visto juntos las cuatro maneras de responder a mensajes difíciles. Las dos primeras se basan el modelo del ataque defensa. Las dos segundas se basan en que, todo comportamiento es un intento de satisfacer necesidades y valores universales, aunque en ocasiones la estrategia que se utiliza sea trágica. La capacidad de traducir comportamientos a necesidades y sentimientos nos permite conectar con nosotros mismos y con los demás y romper las dinámicas del ataque, defensa que tanto dolor y malos entendidos causan. ¿Qué posibilidades nos abre el todo esto?

¡Buen viaje!

P.D. Ahora tienes la posibilidad de aprender poniendo en práctica los 4 pasos de la CNV, la expresión honesta y la escucha empática, asistiendo a mis talleres. Estaré encantado si vienes para practicar esta forma de comunicarte contigo y con los demás. Consulta la sección de eventos.

La intuición empática frente a las conjeturas intelectuales

Resultat d'imatges de conjeturaHoy quisiera hablarte de la diferencia entre tener una intuición empática de lo que es tener conjeturas intelectuales, situándolo en el marco de una conversación. Concretamente, me refiero a ese diálogo interno que se produce cuando estás escuchando a otra persona.

Para explicarte esta distinción creo que lo mejor será hacerlo a través de un ejemplo. Supón que vienes un día a verme y me dices que quieres explicarme una cosa que te inquieta y empiezas a hablarme, y yo me quedo en silencio. En tu conversación me explicas algo que me dispara en siguiente pensamiento:

  • “Ah mira, lo que yo creo que le está pasando es que quiere una cosa pero lo que expresa es otra cosa diferente. Quizás me está tratando de ocultar algo o se está auto engañando.”

Esto podría ser el ejemplo de una conjetura intelectual en el sentido que es algo que yo pienso que podría pasarte desde una perspectiva intelectual, mental. Analizo, comparo con mis patrones y modelos mentales y hago un diagnóstico de lo que podría estar pasándote.

Ahora que estamos de acuerdo respecto a lo entiendo como una conjetura intelectual te explicaré qué es para mi la intuición empática. Se parece a la anterior en el sentido que la intuición empática también indica que es algo presuntivo, es decir, que no tengo certeza sobre eso. Sin embargo, esa intuición se emite no desde algo intelectual sino desde la empatía, desde el corazón. Desde luego es una forma de hablar metafórica, no literal pero a mi me parece útil para entender mejor la diferencia.

Te propongo utilizar el mismo ejemplo que antes para ver mejor esa diferencia. Recuerda que vienes a verme para explicarme algo que te inquieta. Tendría una intuición empática si pensara de la siguiente forma.

  • “Vale. Me doy cuenta que cuando pienso que quizás estás tratando de ocultar algo entonces me siento inquieto porque necesito claridad y es algo que yo valoro y necesito. También me parece intuir incomodidad en tu expresión, quizás porque también esté necesitando claridad u honestidad, aunque no tengo ninguna certeza sobre eso. La única manera de saber es preguntártelo, así que es lo que voy a hacer ahora mismo.”

Si te fijas, la diferencia con respecto a la conjetura intelectual es que mi intuición (y no certeza) viene de lo que yo creo que tu podrías estar sintiendo y necesitando. Como hago referencia a necesidades y sentimientos, metafóricamente digo que viene del corazón, para distinguirlo de las conjeturas intelectuales que digo que vienen de la cabeza.

Ahora, quizás te esté preguntando: vale, ¿porqué te empeñas en hacer esta distinción? ¿Porqué es tan importante?

El impacto de este distinción en la calidad de la conexión que tenemos con las personas

Creo que la respuesta me la podrías dar tu mism@. ¿Te sentirías igual si te dijera la conjetura intelectual del ejemplo, que si te lo expresara en forma de intuición empática? Supongo que no. Quizás en la primera podrías pensar que te estoy juzgando. Si tenemos mucha confianza y conexión quizás se podría superar la desconexión y separación que provoca ese juicio, e incluso quizás podría ayudarte a ver que quizás te estás auto engañando. O no, porque sólo es una conjetura, no una certeza. Y también podría pasar, que la confianza y conexión de ese momento se rompiera porque la conjetura intelectual implica que te estoy juzgando. Y cuando a alguien le juzgan se puede sentir atacado por lo que es posible que se ponga a la defensiva.

En cambio, en la intuición empática no hay juicio sino que hay un intento de conectar con la otra persona a través de lo que podría estar sintiendo y necesitando. Incluso, aunque no acierte con el sentimiento y la necesidad, podría hacer otra intuición empática para tratar otra vez de conectar contigo, no desde lo intelectual, y más desde “el corazón”. ¿Qué tipo que conexión tu prefieres? Y sobretodo, ¿qué es lo que más te ayudaría para aclarar qué es lo que te está pasando?

Bajo el paradigma de la intuición empática hay la creencia y la fe que no hay que intervenir para cambiar ni arreglar al otro, sino que se trata de tener la confianza que la otra persona es capaz de encontrar claridad y dar el espacio para que eso sea posible a través de la empatía. Y alegrarte cuando eres testigo una y otra vez que eso pasa.

Conclusiones

Con esto no quisiera decir que hacer intuiciones es mejor que conjeturas, simplemente porque muchas veces los pensamientos surgen sin que se puedan evitar. No te estoy hablando de reprimir o controlar pensamientos. Lo que sí que está en nuestras manos es poner conciencia y darnos cuenta cuando estamos haciendo conjeturas intelectuales y cómo trasnformarlas en intuiciones empáticas si queremos conectar de forma profunda con la otra persona.

Así que esta es mi propuesta de hoy para ti. Que tengas …

¡Buen viaje!

“Todo lo que nos irrita de los demás puede conducirnos a la comprensión de nosotros mismos” C. Jung

Hoy empiezo con esta cita de Carl J. Jung porque me parece una manera excelente de introducir el concepto de Necesidades según la Comunicación Noviolenta (CNV) y el papel central que juegan en la comprensión del ser humano. Pero mi propuesta no es una viaje teórico sobre la naturaleza humana sino que voy a tratar de explicarte qué sentido tiene para mi esta cita de Jung. ¿Me acompañas?

Continuar leyendo

No compres su película: la diferencia entre simpatía y empatía

Quiero explicarte esta distinción a través de una conversación entre un jefe y su colaborador, que entra el despacho de su jefe para explicarle una dificultad que tiene con una persona que participa en el mismo proyecto.

-( Colaborador) Durante las últimas dos reuniones la persona que dejó el proyecto y que acaba de regresar se ha dedicado a criticar el trabajo que he hecho durante el tiempo que ha estado fuera. Ha sido muy cansado porque he tenido que responder a esas críticas y me ha costado mucho avanzar. Entorpece el ritmo de avance del proyecto y estoy harto que me critique contínuamente. Además no entiendo porqué antes de irse era muy buen colaborador y ahora no para de criticar.

-(Jefa) ¿Puede ser que hayas comprado su película?

-No sé qué quieres decir

-Digo que has comprado su película, en el sentido que has confundido críticas, que son juicios y opiniones sobre tu trabajo, con la realidad de los hechos. Lo que quiero decir es que has creído como una verdad algo que es un juicio y los juicios no pueden ser nunca ciertos o falsos sino que sólo pueden estar bien o mal fundamentados. Pero incluso una opinión que esté muy bien fundamentada sobre hechos observables, nunca lo convertirá en una verdad. Sólo los hechos pueden ser ciertos o falsos y la frontera entre hechos y opiniones a veces muy difícil de encontrar. Puedes entrar a rebatir su opinión sobre si está bien o mal, lo que ocurre es que cuando hay confusión sobre si estamos hablando de hecho o de opiniones, entonces es muy fácil entar en la dinámica de saber quien tiene y quien no tiene la razón. Eso es significa jugar al juego de ser simpáticos (tienes y de doy la razón) o antipáticos (no tienes razón y la razón la tengo yo, claro). Es un juego en que siempre hay uno que gana pero a costa del resentimiento del que pierde. 

-No sé si te entiendo muy bien. Entonces, ¿cómo sería dejar de jugar a este juego?

-Bueno, lo que hace falta primero es darse cuenta de que estamos hablando de opiniones y no de hechos, lo cual no es cosa fácil. Pero si tienes la habilidad de darte cuenta de eso, entonces mi propuesta es que dejes de jugar al “¿Quien tiene la razón?” y que hables y escuches de un lugar diferente: la empatía.

-Eso es muy abstracto. ¿Cómo se hace?

-Una forma es traducir el lenguaje de las opiniones y los juicios al lenguaje de las Necesidades Universales

-Estoy perdido

-Primero déjame explicarte lo que son las Necesidades Universales

-Vale

-Es aquello que tenemos en común todos los seres humanos y que es indispensable en nuestras vidas. Engloba las necesidades vitales (respirar, beber, comer,…) las de seguridad (material y afectiva) y las necesidades de desarrollo del ser humano (contribución, sentido, libertad,…)

-Entendido. Ahora, ¿cómo continúo?

-Vamos a ver. Dime algo que te haya dicho que te molestó.

-Dijo que lo que habíamos hecho el último año estaba todo mal. ¡TO-DO!

-Dijo “todo”…

-SÍ!

-Supongo que estás molesto porque se cargó de un plumazo tu trabajo desde que se fue hasta ahora. Así que supongo que es muy importante para ti ser visto y reconocido por el esfuerzo realizado durante ese año, con todas las dificultades que eso te ha supuesto, ¿no?

-Sí, exacto.

-Así que es muy valioso para tí ser visto. Por eso te sentiste molesto. Si no necesitaras ser visto y reconocido por el trabajo que has hecho, no te hubieras molestado en absoluto.

-Sí…

-Quizás te parezca extraño pero ahora te propongo que te quedes un rato para darte cuenta de lo importante que es para tí ser visto y reconocido. 

(silencio)

-Ahora que sabes cuales son tus Necesidades no satisfechas y te has dado cuenta de lo importantes que son para ti, me pregunto si estarías dispuesto a indagar sobre sus Necesidades, es decir, te propongo traducir sus juicios en Necesidades Universales. Cuando dijo que todo está mal quizás esperaba encontrar el proyecto en un estado diferente en el que está. ¿Qué crees tu que son las Necesidades que le están faltando?

-Que no le cambien aquello que dejó cuando tuvo que irse del proyecto.

-Vale, necesita estabilidad. ¿Qué más?

-No lo sé.

-Te ayudo. Te critica porque quizás necesita …

-No lo sé.

-Quizás decir que está mal es una forma de expresar que lo de antes estaba bien. ¿Qué necesidad hay ahí?

…. (silencio)

-Puede ser que necesite reconocimiento por el trabajo que hizo antes de irse. 

-Si eso es así, significa que los dos necesitáis reconocimiento, es decir, ser vistos por el trabajo que habéis hecho.

-Quizás sea eso, sí. … ¡Ufff! …

-Con esto que has visto, ¿se te ocurre alguna manera diferente de relacionarte con él?

-Desde luego que sí. La próxima vez quizás empiece por interesarme por el trabajo que hizo antes de irse… y también le explicaré todo lo que yo he hecho durante el tiempo que ha estado fuera. Quizás eso sirva.

-Yo creo que sí servirá.

Conclusiones

Bien, después de éste diálogo espero que haya podido explicarte la diferencia entre escuchar desde el tener o no tener la razón (simpatí o antipatía) y escuchar desde la empatía. Desde la empatía no hay uno que gana y otro que pierde, sino que se escuchan las necesidades que hay tras cualquier juicio y opinión. ESo permite que las personas se vean y se reconozcan como seres humanos vulnerables, con necesidades que esperan ser reconocidas íntimamente y recíprocamente. Entonces el conflicto se disuelve y las dos partes pueden ganar, ¿no te parece?

¡Buen viaje!

 

El hombre que odiaba la Navidad.

Aquí tenéis mi regalo de Navidad: un pequeño relato. Espero que lo disfrutéis.

Erase una vez …
… una persona que no quería celebrar la navidad. De hecho la odiaba y por ello la gente no quería estar con él porque decían que era un amargado y ellos querían ser felices. Eso le confirmaba su idea que la Navidad era un tiempo horrible y entendía todavía menos cómo era posible que la gente estuviera tan feliz en Navidad. Así que, durante las fechas navideñas, intentaba relacionarse lo menos posible con las personas.

Precisamente uno de esos días, estando sentado en un banco de un parque que le gustaba frecuentar, una persona se sentó a su lado. No le gustó, porque él quería estar sólo y esa persona estaba rompiendo esa necesidad de distancia que era tan viva en esas fechas. Además esa persona canturreaba algo indescifrable y parecía especialmente feliz, lo cual aún le daba aún más rabia.

Pensó que era uno de esos activistas de las Navidades Felices y decidió poner remedio a eso lo más rápido posible y le dijo:

– ¿No te parece que las Navidades son una época triste y horrible, donde la gente es especialmente pesada cantando villancicos y desparramando felicidad sin ton ni son?

Esa persona dejó de canturrear y se quedó en silencio. Su cara no reflejaba ningún enfado a pesar de su comentario. Simplemente le miró a los ojos de una forma firme y suave. Los facciones estaban relajadas y eso fue algo que lo desconcertó por completo porque estaba acostumbrado a que la gente se apartara de él o simplemente empezara a discutir. Entonces esa persona le dijo:

– Por lo que me preguntas, las Navidades son para ti una época triste y horrible.
– Muy perspicaz – le contestó.

(Aunque estaba menos enfadado, aún deseaba estar solo y quería quitarse de encima a esa persona con ese comentario irónico. Si continuaba contestando de forma impertinente seguro que lo iba a conseguir. Sin embargo, esa persona contestó)

– Me parece que te he dicho una obviedad- respondió el desconocido de forma tranquila
– Sí. No hay que ser muy listo para darse cuenta. – Contestó nuevamente de forma irónica
– Y eso no te ha gustado.
– No. Para nada
-Ya veo… además creo que no te gusta que la gente en estas fechas desparrame felicidad sin ton ni son…

(Aún quería ahuyentarle pero le estaba costando mucho continuar con esa actitud porque esa persona no tenía muchas ganas de discutir. Decidió continuar explicando lo que le pasaba)

-Sí ¡Cantan y son felices sólo porque es Navidad !
-Entiendo que dices que la gente es feliz sólo porque toca estar feliz y me parece que no te gusta, porque para ti es importante ser auténtico y no seguir lo que los otros dicen que has de hacer o sentir.

(Parecía que esa persona le estaba entendiendo. Al menos nunca hasta entonces le había escuchado así…)

-¡Eso! Parece que en Navidad sea obligatorio estar feliz… ¿y si uno no tiene ganas de serlo o simplemente tiene motivos para estar triste?
-… supongo que deben haber motivos, que la gente no sabe, que hacen legítima tu tristeza. Me parece que te molesta que alguien o algo quiera imponerte la forma en que debes sentirte porque valoras mucho tu libertad…
-Sí ….
-… sobretodo cuando es algo tan personal como los sentimientos. Valoras y quieres respetar eso que te pasa, aunque eso no les guste a los demás, ¿no?
-Sí, es eso.

(Su enfado había desparecido porque estaba conectando con aquellos valores que eran fundamentales para él. Esa conexión con lo esencial le estaba llevando a una conexión muy profunda. Las cosas estaban cobrando un sentido que antes no tenían y eso, curiosamente, le estaba calmando. Entonces continuó)

-Para es muy importante respetarme y quiero tener la libertad de sentir lo que sea, aunque eso no le guste a los demás. Al mismo tiempo, pago un alto precio por ello: me aleja de los demás.
-Creo que, además de la libertad y el respeto hacia ti mismo, también valoras mucho la conexión y proximidad hacia los demás.
-Sí…
– … y te encantaría encontrar alguna manera de actuar en la que no tengas que renunciar a todo esto que es tan valioso e importante para ti , ¿verdad?
-Sí… es eso.

(Entonces hizo una profunda respiración. Algo había cambiado en su interior. Había claridad donde antes sólo había lío mental, juicios y rabia. Se dio cuenta que podía tener un profundo respeto hacia lo que sentía y que, al mismo tiempo también podía respetar profundamente la alegría que sentían los otros, aunque él no la compartiera. Podía estar con sus sentimientos sin pensar que los otros le estaban tratando de imponer cómo debía sentirse. De hecho, eso era imposible porque sólo él era el dueño de su alma. Unas lágrimas brotaron en sus ojos… Entonces miró a esa persona que “sólo” le había escuchado de una forma tan profunda.. )

-Gracias por escucharme así, porque has hecho posible que yo mismo me pueda escuchar. Gracias por regalarme empatía. Te deseo que pases unas Navidades felices….¡ o no ! –

(Le guiño un ojo para compartir la complicidad de ese comentario y de despidió de él. El parque, la calle y las personas con las que se cruzaba, ahora le parecían diferentes. Incluso la Navidad le parecía que había cambiado…)

-Desde luego, es cierto aquello que dice que “el mundo cambio cuando uno cambia

Fin

P.D. Te deseo unas navidades llenas de empatía.

¡Alegra esa cara!

A veces, tratamos de contribuir al bienestar de una persona y la estrategia que escogemos consigue el efecto contrario. En relación a esto quiero compartir contigo una cosa que me pasó hace unos días y que tiene que ver justamente con esto. Se trata de lo siguiente.

La historia pasó en el trabajo. Yo llevaba dos días en los que me estaban surgiendo problemas inesperados y no estaba sabiendo cómo resolverlos. Esto me agobiaba porque se me acumulaba el trabajo y mi cabeza no paraba de darle vueltas sin resolverlo. Entonces, recibí una llamada de una persona quejándose por un servicio.

Cuando acabó la conversación estaba frustrado porque no había conseguido resolver la situación y también estaba molesto porque esa persona no había valorado los esfuerzos que habíamos hecho para tratar resolver la incidencia. No paraba de pensar cosas como: “Hagas lo que hagas nunca están satisfechos” “Sólo tengo quejas y nadie valora el trabajo que se hace” “No paro de tener problemas…”.

Así que entré en el ascensor con todo este jaleo en mi cabeza. Seguro que mi cara reflejaba este lío, porque una compañera de trabajo que estaba en el ascensor me dijo: “Alegra esa cara, hombre”. Supongo vio el estado de ánimo en mi cara e intentó animarme.

Desde luego te aseguro que lejos de animarme lo que consiguió fue un efecto totalmente contrario. En ese momento recibí esas palabras como un ataque en toda regla porque pensé: “¿Acaso tiene alguna idea de lo que me está pasando? ¿No tengo derecho a estar enfadado después de todo lo que estoy aguantando? ¿Acaso la gente tiene que poner buena cara a pesar de lo que le suceda? ¡Qué manera de imponer a los demás un estado de ánimo!”

Así que le respondí de la siguiente manera: ¡Cómo que alegre la cara! ¡Yo pongo la cara que me da la gana! ¡No faltaría más! Se lo dije muy enfadado y ella respondió que no hacía falta que me pusiera así. Por suerte las puertas del ascensor se abrieron y yo pude “huir” muy agitado por todo lo que había pasado.

Tratar de cambiar el estado de ánimo de alguien no es empatía

Me gustaría compartir contigo algunas cosas que me parecen muy importantes con respecto a esta anécdota. Vayamos por partes y comencemos por ella. ¿Qué es lo que la impulsó a hacer ese comentario? Yo me imagino que quería que me sintiera mejor y intentar animarme era su estrategia para satisfacer su necesidad de contribuir a mi bienestar.

Ahora bien, lo que obtuvo fue un efecto contrario en mi porque lo que yo necesitaba más urgentemente era una escucha empática y querer consolar a alguien porque se siente mal, puede ser adecuado en otras ocasiones pero no lo es si la otra persona necesita empatía. Yo estaba muy agitado y cuando me dijo que cambiara la cara pensé que no entendía nada de lo que me pasaba y que tenía que cambiar de humor simplemente porque ella lo decía. ¿Qué pasaba conmigo? ¿Lo que yo estaba sintiendo tenía alguna importancia? Como ves, el efecto que consiguió tratando de cambiar mi estado de ánimo fue que me enfadara todavía más, justo lo contrario de lo que pretendía.

Algo parecido pasa cuando alguien está deprimido y explica cómo se siente a una persona y entonces ésta le dice que se anime, que mire las cosas positivas de la vida, que se fije en lo que tiene y no en lo que le falta… ¡No, por favor! Os pido que no hagáis eso a menos que queráis que esa persona piense que no entendéis nada de lo que le pasa… Ya sé que se hace con las mejores de las intenciones, pero si quieres contribuir a su bienestar quizás sea más eficaz escuchar y nada más. (¿Sabemos lo que es realmente la escucha empática?).

Otra de las situaciones en las que se pueden ocurrir algo parecido es en los entierros. Hay algunas personas que ante el dolor de una persona por una pérdida consideran que tratar de animarla es lo mejor que pueden hacer para contribuir. Sin embargo yo me pregunto, ¿acaso no está justificado que esa persona sienta dolor por la pérdida de alguien querido? ¿Porque no honrar el dolor de esa persona acompañandola sin tratar de cambiar ni de mitigar ese dolor? Yo creo que, aunque parezca eso sea no hacer nada, en realidad es hacer mucho por ella.

Alguna cosa más…

No me gustaría que creas que para mi está mal intentar animar a alguien. Lo único que quiero es dar un poco más de claridad que nos permita decidir cual podría ser la mejor manera de contribuir al bienestar de una persona, sobretodo cuando lo que una persona está necesitando es empatía.

Finalmente, es posible que estés pensando que mi respuesta en el ascensor fue brusca hacia la otra persona porque que no tuve en cuenta las intenciones de contribuir a mi bienestar. Estoy de acuerdo y también no quiero sentirme culpable teniendo en cuenta que esa fue la mejor respuesta que pude dar teniendo en cuenta ese momento y esas circunstancias. Ahora bien, sabiendo lo que sé ahora y habiendo recibido empatía por lo que me ocurrió, creo que otra vez que me ocurra lo mismo podría responder algo así:

– Realmente estoy de mal humor. Diciéndome que ponga buena cara supongo que quieres que me sienta mejor, ¿verdad?
– Pues esto que me has dicho no me ayuda nada a sentirme mejor y al mismo tiempo te agradezco mucho tu interés . Si quieres luego nos vemos y te lo explico con calma.
– ¿Qué te parece?

Llámate por teléfono

En el post de hoy quería hablar contigo sobre qué es la autoempatía y sobretodo, cómo ponerla en acción. Es algo que quería hacer hace tiempo pero no sabía muy cómo abordarlo… hasta ahora. Todo gracias a un video de Fidel Delgado que te recomiendo que mires (Fidel Delgado: llámate por teléfono). Este post está basado en él aunque yo te propongo una pequeña variación sobre las preguntas que él propone. Ahora te explico de qué se trata.

De la misma manera que cuando recibimos un golpe o nos hacemos una herida que nos duele conviene prestarle atención lo antes posible, cuando nos ocurre algo que nos toca emocionalmente, es conveniente también prestarle atención. A mi me parece lógico. Ahora bien, en ocasiones no actuamos de esta manera y esto puede ser por varias razones. Una podría ser porque las emociones desagradables tendemos a reprimirlas o a enmascararlas ya que hay una tendencia natural a alejarse de lo desagradable y acercarse hacia lo agradable. Otra razón podría ser que, aunque se pueda reconocer la emoción no se sepa qué hacer con ellas. Seguramente debe haber otras muchas razones…

La cuestión es que hay algo que duele y requiere nuestra atención. Una manera de hacerlo es mediante la auto-empatía, es decir, darse empatía a uno mismo, atenderse y escucharse para saber que es lo que nos hace daño. ¿Cómo ? Pues a ahí es donde entra en juego mi propuesta de hoy para ti:

¡ Llámate por teléfono !

Toma tu teléfono móbil y marca un número. Te propongo que marques tu número de DNI, más que nada para evitar que llames a alguien de verdad de forma accidental. Luego te llamas por tu nombre. En mi caso sería:

– Hola Cesc

Eso ya te sorprenderá porque normalmente los que te llaman por tu nombre son los otros y no tu mismo. Eso te hará regresar a ti mismo. Luego te preguntas lo siguiente:

– ¿Cómo estás ? ¿Qué te pasa?

Y te lo explicas. Es hora de desahogartete porque hay alguien que te está escuchando con atención plena, al 100%, que te conoce y que está dispuesto a escucharte de verdad y con presencia. Quédate el rato que necesites hasta que llega el momento de hacerte la siguiente pregunta:

– ¿Qué necesitas?

Esta pregunta es una revolución porque te saca de la queja, que es como una droga que satisface pero que te deja sin energía para salir de la situación en la que te encuentras. De lo que se trata es de encontrar qué necesidades y valores universales te están faltando en estas situación. (Acceso a listado de necesidades) Este paso te dará mucha claridad. Una vez que hayas descubierto y reconocido cuales son esas necesidades que son tan valiosas para ti, te propongo que te quedes ahí un ratito. Dedicarles unos instantes para reconocerlas y para darse cuenta de lo importantes que son es una forma de honrar algo que es muy valioso. Finalmente acabas con un:

– Luego te llamo

Y vuelves a la situación en la que estabas. Después de haber “recibido” una llamada tan especial tendrás otra perspectiva y es muy probable que se te abran unas posibilidades que antes no podías ver.

Confieso que parece una tontería o incluso una locura, pero lo he probado y me ha funcionado. Esto no es ninguna garantía de que eso te sirva, pero ¿qué pierdes con probarlo? Después de todo, darte un espacio para ti y para escucharte cuando te pasa algo, podría ser un gran favor que te puedes, porque cuidar de ti mismo es tu responsabilidad y es un paso necesario para que puedas ayudar a otros con garantías. Prueba y me dices.

¡Buen viaje!

Grita, pero de forma diferente: transformando la basura emocional, 2ª parte

Querido lector@, si leíste mi entrada Cómo transformar la basura tóxica emocional en abono …. verás que me comprometí a darte una alternativa para enfadarte de una forma diferente cuando la situación necesita e nuestra respuesta inmediata y no podemos poner en práctica los pasos que te describí. Así que, lo que trataré de explicarte es cómo enfadarte de otra forma para situaciones de urgencia. ¿Qué podría ser una de urgencia?

Por ejemplo, imagínate que durante mi jornada de trabajo he tenido una discusión con un cliente (… malo) y luego mi jefe me ha dado una bronca (… más malo todavía). Acaba la jornada y sólo tengo ganas de llegar a casa para descansar y para que escuchen mi relato del día tan horrible que he tenido. Me encantaría que me dieran mucha escucha, atención y empatía. Hoy realmente lo necesito porque estoy muy mal… Pues bien, cuando llego a casa lo que me encuentro son mis dos hijas peleándose, gritándose e insultándose ¿te lo imagina?

– Ahh! Brrr! No puede ser, ¡ hoy no! ¡ Esto es demasiado para mi !

Con estos pensamientos en la cabeza y con mi estado de ánimo después del día tan horrible la reacción que me pide el cuerpo es enfadarme con ellas, gritarlas e incluso, si estoy muy enfadado, castigarlas por pelearse e insultarse. Digo reacción porque no hay ningún espacio entre el estímulo (mis hijas están en casa peleándose) y mi respuesta (me pongo yo también a gritar diciéndolas que no saben comportarse, que son unas desconsideradas y que se merecen un castigo)

La reacción conocida tiene un resultado conocido, no podría ser de otra manera. El castigo no me sirve porque lo que consigo es tranquilidad aun precio muy alto ya que me he enfadado todavía más. Al castigarlas y gritar que son unas desconsideradas he conseguido que ellas también se enfaden lo cual afecta a mi relación con ellas, que es algo que quiero evitar porque me intersa cuidar la relación. Además no he conseguido aquello que tanto necesitaba que era escucha, atención, cariño y empatía. Como ves unos resultados muy pobres.

Lo que a mi me gustaría es enfadarme de una forma que provoque en los demás un impulso de ayudar al que está enfadado y darle la empatía que tanto está necesitando. Ya te comenté en el pasado artículo que una persona enfadada es en realidad una persona que sufre. Lo que ocurre es que expresa ese enfado culpabilizando a los demás por sentirse como se siente. Así que las personas reciben un mensaje agresivo y ante una agresión, las reacciones posibles son el contra-atacar, someterse a la agresión o huir. En cualquier caso, la respuesta está a las antípodas de la escucha, la atención y la empatía, que es lo que necesita una persona que está enfadada.

¿Cómo sería enfadarse diferente? Recuerda que lo que quiero conseguir es expresar mi sufrimiento de forma que no sea percibido como una agresión. Para que esto ocurra hay que hacer un cambio de paradigma. La propuesta es cambiar de:

Continuar leyendo