El camarero en el restaurante

Hola! Cuanto tiempo sin vernos, ¿eh? Lo cierto es que he pasado un par de meses en los que he decido volcar todas mis energías en otros proyectos y he decido, con dolor, no publicar artículos durante un tiempo. Sin embargo, hoy se acaba este período de sequía si bien no quiero prometerte que vaya a escribir con la frecuencia y regularidad que lo hacía hasta ahora. No quiero que escribir y compartir contigo se convierta en una obligación. Quiero que cuando lo haga sea porque realmente lo quiero hacerlo desde el corazón. Supongo que tú también prefieres que lo haga desde el deseo de contribuir y no desde la obligación o la imposición, aunque venga de mi mismo, ¿verdad?

Así que, lo que quiero compartir contigo es algo que me ha sucedido hoy mismo, en el restaurante al que he ido a comer con unos compañeros de trabajo. Es lo siguiente:

Entramos en el restaurante. Somos catorce comensales y hacemos el pedido conjunto. Luego llega una camarera con los primeros. Trae consigo unos cuantos platos de ensalada y pregunta, ¿quien ha pedido ensalada? Las personas hablan animadamente entre ellas y no escuchan la demanda de la camarera. Así que yo lo repito en voz alta para propagar la pregunta y ayudar de esta forma a la camarera a entregar las ensaladas. Luego vuelve otra vez con otros platos y hago lo mismo.

Al cabo de un tiempo es el turno de los segundos platos. Esta vez viene un camarero y yo escucho que dice algo de ….hamburguesas. Entonces pregunto a la mesa ¿quien de vosotros a pedido hamburguesa? y mientras lo digo el camarero me coloca el plato de hamburguesa.

.- Yo no pedí hamburguesa. Le contesto. Y entonces me contesta visiblemente molesto

.- Vamos a ver, yo pregunté quien había pedido hamburguesa. Usted me dice hamburguesa y por eso se la doy. A ver si se aclara.

Y el camarero se va a repartir el resto de platos. Entonces veo que en su mano lleva varios platos, hamburguesas y otros platos de pescado. Entonces es cuando me doy cuenta que está agobiado y el hecho de que yo no haya entendido su pregunta le había provocado trabajar más de la cuenta.

Sin embargo yo continuaba estando muy molesto. Muuuucho. Estar enfadado significa tener un montón de juicios y pensamientos acerca de la persona, de las circunstancias e incluso de mi mismo. ¿Qué es lo que me estaba pasando por la cabeza?

.- “Qué manera tan agresiva y poco amable de tratarme. Yo sólo estaba tratando de ayudar y su respuesta es esa! Si esta es la manera que tiene de tratar a los clientes,… vaya tela! “
.- “debería haberle contestado algo así como “si se trata de ponerse antipático también lo sé hacer yo !!

.- ” no te dejes pisotear, mereces respeto y ser atendido con respeto y cuidado”

Entonces me di cuenta que por este incidente “tonto” me estaba desconectando de la celebración y decidí olvidarme de ello. Al llegar a casa seguía recordando el incidente y por lo que alguna cosa importante estaba pendiente de descubrir. Efectivamente, y ahora te lo cuento.

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Cuatro maneras de escuchar mensajes difíciles

Resultat d'imatges de escucharEn la entrada de hoy me gustaría compartir contigo una situación en la que nos encontramos muchas veces, que es la de recibir un mensaje que nos resulta difícil de escuchar. En este artículo espero poder ofrecerte alternativas más allá de las conocidas, ¿te parece acompañarme?

Las 4 maneras de escuchar un mensaje difícil

Lo primero que tendríamos que ver es que es escuchar un mensaje difícil. Lo primero que podríamos decir es que un mensaje puede ser difícil de escuchar para mí y en cambio para ti no lo sea. Esto es quizás la primera cosa que podríamos tener en cuenta. Entiendo que un mensaje difícil es aquel que no me gusta escuchar. Pongamos un ejemplo, Supón que alguien me dice lo siguiente “Eres un desconsiderado por no avisarme que ibas a ir a aquella fiesta“. Me molesta escuchar eso porque siempre aviso y esta vez me despisté y no lo hice.

Voy a utilizar este ejemplo para describir las cuatro maneras, según la CNV, para responder a este tipo de comentarios.

1.- Culpar a los otros

Este tipo de comentarios son recibidos como un ataque, así que el primer impulso es responder con otro ataque culpando a la otra persona. Podría ser algo como lo siguiente: “Mira quien ha ido a hablar, la que se va sin despedirse ni decir nada a nadie…” ¿Te suena? 😉

2.- Culparse a uno mismo

El ataque recibido, en vez de producir una explosión, lo que puede hacer es una implosión, es decir culparse uno mismo por lo ocurrido. Así que podría ser algo así como “Es verdad, tiene razón, soy un desconsiderado y tendría que haber avisado”. Como ves, el ataque ahora se dirige hacia uno mismo. Ya no sé qué es peor. Veamos alguna alternativa más para salir de este círculo tan dañino.

3.- Expresión honesta de nuestras necesidades y sentimientos

Esto ya suena un poco más diferente a los que estamos acostumbrados, ¿verdad? De lo que se trata es de darse cuenta que el comentario me está afectando y escucharnos y tenernos en cuenta antes de hacer ninguna cosa. Se trata de parar y hacernos las siguientes preguntas ¿qué estoy sintiendo ahora mismo? ¿Qué necesidades y valores universales son importantes para mi en esta situación y me están faltando? Quizás estoy enfadado porque pienso que siempre la he tenido en cuenta y para una vez que me despisto, me tira la caballería encima…

Después de darme cuenta de ello podría decirle lo siguiente: “Oye, cuando me dices esto, me siento entre enfadado y frustrado porque me gustaría que valoraras las muchas veces que te he tenido en cuenta porque eres una persona importante para mí“. Supongo que ya ves que esta respuesta ya se sale de lo que acostumbramos a hacer. Pero incluso podemos hacer una salto más.

4.- Escuchar las necesidades y sentimientos de la otra persona: ofrecer empatía

Para llegar a este estadio creo que es necesario haber pasado por el paso 3, aunque no lo hayamos verbalizado. De lo que se trata es de tratar a la otra persona de la misma forma que hemos hecho con nosotros mismos, es decir, darle empatía tratando de imaginar que sentimientos y necesidades tenía esa persona en el momento que me dijo lo que me dijo. Así que ahora se trata de olvidarse de uno mismo y centrarse en la otra persona. Por eso te digo que para llegar al paso 4 antes conviene haber pasado por el 3. Pongámoslo en acción.

Vamos a ver, cuando esa persona me dijo que era un desconsiderado, ¿qué podría estar sintiendo? Y sobretodo, ¿qué necesidades y valores que son importantes para ella no estaban presentes? Seguramente estaba enfadada, lo puedo reconocer por el tono con el que me lo dijo. Supongo que para ella era muy importante asistir a esa fiesta,… No sé cual debe ser el motivo. Puede ser que fuera alguien que le interesa mucho, o simplemente quería pasarlo tan bien como nosotros. Supongo que también debe ser importante formar parte del grupo. Así que le podría estar faltando compañía, pertenencia al grupo, ser tenida en cuenta y valorada como un miembro valioso. Ahora ya imagino cuales podrían ser las necesidades que le están faltando cuando me hizo ese comentario. Bueno, aunque todo esto son sólo suposiciones mías. Lo importante es saber qué pasa a esa persona así que se lo podría preguntar. Diría algo como lo siguiente:

– Cuando me dices esto, supongo que estás enfadada porque para ti es muy importante que te consideremos como una persona importante y valiosa del grupo. ¿Es así?

Si acertamos, perfecto, pero si no, podemos volver a preguntar, porque lo importante no es acertar sino nuestra actitud de interés por sus sentimientos y necesidades. Es muy probable que después de eso, esa persona se haya tranquilizado porque ya ha sido escuchada y entendida, que es lo que todos los seres humanos necesitamos cuando estamos enfadados.

Una vez esa persona ya ha sido escuchada, sí que estaría más dispuesta a escucharnos, así que podríamos intervenir nosotros para decirle cómo nos hemos sentido cuando nos hablado de esa forma, siempre en términos de necesidades y sentimientos. Así la conversación podría haber sido algo así:

– Sí es lo que dices. Estaba enfadada porque pensaba que me estabais dejando de lado.
– Ya veo. Quieres estar con todo el grupo, disfrutar juntos y que te veamos como valiosa para el grupo.
– Sí, eso.
– ¿Te va bien si te explico ahora qué me ha pasado cuando me has dicho eso?
– Vale
– Pues lo que me ha pasado es que me he sentido primero enfadado y luego triste porque me gustaría que pudieras ver lo valiosa que eres para mi y cómo te he tenido en cuenta en otras ocasiones. También triste porque no me di cuenta de lo importante que era para ti esta fiesta. Me olvidé de avisarte y me entristece que este despiste ta haya dolido tanto.
– Bueno, lo importante es que lo hayamos aclarado. Además me ha gustado mucho oírte decir que soy importante para ti.
– Pues claro !
– Pues no hay problema, todos nos despistamos alguna vez. Dame un abrazo !

Conclusiones

En este artículo hemos visto juntos las cuatro maneras de responder a mensajes difíciles. Las dos primeras se basan el modelo del ataque defensa. Las dos segundas se basan en que, todo comportamiento es un intento de satisfacer necesidades y valores universales, aunque en ocasiones la estrategia que se utiliza sea trágica. La capacidad de traducir comportamientos a necesidades y sentimientos nos permite conectar con nosotros mismos y con los demás y romper las dinámicas del ataque, defensa que tanto dolor y malos entendidos causan. ¿Qué posibilidades nos abre el todo esto?

¡Buen viaje!

P.D. Ahora tienes la posibilidad de aprender poniendo en práctica los 4 pasos de la CNV, la expresión honesta y la escucha empática, asistiendo a mis talleres. Estaré encantado si vienes para practicar esta forma de comunicarte contigo y con los demás. Consulta la sección de eventos.

Si haces esto… me enfado

Resultat d'imatges de enfadoHoy quisiera compartir contigo un patrón de comportamiento entre personas que veo muy a menudo y del cual me parece útil sacar a la luz para tomar conciencia de él. Se trata del patrón que quiero simbolizar con el título del post: Si haces esto, entonces me enfado. Tu verás … O aquello de “Tú haz lo que quieras pero …” Seguro que alguna vez has sido objeto de este chantaje emocional y también es posible que alguna vez también lo hayas utilizado.

Así que lo que quiero tratar en este artículo es descubrir cual es la manera de entender los sentimientos de uno mismo y de los demás cuando se hacen este tipo de comentarios y también proporcionar un enfoque diferente al que ya conocemos para que tengas más posibilidades de acción. ¿Te apuntas?

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Las consecuencias de culpabilizar a los demás de nuestros sentimientos

En muchas ocasiones oigo decir cosas similares a “él me ha hecho sentir mal” o “Me has hecho llorar“… Estos son ejemplos que demuestran de qué forma hacemos responsables a los demás nuestros sentimientos. La lógica que hay detrás de esto es algo parecido a lo siguiente: La otra persona hace algo, yo me siento mal (aunque no sea muy consciente de ello), así que la otra persona es culpable que yo me sienta mal.

Hoy quisiera hablar de esto porque esta forma de pensar tiene grandes inconvenientes y me gustaría aportarte una alternativa a la ya conocida de culpabilizar a los otros o a ti mismo, por sentirte como te sientes. Lo que se trata de estar o no en lo cierto, sino de ampliar tu campo de posibilidades para que tú elijas qué hacer ¿te apetece?

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Eres un inútil, 2ª parte. El enfoque de la CNV

En la entrada anterior vimos juntos lo que ocurría cuando alguien nos decía algo parecido a “Eres un inútil“, nos sentíamos molestos por ello y queríamos disponer de alguna respuesta diferente a las ya conocidas. La primera que repasamos fue la de responder al “ataque” con un contraataque, como por ejemplo “Pues mira que tu !“. La segunda que vimos fue, atacarse a uno mismo, por ejemplo decir “Sí, es verdad, soy un desastre, todo lo hago mal“. La tercera que vimos fue la de huir, es decir, irse sin decir nada.

Lo que planteamos en el último post fue, ¿hay alguna otra forma de responder que no sea, atacar, contra atacar o huir? ¿Hay alguna manera de responder que suponga que yo sea tenido en cuenta sin que ello suponga responder de alguna de estas formas? Yo creo que sí y si me acompañas lo veremos juntos tal y como te prometí en mi último post.

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¿Me puedes decir hola?

Hoy quiero empezar contándote algo que me ha pasado hace poco. Estaba esperando el ascensor en el hall del edificio donde trabajo. Eran aproximadamente las ocho de la mañana. Pulso el botón para que baje el ascensor y me quedo esperando. Mientras espero viene una persona que se queda esperando a mi lado. Le miro para establecer contacto visual y saludar, pero lo otra persona no lo hace y se pone a mirar su móvil.

Al cabo de unos segundos las puertas del ascensor se abren. La otra persona entra en el ascensor y luego lo hago yo. Cada uno marca su piso: yo al sexto, la otra persona al segundo. Vuelvo a mirarle para ver si puedo contactar visualmente con él, pero se queda mirando hacia las puertas del ascensor. Se cierran y esa persona se queda en la misma posición, con la mirada puesta hacia un lugar en el infinito, como si su mirada fuera capaz de traspasar las puertas metálicas y las paredes. Llegamos al segundo. Se abren las puertas y no se gira hacia mi ni dice nada. Simplemente sale.

Yo continuo mi “viaje” hasta el sexto piso. Al salir al rellano me doy cuenta que estoy enfadado, lo cual me sorprende. Lo que ha ocurrido, si lo miras desde el punto de vista de los hechos, no parece ofensivo. No ha habido ninguna cara agresiva, ningún insulto, … nada.  Simplemente no me ha dicho nada ni al entrar ni al salir.

Sin embargo me doy cuenta que tengo un montón de juicios y pensamientos sobre esa persona que acaba de subir conmigo en el ascensor. Por ejemplo, pienso cosas como “Qué antipático que es. No es capaz de mirar a las personas que estamos compartiendo un lugar tan pequeño como un ascensor. Qué desconsiderado hacia los demás. Parece que no le importen para nada las personas….”

Me enfado porque pienso que los demás, en este caso, la otra persona, debería actuar de una forma diferente a como lo está haciendo. Debería saludar y decir hola. Antes de continuar, me gustaría que viéramos juntos algunas cosas.

Lo que hacen los demás tiene una influencia sobre mis sentimientos, pero no es su causa.

Lo primero que me gustaría que veamos juntos es que otra persona persona puede vivir esto que me ha ocurrido, de una forma completamente diferente a la mía. Sin ir más lejos, es posible que tú, en una circunstancia similar, no te enfades. Lo que quiero decir con esto es que, lo que hacen las personas es un factor que influye en mis emociones pero no es su causa. Si fuera así, siempre que ocurren los hechos que te acabo de relatar, me enfadaría yo, tú y todas las personas del mundo mundial, y esto no es así ¿verdad? Por ejemplo, yo puedo recordar otras ocasiones en las que ha ocurrido lo mismo pero no me he enfadado. Si fuera la causa, siempre que ocurre esto, todas las personas del mundo nos enfadaríamos, pero no es así.

La causa de mi enfado es un pensamiento

Me gustaría que vieras conmigo que, lo que hace que me enfade es mi forma de pensar acerca de lo que ha pasado. Mira, por un lado pienso que esa persona esta siendo desconsiderada conmigo al no mirarme ni saludarme. Me estoy diciendo que me falta al respeto. Pero lo que realmente hace que me enfade es que la forma como se comporta considero que es “incorrecta”, es decir, que se “debería” comportar de una forma diferente a como lo ha hecho.

Fíjate que lo que me ocurre es que me convierto en un juez que dicta lo que es un comportamiento correcto del que no lo es. Así, lo inadecuado merece ser castigado. Me revelo contra lo que es y me digo que eso no debería ser así. ¿lo ves?

Todos los juicios tienen un buen motivo

Lo que yo pienso sobre las circunstancias y mis juicios sobre los demás y sobre mí mismo siempre tienen como causa raíz una o varias necesidades y valores universales. Al menos así lo postula la CNV (Comunicación Noviolenta) y todavía no he podido encontrar ningún caso en que esto no sea así. Permíteme que lo aplique a mi ejemplo.

Cuando me estoy diciendo “Qué antipático que es. No es capaz de mirar a las personas que estamos compartiendo un lugar tan pequeño como un ascensor. Qué desconsiderado hacia los demás. Parece que no le importen para nada las personas….” la causa raíz es que hay necesidades/valores universales como la consideración, ver y ser visto por los demás, la conexión y el contacto con los seres humanos, … que son muy, muy importantes para mi y que me están faltando en este momento.

Si estas necesidades no fueran valiosas no tendría estos juicios sobre esta persona y tampoco estaría enfadado en absoluto. De hecho me daría absolutamente igual. ¿Ves lo que quiero decir con que todos los juicios tienen un buen motivo? Siempre hay algún valor o necesidad universal que me está faltando que está en la raíz de mis juicios sobre los demás.

¿Qué hago yo con todo esto?

Comprender que mis juicios hacia la persona del ascensor tienen su raíz en necesidades tan bellas como la consideración, ver y ser visto por los demás, la conexión y el contacto con los seres humanos, me ayuda a conectar con lo que es esencial para mi. Desde este lugar ya no siento rabia ni quiero que los demás se comporten de una forma determinada. Ni siquiera su comportamiento me parece incorrecto a pesar que no sea de mi agrado. De hecho, ahora empiezo a pensar que en la raíz del comportamiento de la otra persona debe haber también unos buenos motivos.

Me encantaría que me hubiera saludado, porque para mí son muy importantes todos estos valores que hemos visto, pero ahora ya no quiero obligar a nadie a que se comporte de una forma determinada. Sabiendo ahora lo que sé, la próxima vez que me pase lo mismo, quizás pueda conectar con estos valores tan importantes y quizás le diga algo como “Buenos días”. A ver qué pasa. Ya te lo contaré.

¡Buen viaje!

¿Comprender a otro puede ser un deporte de riesgo?

Tengo un amigo que está suscrito a mi blog, así que cada vez que publico recibe un email anunciando que he colgado un nuevo artículo. Nos vemos casi cada día y algunas veces, me hace algún comentario irónico sobre el título del artículo que acabo de publicar. Cuando le pregunto qué le ha parecido siempre me dice que no lo ha leído y además no tiene intención de hacerlo.

Cuando continuamos la conversación me dice que la temática general de mi blog y de la Comunicación No Violenta en particular es para gente “hippy”. El opina que lo que es realmente útil es decir las cosas directamente y si hace falta decirlas de forma contundente. Eso de ser amable no va con él y prefiere ser impertinente o “borde” y huir de un lenguaje que interpreta que puede ser falso, cobarde, blando y poco asertivo.

Cuando me dice esto, tengo la tentación de continuar la conversación para tratar de convercerle que la CNV, dista mucho de ser una comunicación blanda y que por el contrario permite ser muy asertivo a la vez que se es cuidadoso con los demás. Sin embargo nunca lo he hecho porque hacerlo sería como obligar a comer un plato a otra persona simplemente porque a mi parece super delicioso, saludable y nutritivo.

Te cuento esto porque el otro día me enviaron una cita de Carl Rogers que me recordó esta situación que te acabo de contar. La cita dice:

Pocas veces nos permitimos comprender lo que la afirmación del otro significa para nosotros. Comprender al otro es arriesgado porque podría modificarme‪.

Carl Rogers

Me gustaría explicarte porqué conecto una cosa con la otra aunque para hacerlo voy a dar un pequeño rodeo. Si tienes paciencia y me das la confianza de continuar leyendo verás que quizás esté justificado dar este paseo. ¿vienes?

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La crisis de refugiados en Europa: ¿Cual es tu actitud ante las dificultades?

Hace unos días escuché por lo medios de comunicación que en Dinamarca el gobierno estaba bloqueando algunos medios de transporte como lineas de ferry con el objetivo de dificultar el paso de refugiados desde Alemania a Suecia. En este sentido, no era diferente a muchas de las noticias que me llegan que hablan del drama de los refugiados que huyen de las pésimas condiciones de vida debido a las guerras y la persecución y que tratan de llegar a países de Europa en busca de un futuro mejor.

Refugiados en una estación de Viena. Imagen: Reuters

Algunos ciudadanos no estaban en absoluto de acuerdo con la decisión de su gobierno porque no era coherente con sus valores de solidaridad humana. Lo que me llamó la atención es que en vez de quedarse en una actitud de queja hacia su gobierno y quedarse cruzados de manos hicieron algo radicalmente opuesto. Hubieron algunos de ellos que se organizaron a través de la redes sociales y se fueron a la estación de tren donde estaban bloqueados los refugiados para ofrecerse para llevarlos al lugar que ellos deseaban.

De esto quiero destacar dos cosas. La primera es que, a pesar de que esos ciudadanos tenían poderosas rezones para estar enfadados con su gobierno por no actuar conforme a sus principios, no se quedaron estancados en la queja y la resignación por tener un “mal gobierno” y lo supieron trascender. ¿Cómo? Supongo que el proceso por el que pasaron podría haber sido algo similar a lo siguiente:

“Mi gobierno no actúa conforme a mis valores y eso no me gusta. Así que lo primero que me pregunto es, ¿que puedo hacer yo para hacer cambiar esa decisión? Quizás si me pongo de acuerdo con personas que tienen los mismos valores que yo, podemos hacer manifestaciones para hacer cambiar esa decisión al gobierno. Otra solución podría ser votar a un partido político que esté más de acuerdo a mis principios y valores. Sin embargo, ninguna de estas soluciones es satisfactoria porque la crisis humanitaria está sucediendo ahora y esto son soluciones a más largo plazo.

Así que me pregunto otra vez, ¿qué está a mi alcance que puede contribuir a cambiar la realidad que acepto y que no me gusta? Lo que está en mis manos es ofrecerme a llevar a alguno de los refugiados. Eso sería muy poca cosa, sin embargo, es lo que está a mi alcance y cambia la realidad, aunque sea muy poco. También se me ocurre que si hay más personas como yo que hacen lo mismo entonces eso tendrá mucho más impacto. Así que me puedo organizar a través de las redes sociales para ver si hay más personas como yo que se animan a acompañar a gente.”

Esto fue lo que ocurrió y eso fue la noticia. Desconozco si todas esas personas eran tantas como para considerarlas como unas simples gotas de agua en el océano, como un pequeño río, o más bien eran una inmensa ola, pero sí que cambiaron la realidad. De hecho, en la noticia entrevistaron a un refugiado que explicaba emocionado su desesperación mientras esperaba bloqueado en la estación y cómo habían llegado ciudadanos de a pie que se habían ofrecido a llevarlos a donde ellos querían. Estaban experimentando la solidaridad humana en sus carnes y estaban emocionados emocionados por ello.

Mi propuesta

Para acabar me gustaría utilizar la actitud de estos ciudadanos que fueron capaces de transformar una realidad que aparentemente era imposible de cambiar y proponerte algo ¿Hay alguna situación personal o profesional en la que sientes que estás bloqueado y que te gustaría desencallar? Me espero a que la tengas ….

Ahora que la tienes, me imagino que es una situación que te preocupa. Así que la propuesta de hoy para ti es que utilices el mismo paradigma que las personas protagonistas de la noticia utilizaron y te preguntes, ¿Qué cosas puedo hacer yo, que sólo dependan de mi, que ayuden a mejorar esta situación en la que estoy bloqueado?

La idea es que te centres sólo en aquellas cosas que dependen sólo de tí y que te sirvan para empezar a salir del lugar en el que no quieres estar. No importa que no sea ” la solución total” sino que se trata de encontrar acciones a tu alcance que te acerquen hacia el lugar que tu quieres y se saquen de tu bloqueo. Luego se trata de dar pasos, uno a uno. Esto me recuerda la cita:

Un viaje de 1000 km empieza con un paso

Esto es tener una actitud proactiva y significa la diferencia entre ser víctima de las circunstancias o ser protagonista de nuestra vida. Prueba y me dices qué tal.

¡Buen viaje!

P.D: Los daneses no son los únicos que han tenido esta clase de iniciativa: Consulta la noticia.

Grita, pero de forma diferente: transformando la basura emocional, 2ª parte

Querido lector@, si leíste mi entrada Cómo transformar la basura tóxica emocional en abono …. verás que me comprometí a darte una alternativa para enfadarte de una forma diferente cuando la situación necesita e nuestra respuesta inmediata y no podemos poner en práctica los pasos que te describí. Así que, lo que trataré de explicarte es cómo enfadarte de otra forma para situaciones de urgencia. ¿Qué podría ser una de urgencia?

Por ejemplo, imagínate que durante mi jornada de trabajo he tenido una discusión con un cliente (… malo) y luego mi jefe me ha dado una bronca (… más malo todavía). Acaba la jornada y sólo tengo ganas de llegar a casa para descansar y para que escuchen mi relato del día tan horrible que he tenido. Me encantaría que me dieran mucha escucha, atención y empatía. Hoy realmente lo necesito porque estoy muy mal… Pues bien, cuando llego a casa lo que me encuentro son mis dos hijas peleándose, gritándose e insultándose ¿te lo imagina?

– Ahh! Brrr! No puede ser, ¡ hoy no! ¡ Esto es demasiado para mi !

Con estos pensamientos en la cabeza y con mi estado de ánimo después del día tan horrible la reacción que me pide el cuerpo es enfadarme con ellas, gritarlas e incluso, si estoy muy enfadado, castigarlas por pelearse e insultarse. Digo reacción porque no hay ningún espacio entre el estímulo (mis hijas están en casa peleándose) y mi respuesta (me pongo yo también a gritar diciéndolas que no saben comportarse, que son unas desconsideradas y que se merecen un castigo)

La reacción conocida tiene un resultado conocido, no podría ser de otra manera. El castigo no me sirve porque lo que consigo es tranquilidad aun precio muy alto ya que me he enfadado todavía más. Al castigarlas y gritar que son unas desconsideradas he conseguido que ellas también se enfaden lo cual afecta a mi relación con ellas, que es algo que quiero evitar porque me intersa cuidar la relación. Además no he conseguido aquello que tanto necesitaba que era escucha, atención, cariño y empatía. Como ves unos resultados muy pobres.

Lo que a mi me gustaría es enfadarme de una forma que provoque en los demás un impulso de ayudar al que está enfadado y darle la empatía que tanto está necesitando. Ya te comenté en el pasado artículo que una persona enfadada es en realidad una persona que sufre. Lo que ocurre es que expresa ese enfado culpabilizando a los demás por sentirse como se siente. Así que las personas reciben un mensaje agresivo y ante una agresión, las reacciones posibles son el contra-atacar, someterse a la agresión o huir. En cualquier caso, la respuesta está a las antípodas de la escucha, la atención y la empatía, que es lo que necesita una persona que está enfadada.

¿Cómo sería enfadarse diferente? Recuerda que lo que quiero conseguir es expresar mi sufrimiento de forma que no sea percibido como una agresión. Para que esto ocurra hay que hacer un cambio de paradigma. La propuesta es cambiar de:

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Las emociones desagradables: 4 pasos para gestionarlas

El Grito de Edvard Munch

Hay muchas cosas que los seres humanos tenemos en común y hoy quiero hablar de una de ellas: las necesidades y valores universales. La Comunicación NoViolenta denomina así a aquello que es indispensable para el ser humano.

Efectivamente, una persona, no importa de que sexo, edad, raza o cultura sea, necesita para vivir y desarrollarse, seguridad física y emocional, alimento y cobijo, amor, pertenencia, sentido, libertad… Así que, por ser humanos, compartimos necesidades y valores universales. (Enlace a un listado de necesidades y valores universales). ¿Qué ocurre cuando no se satisfacen estas necesidades y valores? Pues que aparecen los sentimientos desagradables. Así que los sentimientos son un indicador que hay necesidades satisfechas o insatisfechas.

Ahora quisiera hablar de los sentimientos desagradables. Yo no se qué te pasa a ti pero yo, cuando siento una emoción que no me gusta, muchas veces trato de ignorarla o de taparla. Es una respuesta de defensa ante algo desagradable ¿Cuál crees que pueden ser las consecuencias de actuar de esta forma?

Vamos a ver, si estamos de acuerdo en lo que hemos hablado hasta ahora y no hago caso a mis sentimientos desagradables, entonces no sabré qué necesidades me están faltando. ¿Porqué podría ser eso importante? Es importante porque las acciones que pondré en marcha para dejar de tener esos sentimientos desagradables serán poco eficaces ya que iré probando cosas hasta que acierte con una estrategia que satisfaga la(s) necesidad(es) que me está faltando. Es el método ensayo/error pero completamente a ciegas. Ahora bien, si sé qué me está faltando, las probabilidades de encontrar algo que funcione para mi, serán más elevadas, ¿no te parece?

Después de esto creo que estarás de acuerdo conmigo que el no mirar cara a cara y huir de los sentimientos, por desagradables que sean, consigue cuidarme y preservar mi bienestar, por lo menos en el corto plazo. Sin embargo es una estrategia muy poco eficaz, al menos en el largo plazo.

Por otra parte, creo que conviene no pasarse al otro extremo y quedarse todo el tiempo auto observando los sentimientos porque eso me impide poner en marcha acciones, que es lo que hace que las cosas pasen. Te lo digo porque es muy fácil quedarse en el círculo vicioso de los pensamientos y sentimientos desagradables. Así que mi propuesta de hoy para ti es que, cuando te asalten sentimientos desagradables sigas los siguientes pasos:

4 pasos para gestionar las emociones desagradables.

1. Atiende y escucha los sentimientos desagradables cuando aparezcan porque son un indicador de que hay algo que no va bien.

2. Indaga las necesidades y valores universales te están faltando. Puedes consultar el listado que te he pasado antes.  (Enlace a un listado de necesidades y valores universales).

3. Busca estrategias que puedan satisfacer esas necesidades. ¿Qué puedes pedirte para tratar de satisfacer eso que te está faltando? Sé imaginativo y haz una lista, cuanto más larga mejor. Te darás cuenta que hay un montón de posibilidades.

4. Ponte en marcha. La única manera de recorrer un camino es caminando y ahora, además tienes una dirección: tus necesidades y valores universales.

Ya me contarás.

¡Buen viaje!