Escuchar mensajes difíciles sin huir, defenderte ni contratacar

En la entrada de hoy quisiera compartir contigo el episodio de Conecta3 que lleva por título “Acusaciones“. Quizás te preguntes, qué tiene que ver el título del post con las acusaciones. La conexión está en que, en este episodio Alicia comparte una situación en la que alguien le lanzó una acusación y cómo gestionó la dificultad que le suposo escuchar ese mensaje difícil.

Así que te animo a que lo escuches por varias razones. Primero, porque podrás ver un ejemplo cotidiano de cómo la CNV (Comunicación Noviolenta) te podría ser de utilidad para gestionar la situación en la que alguien te dice algo que te es difícil de escuchar y no quieres ponerte a la defensiva y caer en los patrones de huida (abandonas la conversación), o ataque / contraataque (respondes con otro juicio y entras en una escalada de violencia verbal).

También creo que te puede ser de utilidad porque en la tertulia hablamos de distinciones que usamos en la CNV como, diferencia entre sentimientos y evaluaciones ocultas (falsos sentimientos), o la diferencia entre causa y estímulo que resultan de utilidad para este tipo de situaciones.

Finalmente te recomiendo que lo escuches porque te podría divertir escuchar la sección de “La Llamada” en la que el Sr. Emilio hace una acusación en un formato un tanto “literario”…

En fin, esta es la invitación de hoy para ti. El equipo de Conecta3 (Alicia, dani y yo mismo) deseamos que contribuya a tu bienestar.

¡Buen viaje!

El castigo: una mirada más amplia

La entrada de hoy voy a tratar del castigo. Como padre y como miembro de una comunidad, me ha interesado mucho la temática del castigo por ser algo inherente a la educación y a la sociedad. De hecho no es la primera vez que hablo de ello en este blog. En mi artículo Educación, normas, obediencia y utilidad del castigo traté de reflexionar sobre lo importante que es para mi recordar la razón que hay detrás de cualquier norma que le da una razón de ser. Si no lo hacemos corremos el peligro de ser simples cumplidores de la ley, aunque rompa principios que consideramos fundamentales (puedes ver el video  Hannah Arendt – La banalidad del mal )

En esta entrada queremos dar una visión complementaria a eso que ya traté. Lo digo en plural porque en esta ocasión me permito compartir contigo el último programa de Conecta 3 en el que las tres personas que formamos el equipo dialogamos sobre el agredido, el agresor, la empatía, el castigo y la necesidad de restaurar los efectos de un acción. Se trata de restaurar eso y de sanar en la medida de lo posible el dolor y restaurar las relaciones rotas. También haremos un apunte sobre la justicia restaurativa, que puede complementar y descongestionar la justicia tradicional,… (En Palma de Mallorca tenemos un montón de ejemplos de Prácticas Restaurativas  de la mano de Vicenç Rul·lan (Sitio web de la Asociación Practicas Restaurativas)

Así que te animo a que escuches este programa donde además encontrarás entretenimiento. Lo puedes escuchar en tu pc o bien descargando el audio en tu tablet o smartphone, utilizando cualquier programa para descargar podcast (En plataforna Apple, o plataforma android). Sólo debes buscar Conecta 3, y encontrarás todos los episodios. Aquí tienes el enlace para escucharlo en tu pc.

¡Buen viaje!

Cuatro maneras de escuchar mensajes difíciles

Resultat d'imatges de escucharEn la entrada de hoy me gustaría compartir contigo una situación en la que nos encontramos muchas veces, que es la de recibir un mensaje que nos resulta difícil de escuchar. En este artículo espero poder ofrecerte alternativas más allá de las conocidas, ¿te parece acompañarme?

Las 4 maneras de escuchar un mensaje difícil

Lo primero que tendríamos que ver es que es escuchar un mensaje difícil. Lo primero que podríamos decir es que un mensaje puede ser difícil de escuchar para mí y en cambio para ti no lo sea. Esto es quizás la primera cosa que podríamos tener en cuenta. Entiendo que un mensaje difícil es aquel que no me gusta escuchar. Pongamos un ejemplo, Supón que alguien me dice lo siguiente “Eres un desconsiderado por no avisarme que ibas a ir a aquella fiesta“. Me molesta escuchar eso porque siempre aviso y esta vez me despisté y no lo hice.

Voy a utilizar este ejemplo para describir las cuatro maneras, según la CNV, para responder a este tipo de comentarios.

1.- Culpar a los otros

Este tipo de comentarios son recibidos como un ataque, así que el primer impulso es responder con otro ataque culpando a la otra persona. Podría ser algo como lo siguiente: “Mira quien ha ido a hablar, la que se va sin despedirse ni decir nada a nadie…” ¿Te suena? 😉

2.- Culparse a uno mismo

El ataque recibido, en vez de producir una explosión, lo que puede hacer es una implosión, es decir culparse uno mismo por lo ocurrido. Así que podría ser algo así como “Es verdad, tiene razón, soy un desconsiderado y tendría que haber avisado”. Como ves, el ataque ahora se dirige hacia uno mismo. Ya no sé qué es peor. Veamos alguna alternativa más para salir de este círculo tan dañino.

3.- Expresión honesta de nuestras necesidades y sentimientos

Esto ya suena un poco más diferente a los que estamos acostumbrados, ¿verdad? De lo que se trata es de darse cuenta que el comentario me está afectando y escucharnos y tenernos en cuenta antes de hacer ninguna cosa. Se trata de parar y hacernos las siguientes preguntas ¿qué estoy sintiendo ahora mismo? ¿Qué necesidades y valores universales son importantes para mi en esta situación y me están faltando? Quizás estoy enfadado porque pienso que siempre la he tenido en cuenta y para una vez que me despisto, me tira la caballería encima…

Después de darme cuenta de ello podría decirle lo siguiente: “Oye, cuando me dices esto, me siento entre enfadado y frustrado porque me gustaría que valoraras las muchas veces que te he tenido en cuenta porque eres una persona importante para mí“. Supongo que ya ves que esta respuesta ya se sale de lo que acostumbramos a hacer. Pero incluso podemos hacer una salto más.

4.- Escuchar las necesidades y sentimientos de la otra persona: ofrecer empatía

Para llegar a este estadio creo que es necesario haber pasado por el paso 3, aunque no lo hayamos verbalizado. De lo que se trata es de tratar a la otra persona de la misma forma que hemos hecho con nosotros mismos, es decir, darle empatía tratando de imaginar que sentimientos y necesidades tenía esa persona en el momento que me dijo lo que me dijo. Así que ahora se trata de olvidarse de uno mismo y centrarse en la otra persona. Por eso te digo que para llegar al paso 4 antes conviene haber pasado por el 3. Pongámoslo en acción.

Vamos a ver, cuando esa persona me dijo que era un desconsiderado, ¿qué podría estar sintiendo? Y sobretodo, ¿qué necesidades y valores que son importantes para ella no estaban presentes? Seguramente estaba enfadada, lo puedo reconocer por el tono con el que me lo dijo. Supongo que para ella era muy importante asistir a esa fiesta,… No sé cual debe ser el motivo. Puede ser que fuera alguien que le interesa mucho, o simplemente quería pasarlo tan bien como nosotros. Supongo que también debe ser importante formar parte del grupo. Así que le podría estar faltando compañía, pertenencia al grupo, ser tenida en cuenta y valorada como un miembro valioso. Ahora ya imagino cuales podrían ser las necesidades que le están faltando cuando me hizo ese comentario. Bueno, aunque todo esto son sólo suposiciones mías. Lo importante es saber qué pasa a esa persona así que se lo podría preguntar. Diría algo como lo siguiente:

– Cuando me dices esto, supongo que estás enfadada porque para ti es muy importante que te consideremos como una persona importante y valiosa del grupo. ¿Es así?

Si acertamos, perfecto, pero si no, podemos volver a preguntar, porque lo importante no es acertar sino nuestra actitud de interés por sus sentimientos y necesidades. Es muy probable que después de eso, esa persona se haya tranquilizado porque ya ha sido escuchada y entendida, que es lo que todos los seres humanos necesitamos cuando estamos enfadados.

Una vez esa persona ya ha sido escuchada, sí que estaría más dispuesta a escucharnos, así que podríamos intervenir nosotros para decirle cómo nos hemos sentido cuando nos hablado de esa forma, siempre en términos de necesidades y sentimientos. Así la conversación podría haber sido algo así:

– Sí es lo que dices. Estaba enfadada porque pensaba que me estabais dejando de lado.
– Ya veo. Quieres estar con todo el grupo, disfrutar juntos y que te veamos como valiosa para el grupo.
– Sí, eso.
– ¿Te va bien si te explico ahora qué me ha pasado cuando me has dicho eso?
– Vale
– Pues lo que me ha pasado es que me he sentido primero enfadado y luego triste porque me gustaría que pudieras ver lo valiosa que eres para mi y cómo te he tenido en cuenta en otras ocasiones. También triste porque no me di cuenta de lo importante que era para ti esta fiesta. Me olvidé de avisarte y me entristece que este despiste ta haya dolido tanto.
– Bueno, lo importante es que lo hayamos aclarado. Además me ha gustado mucho oírte decir que soy importante para ti.
– Pues claro !
– Pues no hay problema, todos nos despistamos alguna vez. Dame un abrazo !

Conclusiones

En este artículo hemos visto juntos las cuatro maneras de responder a mensajes difíciles. Las dos primeras se basan el modelo del ataque defensa. Las dos segundas se basan en que, todo comportamiento es un intento de satisfacer necesidades y valores universales, aunque en ocasiones la estrategia que se utiliza sea trágica. La capacidad de traducir comportamientos a necesidades y sentimientos nos permite conectar con nosotros mismos y con los demás y romper las dinámicas del ataque, defensa que tanto dolor y malos entendidos causan. ¿Qué posibilidades nos abre el todo esto?

¡Buen viaje!

P.D. Ahora tienes la posibilidad de aprender poniendo en práctica los 4 pasos de la CNV, la expresión honesta y la escucha empática, asistiendo a mis talleres. Estaré encantado si vienes para practicar esta forma de comunicarte contigo y con los demás. Consulta la sección de eventos.

Si haces esto… me enfado

Resultat d'imatges de enfadoHoy quisiera compartir contigo un patrón de comportamiento entre personas que veo muy a menudo y del cual me parece útil sacar a la luz para tomar conciencia de él. Se trata del patrón que quiero simbolizar con el título del post: Si haces esto, entonces me enfado. Tu verás … O aquello de “Tú haz lo que quieras pero …” Seguro que alguna vez has sido objeto de este chantaje emocional y también es posible que alguna vez también lo hayas utilizado.

Así que lo que quiero tratar en este artículo es descubrir cual es la manera de entender los sentimientos de uno mismo y de los demás cuando se hacen este tipo de comentarios y también proporcionar un enfoque diferente al que ya conocemos para que tengas más posibilidades de acción. ¿Te apuntas?

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Me siento juzgado, ¿es eso un sentimiento?

Muchas veces oigo expresiones como “me siento juzgado” o “me siento rechazado” y me pregunto, ¿es eso un sentimiento? Si no lo es, se le parece mucho. En todo caso ¿qué importancia podría tener que eso no sea sentimiento? Si quieres encontrar respuestas a estas preguntas te invito a que leas este artículo, ¿me acompañas?

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Las consecuencias de culpabilizar a los demás de nuestros sentimientos

En muchas ocasiones oigo decir cosas similares a “él me ha hecho sentir mal” o “Me has hecho llorar“… Estos son ejemplos que demuestran de qué forma hacemos responsables a los demás nuestros sentimientos. La lógica que hay detrás de esto es algo parecido a lo siguiente: La otra persona hace algo, yo me siento mal (aunque no sea muy consciente de ello), así que la otra persona es culpable que yo me sienta mal.

Hoy quisiera hablar de esto porque esta forma de pensar tiene grandes inconvenientes y me gustaría aportarte una alternativa a la ya conocida de culpabilizar a los otros o a ti mismo, por sentirte como te sientes. Lo que se trata de estar o no en lo cierto, sino de ampliar tu campo de posibilidades para que tú elijas qué hacer ¿te apetece?

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¡Eres un inútil!

Es posible que alguien te haya dicho alguna vez “eres un inútil“. Habrá casos que eso no te haya molestado, aunque yo estoy interesado en aquellos casos en los cuales eso sí que te ha afectado.

¿Recuerdas algún caso en concreto? ¿Esta situación te ha bloqueado de alguna manera o ha provocado una escalada de violencia verbal que no te ha llevado a ningún sitio? ¿Te gustaría ver alguna alternativa que te permita ser más flexible y eficaz para otras veces que ese repita? Si tu respuesta es afirmativa entonces te podría resultar de utilidad acompañarme en este artículo, ¿Te apetece?

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Gritar “en jirafa”: una forma diferente de enfadarte

En otras ocasiones he tenido la oportunidad de compartir contigo maneras para entender y afrontar el enfado: Enfádate de una forma diferenteEcologia emocional: cómo transformar la basura emocional en abonoEcologia emocional: cómo transformar la basura emocional en abono2a-parte, son artículos que hemos tratado este asunto.

Así que mi propuesta de hoy para ti con respecto a este tema es que grites “en jirafa“. ¿Sabes lo que significa esto? Pues es una forma diferente de gritar más ecológica y eficaz. Si tienes curiosidad por saber más detalles y en cómo se diferencia de la forma de gritar a la que estamos acostumbrados, te invito a que escuches el 10º episodio de Conecta 3, un programa en formato podcast que realizamos Alicia Mánuel, Dani Muxi y yo mismo.

Como en todos los episodios de Conecta 3, tratamos de combinar los contenidos para difundir la Comunicación Noviolenta (CNV), con secciones más livianas como Ojos que ven corazón que siente, o incluso divertidas, como la sección, la llamada del público (en este episodio no te puedes perder la llamada de Ernesto con su “sonotone CNV”)

Puedes escucharnos mientras paseas, vas de camino al trabajo, preparas la cena… Es una invitación a enriquecerte de una forma entretenida, ¿te apetece?

¡Buen Viaje!

Las expectativas y el resentimiento.

En ocasiones hacemos cosas para los demás que no obtienen el reconocimiento que esperamos. Entonces decimos cosas como”son unos desagradecidos” “no se merecen todo lo que he hecho por ellos“. ¿Te ha ocurrido a ti alguna vez? Si es así, me gustaría reflexionar contigo algunas cosas que me parecen útiles para gestionar situaciones como éstas, ¿me acompañas?.

Las expectativas y el resentimiento

Muchas veces hago cosas para los demás. Me refiero que mis acciones buscan un fruto que beneficia a los demás y, a veces, la respuesta que obtengo no es la esperada. En esto hay una variedad de matices infinita.

Para poner un ejemplo, imagina que preparo una cena para mis amigos la cena con todo el cariño del mundo y lo que recibo es una indiferencia absoluta, es decir, que se toman la cena y no dicen nada sobre si les gusta o no les gusta.

Ante esta respuesta, o mejor, ante esta no respuesta yo me podría sentir molesto. ¿Cómo lo hago para sentirme molesto con este hecho? Pues pensar cosas como “con todo el cariño que he puesto y no se dignan ni a decirme lo buena que está la cena. Con el cariño que le he puesto. Son unos desagradecidos

Como puedes comprobar, aquí hay resentimiento hacia los receptores de aquello que yo he preparado. ¿Porqué estoy resentido? Yo creo que es por mis expectativas, es decir, porque yo espero o, mas bien, exijo una respuesta de ellos que no obtengo y por eso me enfado. Me enfado porque ellos “deberían” agradecer mi trabajo, así que en realidad lo que tengo es una exigencia hacia como deberían de comportarse ante mi acto de “generosidad”. Así que la pregunta que podría hacerme es “¿Para qué estoy preparando esta cena tan maravillosa?

Esta pregunta se merece una respuesta lo más honesta posible porque podría responder, a bote pronto, que hago la cena para que la disfruten los demás. Ahora bien, ¿sólo eso? porque si estoy resentido porque no lo agradecen significa que exijo que me lo agradezcan, porque, sino fuera así, yo no me enfadaría, ¿no crees? Así que, si soy honesto conmigo mismo, me podré dar cuenta que si hay enfado o resentimiento hacia los demás porque no me agradecen la cena significa que al menos hay una parte de exigencia en que me reconozcan mi esfuerzo y mi dedicación. Por lo tanto, si bien es una acción altruista, en el fondo no lo es del todo. Hago la cena para que la disfruten, es cierto, y también la hago para que me lo reconozcan. Hay una parte mía que exige ser visto y cuando no lo consigue se enfada. ¿Estás de acuerdo conmigo?

Me gustaría mostrarte este mismo hecho pero con una actitud diferente. Supón que voy a preparar una cena para mis amigos y quiero que la disfruten. Sin embargo, antes de empezar me hago la siguiente pregunta. ¿Quiero preparar la cena para que la disfruten mis amigos? y contesto que sí. Luego me hago la siguiente pregunta. ¿Me enfadaré si no me lo agradecen o si no me dicen que les gusta? Es decir, ¿hasta qué punto dependo o exijo la aprobación de los demás? Llevar conciencia a esa parte mía que espera aprobación, o más bien, la exige, me parece muy importante.

Supón que mi respuesta es la siguiente: “Quiero hacer la cena para que la disfruten porque les tengo estima y por eso pondré cariño y tiempo. Deseo que mi esfuerzo sea visto y me encantaría que les guste y que me lo hagan saber y al mismo tiempo, quiero liberarme de la exigencia de tener que recibir un agradecimiento. Quiero dejar la puerta abierta para que respondan de la forma más honesta posible porque quiero que sea un regalo y se lo tomen desde mi ofrecimiento y no como algo para que yo obtenga reconocimiento. Quiero honestidad aunque pueda recibir algo que me entristezca.”

Mientras cenamos veo que las personas hablan y comen de forma animada y entonces pienso. “No me dicen nada y no sé si les está gustando la cena. Me encantaría saber si les gusta o si, por el contrario, no la están disfrutando. ¿Qué pasa si me dicen que no les gusta? Pues que me sentiré triste porque me encantaría que les guste, pero no estaré enfadado con ellos. Es más, si me dicen que no les ha gustado, la próxima vez podré hacerlo diferente para que sí que lo puedan disfrutar. Y si me dicen que les ha gustado me podré muy contento porque me satisface saber que he contribuido a su bienestar.

Entonces les preguntaría “¿Qué tal os parece la cena?” …

Lo que hace la diferencia

Me gustaría señalar que en los dos casos el estímulo era el mismo (nadie decía nada respecto a la cena) y mi voluntad de contribuir al bienestar de los demás también. Sin embargo las expectativas respecto a los demás son diferentes. En el primer caso también hay una parte de mi que quiere, o en realidad, exige reconocimiento y como no lo recibo me enfado. Sin embargo en el segundo caso no hay expectativas. Hay una voluntad de regalar y no de exigir nada a cambio. Eso no significa que no haya un deseo de reconocimiento, pero no hay una exigencia. Así que me alegraré si les gusta y me entristeceré si ocurre lo contrario pero no habrá nunca enfado ni resentimiento hacia ellos, ¿ves la diferencia?

Precisamente este “detalle” hace que en el segundo caso me mueva a hacer una pregunta para saber si les está gustando o no la cena, mientras que en el primer caso me he quedado callado, resentido y enfadado con ellos porque no me han reconocido el esfuerzo.

Conclusiones

Así que lo que hace la diferencia es que en la expectativa hay una componente de exigencia y eso sólo puede llevar al enfado o al resentimiento si lo que obtengo no es lo que quiero. Por lo tanto, mi propuesta de hoy para ti es que, cuando hagas algo para los demás, lleves conciencia para darte cuenta si tienes alguna expectativa. Si es así, revisítala para ver si te puedes desapegar de ella. Hacer eso significa abrirse a la posibilidad de alegrarse o de entristecerse, es decir, abrirse a la vida y además te podrás liberar de algo que puede ser tóxico para tí: el resentimiento y el pensar que eres víctima del comportamiento de los demás.

¡Buen viaje!

Amtsprahe: del “tengo que… ” al “elijo porque quiero…”

 

Hace unos días vi un reportaje en la televisión sobre el trabajo de los censores en los tiempos de la dictadura de Franco en España. Fue un programa curioso porque aparecían testimonios sobre las personas que trataban de burlar el proceso de censura con los de los propios censores, en los que explicaban cómo realizaban su trabajo. A pesar de ser muy curioso, lo que más me llamó la atención fue el relato de una mujer que trabajó como censora.

Su relato empezó diciendo que en su trabajo como censora sólo cumplía las instrucciones y los reglamentos. Desde ese punto de vista, ella era una buena trabajadora que cumplía con su obligación. Esa introducción me produjo una mezcla de pensamientos y sensaciones que me gustaría compartir contigo.

Al principio me llegó valentía y honestidad, porque se atrevía explicar algo de lo que me parecía no se sentía muy orgullosa. En otras ocasiones, cuando una persona se muestra de forma honesta y clara sobre algo sobre lo que no se siente muy orgullosa, se mueve en mi una energía de conexión. Mis etiquetas y juicios sobre esa persona se empiezan a disolver y tengo el impulso de buscar las necesidades que movieron al ese ser humano a comportarse esa manera. Sin embargo, ese testimonio no produjo en mi ese efecto, o al menos, duró sólo unos breves instantes.

Amtsprache: “la jerga burocrática”

Lo que me desconectó fue la justificación que dio a su comportamiento: ella dijo “yo sólo cumplía el reglamento”. Estas palabras me recordaron un pasaje del libro de Marshall Rosenberg, Comunicación No Violenta, un lenguaje de vida. Concretamente, una parte del capítulo 2La comunicación que bloquea la compasión“. Permíteme que te cite literalmente este fragmento:

“En su libro “Eichmann in Jerusalem”, que documenta el juicio por los crímenes contra la humanidad cometidos por el oficial nazi Adolph Eichmann, Hannah Arendt explica que Eichman declaró que tanto él como sus compañeros utilizaban una palabra especial para referirse al lenguaje con el que eludían y negaban su responsabilidad. El nombre que daban a esa actitud era Amtsprache, que podría traducirse libremente como “lenguaje oficial” o “jerga burocrática”. Si se les preguntaba, por ejemplo, porqué habían cometido determinados actos, la respuesta podía ser: “tenía que hacerlo”. Y si se le preguntaba porqué tenía que hacerlo, la respuesta podía ser: “Eran órdenes superiores”, “Era la política de nuestro momento”, “Era la ley”.

Negamos la responsabilidad de nuestros actos cuando atribuimos su causa a ….”

Así que la justificación de ese comportamiento me recordó el poderoso y peligroso efecto que puede tener en nosotros el utilizar un lenguaje que elimina el recuerdo que siempre podemos elegir, o que de hecho siempre estamos eligiendo y por lo tanto somos responsables de nuestros actos. El utilizar expresiones como “tenía que hacerlo” “ese era el reglamento a cumplir” tiene una función muy importante que es la de tranquilizarnos ante actos que no nos gustan. Actúa como una anestesia que nos quita el dolor que sentimos cuando nuestros actos no están de acuerdo con nuestros valores. Supongo que la persona que trabajó como censora encontró en el “Yo sólo cumplía el reglamento” el lenguaje que le permitía hacer un trabajo que supongo no era consecuente con sus valores.

Sin embargo, este efecto sedante tiene un efecto secundario muy peligroso: al volvernos insensibles ante el dolor, perdemos el contacto con nuestros valores más esenciales e íntimos, que es lo que nos hace seres humanos preciosos y únicos. La anestesia que produce este lenguaje nos tranquiliza pero nos desconecta de nuestra sagrada humanidad. La sensación de tranquilidad de este tipo de lenguaje nos crea la falsa ilusión de que no tenemos elección y nos libera de cualquier responsabilidad sobre nuestros actos. Sin embargo hay una cualidad que distingue los seres humanos del resto de los animales: tenemos libre albedrío.

Cómo transformar la “jerga burocrática”

Así que lo que me desconectó de la humanidad del relato de esa persona que trabajó como censora fueron mis juicios hacia ella porque lo que pensé es que “no asumió su responsabilidad”. Quizás le hubiera sido de ayuda saber el poder anestesiante que tienen los “tenía que …” y que podemos salir de este lugar tan peligroso.

Lo que nos propone la Comunicación NoViolenta de Marshall Rosenberg es transformarlo de la siguiente forma. En vez de decir que “tenía que cumplir con el reglamento”, podría decir que “elegí cumplir con el reglamento porque quiero que no me despidan. Y si no me despiden cobro a final de mes lo cual me permite …” Desde luego, no tranquiliza en absoluto pero da conciencia sobre lo que hacemos, del precio que pagamos por ello y nos convierte en seres LIBRES que tenemos la capacidad de elegir.

La compasión

Si esa persona, en vez de justificarse hubiera explicado que en esas circunstancias no supo encontrar una manera mejor de contribuir a su bienestar y al de su familia, si hubiera explicado que ahora se daba cuenta que habían otras posibilidades de contribuir al bienestar de su familia como por ejemplo hacer otro tipo de trabajo, entonces me hubiera sido más fácil conectar más con ella. Al fin y al cabo, ¿quien soy yo para juzgar el comportamiento de esa persona en ese momento? ¿Conozco acaso las circunstancias exactas de esa persona en ese momento? ¿Para qué se prestó a dar su testimonio sobre algo de lo que parecía no sentirse muy orgullosa?

Conclusión

Yo creo muchos de nosotros caemos con más o menos frecuencia caemos en la trampa del “tenía que…”. La cuestión es darse cuenta de ello lo antes posible, tener compasión por uno mismo y darse cuenta que en realidad uno siempre puede elegir aunque a primera vista no lo parezca. La manera es llevar luz para descubrir cuales son los valores y necesidades que se esconden cuando me digo “tengo que …” y la manera es transformarlo en “yo elijo …. porque quiero …

Esto me ayudará a cambiar la energía con lo que lo hago las cosas o quizás sirva para darme cuenta que el precio que pago es demasiado alto y entonces elija dejar de hacerlo. Bienvenido al camino de la libertad. No es cómodo pero yo lo prefiero al de la cómoda esclavitud, ¿y tu?

¡Buen viaje!