¿Estás viviendo un conflicto? Por favor, cuídate

Hasta la fecha, cuando me he decidido a escribir algo en mi blog, lo he hecho a partir de lo que está vivo en mi en el momento de escribir y en las últimas semanas, el conflicto político entre Catalunya y España me está moviendo muuuuchas emociones. Tanto que muchas veces me veo sobrepasado. Así que lo que quiero compartir contigo en este artículo es cómo estoy viviendo el contínuo impacto de informaciones que me llegan a través de las redes sociales y cómo he decidido gestionarlo. Si estás inmerso en algún conflicto, quizás encuentres alguna cosa podría serte de utilidad, o por lo menos, podría satisfacer tu necesidad de curiosidad. ¿Te apetece seguir leyendo?

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El camarero en el restaurante

Hola! Cuanto tiempo sin vernos, ¿eh? Lo cierto es que he pasado un par de meses en los que he decido volcar todas mis energías en otros proyectos y he decido, con dolor, no publicar artículos durante un tiempo. Sin embargo, hoy se acaba este período de sequía si bien no quiero prometerte que vaya a escribir con la frecuencia y regularidad que lo hacía hasta ahora. No quiero que escribir y compartir contigo se convierta en una obligación. Quiero que cuando lo haga sea porque realmente lo quiero hacerlo desde el corazón. Supongo que tú también prefieres que lo haga desde el deseo de contribuir y no desde la obligación o la imposición, aunque venga de mi mismo, ¿verdad?

Así que, lo que quiero compartir contigo es algo que me ha sucedido hoy mismo, en el restaurante al que he ido a comer con unos compañeros de trabajo. Es lo siguiente:

Entramos en el restaurante. Somos catorce comensales y hacemos el pedido conjunto. Luego llega una camarera con los primeros. Trae consigo unos cuantos platos de ensalada y pregunta, ¿quien ha pedido ensalada? Las personas hablan animadamente entre ellas y no escuchan la demanda de la camarera. Así que yo lo repito en voz alta para propagar la pregunta y ayudar de esta forma a la camarera a entregar las ensaladas. Luego vuelve otra vez con otros platos y hago lo mismo.

Al cabo de un tiempo es el turno de los segundos platos. Esta vez viene un camarero y yo escucho que dice algo de ….hamburguesas. Entonces pregunto a la mesa ¿quien de vosotros a pedido hamburguesa? y mientras lo digo el camarero me coloca el plato de hamburguesa.

.- Yo no pedí hamburguesa. Le contesto. Y entonces me contesta visiblemente molesto

.- Vamos a ver, yo pregunté quien había pedido hamburguesa. Usted me dice hamburguesa y por eso se la doy. A ver si se aclara.

Y el camarero se va a repartir el resto de platos. Entonces veo que en su mano lleva varios platos, hamburguesas y otros platos de pescado. Entonces es cuando me doy cuenta que está agobiado y el hecho de que yo no haya entendido su pregunta le había provocado trabajar más de la cuenta.

Sin embargo yo continuaba estando muy molesto. Muuuucho. Estar enfadado significa tener un montón de juicios y pensamientos acerca de la persona, de las circunstancias e incluso de mi mismo. ¿Qué es lo que me estaba pasando por la cabeza?

.- “Qué manera tan agresiva y poco amable de tratarme. Yo sólo estaba tratando de ayudar y su respuesta es esa! Si esta es la manera que tiene de tratar a los clientes,… vaya tela! “
.- “debería haberle contestado algo así como “si se trata de ponerse antipático también lo sé hacer yo !!

.- ” no te dejes pisotear, mereces respeto y ser atendido con respeto y cuidado”

Entonces me di cuenta que por este incidente “tonto” me estaba desconectando de la celebración y decidí olvidarme de ello. Al llegar a casa seguía recordando el incidente y por lo que alguna cosa importante estaba pendiente de descubrir. Efectivamente, y ahora te lo cuento.

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Los pensamientos violentos contra uno mismo

Para hablarte sobre este tema quiero explicarte antes una pequeña anécdota que va de lo siguiente. Cantar es como pintar, en el sentido que hace falta tener unas habilidades naturales para atreverse a hacerlo. Yo siempre he pensado de mi mismo que “no sé cantar” así que no me he atrevido a cantar. Sin embargo, siempre ha sentido una atracción por la música.

Esta atracción hacia el canto y la música en general me ha llevado a la idea aprender a tocar un instrumento musical. Sin embargo, el hecho de ser un analfabeto musical (no sé leer música ni he estudiado nunca música) me ha dificultado empezar este aprendizaje. Hasta que un día pensé que el instrumento musical que podría aprender a usar podría ser mi propia voz. Con esta idea primero pensé en apuntarme a algún coro de Gospel para aficionados, pero la sólo idea de pensar lo mal que podría hacerlo y el ridículo que sentiría, hizo desechar esta idea. Así que un día, dándole vueltas al asunto, me acordé de una amiga que hacía clases de canto y contacté con ella para hacer clases particulares: puestos a hacer el ridículo, mejor en privado que en público.

Una de las cosas que más me ha llamado la atención durante los meses que hice clases de canto fue la sensación de vulnerabilidad que experimentaba. Al comentarlo con mi profesora me explicó que esta sensación era muy habitual. La voz es algo muy personal, algo que nos caracteriza y nos individualiza. Así que cuando cantamos, mostramos a los demás una parte nuestra muy personal lo cual nos conecta con nuestra vulnerabilidad.

Efectivamente, eso era lo que yo experimentaba en las clases. Cuando algo en mi voz salía “mal” era como si mi persona es estuviera mal. Un dia, al darme una nota con el piano, lo que me salió de mi boca fue una nota totalmente diferente. Me paré y fui probando hasta que acerté con la nota. Sin embargo lo que yo pensé en ese momento fue “vaya forma de desentonar” “mira que eres malo” y cosas parecidas. Me sentí avergonzado…

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Cuatro maneras de escuchar mensajes difíciles

Resultat d'imatges de escucharEn la entrada de hoy me gustaría compartir contigo una situación en la que nos encontramos muchas veces, que es la de recibir un mensaje que nos resulta difícil de escuchar. En este artículo espero poder ofrecerte alternativas más allá de las conocidas, ¿te parece acompañarme?

Las 4 maneras de escuchar un mensaje difícil

Lo primero que tendríamos que ver es que es escuchar un mensaje difícil. Lo primero que podríamos decir es que un mensaje puede ser difícil de escuchar para mí y en cambio para ti no lo sea. Esto es quizás la primera cosa que podríamos tener en cuenta. Entiendo que un mensaje difícil es aquel que no me gusta escuchar. Pongamos un ejemplo, Supón que alguien me dice lo siguiente “Eres un desconsiderado por no avisarme que ibas a ir a aquella fiesta“. Me molesta escuchar eso porque siempre aviso y esta vez me despisté y no lo hice.

Voy a utilizar este ejemplo para describir las cuatro maneras, según la CNV, para responder a este tipo de comentarios.

1.- Culpar a los otros

Este tipo de comentarios son recibidos como un ataque, así que el primer impulso es responder con otro ataque culpando a la otra persona. Podría ser algo como lo siguiente: “Mira quien ha ido a hablar, la que se va sin despedirse ni decir nada a nadie…” ¿Te suena? 😉

2.- Culparse a uno mismo

El ataque recibido, en vez de producir una explosión, lo que puede hacer es una implosión, es decir culparse uno mismo por lo ocurrido. Así que podría ser algo así como “Es verdad, tiene razón, soy un desconsiderado y tendría que haber avisado”. Como ves, el ataque ahora se dirige hacia uno mismo. Ya no sé qué es peor. Veamos alguna alternativa más para salir de este círculo tan dañino.

3.- Expresión honesta de nuestras necesidades y sentimientos

Esto ya suena un poco más diferente a los que estamos acostumbrados, ¿verdad? De lo que se trata es de darse cuenta que el comentario me está afectando y escucharnos y tenernos en cuenta antes de hacer ninguna cosa. Se trata de parar y hacernos las siguientes preguntas ¿qué estoy sintiendo ahora mismo? ¿Qué necesidades y valores universales son importantes para mi en esta situación y me están faltando? Quizás estoy enfadado porque pienso que siempre la he tenido en cuenta y para una vez que me despisto, me tira la caballería encima…

Después de darme cuenta de ello podría decirle lo siguiente: “Oye, cuando me dices esto, me siento entre enfadado y frustrado porque me gustaría que valoraras las muchas veces que te he tenido en cuenta porque eres una persona importante para mí“. Supongo que ya ves que esta respuesta ya se sale de lo que acostumbramos a hacer. Pero incluso podemos hacer una salto más.

4.- Escuchar las necesidades y sentimientos de la otra persona: ofrecer empatía

Para llegar a este estadio creo que es necesario haber pasado por el paso 3, aunque no lo hayamos verbalizado. De lo que se trata es de tratar a la otra persona de la misma forma que hemos hecho con nosotros mismos, es decir, darle empatía tratando de imaginar que sentimientos y necesidades tenía esa persona en el momento que me dijo lo que me dijo. Así que ahora se trata de olvidarse de uno mismo y centrarse en la otra persona. Por eso te digo que para llegar al paso 4 antes conviene haber pasado por el 3. Pongámoslo en acción.

Vamos a ver, cuando esa persona me dijo que era un desconsiderado, ¿qué podría estar sintiendo? Y sobretodo, ¿qué necesidades y valores que son importantes para ella no estaban presentes? Seguramente estaba enfadada, lo puedo reconocer por el tono con el que me lo dijo. Supongo que para ella era muy importante asistir a esa fiesta,… No sé cual debe ser el motivo. Puede ser que fuera alguien que le interesa mucho, o simplemente quería pasarlo tan bien como nosotros. Supongo que también debe ser importante formar parte del grupo. Así que le podría estar faltando compañía, pertenencia al grupo, ser tenida en cuenta y valorada como un miembro valioso. Ahora ya imagino cuales podrían ser las necesidades que le están faltando cuando me hizo ese comentario. Bueno, aunque todo esto son sólo suposiciones mías. Lo importante es saber qué pasa a esa persona así que se lo podría preguntar. Diría algo como lo siguiente:

– Cuando me dices esto, supongo que estás enfadada porque para ti es muy importante que te consideremos como una persona importante y valiosa del grupo. ¿Es así?

Si acertamos, perfecto, pero si no, podemos volver a preguntar, porque lo importante no es acertar sino nuestra actitud de interés por sus sentimientos y necesidades. Es muy probable que después de eso, esa persona se haya tranquilizado porque ya ha sido escuchada y entendida, que es lo que todos los seres humanos necesitamos cuando estamos enfadados.

Una vez esa persona ya ha sido escuchada, sí que estaría más dispuesta a escucharnos, así que podríamos intervenir nosotros para decirle cómo nos hemos sentido cuando nos hablado de esa forma, siempre en términos de necesidades y sentimientos. Así la conversación podría haber sido algo así:

– Sí es lo que dices. Estaba enfadada porque pensaba que me estabais dejando de lado.
– Ya veo. Quieres estar con todo el grupo, disfrutar juntos y que te veamos como valiosa para el grupo.
– Sí, eso.
– ¿Te va bien si te explico ahora qué me ha pasado cuando me has dicho eso?
– Vale
– Pues lo que me ha pasado es que me he sentido primero enfadado y luego triste porque me gustaría que pudieras ver lo valiosa que eres para mi y cómo te he tenido en cuenta en otras ocasiones. También triste porque no me di cuenta de lo importante que era para ti esta fiesta. Me olvidé de avisarte y me entristece que este despiste ta haya dolido tanto.
– Bueno, lo importante es que lo hayamos aclarado. Además me ha gustado mucho oírte decir que soy importante para ti.
– Pues claro !
– Pues no hay problema, todos nos despistamos alguna vez. Dame un abrazo !

Conclusiones

En este artículo hemos visto juntos las cuatro maneras de responder a mensajes difíciles. Las dos primeras se basan el modelo del ataque defensa. Las dos segundas se basan en que, todo comportamiento es un intento de satisfacer necesidades y valores universales, aunque en ocasiones la estrategia que se utiliza sea trágica. La capacidad de traducir comportamientos a necesidades y sentimientos nos permite conectar con nosotros mismos y con los demás y romper las dinámicas del ataque, defensa que tanto dolor y malos entendidos causan. ¿Qué posibilidades nos abre el todo esto?

¡Buen viaje!

P.D. Ahora tienes la posibilidad de aprender poniendo en práctica los 4 pasos de la CNV, la expresión honesta y la escucha empática, asistiendo a mis talleres. Estaré encantado si vienes para practicar esta forma de comunicarte contigo y con los demás. Consulta la sección de eventos.

“Todo lo que nos irrita de los demás puede conducirnos a la comprensión de nosotros mismos” C. Jung

Hoy empiezo con esta cita de Carl J. Jung porque me parece una manera excelente de introducir el concepto de Necesidades según la Comunicación Noviolenta (CNV) y el papel central que juegan en la comprensión del ser humano. Pero mi propuesta no es una viaje teórico sobre la naturaleza humana sino que voy a tratar de explicarte qué sentido tiene para mi esta cita de Jung. ¿Me acompañas?

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El hombre que odiaba la Navidad.

Aquí tenéis mi regalo de Navidad: un pequeño relato. Espero que lo disfrutéis.

Erase una vez …
… una persona que no quería celebrar la navidad. De hecho la odiaba y por ello la gente no quería estar con él porque decían que era un amargado y ellos querían ser felices. Eso le confirmaba su idea que la Navidad era un tiempo horrible y entendía todavía menos cómo era posible que la gente estuviera tan feliz en Navidad. Así que, durante las fechas navideñas, intentaba relacionarse lo menos posible con las personas.

Precisamente uno de esos días, estando sentado en un banco de un parque que le gustaba frecuentar, una persona se sentó a su lado. No le gustó, porque él quería estar sólo y esa persona estaba rompiendo esa necesidad de distancia que era tan viva en esas fechas. Además esa persona canturreaba algo indescifrable y parecía especialmente feliz, lo cual aún le daba aún más rabia.

Pensó que era uno de esos activistas de las Navidades Felices y decidió poner remedio a eso lo más rápido posible y le dijo:

– ¿No te parece que las Navidades son una época triste y horrible, donde la gente es especialmente pesada cantando villancicos y desparramando felicidad sin ton ni son?

Esa persona dejó de canturrear y se quedó en silencio. Su cara no reflejaba ningún enfado a pesar de su comentario. Simplemente le miró a los ojos de una forma firme y suave. Los facciones estaban relajadas y eso fue algo que lo desconcertó por completo porque estaba acostumbrado a que la gente se apartara de él o simplemente empezara a discutir. Entonces esa persona le dijo:

– Por lo que me preguntas, las Navidades son para ti una época triste y horrible.
– Muy perspicaz – le contestó.

(Aunque estaba menos enfadado, aún deseaba estar solo y quería quitarse de encima a esa persona con ese comentario irónico. Si continuaba contestando de forma impertinente seguro que lo iba a conseguir. Sin embargo, esa persona contestó)

– Me parece que te he dicho una obviedad- respondió el desconocido de forma tranquila
– Sí. No hay que ser muy listo para darse cuenta. – Contestó nuevamente de forma irónica
– Y eso no te ha gustado.
– No. Para nada
-Ya veo… además creo que no te gusta que la gente en estas fechas desparrame felicidad sin ton ni son…

(Aún quería ahuyentarle pero le estaba costando mucho continuar con esa actitud porque esa persona no tenía muchas ganas de discutir. Decidió continuar explicando lo que le pasaba)

-Sí ¡Cantan y son felices sólo porque es Navidad !
-Entiendo que dices que la gente es feliz sólo porque toca estar feliz y me parece que no te gusta, porque para ti es importante ser auténtico y no seguir lo que los otros dicen que has de hacer o sentir.

(Parecía que esa persona le estaba entendiendo. Al menos nunca hasta entonces le había escuchado así…)

-¡Eso! Parece que en Navidad sea obligatorio estar feliz… ¿y si uno no tiene ganas de serlo o simplemente tiene motivos para estar triste?
-… supongo que deben haber motivos, que la gente no sabe, que hacen legítima tu tristeza. Me parece que te molesta que alguien o algo quiera imponerte la forma en que debes sentirte porque valoras mucho tu libertad…
-Sí ….
-… sobretodo cuando es algo tan personal como los sentimientos. Valoras y quieres respetar eso que te pasa, aunque eso no les guste a los demás, ¿no?
-Sí, es eso.

(Su enfado había desparecido porque estaba conectando con aquellos valores que eran fundamentales para él. Esa conexión con lo esencial le estaba llevando a una conexión muy profunda. Las cosas estaban cobrando un sentido que antes no tenían y eso, curiosamente, le estaba calmando. Entonces continuó)

-Para es muy importante respetarme y quiero tener la libertad de sentir lo que sea, aunque eso no le guste a los demás. Al mismo tiempo, pago un alto precio por ello: me aleja de los demás.
-Creo que, además de la libertad y el respeto hacia ti mismo, también valoras mucho la conexión y proximidad hacia los demás.
-Sí…
– … y te encantaría encontrar alguna manera de actuar en la que no tengas que renunciar a todo esto que es tan valioso e importante para ti , ¿verdad?
-Sí… es eso.

(Entonces hizo una profunda respiración. Algo había cambiado en su interior. Había claridad donde antes sólo había lío mental, juicios y rabia. Se dio cuenta que podía tener un profundo respeto hacia lo que sentía y que, al mismo tiempo también podía respetar profundamente la alegría que sentían los otros, aunque él no la compartiera. Podía estar con sus sentimientos sin pensar que los otros le estaban tratando de imponer cómo debía sentirse. De hecho, eso era imposible porque sólo él era el dueño de su alma. Unas lágrimas brotaron en sus ojos… Entonces miró a esa persona que “sólo” le había escuchado de una forma tan profunda.. )

-Gracias por escucharme así, porque has hecho posible que yo mismo me pueda escuchar. Gracias por regalarme empatía. Te deseo que pases unas Navidades felices….¡ o no ! –

(Le guiño un ojo para compartir la complicidad de ese comentario y de despidió de él. El parque, la calle y las personas con las que se cruzaba, ahora le parecían diferentes. Incluso la Navidad le parecía que había cambiado…)

-Desde luego, es cierto aquello que dice que “el mundo cambio cuando uno cambia

Fin

P.D. Te deseo unas navidades llenas de empatía.

¡Alegra esa cara!

A veces, tratamos de contribuir al bienestar de una persona y la estrategia que escogemos consigue el efecto contrario. En relación a esto quiero compartir contigo una cosa que me pasó hace unos días y que tiene que ver justamente con esto. Se trata de lo siguiente.

La historia pasó en el trabajo. Yo llevaba dos días en los que me estaban surgiendo problemas inesperados y no estaba sabiendo cómo resolverlos. Esto me agobiaba porque se me acumulaba el trabajo y mi cabeza no paraba de darle vueltas sin resolverlo. Entonces, recibí una llamada de una persona quejándose por un servicio.

Cuando acabó la conversación estaba frustrado porque no había conseguido resolver la situación y también estaba molesto porque esa persona no había valorado los esfuerzos que habíamos hecho para tratar resolver la incidencia. No paraba de pensar cosas como: “Hagas lo que hagas nunca están satisfechos” “Sólo tengo quejas y nadie valora el trabajo que se hace” “No paro de tener problemas…”.

Así que entré en el ascensor con todo este jaleo en mi cabeza. Seguro que mi cara reflejaba este lío, porque una compañera de trabajo que estaba en el ascensor me dijo: “Alegra esa cara, hombre”. Supongo vio el estado de ánimo en mi cara e intentó animarme.

Desde luego te aseguro que lejos de animarme lo que consiguió fue un efecto totalmente contrario. En ese momento recibí esas palabras como un ataque en toda regla porque pensé: “¿Acaso tiene alguna idea de lo que me está pasando? ¿No tengo derecho a estar enfadado después de todo lo que estoy aguantando? ¿Acaso la gente tiene que poner buena cara a pesar de lo que le suceda? ¡Qué manera de imponer a los demás un estado de ánimo!”

Así que le respondí de la siguiente manera: ¡Cómo que alegre la cara! ¡Yo pongo la cara que me da la gana! ¡No faltaría más! Se lo dije muy enfadado y ella respondió que no hacía falta que me pusiera así. Por suerte las puertas del ascensor se abrieron y yo pude “huir” muy agitado por todo lo que había pasado.

Tratar de cambiar el estado de ánimo de alguien no es empatía

Me gustaría compartir contigo algunas cosas que me parecen muy importantes con respecto a esta anécdota. Vayamos por partes y comencemos por ella. ¿Qué es lo que la impulsó a hacer ese comentario? Yo me imagino que quería que me sintiera mejor y intentar animarme era su estrategia para satisfacer su necesidad de contribuir a mi bienestar.

Ahora bien, lo que obtuvo fue un efecto contrario en mi porque lo que yo necesitaba más urgentemente era una escucha empática y querer consolar a alguien porque se siente mal, puede ser adecuado en otras ocasiones pero no lo es si la otra persona necesita empatía. Yo estaba muy agitado y cuando me dijo que cambiara la cara pensé que no entendía nada de lo que me pasaba y que tenía que cambiar de humor simplemente porque ella lo decía. ¿Qué pasaba conmigo? ¿Lo que yo estaba sintiendo tenía alguna importancia? Como ves, el efecto que consiguió tratando de cambiar mi estado de ánimo fue que me enfadara todavía más, justo lo contrario de lo que pretendía.

Algo parecido pasa cuando alguien está deprimido y explica cómo se siente a una persona y entonces ésta le dice que se anime, que mire las cosas positivas de la vida, que se fije en lo que tiene y no en lo que le falta… ¡No, por favor! Os pido que no hagáis eso a menos que queráis que esa persona piense que no entendéis nada de lo que le pasa… Ya sé que se hace con las mejores de las intenciones, pero si quieres contribuir a su bienestar quizás sea más eficaz escuchar y nada más. (¿Sabemos lo que es realmente la escucha empática?).

Otra de las situaciones en las que se pueden ocurrir algo parecido es en los entierros. Hay algunas personas que ante el dolor de una persona por una pérdida consideran que tratar de animarla es lo mejor que pueden hacer para contribuir. Sin embargo yo me pregunto, ¿acaso no está justificado que esa persona sienta dolor por la pérdida de alguien querido? ¿Porque no honrar el dolor de esa persona acompañandola sin tratar de cambiar ni de mitigar ese dolor? Yo creo que, aunque parezca eso sea no hacer nada, en realidad es hacer mucho por ella.

Alguna cosa más…

No me gustaría que creas que para mi está mal intentar animar a alguien. Lo único que quiero es dar un poco más de claridad que nos permita decidir cual podría ser la mejor manera de contribuir al bienestar de una persona, sobretodo cuando lo que una persona está necesitando es empatía.

Finalmente, es posible que estés pensando que mi respuesta en el ascensor fue brusca hacia la otra persona porque que no tuve en cuenta las intenciones de contribuir a mi bienestar. Estoy de acuerdo y también no quiero sentirme culpable teniendo en cuenta que esa fue la mejor respuesta que pude dar teniendo en cuenta ese momento y esas circunstancias. Ahora bien, sabiendo lo que sé ahora y habiendo recibido empatía por lo que me ocurrió, creo que otra vez que me ocurra lo mismo podría responder algo así:

– Realmente estoy de mal humor. Diciéndome que ponga buena cara supongo que quieres que me sienta mejor, ¿verdad?
– Pues esto que me has dicho no me ayuda nada a sentirme mejor y al mismo tiempo te agradezco mucho tu interés . Si quieres luego nos vemos y te lo explico con calma.
– ¿Qué te parece?

Llámate por teléfono

En el post de hoy quería hablar contigo sobre qué es la autoempatía y sobretodo, cómo ponerla en acción. Es algo que quería hacer hace tiempo pero no sabía muy cómo abordarlo… hasta ahora. Todo gracias a un video de Fidel Delgado que te recomiendo que mires (Fidel Delgado: llámate por teléfono). Este post está basado en él aunque yo te propongo una pequeña variación sobre las preguntas que él propone. Ahora te explico de qué se trata.

De la misma manera que cuando recibimos un golpe o nos hacemos una herida que nos duele conviene prestarle atención lo antes posible, cuando nos ocurre algo que nos toca emocionalmente, es conveniente también prestarle atención. A mi me parece lógico. Ahora bien, en ocasiones no actuamos de esta manera y esto puede ser por varias razones. Una podría ser porque las emociones desagradables tendemos a reprimirlas o a enmascararlas ya que hay una tendencia natural a alejarse de lo desagradable y acercarse hacia lo agradable. Otra razón podría ser que, aunque se pueda reconocer la emoción no se sepa qué hacer con ellas. Seguramente debe haber otras muchas razones…

La cuestión es que hay algo que duele y requiere nuestra atención. Una manera de hacerlo es mediante la auto-empatía, es decir, darse empatía a uno mismo, atenderse y escucharse para saber que es lo que nos hace daño. ¿Cómo ? Pues a ahí es donde entra en juego mi propuesta de hoy para ti:

¡ Llámate por teléfono !

Toma tu teléfono móbil y marca un número. Te propongo que marques tu número de DNI, más que nada para evitar que llames a alguien de verdad de forma accidental. Luego te llamas por tu nombre. En mi caso sería:

– Hola Cesc

Eso ya te sorprenderá porque normalmente los que te llaman por tu nombre son los otros y no tu mismo. Eso te hará regresar a ti mismo. Luego te preguntas lo siguiente:

– ¿Cómo estás ? ¿Qué te pasa?

Y te lo explicas. Es hora de desahogartete porque hay alguien que te está escuchando con atención plena, al 100%, que te conoce y que está dispuesto a escucharte de verdad y con presencia. Quédate el rato que necesites hasta que llega el momento de hacerte la siguiente pregunta:

– ¿Qué necesitas?

Esta pregunta es una revolución porque te saca de la queja, que es como una droga que satisface pero que te deja sin energía para salir de la situación en la que te encuentras. De lo que se trata es de encontrar qué necesidades y valores universales te están faltando en estas situación. (Acceso a listado de necesidades) Este paso te dará mucha claridad. Una vez que hayas descubierto y reconocido cuales son esas necesidades que son tan valiosas para ti, te propongo que te quedes ahí un ratito. Dedicarles unos instantes para reconocerlas y para darse cuenta de lo importantes que son es una forma de honrar algo que es muy valioso. Finalmente acabas con un:

– Luego te llamo

Y vuelves a la situación en la que estabas. Después de haber “recibido” una llamada tan especial tendrás otra perspectiva y es muy probable que se te abran unas posibilidades que antes no podías ver.

Confieso que parece una tontería o incluso una locura, pero lo he probado y me ha funcionado. Esto no es ninguna garantía de que eso te sirva, pero ¿qué pierdes con probarlo? Después de todo, darte un espacio para ti y para escucharte cuando te pasa algo, podría ser un gran favor que te puedes, porque cuidar de ti mismo es tu responsabilidad y es un paso necesario para que puedas ayudar a otros con garantías. Prueba y me dices.

¡Buen viaje!

Grita, pero de forma diferente: transformando la basura emocional, 2ª parte

Querido lector@, si leíste mi entrada Cómo transformar la basura tóxica emocional en abono …. verás que me comprometí a darte una alternativa para enfadarte de una forma diferente cuando la situación necesita e nuestra respuesta inmediata y no podemos poner en práctica los pasos que te describí. Así que, lo que trataré de explicarte es cómo enfadarte de otra forma para situaciones de urgencia. ¿Qué podría ser una de urgencia?

Por ejemplo, imagínate que durante mi jornada de trabajo he tenido una discusión con un cliente (… malo) y luego mi jefe me ha dado una bronca (… más malo todavía). Acaba la jornada y sólo tengo ganas de llegar a casa para descansar y para que escuchen mi relato del día tan horrible que he tenido. Me encantaría que me dieran mucha escucha, atención y empatía. Hoy realmente lo necesito porque estoy muy mal… Pues bien, cuando llego a casa lo que me encuentro son mis dos hijas peleándose, gritándose e insultándose ¿te lo imagina?

– Ahh! Brrr! No puede ser, ¡ hoy no! ¡ Esto es demasiado para mi !

Con estos pensamientos en la cabeza y con mi estado de ánimo después del día tan horrible la reacción que me pide el cuerpo es enfadarme con ellas, gritarlas e incluso, si estoy muy enfadado, castigarlas por pelearse e insultarse. Digo reacción porque no hay ningún espacio entre el estímulo (mis hijas están en casa peleándose) y mi respuesta (me pongo yo también a gritar diciéndolas que no saben comportarse, que son unas desconsideradas y que se merecen un castigo)

La reacción conocida tiene un resultado conocido, no podría ser de otra manera. El castigo no me sirve porque lo que consigo es tranquilidad aun precio muy alto ya que me he enfadado todavía más. Al castigarlas y gritar que son unas desconsideradas he conseguido que ellas también se enfaden lo cual afecta a mi relación con ellas, que es algo que quiero evitar porque me intersa cuidar la relación. Además no he conseguido aquello que tanto necesitaba que era escucha, atención, cariño y empatía. Como ves unos resultados muy pobres.

Lo que a mi me gustaría es enfadarme de una forma que provoque en los demás un impulso de ayudar al que está enfadado y darle la empatía que tanto está necesitando. Ya te comenté en el pasado artículo que una persona enfadada es en realidad una persona que sufre. Lo que ocurre es que expresa ese enfado culpabilizando a los demás por sentirse como se siente. Así que las personas reciben un mensaje agresivo y ante una agresión, las reacciones posibles son el contra-atacar, someterse a la agresión o huir. En cualquier caso, la respuesta está a las antípodas de la escucha, la atención y la empatía, que es lo que necesita una persona que está enfadada.

¿Cómo sería enfadarse diferente? Recuerda que lo que quiero conseguir es expresar mi sufrimiento de forma que no sea percibido como una agresión. Para que esto ocurra hay que hacer un cambio de paradigma. La propuesta es cambiar de:

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Cómo transformar la basura tóxica emocional en abono: la ecología emocional

EnfadarseHoy quiero hablarte del enfado. Cuando me dejo llevar por la ira primero es un alivio, pero luego se puede convertir en vergüenza y culpa cuando me doy cuenta de los efectos perjudiciales que ha tenido la forma como he liberado esa rabia sobre los demás. Así que se me presenta un dilema. Por un lado, enfadarse es liberador porque me permite expresar algo que está muy vivo en mi. Pero por otro lado, si quiero cuidar la relación con las personas debo reprimirlo para evitar el daño que puede causar en los demás la expresión de mi ira. Así que me pregunto. ¿Habría alguna forma de expresar mi rabia a la vez que soy respetuoso con los demás? ¿Puedo convertir los insultos y la violencia verbal contra los otros en algo a favor de la vida? En definitiva ¿Podría enfadarme de una forma ecológica? Mi respuesta es que sí.

¿Porqué me enfado?

Antes de entrar en materia me gustaría explicarte que normalmente me enfado con alguien porque pienso que no ha actuado de la forma que debería. Rechazo su forma de actuar, la califico como errónea y perjudicial y exijo que se comporte de la manera que yo considero como correcta y aceptable.

El enfado también indica que culpabilizo a la otra persona por la forma en que yo me siento. Por ejemplo, si me enfado porque el otro no es comprensivo conmigo indica que estoy exigiendo comprensión y como no la recibo provoca que yo me enfade. Si el otro es la causa de mi enfado significa que es culpable de que yo me sienta mal por lo que se merece un castigo. Así que el enfado puede ser un mecanismo de defensa y de ataque al mismo tiempo.

El problema de esta forma de entender la situación es que la expresión no respetuosa de mi enfado como una forma de castigar se convierte en una forma legítima de actuar. Sin embargo, cuando castigo causo dolor y eso puede dañar la relación. Si valoro esa relación es cuando aparece la vergüenza o el sentimiento de culpa.

También quisiera decirte que siendo no respetuoso con el otro consigo mi objetivo de hacerme respetar. Sin embargo, puede pasar que el otro actúe sólo para evitar el dolor que causa mi forma no respetuosa de expresar la rabia, pero que no se mueva por un verdadero deseo de contribuir a mi bienestar. Entonces, yo me pregunto, ¿es eso lo que quieres? ¿No preferirías que el otro actuara con la voluntad de buscar tu bienestar en vez de que actuara sólo para evitar el dolor de tu castigo? En definitiva ¿te gustaría poder enfadarte de otra forma?

Transfomando la basura emocional en abono

Mi propuesta es que te enfades de una forma diferente. Así que te voy a hacerte una propuesta para que lo pruebes y me digas.

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