Escuchar mensajes difíciles sin huir, defenderte ni contratacar

En la entrada de hoy quisiera compartir contigo el episodio de Conecta3 que lleva por título “Acusaciones“. Quizás te preguntes, qué tiene que ver el título del post con las acusaciones. La conexión está en que, en este episodio Alicia comparte una situación en la que alguien le lanzó una acusación y cómo gestionó la dificultad que le suposo escuchar ese mensaje difícil.

Así que te animo a que lo escuches por varias razones. Primero, porque podrás ver un ejemplo cotidiano de cómo la CNV (Comunicación Noviolenta) te podría ser de utilidad para gestionar la situación en la que alguien te dice algo que te es difícil de escuchar y no quieres ponerte a la defensiva y caer en los patrones de huida (abandonas la conversación), o ataque / contraataque (respondes con otro juicio y entras en una escalada de violencia verbal).

También creo que te puede ser de utilidad porque en la tertulia hablamos de distinciones que usamos en la CNV como, diferencia entre sentimientos y evaluaciones ocultas (falsos sentimientos), o la diferencia entre causa y estímulo que resultan de utilidad para este tipo de situaciones.

Finalmente te recomiendo que lo escuches porque te podría divertir escuchar la sección de “La Llamada” en la que el Sr. Emilio hace una acusación en un formato un tanto “literario”…

En fin, esta es la invitación de hoy para ti. El equipo de Conecta3 (Alicia, dani y yo mismo) deseamos que contribuya a tu bienestar.

¡Buen viaje!

Cambiar de perspectiva no es lo mismo que hacer concesiones

Resultat d'imatges de perspectivaHay ocasiones en las que, en una discusión, una de las partes decide hacer una concesión para evitar un conflicto. A corto plazo puede ser una buena solución. Sin embargo, el conflicto en realidad no se ha resuelto sino que se ha aplazado. La parte que cede y hace una concesión puede generar resentimiento hacia la otra parte. Si esto se convierte en un patrón que se repite en el tiempo, el resentimiento se acumula y puede pasar que una circunstancia aparentemente insignificante desate un gran conflicto. Es aquello de “traga sapos y vomita dragones“.

Así que mi propuesta de hoy para ti es que, en vez de hacer concesiones, lo que hagamos es un cambio de perspectiva que no tiene el inconveniente de generar resentimiento y respuestas explosivas y permite generar soluciones eficaces. Si quieres saber cual es la diferencia y como se puede hacer te recomiendo que continúes leyendo este artículo. ¿Me acompañas?

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Conecta 3: el enfado y la culpa

Lo que hoy me apetece compartir contigo es el último episodio de Conecta 3, que como siempre gravamos Alicia Mánuel, Dani Muixi y yo mismo. Es el capítulo 9 hablamos sobre el enfado y también del sentimiento de culpa. No te pierdas la parte divertida del programa, la sección de “la llamada del público” y la nueva sección que inauguramos en este programa, “Ojos que ven corazón que siente“.

Como siempre, intentamos combinar la profundidad de los temas tratados, con una parte divertida, para que te enriquezcas de una forma entretenida. Espero que lo disfrutes al menos tanto como nosotros realizando el programa.

¡Buen viaje!

Un relato sobre la permanente insatisfacción

Mi propuesta de hoy para ti es un pequeño relato. Es una conversación entre una persona que vivía en la insatisfacción permanente y fue a visitar a un amigo suyo que en otras ocasiones le había ayudado a resolver un problema. La conversación que tuvieron fue algo parecido a esto.

Captura

– Me fijo objetivos y retos, y cuando los consigo me siento muy feliz.
– Eso suena bien.
– Ya, pero eso me dura muy poco y entonces me siento insatisfecha. Entonces me tengo que fijar nuevos objetivos. Los consigo y vuelvo a estar feliz.
– ¿Porqué es eso un problema para ti?
– La insatisfacción permanente me ayuda a mantenerme en movimiento y eso me hace sentir viva. También me ayuda a progresar, a ser mejor persona. Pero, ¿Cuando podré descansar? ¿Esta carrera tiene un final?
– Parece que estás triste porque te gustaría descansar..
– Sí
– Y también me parece que te encantaría saber que cuando vas a acabar de ponerte retos. Supongo que eso te daría cierta esperanza y descanso.
– Sí
– La insatisfacción me ha ayudado a llegar a donde estoy. Ha sido muy valiosa para mi vida, pero estoy muy cansada y me gustaría poder descansar.
– Así que parece que estás en un dilema. Por un lado, la insatisfacción permanente te conecta con la vida, con la sensación de progreso y eso es muy importante para ti.
– Por otra parte parece como si la permanente insatisfacción te estuviera obligando a moverte a pesar que tú estás cansada y cuando alguien te obliga a hacer algo, o te rebelas contra eso y luchas en contra eso, o te sometes a ella y por lo tanto creas resentimiento.
– Sí. Es un fuerza motora para mi vida, aunque a veces es demasiado “motora” y no me deja descansar.
– Ya veo cual es tu dilema.
– Por cierto, ¿sabes la diferencia entre rumbo y destino?
– No sé muy bien que quieres decir.
– Vamos a ver. Imagina que yo estoy en Barcelona y quiero llegar a Zaragoza.
– Vale
– Zaragoza está en dirección Oeste con respecto a Barcelona.
– Sí
– Así que si quiero llegar a Zaragoza, puedo tomar una brújula, y tomando carretera siguiendo la dirección Oeste, podría llegar a Zaragoza.
– Bueno, más o menos
– Lo que quiero decir es que el rumbo para llegar a Zaragoza es el Rumbo Oeste.
– Vale
– Pero no es lo mismo Zaragoza que el Oeste.
– No claro, vaya tontería.
– Si me confundo y pienso que el Oeste es el destino, ¿qué me puede pasar?
– Que te pases de largo.
– Exacto, y que no llegue a Zaragoza. Bueno, quizás, si persevero y doy la vuelta al globo terráqueo, vuelva a pasar por Zaragoza.
– Sí
– Pero si me olvido que el destino es Zaragoza y no el Oeste, me volveré a pasar de largo.
– No sé porqué que explicas esto…
– Te lo explico por lo siguiente. Me da la impresión que lo que te mueve es la permanente insatisfacción. Entonces, ¿Hacia dónde te mueves?
– Quiero dejar de sentir la insatisfacción
– ¿En positivo cómo sería?
– No sé,…. me muevo hacia la satisfacción.
– Claro, la satisfacción que te la da la conexión con la vida y la sensación de progreso personal.
– Sí, para mi es muy valioso el progreso personal. Saber que estoy en ese camino me da satisfacción.
– Entonces imagina que ese es tu rumbo.
¿Cómo?
– Sí, tú te mueves en la dirección de progreso personal.
– Vale
– Si tu rumbo es el progreso personal, ¿Cual es tu destino?
-…no sé …
– Siguiendo este símil, ¿cuales podrían haber sido tus destinos en la vida?
– …
– No sé,… quizás, … cada reto, cada objetivo alcanzado es como si fuera un destino.
– Claro. Cada vez que alcanzas un objetivo sientes satisfacción porque estás en la dirección del progreso personal. Pero una vez que has llegado a tu destino, es decir, que has conseguido tu reto, enseguida vuelves a sentir insatisfacción…
– Exacto !
– Quizás es que confundes rumbo con destino.
– ¿Otra vez? No entiendo
– Recuerda que mi destino era Zaragoza, y que mi rumbo era Oeste. Nunca podré llegar al oeste, porque el oeste es una dirección, no un destino. Sólo puedo llegar a un lugar no a un rumbo.
– ¿Me estás diciendo que nunca podré llegar al al progreso personal?
– Nunca. Cuando te crees que has llegado, vuelve a alejarse. Es como un espejismo porque persigues un rumbo, una dirección y eso es inalcanzable.
– Eso es una muy mala noticia.
– Pero también tengo muy buenas noticias.
– ¿Como?
– Imagina que saliendo de Barcelona has llegado a Zaragoza. Entonces puedes volver a fijarte un destino que esté en dirección oeste y dirígite hacia allí. Date cuenta que mientras mantengas ese rumbo, cada paso que des, cada ciudad y pueblo que pises, estará en el rumbo oeste. Así que nunca puedes llegar, y a la vez siempre estás allí porque cada paso es el que hace el rumbo.  Es como si buscaras la satisfacción que te da el progreso personal mirando hacia el horizonte infinito, cuando para encontrarlo sólo tienes que mirar debajo de tus zapatos, en el aquí y el ahora.
– Entonces, para encontrar la satisfacción, ¿no hace falta fijarse objetivos?
– No quería decir eso. Fíjate un objetivo que esté en la dirección del desarrollo personal, que es lo que parece que te satisface, pero una vez hecho eso, la satisfacción plena la encontraras en cada paso,… si eres capaz de ser consciente de ello.
– Ya veo, Entonces podré sentarme a descansar cuando me apetezca y correr cuando tengas gana, disfrutando del camino en cada paso.
– Exacto. Pero si te desvías de tu rumbo, es decir, te fijas un objetivo que no busca el desarrollo personal, entonces ya no te funcionará. Así que tan importante es el rumbo con el destino. Lo importante es no confundir una cosa con la otra.
– Me parece que ya lo entiendo. Hasto pronto

FIN

y… ¡Buen Viaje!

Es imposible que te falten al respeto

Vale, ya sé que esta frase es una provocación. Efectivamente cuando alguien me insulta o emite un juicio sobre mi utilizando palabras que considero poco respetuosas entonces me están faltando al respeto. Cuando eso ocurre es muy normal que reaccione con otro ataque o me quede a la defensiva sin saber qué decir y maldiciendo en secreto a mi interlocutor. Cuando pienso que me atacan, puedo entrar fácilmente en el modo ataque/huida, un lugar de pocos recursos que me lleva a reaccionar y no a elegir una respuesta desde la libertad de acción. Me gustaría no caer en la provocación que supone reaccionar al insulto contraatacando y a la vez me hacerme valer. ¿Cómo se consigue eso?

Esta pregunta conecta con el título del artículo. Porque, si fuera imposible que los demás te faltaran al respeto, ¿cómo sería tu respuesta cuando alguien te insultara o te dijera algo que se supone es una falta de respeto? ¿Cómo te podrías hacer valer cuando es imposible que, aunque te insulten, eso no suponga una falta de respeto hacia ti?

Antes de continuar, hay un pequeño relato que me gustaría compartir contigo. Dice algo así:

(cuento zen)

Una vez vivió un gran guerrero, que aunque era bastante viejo aún podía derrotar a cualquier contrincante. Su reputación se extendía a lo largo y ancho del país, y ese prestigio hacía que tuviera siempre a su lado muchos aprendices.

Un día, un joven guerrero llegó a la aldea del guerrero, determinado a ser el primer hombre en derrotar al gran maestro. Junto con su fuerza, tenía una increíble habilidad para descubrir y explotar cualquier debilidad de su adversario. Nunca nadie había durado en un combate con él más allá del primer movimiento. Provocaba a su oponente y su respuesta era fulminante.

Muy en contra del consejo de sus preocupados aprendices, el viejo maestro aceptó el desafío del joven guerrero. Cuando los dos estuvieron preparados para la lucha, el joven guerrero comenzó a lanzarle insultos, sin embargo el maestro permanecía inmóvil. Probó de tirarle barro, le escupió a la cara, pero el maestro no respondió. Durante horas lo maldijo y lo insultó gravemente, pero el maestro simplemente permanecía parado, aparentemente tranquilo, sin responder a las provocaciones del joven guerrero.

Finalmente, incapaz de conseguir que el maestro entrara en el combate, el joven guerrero se marchó diciéndole que era un cobarde por no querer luchar contra él. Sus discípulos, algo decepcionados porque no había luchado contra el joven guerrero, se reunieron alrededor del maestro y le preguntaron:
“¿Cómo pudo usted aguantar tal indignidad? ¿cómo permitió que le faltara al respeto de esa forma?”.
El maestro respondió:
“Si alguien viene a darles un regalo y ustedes no lo reciben , ¿a quién pertenece el regalo?”.
“Si alguien les insulta y ustedes no acogen esos insultos, ¿ a quién pertenecen esos insultos ?”.

Fin

¿Cómo se podría conseguir una actitud similar a la del maestro Zen? Permíteme que te de mi respuesta a eso.

Podríamos decir que cuando alguien insulta o falta al respeto a otra persona tiene una voluntad de lastimar u ofender. Un insulto es un juicio u opinión sobre otra persona que tiene una carga de agresividad. En esto último es donde creo que está la clave del asunto: que el insulto es un juicio u opinión, y los juicios y las opiniones nunca pueden ser ni ciertos ni falsos.

Si eres un lector habitual de mi blog, recordarás que ya hemos visto algunas veces la diferencia entre juicio y observación. Los primeros no pueden ser nunca ciertos o falsos porque sólo los hechos pueden clasificarse de esa forma. Un juicio sólo puede estar bien o mal fundamentado, pero incluso un juicio compartido por muchas personas y bien fundamentado, nunca podrá considerarse una verdad o algo cierto.

Tener presente esta distinción es fundamental porque si alguien te insulta y lo tomas como un hecho cuando sólo es un juicio, lo que estás haciendo es aceptarlo como una verdad y no como una opinión. Entonces el insulto consigue el objetivo de hacer daño porque afecta a tu identidad, algo que siempre queremos proteger. Esto me recuerda lo que dice el maestro zen con respecto a cómo tomar el regalo que te ofrecen.

Teniendo en cuenta que el insulto está en la categoría de las opiniones y no en la de las verdades, siempre puedes decidir tomar en consideración esa opinión, quizás porque consideres que puedes aprender alguna cosa. También puedes decidir que esa opionión no te es útil y rechazarla. En este sentido es como un regalo: lo abres, decides si te es útil y entonces te lo quedas o bien al abrirlo te das cuentas que no te va servir de nada y lo rechazas. El otro no te obliga a que te quedes su regalo, sólo tu decides si te lo quedas o lo devuelves.

Ahora quisiera volver al título del artículo, “Es imposible que me falten al respeto”. ¿Ves ahora lo que quería decir? Si tu tienes presente esto que hemos hablado, es imposible que nadie te falte al respeto sin tu permiso. El darse cuenta que el juicio o el comentario irrespetuoso está en el terreno de las opiniones y no en el de las certezas te da la libertad de aceptarlo o rechazarlo. Darse cuenta de esto y tenerlo presente puede ser muy poderoso porque te da libertad, ¿no crees?

Para acabar decirte que verlo de esta forma no te convertirá en un ser inmune a los insultos. Las opiniones de los demás, aunque son sólo opiniones, aunque hablan del que las emite, también puede ayudarte a descubrir cosas en ti y esos hallazgos pueden ser fuente de goce o de tristeza. Sin embargo, ser conscientes que habitamos en el terreno de las opiniones nos previene de sentir ira, y por lo tanto de la necesidad de castigar, de atacar o defenderse y eso nos da espacio para hacer uso de nuestra libertad personal.

¡Buen viaje!

¿Cómo pones límites?

Hoy quisiera hablarte de cómo poner límites, pero antes de ir directo al tema quiero dar un rodeo que me parece necesario y que al final nos llevará a nuestro asunto. ¿Quieres acompañarme?

Los botones que nos disparan las emociones

Hay cosas que nos pasan que nos disparan emociones y sentimientos. El mundo en el que vivimos es una fuente de estímulos que no podemos controlar y ante un mismo estímulo las personas podemos sentir cosas diferentes y por lo tanto reaccionar de forma diferente. También puede ocurrir que una misma persona ante un mismo estímulo sienta cosas diferentes en función del momento en el que se encuentre.

Lo que te quiero decir con esto es que lo que pasa en el mundo y lo que hacen los otros nos influye de alguna manera, pero no puede ser la causa única y directa de nuestras emociones y de nuestras reacciones. Porque, si fuera así, antes el mismo estímulo todas las personas responderíamos de la misma forma, o nosotros mismos siempre responderíamos igual ante un mismo estímulo, cosa que no ocurre. Así que tiene que haber algo más.

Para explicar esto a mi me gusta imaginarme que las personas tenemos unos botones que nos estimulan emociones. Como a cada persona sentimos y reaccionamos ante cosas diferentes entonces es como si cada persona tuviera unos botones que son diferentes de los de los demás, que son fruto de su propia biología, educación, cultura, familia y vivencias y del momento vital que está viviendo en cada momento y por lo tanto lo hacen único.

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Los 4 pasos de la CNV: un breve resumen

Como recordarás, la semana pasada vimos juntos cómo se puede llegar a comportamientos manifiestamente violentos de una forma muy sutil, mediante situaciones que llamé pre-violentas, que forman parte de nuestra forma habitual de interactuar con las personas. También te expliqué que la forma más útil que yo he encontrado para darme cuenta de ello y para transformar la comunicación “pre-violenta” en algo que cuide de la relación, es mediante la Comunicación NoViolenta (CNV), modelo desarrollado por Marshall Rosenberg. Así que en este artículo voy a tratar de hacer un resumen del proceso de la CNV y cuáles son las tres formas en que se puede utilizar:

Primera forma: la auto-empatía

Se trata de darse cuenta de las cosas que nos decimos a nosotros mismos cuando nos ocurren cosas y transformar el lenguaje pre-violento hacia uno mismo. El objetivo es de auto-cuidarnos y utilizar un lenguaje compasivo hacia uno mismo, porque ¿cómo vamos a tratar bien a los demás si nos tratamos con violencia a nosotros mismos?

Segunda forma: Expresión honesta

En esta modalidad se trata de utilizar el proceso de la CNV para expresar a los demás cuales son nuestras necesidades sin utilizar los patrones de la pre violencia (¿Porqué somos violentos?). De esta forma tenemos más probabilidades de que los otros accedan a nuestras peticiones por el deseo de contribuir a nuestro bienestar y no por el miedo a las consecuencias de no hacerlo.

Tercera forma: Escucha empática

De lo que se trata es de utilizar la CNV para recibir un mensaje de otra persona que se comunica de forma “pre-violenta” y transformar esa comunicación en otra que favorezca el diálogo, en vez de que sea una escalada de monólogos violentos que no llevan a nada constructivo.

Una vez que hemos visto de qué manera se puede utilizar la CNV veamos cuales son las 4 fases del proceso.

Las 4 etapas de la CNV

El proceso de la método de la comunicación no violenta se puede resumir como un camino de 4 pasos:

1.- Observación. Describir la situación limitándose a los hechos evitando añadir juicios y pensamientos sobre ellos. Parace algo sencillo pero si se quiere hilar fino, no es tan fácil como parece (¿Crees que sabes diferenciarlos?)
2.- Sentimientos y actitudes: explicar los sentimientos que esa situación despiertan diciendo “yo me siento…” Es importante, de nuevo, no mezclarlos con jucios y pensamientos.
3.- Necesidad. Clarificar la necesidad que está en juego.
4. Petición. Hacer una petición que sea realizable, concreta y formulada en términos positivos. (Las 4 características de las peticiones eficaces)

Ejemplo

Te pondré un ejemplo para que veas las diferencias entre la comunicación pre-violenta a la que estamos habituados y cómo se transforma utilizando la CNV.

Escenario 1: comunicación pre-violenta (violencia latente)

Imagina la siguiente situación: llego a casa después de un día duro en la oficina y me encuentro la ropa de mi hija tirada por el suelo. Entonces digo:

Siempre que llego a casa me encuentro tu ropa tirada en el suelo. Recógela inmediatamente o sino te quedarás sin el móvil hasta mañana.

Es posible que mi hija haga lo que le exijo, pero ¿cual es el coste? ¿Cómo queda afectada la relación? ¿Quiero que recoja la ropa porque quiero que contribuya a mi bienestar porque estoy cansado, necesito orden y me preocupa que desarrolle costumbres que le serán beneficiosas en el futuro o que lo haga por miedo al castigo que supone quedarse sin el móvil? ¿Qué valores deseo promover en mi hija, la obediencia por miedo al castigo o la solidaridad y la contribución al bienestar de los demás?

También me gustaría que nos diéramos cuenta que este tipo de comunicación es pre violenta porque en ella hay juicios y exigencias. Cuando me juzgan no hay aceptación ni comprensión y cuando hay exigencia sólo doy espacio al sometimiento o a la rebelión. Veamos la alternativa que propone la CNV

Escenario 2: utilizando la Comunicación NoViolenta

Primero: autoempatía.

Antes de comunicarnos con los demás puede ser útil “comunicarse con uno mismo”. Me explico, se trata de darse cuenta de cual es el diálogo interior que uno tiene y transformar la comunicación  pre violenta y descubrir qué necesidades no cubiertas hay en todo ese diálogo interni.  En esta situación podría ser algo así:

Llego a casa después de un día muy duro en el trabajo y lo único que no quiero es ver semejante desorden en casa. Cuando llegan a casa y veo las cosas tiradas por el suelo pienso que sólo se preocupan de su comodidad y que no piensan si los demás que vivimos en esta casa necesitamos orden y tranquilidad. Además también me preocupa que no tengan la buena costumbre de dejar su ropa ordenada, lo cual es beneficioso para toda la familia y también para ella misma.

Cuando pienso todo esto me entra una mezcla de rabia, cansancio y desánimo porque me encantaría llegar a casa y encontrármela  ordenada. También me gustaría que lo hicieran sin tener que amenazar con castigos ni enfadarme, esto también es importante para mi. Así que descubro que para mi son mjy importantes las necesidades de descanso, facilidad, contribución a la educación de mis hijas y apoyo. Ahora puedo ir a la segunda modalidad

Segundo: Expresión honesta

Después de la autoempatía podría expresarme de forma honesta respecto cuales son los hechos, sentimientos, necesidades para acabar con una petición. Podría ser algo así:

Hoy he tenido un día muy duro en la oficina y estoy muy cansado.

Cuando he entrado en casa y he visto tu ropa en el suelo del recibidor, (hechos sin evaluaciones),

me he sentido desbordado, (expresión de sentimientos)

porque tener la casa ordenada me da tranquilidad y que la ropa esté en el suelo no me ayuda. Hoy realmente necesito mucha tranquilidad y descanso. (expresión honesta de mis necesidades insatisfechas de descanso y orden. Expresarlas significa poner de manifiesto mi vulnerabilidad, para lo cual se necesita ser valiente)

¿Estarías dispuesta a recoger tu ropa ahora? (petición concreta, en positivo, realizable, para satisfacer mis necesidades de orden, descanso y apoyo)

Conclusiones

Con esta fórmula no tengo garantizado que mi hija haga lo que tu yo quiero (si fuera así, entonces no sería una petición sino una exigencia y eso es comunicación pre-violenta). Sin embargo, ¿qué crees tu que podría pasar? Desde luego es una manera de comunicarme muy diferente a al que está acostumbrada.  Además, lo que yo en realidad deseo por enciam de todo es que recoja su opa por un deseo verdadero de contribuir a tu bienestar y no por miedo a recibir un castigo.

Finalmente me gustaría decir que esto no significa que siempre haya que utilizar esta forma de comunicarnos. Obligarnos a ello sería un comportamiento violento hacia nosotros mismos, lo cual es contrario al propio sentido de la CNV. Lo que quiero señalar, es que la CNV nos ayuda a tomar conciencia de la importancia que tiene la forma con que nos comunicamos con las personas que nos importan y que si utilizamos la CNV con la intención de cuidarnos a nosotros mismos a la vez que cuidamos de los demás puede ser una forma de contribuir a hacer un mundo menos violento. Para mi es un camino que abre posibilidades, ¿no te parece?

¡Buen viaje!

Los 4 pasos de la CNV: un breve resumen

Como recordarás, la semana pasada vimos juntos cómo se puede llegar a comportamientos manifiestamente violentos de una forma muy sutil, mediante situaciones que llamé pre-violentas, que forman parte de nuestra forma habitual de interactuar con las personas. También te expliqué que la forma más útil que yo he encontrado para darme cuenta de ello y para transformar la comunicación “pre-violenta” en algo que cuide de la relación, es mediante la Comunicación NoViolenta (CNV), modelo desarrollado por Marshall Rosenberg. Así que en este artículo voy a tratar de hacer un resumen del proceso de la CNV y cuáles son las tres formas en que se puede utilizar:

Primera forma: la auto-empatía

Se trata de darse cuenta de las cosas que nos decimos a nosotros mismos cuando nos ocurren cosas y transformar el lenguaje pre-violento hacia uno mismo. El objetivo es de auto-cuidarnos y utilizar un lenguaje compasivo hacia uno mismo, porque ¿cómo vamos a tratar bien a los demás si nos tratamos con violencia a nosotros mismos?

Segunda forma: Expresión honesta

En esta modalidad se trata de utilizar el proceso de la CNV para expresar a los demás cuales son nuestras necesidades sin utilizar los patrones de la pre violencia (¿Porqué somos violentos?). De esta forma tenemos más probabilidades de que los otros accedan a nuestras peticiones por el deseo de contribuir a nuestro bienestar y no por el miedo a las consecuencias de no hacerlo.

Tercera forma: Escucha empática

De lo que se trata es de utilizar la CNV para recibir un mensaje de otra persona que se comunica de forma “pre-violenta” y transformar esa comunicación en otra que favorezca el diálogo, en vez de que sea una escalada de monólogos violentos que no llevan a nada constructivo.

Una vez que hemos visto de qué manera se puede utilizar la CNV veamos cuales son las 4 fases del proceso.

Las 4 etapas de la CNV

El proceso de la método de la comunicación no violenta se puede resumir como un camino de 4 pasos:

1.- Observación. Describir la situación limitándose a los hechos evitando añadir juicios y pensamientos sobre ellos. Parace algo sencillo pero si se quiere hilar fino, no es tan fácil como parece (¿Crees que sabes diferenciarlos?)
2.- Sentimientos y actitudes: explicar los sentimientos que esa situación despiertan diciendo “yo me siento…” Es importante, de nuevo, no mezclarlos con jucios y pensamientos.
3.- Necesidad. Clarificar la necesidad que está en juego.
4. Petición. Hacer una petición que sea realizable, concreta y formulada en términos positivos. (Las 4 características de las peticiones eficaces)

Ejemplo

Te pondré un ejemplo para que veas las diferencias entre la comunicación pre-violenta a la que estamos habituados y cómo se transforma utilizando la CNV.

Escenario 1: comunicación pre-violenta (violencia latente)

Imagina la siguiente situación: llego a casa después de un día duro en la oficina y me encuentro la ropa de mi hija tirada por el suelo. Entonces digo:

Siempre que llego a casa me encuentro tu ropa tirada en el suelo. Recógela inmediatamente o sino te quedarás sin el móvil hasta mañana.

Es posible que mi hija haga lo que le exijo, pero ¿cual es el coste? ¿Cómo queda afectada la relación? ¿Quiero que recoja la ropa porque quiero que contribuya a mi bienestar porque estoy cansado, necesito orden y me preocupa que desarrolle costumbres que le serán beneficiosas en el futuro o que lo haga por miedo al castigo que supone quedarse sin el móvil? ¿Qué valores deseo promover en mi hija, la obediencia por miedo al castigo o la solidaridad y la contribución al bienestar de los demás?

También me gustaría que nos diéramos cuenta que este tipo de comunicación es pre violenta porque en ella hay juicios y exigencias. Cuando me juzgan no hay aceptación ni comprensión y cuando hay exigencia sólo doy espacio al sometimiento o a la rebelión. Veamos la alternativa que propone la CNV

Escenario 2: utilizando la Comunicación NoViolenta

Primero: autoempatía.

Antes de comunicarnos con los demás puede ser útil “comunicarse con uno mismo”. Me explico, se trata de darse cuenta de cual es el diálogo interior que uno tiene y transformar la comunicación  pre violenta y descubrir qué necesidades no cubiertas hay en todo ese diálogo interni.  En esta situación podría ser algo así:

Llego a casa después de un día muy duro en el trabajo y lo único que no quiero es ver semejante desorden en casa. Cuando llegan a casa y veo las cosas tiradas por el suelo pienso que sólo se preocupan de su comodidad y que no piensan si los demás que vivimos en esta casa necesitamos orden y tranquilidad. Además también me preocupa que no tengan la buena costumbre de dejar su ropa ordenada, lo cual es beneficioso para toda la familia y también para ella misma.

Cuando pienso todo esto me entra una mezcla de rabia, cansancio y desánimo porque me encantaría llegar a casa y encontrármela  ordenada. También me gustaría que lo hicieran sin tener que amenazar con castigos ni enfadarme, esto también es importante para mi. Así que descubro que para mi son mjy importantes las necesidades de descanso, facilidad, contribución a la educación de mis hijas y apoyo. Ahora puedo ir a la segunda modalidad

Segundo: Expresión honesta

Después de la autoempatía podría expresarme de forma honesta respecto cuales son los hechos, sentimientos, necesidades para acabar con una petición. Podría ser algo así:

Hoy he tenido un día muy duro en la oficina y estoy muy cansado.

Cuando he entrado en casa y he visto tu ropa en el suelo del recibidor, (hechos sin evaluaciones),

me he sentido desbordado, (expresión de sentimientos)

porque tener la casa ordenada me da tranquilidad y que la ropa esté en el suelo no me ayuda. Hoy realmente necesito mucha tranquilidad y descanso. (expresión honesta de mis necesidades insatisfechas de descanso y orden. Expresarlas significa poner de manifiesto mi vulnerabilidad, para lo cual se necesita ser valiente)

¿Estarías dispuesta a recoger tu ropa ahora? (petición concreta, en positivo, realizable, para satisfacer mis necesidades de orden, descanso y apoyo)

Conclusiones

Con esta fórmula no tengo garantizado que mi hija haga lo que tu yo quiero (si fuera así, entonces no sería una petición sino una exigencia y eso es comunicación pre-violenta). Sin embargo, ¿qué crees tu que podría pasar? Desde luego es una manera de comunicarme muy diferente a al que está acostumbrada.  Además, lo que yo en realidad deseo por enciam de todo es que recoja su opa por un deseo verdadero de contribuir a tu bienestar y no por miedo a recibir un castigo.

Finalmente me gustaría decir que esto no significa que siempre haya que utilizar esta forma de comunicarnos. Obligarnos a ello sería un comportamiento violento hacia nosotros mismos, lo cual es contrario al propio sentido de la CNV. Lo que quiero señalar, es que la CNV nos ayuda a tomar conciencia de la importancia que tiene la forma con que nos comunicamos con las personas que nos importan y que si utilizamos la CNV con la intención de cuidarnos a nosotros mismos a la vez que cuidamos de los demás puede ser una forma de contribuir a hacer un mundo menos violento. Para mi es un camino que abre posibilidades, ¿no te parece?

¡Buen viaje!

4 pasos para transformar tu “clima emocional”

Estimad@ lector@,

Cada mañana, antes de salir de casa, me gusta consultar la predicción meteorológica. Tengo la costumbre de ir en bicicleta y saber si va a llover me ayuda a decidir cómo prepararme (tomar el chubasquero, calzarme con zapatos de lluvia,…) o bien dejar la bici y tomar otro medio de transporte. Te explico esto porque, al igual que la climatología impacta en mi vida y en mis decisiones cotidianas, creo que mi clima emocional también impacta de alguna manera en mis decisiones y en mi vida, pero, ¿de qué forma? Esto es lo que me gustaría tratar hoy contigo.

Supongo que estás de acuerdo conmigo en que la reacción ante una misma cosa puede ser muy diferente si estoy de buen o mal humor. El clima emocional me hace ver una misma cosa de forma muy diferente. Si esto es así, mi clima emocional actúa como si fuera un filtro que modifica la realidad. Si estoy de buen humor es como si llevara una gafas de resaltan y hacen brillar las cosas y si estoy de mal humor, las gafas actúan de modo contrario.

También podríamos estar de acuerdo en que, si llevo puestas las gafas de “buen tiempo” mi vida es más fructífera y provechosa que cuando llevo las gafas del “mal tiempo”. Ver las cosas por el lado positivo me hace aprovechar las posibilidades que ofrece la vida y también estoy más feliz. Entonces, si me doy cuenta que llevo las gafas del mal humor, ¿porqué no me las cambio por las del buen humor? en definitiva ¿porqué no cambiar mi clima emocional?

Supongo que podrías decirme que, igual que el clima meteorológico no puede cambiarse, el clima emocional tampoco. En ese caso estaría de acuerdo contigo y también estaría en desacuerdo. Permíteme que te lo explique.

Por un lado, estoy de acuerdo porque lo que sentimos en un momento dado, es algo que existe, es un hecho y por lo tanto simplemente es así. Aunque lo que esté sintiendo no me guste, o incluso lo aborrezca, no lo puedo cambiar porque es. Puedo hacer ver que no existe, pero sigue ahí. En este sentido, es como el tiempo meteorológico: si llueve, llueve y si hace sol, hace sol, independientemente de cuales son mis preferencias. La realidad es muy tozuda.

Entonces, ¿Porque no estoy de acuerdo? Porque opino que, aunque no puedo cambiar el clima emocional actual, si que puedo influenciar en el clima emocional que ha de venir. ¿Quieres saber cómo?

Cambia de gafas: cómo transformar tu clima emocional

Lo primero de todo es hacerte la siguiente pregunta: ¿cual es mi clima emocional actual? Es algo que parece obvio pero no lo es en absoluto. A veces podría resultar difícil aceptar que llevo las gafas “del mal humor”. En esto conviene ser muy honesto porque, sin hacer este paso, es imposible avanzar.

El segundo paso consiste en hacerse la siguiente pregunta: ¿porqué estoy de mal humor? Normalmente creemos que la causa del mal humor son las cosas que nos pasan, aunque yo opino que no es así. Por ejemplo, puedo decir que “estoy de mal humor porque es lunes pero yo creo que la verdadera causa que tenga mal humor el lunes por la mañana, son las cosas que me digo cuando es lunes por la mañana. Para hacer un ejemplo, sigamos con la misma situación: es lunes por la mañana, me despierto y entonces me digo:

– Qué cansancio, … cómo me gustaría quedarme en la cama más tiempo… porque lo que me espera en el trabajo es la presión de mi jefe para que acabe lo pendiente, qué agobio …

Y entonces me viene el mal humor.

Tercer paso: identifica las necesidades que hay tras ese diálogo

La pregunta que toca hacerse ahora es ¿qué necesidades y valores universales crees que hay tras estos pensamientos? De lo que se trata es que identifiques de este listado cuáles te podrían estar faltando cuando piensas eso.

En este ejemplo me parece que lo más evidente es que hay una necesidad de descanso. No obstante, aunque exista esa necesidad hay ocasiones en que estar cansado no es motivo suficiente para estar de mal humor. Por lo tanto debe haber algo más y seguro que tiene que ver con “lo que me espera al llegar al trabajo…¡presión por acabar trabajo pendiente! Así que probablemente además de necesitar descanso, también necesite respeto al ritmo personal, y quizás también empatía y respeto a lo que me está pasando, definitiva, ser visto y tenido en cuenta. ¡Ufff!

Algo pasa cuando uno se da cuenta de cuales son las necesidades en juego porque tienen ver con lo que está vivo en ese momento. Si no fueran importantes los valores y necesidades que hemos visto juntos yo no estaría de mal humor aunque fuera lunes por la mañana, ¿no crees?

Cuarto paso ¿Ha cambiado tu clima emocional?

Ahora me gustaría que me dijeras cómo te sientes después de este descubrimiento. Lo más probable es que el mal humor se haya transformado en otra cosa. No digo que ahora pases a estar de buen humor sino que, de tener un clima emocional tormentoso, quizás pases a tener un clima en que, haya dejado de llover, todavía esté nublado y sobretodo, empiece a asomar el sol entre las nubes.

Porque hacer este descubrimiento me libera de culpabilizar a los demás y a las circunstancias de mi mal humor, y a la vez, me lleva a un sitio un poco incómodo porque ya no hay excusas ni culpas. Ahora sé en qué dirección puedo actuar para tratar de satisfacer eso que me está faltando. Es un asunto mío y de nadie más. Dejar de culpar a los otros y a las circunstancias tiene el inconveniente de la incomodidad pero a cambio me proporciona algo que yo creo que es muy, muy, muy valioso: la libertad de elegir cómo quiero que sea mi futuro.

¡Buen viaje!

Las emociones: sólo puedes gestionar lo que aceptas

Venus Puzzle Personalised JigsawSupongo que puedes estar pensando, “vaya tontería acaba de decir” o “qué obviedad”. Sin embargo te pido que me des un poco de tiempo para mostrarte algo que me parece muy importante.

Lo primero que me gustaría hacer es ponernos de acuerdo sobre qué significa para mí la palabra gestionar.

Por gestionar entiendo poner en marcha acciones dirigidas a conseguir un objetivo. Por lo tanto, según esta definición, no se puede gestionar algo si no hay un objetivo.

La segunda cosa relevante es que gestionar es un verbo de acción. Gestionar implica hacer.

Finalmente, para gestionar algo hay que aceptarlo. Esto último es lo que me resulta más difícil de explicar. Voy a tratar de hacerlo con un ejemplo.

Imagina que dejo encima de la mesa un puzzle y te digo, Haz este puzzle. Entonces tú, te acercas a la mesa y cuando vas a tocar las piezas que están amontonadas te digo: ¡No las puedes tocar! Entonces tu me dices ¡¿Pero si no puedo tocar las piezas, cómo quieres que monte el puzzle?!

Desde luego es una obviedad. Si quiero que montes el puzzle lo tienes que poder tocar, mirar, hacerlo tuyo, para que así lo puedas montar. Si no es imposible. Gestionar entonces significa hacer acciones (ordenar las piezas) con el objetivo re reproducir la imagen del modelo a partir de unir las piezas. Como ves, hay un objetivo, realizas unas acciones y aceptas “eso” que quieres gestionar. Lo tomas en tus manos porque sin aceptar eso que quieres gestionar es imposible hacer nada, no puedes ni empezar.

Ahora te lo voy a poner un poco más difícil, ¿vale? Te propongo que gestionemos algo que sea difícil de gestionar. Por ejemplo, no sé si para ti puede serlo pero a mi a veces me resulta difícil gestionar las emociones, ¿a ti también?

Gestionar las emociones

Normalmente pasa con las que son desagradables, porque con las emociones agradables seguramente no tenemos muchas dificultades para gestionarlas, ¿verdad? Así que este es el asunto que quiero tratar hoy contigo y para ello vamos a aplicar la frase del principio: “Sólo puedes gestionar lo que aceptas” así que si aplicamos esto a las emociones significa que sólo puedes gestionar las emociones desagradables si las aceptas.

Para eso me gustaría volver al ejemplo del puzzle, porque podría ser algo parecido. Imagina que ya has empezado a montar el puzzle. ¿Qué haces con las piezas que están delante tuyo amontonadas encima de la mesa? Supongo que las toma cada pieza en tus manos y la observas cuidadosamente para decidir qué hacer con ella. Quizás la puedas colocar directamente y pruebas de encajarla en tu puzzle a medio construir o bien la agrupas junto con otras que se le parecen. Tu actitud hacia ellas es de aceptación. Lo que me refiero con ello es que las observas todas, una a una. No se te ocurre tirar una pieza porque no es la que esperabas o no te encaja todavía. No hay ninguna que no valga, todas son valiosas aunque todavía no encajen Tienes paciencia, porque sabes que todas tienen su valor. No hay juicios.

Pues bien, lo que te invito ahora es a que indagues sobre cual es tu actitud hacia las emociones desagradables. ¿Qué haces cuando aparece una emoción desagradable? Supongo que una posibilidad es ignorarla, otra podría ser reprimirla o quizás sea cambiarla por otra emoción más fuerte que la enmascare y así tenga la ilusión que ha desaparecido. Cada persona tiene su estrategia o conjunto de estrategias para esquivar las emociones desagradables. A mi me parece una actitud del todo lógica en el sentido que la tendencia natural es tratar de evitar las cosas desagradables. Ahora bien, esto está bastante alejado de lo que yo entiendo por aceptar. De hecho es exactamente lo contrario, ¿no crees?

Después de esto tengo una mala noticia y una buena noticia para ti. La mala es que si ignoro, rechazo o reprimo una emoción me resultará imposible gestionarla y el resultado es que la emoción me gestionará a mi. La buena es que si la acepto podré gestionarla. Vale, ahora quizás la pregunta del millón sea, ¿y cómo se aceptan las emociones desagradables?

Aceptando las emociones: cómo hacerlo

Aceptación para mi significa adoptar una actitud similar a la que tenías con las piezas del puzzle, ¿recuerdas? La tomas, la observas con cuidado y miras cómo puede contribuir a construir y completar tu puzzle. El reto es precisamente ese: tomar la emoción desagradable, mirarla con atención, tomarla entre tus manos y preguntarle ¿cómo puedes contribuir a mi bienestar?

Al igual que en el puzzle, al principio puede ser muy difícil entender cómo puede contribuir a tu bienestar algo que te está causando tanto malestar. Sin embargo, es una aparente contradicción porque si la emoción está, debe ser por algo. Entonces, ¿qué mensaje valioso querrá darme esa emoción tan desagradable? La respuesta que da la CNV a esta pregunta es la siguiente: las emociones desagradables son algo que sirve para avisarnos que hay una o varias Necesidades o Valores Universales que son muy importantes y que me están faltando.

Por ejemplo, puedo sentir ira porque quizás esté en una situación en la que me falte empatía, libertad, ser visto, auto afirmación ,….. (puedes consultar un listado), no lo sé. La única manera de saber qué necesidad valiosa y fundamental me está faltando es que acepte y mire cara a cara la emoción, por desagradable que sea. ¿Te das cuenta? Sólo puedo gestionar lo que acepto.

Quizás estés pensando “fácil de decir, difícil de hacer“. Efectivamente, creo que lo que realmente supone un reto es llevar esto a la práctica. ¿Porqué? Yo creo que por dos razones. La primera es que esto supone romper el hábito de huir de nuestras emociones desagradables. Y la segunda es que esto requiere aceptarlas plenamente, sin juzgarlas. No hay emociones malas, no hay que reprimirlas porque no me gusten y cuando la emoción es muy intensa eso se convierte en un verdadero reto.

Sé comprensivo, por favor

Precisamente por todo esto me gustaría que tuvieras mucha comprensión y compasión contigo mismo cuando quieras ponerlo a la práctica. Al principio es probable que sólo seas capaz de hacerlo en contadas ocasiones y la mayor parte de las veces es posible que no lo consigas. ¡Perfecto! Bienvenido al camino del aprendizaje. A mi me gustaría que recuperaras la actitud que tenía cuando eras un bebé y aprendiste a caminar. Estoy seguro que antes de hacer tus primeros pasos te caíste un montón de veces y en cada caída aprendías alguna cosa. Se trata de recordarte esa actitud compasiva ante los fracasos que suponía cada caída. Recordar, palabra que viene del latín recordare, que se compone del prefijo re- (‘de nuevo’) y un elemento cordare formado sobre el nombre cor, cordis (‘corazón’) es decir, pasar de nuevo por el corazón, eso que fuiste y que quizás ya habías olvidado.

Aceptar las emociones desagradables puede llegar a convertirse en un proceso tan mágico como aprender a caminar. Y como el aprender a caminar, quizás te abra mundos que no habías llegado a imaginar.

¡Buen viaje!