La valentia es una forma de voluntad

snail-505511_640¿Qué es lo que significa es ser valiente? Lo primero que me viene es alguien que no tiene miedo. Sin embargo, eso para mi no es ser valiente sino que es ser un inconsciente. El miedo, como cualquier sentimiento, es una señal que me indica que hay una o varias Necesidades Universales, que me están faltando. Así el miedo puede ser que me esté diciendo que me está faltando seguridad, así que lo que el miedo persigue es protegerme de los posibles peligros. Desde este punto de vista, el miedo es algo positivo para mi. Entonces, ¿cual es el problema de miedo?

El miedo se convierte en algo problemático cuando deja de actuar como una señal de aviso y pasa de ser algo que avisa para ser alguien que decide. El problema del miedo es que me suplante y decida por mi.

Algunas consideraciones sobre el miedo.

Antes de continuar quisiera hacer alguna consideración. El miedo es un sentimiento muy desagradable y las personas tenemos una tendencia natural a huir del dolor  y de lo desagradable y buscar el placer y lo agradable. Así que, mi tendencia natural es evitar situaciones que me estimulen miedo.

Este mecanismo de huida ha sido algo muy útil para conservar nuestra especie, porque nos aleja de los peligros que podrían amenazar nuestra existencia. En nuestros inicios, vivíamos en lugares inhóspitos en los que estábamos el peligro de ser devorados por otras especies estaba muy presente. Así que el miedo ha sido un mecanismo indispensable para asegurar nuestra supervivencia como especie.

Sin embargo, ahora el lugar en el que vivimos la mayor parte de nosotros, es un lugar razonablemente seguro y no estamos expuestos a peligros que pongan en riesgo nuestra vida. Así que nuestro sistema de aviso, desarrollado para nuestra supervivencia durante miles de años, todavía no se ha adaptado a este cambio relativamente reciente, si tenemos en cuenta que el género humano tiene unos 2 millones de años de antigüedad. Esto supone que tenemos un sistema de aviso diseñado para vivir en la vida salvaje llena de peligros y no está adaptado a las nuevas circunstancias en las que vivimos en la sociedad moderna.

Por otra parte, me gustaría que pensáramos tu y  yo, cuales son las situaciones que causan miedo. ¿Qué es lo que me causa miedo? Cada persona tienes sus propios miedo aunque hay un tipo de miedo que quiero tratar en este artículo: el miedo a lo desconocido. Culturalmente se nos ha enseñado a temerlo.

El dicho que dice: “Más vale malo conocido que bueno por conocer” es representativo de esta forma de pensar. Otras referencia podrían ser el “Non Terrae Plus Ultra” (‘No existe tierra más allá’) que se utilizaba para referirse Finisterre (España), y también la antigua advertencia de la mitología griega, según la cual Hércules había puesto dos pilares en el Estrecho de Gibraltar, para señalar el que se creía que era el límite del Mundo, la última frontera que los navegantes del Mediterráneo podían alcanzar. En definitiva, el miedo a lo desconocido es algo ancestral.

Si esto que te he explicado es cierto significa que el miedo, que es nuestro sistema de aviso, nos da alarmas con un nivel que está por encima de lo que corresponde con el peligro real. Eso quiere decir que vivimos como situaciones peligrosas para nuestra integridad personal, situaciones que en realidad no lo son.

Resumen.

Tenemos un mecanismo de aviso de peligro obsoleto porque nos indica situaciones que ponen en riesgo nuestra vida cuando de hecho, no es así. También tenemos otro mecanismo que nos impulsa a huir de lo desagradable. Finalmente, asociamos los desconocido a lo peligroso. Con todo esto, es posible que tengamos una tendencia a huir de las situaciones no conocidas. ¿A dónde nos lleva esto?

Más que llevarnos a ningún sitio, hace que nos quedemos en lo que se llama la “Zona de Confort“. A mi no me gusta llamarla así porque en la “Zona de Confort” aunque no hay miedo, no significa que sea un lugar agradable. Prefiero denominar este estado “la Zona Conocida” porque es un lugar en el que nos hemos acostumbrado a vivir, aunque sea un lugar en el que haya hastío, o esté viviendo el dolor más absoluto. Curioso, ¿no te parece?

La “Zona Conocida” y el desarrollo

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Me cuesta elegir. Estoy paralizado…

Quien no se ha encontrado alguna vez en dificultades para escoger. ¿Qué es lo que lo hace difícil? Después de darle algunas vueltas al asunto creo que hay dos cosas que influyen en eso. La primera es el miedo a equivocarse. ¿La opción elegida será la correcta? Sobre este aspecto ya he hablado en unos cuantos artículos (El miedo y las decisionesEquivocarse, una alternativa más allá de la culpaLa decisiones, el cuento de Tara¿Hay decisiones correctas e incorrectas? ) así que hoy no voy a ir por ahí.

Lo que te propongo hoy es que investiguemos lo siguiente. Si escojo, renuncio a otras muchas cosas y yo no quiero renunciar así que es mejor “no elegir“, al menos aparentemente. ¿Te apetece? Antes de continuar, lo que me gustaría hacer es romper dos mitos.

Mito número 1: Es imposible “no escoger”

Cuando, “no escojo” aparentemente me escapo de elegir. Sin embargo, el no escoger es lo mismo que escoger no hacer nada, es decir, no moverme de la situación actual. Como todas las elecciones, supone unas consecuencias, que en este caso significa renunciar a lo que podría suponer eso que no elijo.

Así que si elijo, elijo, y si no elijo, eso es también una elección.

Mito número 2: renunciar y elegir son la misma cosa

También podemos ver lo mismo de otra manera. A veces no elijo porque eso supone que renuncio a muchas cosas. Así que, la parte buena de no elegir es que evito renunciar a cosas que valoro. Así que es mejor no escoger.

Y también es cierto que si elijo algo significa que estoy valorando eso por encima de las cosas a las que renuncio. Así que es mejor elegir. Um… qué lío…. ¿En que quedamos?

Otra vez es una falacia. La elección es como una moneda con dos caras, una es la cara de lo que nos quedamos y en la otra está lo que renunciamos. La no elección también tiene dos caras. De nuevo en una cara hay lo que decido conservar y en la otra están las cosas a las que renuncio. Así que cuando elijo, renuncio y cuando renuncio, elijo. Siempre es la misma moneda con dos caras.

Quizás me esté equivocando de pregunta. La cuestión no es si elijo o no elijo, sino ¿cómo elijo?

Cómo elegir

Siguiendo el símil de la moneda, podríamos decir que elegir es lo mismo que tirar una moneda al aire. La moneda tiende a caer del lado que pesa más, es así de simple. Así que se trata de poner en una cara de la moneda los valores y las necesidades que se satisfacen al visualizar el mejor futuro una vez tomada esa decisión. Y poner en la otra cara, los valores y necesidades que se satisfacen al quedarme en el lugar en el que estoy.

También hace falta ser muy honesto con el lado de la moneda “no moverse” porque es seguro que satisface necesidades y valores que son muy valiosos y es posible que haya la tendencia a no quererlo valorar de forma honesta. El “no moverse” acostumbra a ser la cruz de la moneda, y tiene tanto derecho a ser tenida en cuenta como la otra cara.  Recuerda que la moneda es una sola cosa, indivisible.

Si no estás seguro, lanza la moneda y verás que pasa. La moneda no miente, porque simplemente cae del lado que pesa más, sin importarle qué cara es. No hay opciones buenas ni malas, correctas ni incorrectas. Esa es la gracia de tirar la moneda.

Una vez que la hayas lanzado, puedes plantearte el cómo llegar a ese lugar o cómo quedarte en dónde estás, aunque esto ya no sería materia para este artículo.

Buen viaje.

Me cuesta elegir. Estoy paralizado…

Quien no se ha encontrado alguna vez en dificultades para escoger. ¿Qué es lo que lo hace difícil? Después de darle algunas vueltas al asunto creo que hay dos cosas que influyen en eso. La primera es el miedo a equivocarse. ¿La opción elegida será la correcta? Sobre este aspecto ya he hablado en unos cuantos artículos (El miedo y las decisionesEquivocarse, una alternativa más allá de la culpaLa decisiones, el cuento de Tara¿Hay decisiones correctas e incorrectas? ) así que hoy no voy a ir por ahí.

Lo que te propongo hoy es que investiguemos lo siguiente. Si escojo, renuncio a otras muchas cosas y yo no quiero renunciar así que es mejor “no elegir“, al menos aparentemente. ¿Te apetece? Antes de continuar, lo que me gustaría hacer es romper dos mitos.

Mito número 1: Es imposible “no escoger”

Cuando, “no escojo” aparentemente me escapo de elegir. Sin embargo, el no escoger es lo mismo que escoger no hacer nada, es decir, no moverme de la situación actual. Como todas las elecciones, supone unas consecuencias, que en este caso significa renunciar a lo que podría suponer eso que no elijo.

Así que si elijo, elijo, y si no elijo, eso es también una elección.

Mito número 2: renunciar y elegir son la misma cosa

También podemos ver lo mismo de otra manera. A veces no elijo porque eso supone que renuncio a muchas cosas. Así que, la parte buena de no elegir es que evito renunciar a cosas que valoro. Así que es mejor no escoger.

Y también es cierto que si elijo algo significa que estoy valorando eso por encima de las cosas a las que renuncio. Así que es mejor elegir. Um… qué lío…. ¿En que quedamos?

Otra vez es una falacia. La elección es como una moneda con dos caras, una es la cara de lo que nos quedamos y en la otra está lo que renunciamos. La no elección también tiene dos caras. De nuevo en una cara hay lo que decido conservar y en la otra están las cosas a las que renuncio. Así que cuando elijo, renuncio y cuando renuncio, elijo. Siempre es la misma moneda con dos caras.

Quizás me esté equivocando de pregunta. La cuestión no es si elijo o no elijo, sino ¿cómo elijo?

Cómo elegir

Siguiendo el símil de la moneda, podríamos decir que elegir es lo mismo que tirar una moneda al aire. La moneda tiende a caer del lado que pesa más, es así de simple. Así que se trata de poner en una cara de la moneda los valores y las necesidades que se satisfacen al visualizar el mejor futuro una vez tomada esa decisión. Y poner en la otra cara, los valores y necesidades que se satisfacen al quedarme en el lugar en el que estoy.

También hace falta ser muy honesto con el lado de la moneda “no moverse” porque es seguro que satisface necesidades y valores que son muy valiosos y es posible que haya la tendencia a no quererlo valorar de forma honesta. El “no moverse” acostumbra a ser la cruz de la moneda, y tiene tanto derecho a ser tenida en cuenta como la otra cara.  Recuerda que la moneda es una sola cosa, indivisible.

Si no estás seguro, lanza la moneda y verás que pasa. La moneda no miente, porque simplemente cae del lado que pesa más, sin importarle qué cara es. No hay opciones buenas ni malas, correctas ni incorrectas. Esa es la gracia de tirar la moneda.

Una vez que la hayas lanzado, puedes plantearte el cómo llegar a ese lugar o cómo quedarte en dónde estás, aunque esto ya no sería materia para este artículo.

Buen viaje.

Una propuesta provocadora: convierte tu trabajo en un lugar para desarrollarte.

Tom SawyerHay un episodio de la novela Tom Sawyer, de Mark Twain (1835-1910) que siempre me ha llamado la atención. Se trata de un momento en el que Tía Polly le pone como tarea doméstica el pintar una cerca y entonces convence o engaña, a sus amigos haciendo ver que esa es una actividad súper divertida y que, precisamente por eso, no quiere compartirlo con sus amigos. Esta estrategia despierta un interés cada vez mayor en sus amigos hasta que, al final les “permite” participar en esa actividad tan “divertida” librándose así de pintar la cerca.

Yo me pregunto, ¿realmente los engañó? Aparentemente sí, pero, por lo que parece, sus amigos realmente disfrutaron de esa actividad. Así que, si finalmente disfrutaron pintando, entonces no les engañó, sino que simplemente les enseñó una forma diferente de ver una actividad que, a primera vista, era penosa. Así que, lo que en realidad hizo Tom Sawyer fue re-encuadrar la situación, aunque quizás no fuese eso lo que en realidad quería hacer. Lo que entiendo por re-encuadrar es  sacar un marco y poner otro diferente a unos hechos, es decir, sacó el marco “problema” a la situación “pintar la cerca” y le puso el marco “oportunidad“. La misma escena, “pintar la cerca” tiene un significado completamente diferente cuando se le cambia el marco. ¿Te das cuenta de hasta qué punto puede ser determinante y poderoso el marco (el significado) que le damos a las cosas? En este caso significa pasar a hacer algo de mala gana y sufriendo a hacerlo de forma divertida y gustosa. Un crack este Sawyer.

Tom Sawyer desafía una forma de mirar una realidad y le da un enfoque totalmente diferente. ¿Porqué pintar una barrera tiene que ser algo desagradable? ¿Y si fuera igual de cierto que pintar la cerca pudiera ser algo divertido? Si realmente elijo pintar la cerca, ¿cómo esa forma de mirar puede cambiar la forma en que vivo y desarrollo esa actividad?

Así que esta es mi propuesta provocadora de hoy para ti: revisar la forma con la que miro una actividad que me resulte penosa y para ello te planteo el siguiente ejemplo. Supón que dices que ir a trabajar es algo pesado y que el trabajo es un lugar donde no puedo ni divertirme ni desarrollarme. Podría ser algo parecido a lo “pintar la cerca”, ¿no? Si no es un ejemplo válido para ti, escoge otro que tenga sentido para ti.

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El cambio eficaz: saber leer y respetar el ritmo.

El otro día estaba en un museo mirando un montaje sobre los glaciares a lo largo de la historia de la tierra. En su avance erosionan el terreno, modifican paisajes y crean valles en forma de U. De hecho ya sabía que tienen movimiento pero me llamó mucho la atención el poder transformador de algo tan lento como una masa de hielo desplazándose entre las montañas.

Glaciar de pie de monteLa cuestión es que esto me ha hecho pensar sobre el hecho que cada cosa tiene su propio “tempo” o ritmo y que para evaluar los resultados ayuda el tener claro cuál es ese ritmo. Permíteme que me explique mejor. Si quiero valorar la transformación que produce un glaciar, tengo que tomar una escala temporal de cientos o miles de años, que es muy diferente a la que estoy acostumbrado a utilizar. De hecho, los estudiosos dicen que los glaciares tienen un “ritmo geológico” para indicar que los cambios en geología se producen en la escala de los miles de años. Así que no tendría mucho sentido evaluar el cambio teniendo en cuenta sólo un año, aunque a mi pueda parecerme mucho tiempo.

Así que cada sistema tiene su propio “tempo” o ritmo y saber leerlo puede ser de gran importancia cuando quiera producir algún cambio sobre él. Pretender modificar algo por encima de su ritmo natural puede provocar un desgaste de energía que me haga abandonar, quemado por haber invertido una gran cantidad de energía sin obtener ningún resultado. Hay un dicho en castellano que refleja esta idea:

No por mucho madrugar amanece más temprano.

Permíteme que te ponga otro ejemplo para explicar esta última idea. ¿Alguna vez has visto cómo se amarra un barco en un puerto? Un barco puede ser algo muy pesado y, por lo tanto con mucha inercia. Acercarlo al muelle para amarrarlo puede ser muy fácil o imposible, todo depende de la habilidad del marinero. Me explico mejor.

Una sola persona puede amarrar un barco pequeño, si aplica una fuerza adecuada y que sea constante. La clave está ahí, en el ritmo más que en la intensidad. Si el marinero aplicara la misma cantidad de esfuerzo o uno muy superior pero en tan sólo unos pocos segundos, no conseguiría que el barco se moviera lo más mínimo. Pero el marinero sabe cuál es el ritmo que requiere la maniobra y actúa conforme a él, sin violentarlo ni pretender que sea diferente. Así es como consigue acercar el barco empleando el esfuerzo justo y necesario.

¿Qué ocurre cuando quiero realizar un cambio en mi vida, o en mi vecindario, o en mi empresa? Mi vecindario tiene un ritmo de cambio natural que puede ser distinto al de mi empresa, y muy distinto al que ritmo de cambios que puedo asumir yo mismo. Así que si deseo cambiar sería bueno conocer cual es el ritmo de cambio natural del sistema que deseo cambiar. Si pretendo ir demasiado deprisa lo único que conseguiré es derrochar energía sin conseguir ningún resultado, de la misma forma que le ocurriría a un marinero inexperto. Así que puede resultar crítico evaluar el ritmo de cambio y aplicar la fuerza justa al ritmo adecuado.

Supongo que podrías preguntarte, ¿qué ocurre si el ritmo de cambio natural no es el que yo quiero o necesito? ¿Debo renunciar al cambio? Yo creo que no. Te lanzaré dos ideas a ver qué te parecen. Para explicarlas te propongo continuar con la misma metáfora.

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La brújula de la felicidad

Creo que hay muchas cosas que tenemos en común los seres humanos. Entre ellas hay una en la que estoy seguro que vamos a coincidir. Todos queremos ser felices. ¿verdad que sí?

Bien, todos queremos ser felices aunque cada persona escoge su propio camino para tratar de serlo. Así que, quizás podríamos estar de acuerdo que la vida es un continuo movimiento guiado por la búsqueda de la felicidad. Los filósofos de oriente y occidente han tratado de dar sus respuestas a lo que es la felicidad y cómo llegar a ser feliz, aunque yo tengo la impresión que todavía nadie a encontrado la llave maestra de la felicidad o quizás todavía no hemos entendido cómo hacerlo.

Es por eso que cada uno de nosotros hacemos nuestros intentos. Vamos a un lugares y nos fijamos metas que se suponen nos harán felices y cuando las alcanzamos nos decimos “¡Encontré la felicidad!”, pero eso no dura mucho. Como el agua que se escapa entre los dedos, la felicidad se pierde al cabo de un tiempo.

Podemos preguntar a las personas que se dicen felices y nos cuentan cómo lo han conseguido pero parece que su solución no sea la definitiva porque hay gente que haciendo lo que dicen los sabios encuentra la felicidad y en cambio, hay gente que haciendo lo mismo no la alcanza. Así que la felicidad parece que no puede estar en una manera concreta y universal de hacer las cosas.

Por otra parte, cuando pienso en las veces que he llegado a aquello que pensaba que me haría feliz, durante un cierto tiempo experimento felicidad. Así que, sí que tiene que haber alguna cosa en aquello que hago que me hace feliz.

Esto me hace pensar que la felicidad está relacionada de alguna forma con las cosas que hago pero no es una relación determinante del tipo causa efecto porque, si fuera así, cuando alcanzara aquello que me hace feliz, entonces lo sería siempre. Así que el factor personal seguramente es un factor determinante.

Después de darle muchas vueltas al asunto he llegado a una conclusión que quiero compartir contigo. Como la felicidad no puede estar en un lugar concreto, en un objetivo particular o en una manera de vivir determinada que sea universal a todas las personas he decidido que voy a dejar de buscarlo ¿Quiero decir esto renuncio a ser feliz? Sí pero no. Ya sé que es una contradicción, pero sólo en apariencia. Voy a tratar de explicarme mejor.

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No es lo mismo aceptar que rendirse.

File:Death of Captain Lawrence. "Don't Give Up the Ship." June 1813. Copy of engraving by H. B. Hall after Alonzo Chappel, ci - NARA - 531087.tif

Death of Captain Lawrence. “Don’t Give Up the Ship.” June 1813. Copy of engraving by H. B. Hall after Alonzo Chappel

A veces, me encuentro en situaciones complicadas en las que me encallo y no consigo tirar adelante, o que me suponen un esfuerzo titánico avanzar. Entonces hay alguien que me dice: tienes que aceptarlo.

Escucharlo me produce una cierta sensación de rechazo porque aceptar una situación me suena a rendirme, y eso a mi no me gusta. Pero ¿qué significa realmente aceptar? ¿En qué se diferencia de rendirse? y sobre todo, ¿por qué es tan poderosa la aceptación para conseguir una acción realmente eficaz?  En este artículo voy a tratar de explicártelo.

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Cómo sustituir costumbres no deseadas por costumbres sanas.

A veces me plantean cosas como la siguiente. ¿Oye Francesc, cómo es que continúo haciendo cosas que sé que me perjudican? Veo claramente que eso que hago no me beneficia pero es como si estuviera atrapad@ porque continúo haciéndolo.

¿Te ha pasado alguna vez algo parecido? En este post voy a tratar de que juntos investiguemos qué es lo que puede hacer que nos mantengamos enganchados a costumbres perjudiciales. No puedo salir de una prisión si antes no trato de comprender cómo está construida y cuales son sus entresijos así que éste será el primer paso que vamos a dar para que luego podamos construir costumbres que sí sean beneficiosas. Así que, si estás interesado en este tema, y porqué nos hacemos auto boicot, este artículo puede ser de tu interés.

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¿Dónde buscas las soluciones a los problemas?

Hoy quiero empezar esta entrada del blog con un chiste.

Esto es una persona que sale a pasear por la noche en la ciudad en la que vive. De vuelta ya para casa, se encuentra una persona cerca de una farola, en una actitud como si estuviera buscando algo por el suelo. La cuestión es que no puede aguantar su curiosidad y le pregunta:

– Perdone usted, ¿qué hace?

– Estoy buscando las llaves que se me han perdido.

– ¿Quiere que le ayude?

– Vale gracias

y se ponen los dos a buscar las llaves

Al cabo de un buen rato y después de haber buscado ya bastante la persona le pregunta.

– Oiga usted, una pregunta ¿Por dónde, más o menos, ha perdido las llaves?

– Pues mire, por allí.

Y le señala un lugar a unos cien metros de donde están buscando. Entonces, la persona desconcertada le pregunta.

– Entonces, ¿se puede saber que narices hacemos buscando las llaves al lado de esta farola?

– Bueno, es que aquí hay luz.

————————————-

Seguramente te estarás preguntado para qué te he explicado este chiste. La cosa es que pienso que muchas veces este chiste simboliza muy bien la forma en la que busco soluciones a mis problemas. Me ocurre algo y entonces aplico una solución. Veo que no funciona, hago una pequeña variación y vuelvo a aplicarlo con idéntico resultado. Entonces hago una nueva variación (que creo que es otra cosa diferente pero que en realidad no deja de ser más de lo mismo) y vuelvo a probar. ¿Qué crees que es lo que obtengo?  ¡Acertaste! Lo mismo, o sea, nada.

¿Porqué digo que me recuerda el chiste? Pues porque lo que hago al probar las mismas cosas con ligeras variaciones es lo mismo que buscar debajo de la farola, es decir, busco soluciones conocidas aunque sepa que no van a funcionar, pero continúo haciéndolo porque es lo conocido. En cambio, buscar en la zona no iluminada supone buscar soluciones que nunca antes he intentado y, por lo tanto, son desconocidas. Es como si me dijera:

– Va, si hago algo que nunca he probado antes tampoco me asegura que vaya a encontrar la solución, así que, puestos a perder el tiempo haciendo cosas que no sirven para nada, lo hago en alguna cosa que ya conozco que por lo menos no es incómodo.

Ahora bien, aunque la zona oscura fuera completa y absolutamente oscura. ¿No te parece que, aunque sólo fuera a tientas, mis probabilidades de encontrar la llave serían superiores que si continuo buscando cerca de la farola?  Y se me ocurre otra pregunta. ¿cómo puedo estar seguro que esa zona es completamente oscura? ¿Y si hubiera algo de luz , aunque sólo fuera un poco? En ese caso, todavía sería mejor, ¿no?

Así que, cuando tienes un problema y ya has probado muchas cosas que en realidad son variaciones de la misma cosa y no te han funcionado, ¿estarías abierto a probar cosas totalmente diferentes aunque no tengas la certeza que vayan a funcionar? ¿Quieres estar tranquilo y sentirte cómodo probando cosas conocidas que sabes que no funcionan o bien quieres solucionar tu problema? Porque creo que no es posible ambas cosas.

Tú eliges.

¡Buen viaje!

Cambiar las cosas desde la aceptación: el ejemplo de Nelson Mandela

 

La reciente muerte de Nelson Mandela me ha movido a escribir este entrada. Su manera de liderar ha sido y continuará siendo un ejemplo para mí y para muchas personas. Tras 27 años de prisión consiguió unir un país entero que vivía en el odio y el resentimiento a través del poder transformador de su ejemplo. Y lo hizo desde un lugar diferente al del odio y la venganza, a pesar que estaba cargado de muy buenas razones para odiar las personas que tanto sufrimiento habían causado a él y a muchas personas. Sin embargo entendió que el cambio era posible desde un lugar diferente, el de la aceptación de su oponente, lo puso en acción y logró eso que parecía imposible.

Muchos creen que este es el camino para realizar cambios transformadores y sostenibles en el tiempo pero piensan que sólo está al alcance de personas de la categoría humana de Mandela o de Ghandi. ¿Tenemos que esperar a que nazca otro Mandela para poder realizar este tipo de cambios?. Yo no quiero resignarme a esto. Es más, creo que todos podemos hacer cambios desde nuestro ámbito de acción: nuestra familia, trabajo, barrio. Así que no se trata de pedirnos cambiar un país. Esto me recuerda la siguiente cita:

“Debes ser el cambio que quieres ver en el mundo” (Mahatma Gandhi)

El otro aspecto es, ¿cómo se puede cambiar algo desde un lugar diferente al rechazo cuando no se está de acuerdo, o se está radicalmente en desacuerdo con la otra parte? ¿En qué consiste hacer cambios desde la aceptación? Pues precisamente es lo que te quiero explicar: qué es y cómo podemos hacer nosotros este tipo de cambios siguiendo el ejemplo de Mandela.  ¿Me acompañas?

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