“Todo lo que nos irrita de los demás puede conducirnos a la comprensión de nosotros mismos” C. Jung

Hoy empiezo con esta cita de Carl J. Jung porque me parece una manera excelente de introducir el concepto de Necesidades según la Comunicación Noviolenta (CNV) y el papel central que juegan en la comprensión del ser humano. Pero mi propuesta no es una viaje teórico sobre la naturaleza humana sino que voy a tratar de explicarte qué sentido tiene para mi esta cita de Jung. ¿Me acompañas?

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Las consecuencias de culpabilizar a los demás de nuestros sentimientos

En muchas ocasiones oigo decir cosas similares a “él me ha hecho sentir mal” o “Me has hecho llorar“… Estos son ejemplos que demuestran de qué forma hacemos responsables a los demás nuestros sentimientos. La lógica que hay detrás de esto es algo parecido a lo siguiente: La otra persona hace algo, yo me siento mal (aunque no sea muy consciente de ello), así que la otra persona es culpable que yo me sienta mal.

Hoy quisiera hablar de esto porque esta forma de pensar tiene grandes inconvenientes y me gustaría aportarte una alternativa a la ya conocida de culpabilizar a los otros o a ti mismo, por sentirte como te sientes. Lo que se trata de estar o no en lo cierto, sino de ampliar tu campo de posibilidades para que tú elijas qué hacer ¿te apetece?

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Concierto fallido… o no. La diferencia entre quejarse, rendirse y aceptar

El otro día fui a un restaurante a cenar. Es un local que tiene un jardín – terraza y aprovecha el buen tiempo del verano para ampliar su oferta gastronómica con una oferta musical y, a la vez que cenas o tomas un refresco puedes escuchar la actuación en directo de un cantante o un grupo musical.

La cuestión es que llegamos antes de la actuación y empezamos a cenar. Mientras, el técnico de sonido iba haciendo las pruebas necesarias para que a la hora del concierto estuviera todo a punto. Lo que pasó es que, a medida que se acercaba la hora de empezar vimos que había algo que no funcionaba bien con las pruebas de sonido. El técnico hacía unos ajustes pero el micro y los altavoces se acoplaban.

El concierto empezó con más de media hora de retraso, no había muchas caras de satisfacción y la la cosa no mejoró. Con la primera canción el sonido continuaba siendo pésimo y la cantante decidió parar sin acabarla. Más ajustes, el técnico yendo desde la mesa de mezclas hasta el escenario, más pruebas… pero no había mejora.

Hubo un momento en el que uno de los miembros de la banda tomó el micro para hacer más pruebas de sonido con el técnico. La cosa es que no sabía qué decir para probar el sonido y se decidió por contar un chiste, o más bien algo que se le parecía, porque nadie rió y además, el micro se continuaba acoplando con el altavoz. Eso fue demasiado para él y con un gesto de rabia, dio un golpe al micrófono que cayó justo encima de un altavoz. El resultado fue de nuevo un pitido intenso de acople que no cesaba. Nos quedamos todos quietos, escuchando ese sonido tan agudo y desagradable hasta que una persona del público se acercó al escenario, apartó el micro y nuestros oídos pudieron descansar.

Todo indicaba que el concierto se iba a cancelar. Entonces la cantante, fue al escenario y prescindiendo del micro y del sistema de amplificación se dirigió al “respetable” diciendo lo siguiente:

-Hola, yo he venido a cantar y voy a hacerlo aunque voy a prescindir de los altavoces. Así que va a ser una mini concierto “unplugged”. Me pondré aquí en medio y así podréis escucharme mejor.

La gente le hizo un espacio y entonces empezó su repertorio. Las personas que queríamos escucharla nos acercamos a ella. Yo no la conocía y al principio no tenía un gran interés por su música pero esa forma de afrontar la situación vivida despertó en mi una gran curiosidad. Así que, como otras personas, nos acercamos para sentarnos muy cerca de ella y así escucharla bien.

Eso creó un ambiente de intimidad y conexión que me encantó. Parecía que estaba cantando para mí y para cada uno de nosotros. Había contacto visual, conexión, comunicación y me parece que no se hubiera conseguido si el concierto se hubiera desarrollado como estaba previsto. Fue un concierto magnífico !

Quizás te estés preguntando porqué te explico todo esto. Pues he decido contarte esta anécdota porque me parece una buena manera de explicarte las diferencias entre quejarse, rendirse y aceptar. Permíteme que te lo explique.

Me imagino que la cantante debió sentir frustración al ver que no podía hacer la actuación que tenía programada por culpa de la mala sonorización. Me hubiera parecido lógico que pensara que el técnico de sonido que se había contratado era un inútil, que no sabía hacer su trabajo y que por su culpa no podía cantar. En ese caso se podría haber enfrentado quejándose por lo mal que hacía su trabajo. Lo más probable es que esa actitud no habría ayudado ya que a mi me pareció que el técnico estaba intentando solucionar un problema que le había sobrepasado.

Supongo que al principio se quejó de alguna forma pero eso no sirvió para conseguir una sonorización lo suficientemente aceptable como para hacer el concierto. La queja es un intento de rebelarse en contra de una situación que no encontramos aceptable con el objetivo de intentar cambiarla. Sin embargo si la queja no consigue ese propósito y nos instalamos en ella entonces la situación se bloquea y además sentimos resentimiento.

Si queremos avanzar hay que dar un paso más hacia la siguiente etapa: RENDIRSE. Veamos lo que significaría eso siguiendo el mismo ejemplo. Si la cantante se hubiera rendido lo que habría hecho es cancelar el concierto, pero no desde el resentimiento sino desde la tranquilidad que da el saber que la culpa fue del del técnico que no hizo bien su trabajo. Fíjate que abandonar significa dejar de luchar contra una realidad que no se puede (o no se sabe) cambiar. Sin embargo esta actitud tiene el inconveniente que nos condena a la inacción porque implica que la realidad nos ha vencido y eso nos convierte en una víctima de las circunstancias. Parece que esto pudiera ser un punto y final, pero no fue así. Veamos la siguiente etapa.

El siguiente paso es la ACEPTACIÓN. Antes permíteme recordarte que la queja supone una mirada hacia el pasado (lo que me acaba de suceder) con una actitud de lucha para cambiarlo. La fase de RENDICIÓN supone también una mirada hacia el pasado pero se diferencia de la queja en que ya no hay lucha sino abandono hacia aquello que no se puede cambiar.
El avance que supone la aceptación es que, a pesar que también hay una actitud de abandonarse a lo que es, ya no se mira hacia el pasado sino hacia el futuro. Me explico.

Cuando se acepta se plantea la siguiente pregunta ¿que puedo hacer ahora mismo que mejore la situación de forma que me acerque a aquello que quería conseguir? Aceptar implica utilizar la realidad que no se puede cambiar como un punto de apoyo para impulsarse hacia el futuro que deseamos, en vez de ser una coartada para no moverse. Como ves es rendirse al presente y mirar hacia el futuro.

Fíjate que esto es lo que hizo la cantante. Dijo que sí a la realidad que no le gustaba (el técnico no podía arreglar el sonido) y se preguntó que podía hacer en ese momento que la acercara a su objetivo (venir a cantar). Desde esa actitud de aceptación se le ocurrió que podía cantar sin altavoces. Como ves, el proceso pudo ser, primero la QUEJA, luego la RENDICIÓN y finalmente la ACEPTACIÓN que la llevo a hacer esa actuación tan maravillosa a pesar (o quizás gracias) a las circunstancias.

Así que la próxima vez que una dificultad te bloquee te puedes preguntar. ¿Dónde estoy, en la queja, la rendición o la aceptación? ¿qué es lo que quiero para mi? ¿cómo puedo mejorar la circunstancia presente? Si el quejarse no funciona, si el rendirse supone un punto y final y tampoco quieres eso, entonces prueba a aceptar. Así quizás puedas encontrar una estrategia que convierta el punto final en el que pensabas que estabas instalado en un punto y seguido de una historia en la que tu eres el verdadero protagonista: tu vida.

¡Buen viaje!

P. D. Por cierto, la cantante protagonista de esta anécdota es Marion Harper. Os recomiendo que la escuchéis.

Eres un inútil, 2ª parte. El enfoque de la CNV

En la entrada anterior vimos juntos lo que ocurría cuando alguien nos decía algo parecido a “Eres un inútil“, nos sentíamos molestos por ello y queríamos disponer de alguna respuesta diferente a las ya conocidas. La primera que repasamos fue la de responder al “ataque” con un contraataque, como por ejemplo “Pues mira que tu !“. La segunda que vimos fue, atacarse a uno mismo, por ejemplo decir “Sí, es verdad, soy un desastre, todo lo hago mal“. La tercera que vimos fue la de huir, es decir, irse sin decir nada.

Lo que planteamos en el último post fue, ¿hay alguna otra forma de responder que no sea, atacar, contra atacar o huir? ¿Hay alguna manera de responder que suponga que yo sea tenido en cuenta sin que ello suponga responder de alguna de estas formas? Yo creo que sí y si me acompañas lo veremos juntos tal y como te prometí en mi último post.

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¡Eres un inútil!

Es posible que alguien te haya dicho alguna vez “eres un inútil“. Habrá casos que eso no te haya molestado, aunque yo estoy interesado en aquellos casos en los cuales eso sí que te ha afectado.

¿Recuerdas algún caso en concreto? ¿Esta situación te ha bloqueado de alguna manera o ha provocado una escalada de violencia verbal que no te ha llevado a ningún sitio? ¿Te gustaría ver alguna alternativa que te permita ser más flexible y eficaz para otras veces que ese repita? Si tu respuesta es afirmativa entonces te podría resultar de utilidad acompañarme en este artículo, ¿Te apetece?

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Gritar “en jirafa”: una forma diferente de enfadarte

En otras ocasiones he tenido la oportunidad de compartir contigo maneras para entender y afrontar el enfado: Enfádate de una forma diferenteEcologia emocional: cómo transformar la basura emocional en abonoEcologia emocional: cómo transformar la basura emocional en abono2a-parte, son artículos que hemos tratado este asunto.

Así que mi propuesta de hoy para ti con respecto a este tema es que grites “en jirafa“. ¿Sabes lo que significa esto? Pues es una forma diferente de gritar más ecológica y eficaz. Si tienes curiosidad por saber más detalles y en cómo se diferencia de la forma de gritar a la que estamos acostumbrados, te invito a que escuches el 10º episodio de Conecta 3, un programa en formato podcast que realizamos Alicia Mánuel, Dani Muxi y yo mismo.

Como en todos los episodios de Conecta 3, tratamos de combinar los contenidos para difundir la Comunicación Noviolenta (CNV), con secciones más livianas como Ojos que ven corazón que siente, o incluso divertidas, como la sección, la llamada del público (en este episodio no te puedes perder la llamada de Ernesto con su “sonotone CNV”)

Puedes escucharnos mientras paseas, vas de camino al trabajo, preparas la cena… Es una invitación a enriquecerte de una forma entretenida, ¿te apetece?

¡Buen Viaje!

Conecta 3: el enfado y la culpa

Lo que hoy me apetece compartir contigo es el último episodio de Conecta 3, que como siempre gravamos Alicia Mánuel, Dani Muixi y yo mismo. Es el capítulo 9 hablamos sobre el enfado y también del sentimiento de culpa. No te pierdas la parte divertida del programa, la sección de “la llamada del público” y la nueva sección que inauguramos en este programa, “Ojos que ven corazón que siente“.

Como siempre, intentamos combinar la profundidad de los temas tratados, con una parte divertida, para que te enriquezcas de una forma entretenida. Espero que lo disfrutes al menos tanto como nosotros realizando el programa.

¡Buen viaje!

El lenguaje que bloquea la comunicación

Hoy me gustaría que veamos juntos uno de los elementos que según la CNV (Comunicación NoViolenta) bloquea la comunicación entre las personas. Se trata de los juicios moralistas, que son aquellos que emitimos cuando las personas no actúan de acuerdo con nuestros valores. Culpar, etiquetar, comparar o criticar a otra persona son formas de hacer juicios moralistas.

¿Qué te pasa cuando alguien utiliza este tipo de lenguaje? Supongo que no te vienen muchas ganas de acercarte, de colaborar o de simpatizar con esa persona, ¿verdad? Cuando hacemos esto, es muy difícil que aparezca la tendencia natural a la compasión y a la colaboración que tiene el género humano. Por eso te decía que este tipo de lenguaje bloquea la comunicación entre las personas.

No sé que te ocurre a ti, pero lo más habitual (no lo más natural) es que cuando alguien hace algo que me molesta me sale este tipo de lenguaje. Por ejemplo, alguien me adelanta de una forma inapropiada y digo que es un idiota. Si mi hija no me agradece un regalo digo que es una desagradecida. Si mi compañero no me saluda, digo que es un antipático…

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4 maneras de escuchar mensajes difíciles

Hoy me gustaría compartir contigo el episodio numero 8 de Conecta 3, que gravamos Dani Muxi, Alicia Mánuel y yo mismo el pasado jueves. En este capítulo cerramos el tema de la escucha, explicando las 4 maneras con las que podemos recibir mensajes difíciles de escuchar. No te pierdas la anécdota que explica Dani y, como cada programa, la llamada del “público”. Que lo disfrutes y

¡Buen viaje !

¿Me puedes decir hola?

Hoy quiero empezar contándote algo que me ha pasado hace poco. Estaba esperando el ascensor en el hall del edificio donde trabajo. Eran aproximadamente las ocho de la mañana. Pulso el botón para que baje el ascensor y me quedo esperando. Mientras espero viene una persona que se queda esperando a mi lado. Le miro para establecer contacto visual y saludar, pero lo otra persona no lo hace y se pone a mirar su móvil.

Al cabo de unos segundos las puertas del ascensor se abren. La otra persona entra en el ascensor y luego lo hago yo. Cada uno marca su piso: yo al sexto, la otra persona al segundo. Vuelvo a mirarle para ver si puedo contactar visualmente con él, pero se queda mirando hacia las puertas del ascensor. Se cierran y esa persona se queda en la misma posición, con la mirada puesta hacia un lugar en el infinito, como si su mirada fuera capaz de traspasar las puertas metálicas y las paredes. Llegamos al segundo. Se abren las puertas y no se gira hacia mi ni dice nada. Simplemente sale.

Yo continuo mi “viaje” hasta el sexto piso. Al salir al rellano me doy cuenta que estoy enfadado, lo cual me sorprende. Lo que ha ocurrido, si lo miras desde el punto de vista de los hechos, no parece ofensivo. No ha habido ninguna cara agresiva, ningún insulto, … nada.  Simplemente no me ha dicho nada ni al entrar ni al salir.

Sin embargo me doy cuenta que tengo un montón de juicios y pensamientos sobre esa persona que acaba de subir conmigo en el ascensor. Por ejemplo, pienso cosas como “Qué antipático que es. No es capaz de mirar a las personas que estamos compartiendo un lugar tan pequeño como un ascensor. Qué desconsiderado hacia los demás. Parece que no le importen para nada las personas….”

Me enfado porque pienso que los demás, en este caso, la otra persona, debería actuar de una forma diferente a como lo está haciendo. Debería saludar y decir hola. Antes de continuar, me gustaría que viéramos juntos algunas cosas.

Lo que hacen los demás tiene una influencia sobre mis sentimientos, pero no es su causa.

Lo primero que me gustaría que veamos juntos es que otra persona persona puede vivir esto que me ha ocurrido, de una forma completamente diferente a la mía. Sin ir más lejos, es posible que tú, en una circunstancia similar, no te enfades. Lo que quiero decir con esto es que, lo que hacen las personas es un factor que influye en mis emociones pero no es su causa. Si fuera así, siempre que ocurren los hechos que te acabo de relatar, me enfadaría yo, tú y todas las personas del mundo mundial, y esto no es así ¿verdad? Por ejemplo, yo puedo recordar otras ocasiones en las que ha ocurrido lo mismo pero no me he enfadado. Si fuera la causa, siempre que ocurre esto, todas las personas del mundo nos enfadaríamos, pero no es así.

La causa de mi enfado es un pensamiento

Me gustaría que vieras conmigo que, lo que hace que me enfade es mi forma de pensar acerca de lo que ha pasado. Mira, por un lado pienso que esa persona esta siendo desconsiderada conmigo al no mirarme ni saludarme. Me estoy diciendo que me falta al respeto. Pero lo que realmente hace que me enfade es que la forma como se comporta considero que es “incorrecta”, es decir, que se “debería” comportar de una forma diferente a como lo ha hecho.

Fíjate que lo que me ocurre es que me convierto en un juez que dicta lo que es un comportamiento correcto del que no lo es. Así, lo inadecuado merece ser castigado. Me revelo contra lo que es y me digo que eso no debería ser así. ¿lo ves?

Todos los juicios tienen un buen motivo

Lo que yo pienso sobre las circunstancias y mis juicios sobre los demás y sobre mí mismo siempre tienen como causa raíz una o varias necesidades y valores universales. Al menos así lo postula la CNV (Comunicación Noviolenta) y todavía no he podido encontrar ningún caso en que esto no sea así. Permíteme que lo aplique a mi ejemplo.

Cuando me estoy diciendo “Qué antipático que es. No es capaz de mirar a las personas que estamos compartiendo un lugar tan pequeño como un ascensor. Qué desconsiderado hacia los demás. Parece que no le importen para nada las personas….” la causa raíz es que hay necesidades/valores universales como la consideración, ver y ser visto por los demás, la conexión y el contacto con los seres humanos, … que son muy, muy importantes para mi y que me están faltando en este momento.

Si estas necesidades no fueran valiosas no tendría estos juicios sobre esta persona y tampoco estaría enfadado en absoluto. De hecho me daría absolutamente igual. ¿Ves lo que quiero decir con que todos los juicios tienen un buen motivo? Siempre hay algún valor o necesidad universal que me está faltando que está en la raíz de mis juicios sobre los demás.

¿Qué hago yo con todo esto?

Comprender que mis juicios hacia la persona del ascensor tienen su raíz en necesidades tan bellas como la consideración, ver y ser visto por los demás, la conexión y el contacto con los seres humanos, me ayuda a conectar con lo que es esencial para mi. Desde este lugar ya no siento rabia ni quiero que los demás se comporten de una forma determinada. Ni siquiera su comportamiento me parece incorrecto a pesar que no sea de mi agrado. De hecho, ahora empiezo a pensar que en la raíz del comportamiento de la otra persona debe haber también unos buenos motivos.

Me encantaría que me hubiera saludado, porque para mí son muy importantes todos estos valores que hemos visto, pero ahora ya no quiero obligar a nadie a que se comporte de una forma determinada. Sabiendo ahora lo que sé, la próxima vez que me pase lo mismo, quizás pueda conectar con estos valores tan importantes y quizás le diga algo como “Buenos días”. A ver qué pasa. Ya te lo contaré.

¡Buen viaje!