Es imposible que te falten al respeto

Vale, ya sé que esta frase es una provocación. Efectivamente cuando alguien me insulta o emite un juicio sobre mi utilizando palabras que considero poco respetuosas entonces me están faltando al respeto. Cuando eso ocurre es muy normal que reaccione con otro ataque o me quede a la defensiva sin saber qué decir y maldiciendo en secreto a mi interlocutor. Cuando pienso que me atacan, puedo entrar fácilmente en el modo ataque/huida, un lugar de pocos recursos que me lleva a reaccionar y no a elegir una respuesta desde la libertad de acción. Me gustaría no caer en la provocación que supone reaccionar al insulto contraatacando y a la vez me hacerme valer. ¿Cómo se consigue eso?

Esta pregunta conecta con el título del artículo. Porque, si fuera imposible que los demás te faltaran al respeto, ¿cómo sería tu respuesta cuando alguien te insultara o te dijera algo que se supone es una falta de respeto? ¿Cómo te podrías hacer valer cuando es imposible que, aunque te insulten, eso no suponga una falta de respeto hacia ti?

Antes de continuar, hay un pequeño relato que me gustaría compartir contigo. Dice algo así:

(cuento zen)

Una vez vivió un gran guerrero, que aunque era bastante viejo aún podía derrotar a cualquier contrincante. Su reputación se extendía a lo largo y ancho del país, y ese prestigio hacía que tuviera siempre a su lado muchos aprendices.

Un día, un joven guerrero llegó a la aldea del guerrero, determinado a ser el primer hombre en derrotar al gran maestro. Junto con su fuerza, tenía una increíble habilidad para descubrir y explotar cualquier debilidad de su adversario. Nunca nadie había durado en un combate con él más allá del primer movimiento. Provocaba a su oponente y su respuesta era fulminante.

Muy en contra del consejo de sus preocupados aprendices, el viejo maestro aceptó el desafío del joven guerrero. Cuando los dos estuvieron preparados para la lucha, el joven guerrero comenzó a lanzarle insultos, sin embargo el maestro permanecía inmóvil. Probó de tirarle barro, le escupió a la cara, pero el maestro no respondió. Durante horas lo maldijo y lo insultó gravemente, pero el maestro simplemente permanecía parado, aparentemente tranquilo, sin responder a las provocaciones del joven guerrero.

Finalmente, incapaz de conseguir que el maestro entrara en el combate, el joven guerrero se marchó diciéndole que era un cobarde por no querer luchar contra él. Sus discípulos, algo decepcionados porque no había luchado contra el joven guerrero, se reunieron alrededor del maestro y le preguntaron:
“¿Cómo pudo usted aguantar tal indignidad? ¿cómo permitió que le faltara al respeto de esa forma?”.
El maestro respondió:
“Si alguien viene a darles un regalo y ustedes no lo reciben , ¿a quién pertenece el regalo?”.
“Si alguien les insulta y ustedes no acogen esos insultos, ¿ a quién pertenecen esos insultos ?”.

Fin

¿Cómo se podría conseguir una actitud similar a la del maestro Zen? Permíteme que te de mi respuesta a eso.

Podríamos decir que cuando alguien insulta o falta al respeto a otra persona tiene una voluntad de lastimar u ofender. Un insulto es un juicio u opinión sobre otra persona que tiene una carga de agresividad. En esto último es donde creo que está la clave del asunto: que el insulto es un juicio u opinión, y los juicios y las opiniones nunca pueden ser ni ciertos ni falsos.

Si eres un lector habitual de mi blog, recordarás que ya hemos visto algunas veces la diferencia entre juicio y observación. Los primeros no pueden ser nunca ciertos o falsos porque sólo los hechos pueden clasificarse de esa forma. Un juicio sólo puede estar bien o mal fundamentado, pero incluso un juicio compartido por muchas personas y bien fundamentado, nunca podrá considerarse una verdad o algo cierto.

Tener presente esta distinción es fundamental porque si alguien te insulta y lo tomas como un hecho cuando sólo es un juicio, lo que estás haciendo es aceptarlo como una verdad y no como una opinión. Entonces el insulto consigue el objetivo de hacer daño porque afecta a tu identidad, algo que siempre queremos proteger. Esto me recuerda lo que dice el maestro zen con respecto a cómo tomar el regalo que te ofrecen.

Teniendo en cuenta que el insulto está en la categoría de las opiniones y no en la de las verdades, siempre puedes decidir tomar en consideración esa opinión, quizás porque consideres que puedes aprender alguna cosa. También puedes decidir que esa opionión no te es útil y rechazarla. En este sentido es como un regalo: lo abres, decides si te es útil y entonces te lo quedas o bien al abrirlo te das cuentas que no te va servir de nada y lo rechazas. El otro no te obliga a que te quedes su regalo, sólo tu decides si te lo quedas o lo devuelves.

Ahora quisiera volver al título del artículo, “Es imposible que me falten al respeto”. ¿Ves ahora lo que quería decir? Si tu tienes presente esto que hemos hablado, es imposible que nadie te falte al respeto sin tu permiso. El darse cuenta que el juicio o el comentario irrespetuoso está en el terreno de las opiniones y no en el de las certezas te da la libertad de aceptarlo o rechazarlo. Darse cuenta de esto y tenerlo presente puede ser muy poderoso porque te da libertad, ¿no crees?

Para acabar decirte que verlo de esta forma no te convertirá en un ser inmune a los insultos. Las opiniones de los demás, aunque son sólo opiniones, aunque hablan del que las emite, también puede ayudarte a descubrir cosas en ti y esos hallazgos pueden ser fuente de goce o de tristeza. Sin embargo, ser conscientes que habitamos en el terreno de las opiniones nos previene de sentir ira, y por lo tanto de la necesidad de castigar, de atacar o defenderse y eso nos da espacio para hacer uso de nuestra libertad personal.

¡Buen viaje!

La crisis de refugiados en Europa: ¿Cual es tu actitud ante las dificultades?

Hace unos días escuché por lo medios de comunicación que en Dinamarca el gobierno estaba bloqueando algunos medios de transporte como lineas de ferry con el objetivo de dificultar el paso de refugiados desde Alemania a Suecia. En este sentido, no era diferente a muchas de las noticias que me llegan que hablan del drama de los refugiados que huyen de las pésimas condiciones de vida debido a las guerras y la persecución y que tratan de llegar a países de Europa en busca de un futuro mejor.

Refugiados en una estación de Viena. Imagen: Reuters

Algunos ciudadanos no estaban en absoluto de acuerdo con la decisión de su gobierno porque no era coherente con sus valores de solidaridad humana. Lo que me llamó la atención es que en vez de quedarse en una actitud de queja hacia su gobierno y quedarse cruzados de manos hicieron algo radicalmente opuesto. Hubieron algunos de ellos que se organizaron a través de la redes sociales y se fueron a la estación de tren donde estaban bloqueados los refugiados para ofrecerse para llevarlos al lugar que ellos deseaban.

De esto quiero destacar dos cosas. La primera es que, a pesar de que esos ciudadanos tenían poderosas rezones para estar enfadados con su gobierno por no actuar conforme a sus principios, no se quedaron estancados en la queja y la resignación por tener un “mal gobierno” y lo supieron trascender. ¿Cómo? Supongo que el proceso por el que pasaron podría haber sido algo similar a lo siguiente:

“Mi gobierno no actúa conforme a mis valores y eso no me gusta. Así que lo primero que me pregunto es, ¿que puedo hacer yo para hacer cambiar esa decisión? Quizás si me pongo de acuerdo con personas que tienen los mismos valores que yo, podemos hacer manifestaciones para hacer cambiar esa decisión al gobierno. Otra solución podría ser votar a un partido político que esté más de acuerdo a mis principios y valores. Sin embargo, ninguna de estas soluciones es satisfactoria porque la crisis humanitaria está sucediendo ahora y esto son soluciones a más largo plazo.

Así que me pregunto otra vez, ¿qué está a mi alcance que puede contribuir a cambiar la realidad que acepto y que no me gusta? Lo que está en mis manos es ofrecerme a llevar a alguno de los refugiados. Eso sería muy poca cosa, sin embargo, es lo que está a mi alcance y cambia la realidad, aunque sea muy poco. También se me ocurre que si hay más personas como yo que hacen lo mismo entonces eso tendrá mucho más impacto. Así que me puedo organizar a través de las redes sociales para ver si hay más personas como yo que se animan a acompañar a gente.”

Esto fue lo que ocurrió y eso fue la noticia. Desconozco si todas esas personas eran tantas como para considerarlas como unas simples gotas de agua en el océano, como un pequeño río, o más bien eran una inmensa ola, pero sí que cambiaron la realidad. De hecho, en la noticia entrevistaron a un refugiado que explicaba emocionado su desesperación mientras esperaba bloqueado en la estación y cómo habían llegado ciudadanos de a pie que se habían ofrecido a llevarlos a donde ellos querían. Estaban experimentando la solidaridad humana en sus carnes y estaban emocionados emocionados por ello.

Mi propuesta

Para acabar me gustaría utilizar la actitud de estos ciudadanos que fueron capaces de transformar una realidad que aparentemente era imposible de cambiar y proponerte algo ¿Hay alguna situación personal o profesional en la que sientes que estás bloqueado y que te gustaría desencallar? Me espero a que la tengas ….

Ahora que la tienes, me imagino que es una situación que te preocupa. Así que la propuesta de hoy para ti es que utilices el mismo paradigma que las personas protagonistas de la noticia utilizaron y te preguntes, ¿Qué cosas puedo hacer yo, que sólo dependan de mi, que ayuden a mejorar esta situación en la que estoy bloqueado?

La idea es que te centres sólo en aquellas cosas que dependen sólo de tí y que te sirvan para empezar a salir del lugar en el que no quieres estar. No importa que no sea ” la solución total” sino que se trata de encontrar acciones a tu alcance que te acerquen hacia el lugar que tu quieres y se saquen de tu bloqueo. Luego se trata de dar pasos, uno a uno. Esto me recuerda la cita:

Un viaje de 1000 km empieza con un paso

Esto es tener una actitud proactiva y significa la diferencia entre ser víctima de las circunstancias o ser protagonista de nuestra vida. Prueba y me dices qué tal.

¡Buen viaje!

P.D: Los daneses no son los únicos que han tenido esta clase de iniciativa: Consulta la noticia.

Mirar más allá de las etiquetas

Hoy quiero hablarte de algo que alguna vez ya hemos visto: se trata de las etiquetas. Entiendo por etiquetas todo aquello que pienso y opino sobre una persona. Quiero a volver a hablarte de ello porque es una asunto que yo creo que tiene mucha importancia en nuestras relaciones personales. A continuación te explico porqué pienso así.

Algo sobre las etiquetas

Las etiquetas que yo tengo sobre las personas son juicios que se basan en mis experiencias pasadas con esa persona. Ya hemos visto juntos en alguna otra entrada que una cosa son los hechos y otra cosa diferentes son los juicios y opiniones (¿Sabemos diferenciar juicios de opiniones?) y que estos últimos no son nunca ni verdaderos ni falsos, sino que las opiniones que tenemos sobre las personas sólo pueden estar bien o mal fundamentados.

Aunque una opinión esté bien fundamentada, es decir, que tiene una base sólida de hechos que lo sostienen, seguirá siendo una opinión y no por ello pasará a ser una afirmación cierta. Por la misma razón, un opinión por ser generalizada no pasará a ser una certeza, y se quedará en eso, en opinión generalizada.

Esto es muy importante tenerlo en cuenta porque cuando uno se olvida de este matiz importante entonces los juicios y opinbiones se convierten en certezas y verdades absolutas. Cuando entro en este terreno entonces ya nada es opinable y la etiqueta o juicio queda congelada como algo cierto.

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Una forma de responder a los gritos: practicando el “aikido emocional”

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Ō-Sensei Morihei Ueshiba, maestro fundador del Aikido

Todas las personas tienen todo el derecho del mundo a ser como son y a comportarse como se comportan, independientemente que a mi me guste más o menos o me perjudique en mayor o menor forma. Por otra parte, yo también tengo todo el derecho del mundo a comportarme de la forma que a mi me parezca más adecuada teniendo en cuenta mis necesidades y mis valores.

Teniendo en cuenta esto, cuando alguien actúa de una forma que no me satisface y opto por quedarme y afrontar la situación, se me ocurre que puedo actuar de dos formas. Una, de forma reactiva, y la otra proactiva. ¿Te interesaría saber en qué consiste cada una y cual podría ser la mejor para ti? Si tu respuesta es afirmativa te recomiendo que continúes leyendo.

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La valentia es una forma de voluntad

snail-505511_640¿Qué es lo que significa es ser valiente? Lo primero que me viene es alguien que no tiene miedo. Sin embargo, eso para mi no es ser valiente sino que es ser un inconsciente. El miedo, como cualquier sentimiento, es una señal que me indica que hay una o varias Necesidades Universales, que me están faltando. Así el miedo puede ser que me esté diciendo que me está faltando seguridad, así que lo que el miedo persigue es protegerme de los posibles peligros. Desde este punto de vista, el miedo es algo positivo para mi. Entonces, ¿cual es el problema de miedo?

El miedo se convierte en algo problemático cuando deja de actuar como una señal de aviso y pasa de ser algo que avisa para ser alguien que decide. El problema del miedo es que me suplante y decida por mi.

Algunas consideraciones sobre el miedo.

Antes de continuar quisiera hacer alguna consideración. El miedo es un sentimiento muy desagradable y las personas tenemos una tendencia natural a huir del dolor  y de lo desagradable y buscar el placer y lo agradable. Así que, mi tendencia natural es evitar situaciones que me estimulen miedo.

Este mecanismo de huida ha sido algo muy útil para conservar nuestra especie, porque nos aleja de los peligros que podrían amenazar nuestra existencia. En nuestros inicios, vivíamos en lugares inhóspitos en los que estábamos el peligro de ser devorados por otras especies estaba muy presente. Así que el miedo ha sido un mecanismo indispensable para asegurar nuestra supervivencia como especie.

Sin embargo, ahora el lugar en el que vivimos la mayor parte de nosotros, es un lugar razonablemente seguro y no estamos expuestos a peligros que pongan en riesgo nuestra vida. Así que nuestro sistema de aviso, desarrollado para nuestra supervivencia durante miles de años, todavía no se ha adaptado a este cambio relativamente reciente, si tenemos en cuenta que el género humano tiene unos 2 millones de años de antigüedad. Esto supone que tenemos un sistema de aviso diseñado para vivir en la vida salvaje llena de peligros y no está adaptado a las nuevas circunstancias en las que vivimos en la sociedad moderna.

Por otra parte, me gustaría que pensáramos tu y  yo, cuales son las situaciones que causan miedo. ¿Qué es lo que me causa miedo? Cada persona tienes sus propios miedo aunque hay un tipo de miedo que quiero tratar en este artículo: el miedo a lo desconocido. Culturalmente se nos ha enseñado a temerlo.

El dicho que dice: “Más vale malo conocido que bueno por conocer” es representativo de esta forma de pensar. Otras referencia podrían ser el “Non Terrae Plus Ultra” (‘No existe tierra más allá’) que se utilizaba para referirse Finisterre (España), y también la antigua advertencia de la mitología griega, según la cual Hércules había puesto dos pilares en el Estrecho de Gibraltar, para señalar el que se creía que era el límite del Mundo, la última frontera que los navegantes del Mediterráneo podían alcanzar. En definitiva, el miedo a lo desconocido es algo ancestral.

Si esto que te he explicado es cierto significa que el miedo, que es nuestro sistema de aviso, nos da alarmas con un nivel que está por encima de lo que corresponde con el peligro real. Eso quiere decir que vivimos como situaciones peligrosas para nuestra integridad personal, situaciones que en realidad no lo son.

Resumen.

Tenemos un mecanismo de aviso de peligro obsoleto porque nos indica situaciones que ponen en riesgo nuestra vida cuando de hecho, no es así. También tenemos otro mecanismo que nos impulsa a huir de lo desagradable. Finalmente, asociamos los desconocido a lo peligroso. Con todo esto, es posible que tengamos una tendencia a huir de las situaciones no conocidas. ¿A dónde nos lleva esto?

Más que llevarnos a ningún sitio, hace que nos quedemos en lo que se llama la “Zona de Confort“. A mi no me gusta llamarla así porque en la “Zona de Confort” aunque no hay miedo, no significa que sea un lugar agradable. Prefiero denominar este estado “la Zona Conocida” porque es un lugar en el que nos hemos acostumbrado a vivir, aunque sea un lugar en el que haya hastío, o esté viviendo el dolor más absoluto. Curioso, ¿no te parece?

La “Zona Conocida” y el desarrollo

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Me cuesta elegir. Estoy paralizado…

Quien no se ha encontrado alguna vez en dificultades para escoger. ¿Qué es lo que lo hace difícil? Después de darle algunas vueltas al asunto creo que hay dos cosas que influyen en eso. La primera es el miedo a equivocarse. ¿La opción elegida será la correcta? Sobre este aspecto ya he hablado en unos cuantos artículos (El miedo y las decisionesEquivocarse, una alternativa más allá de la culpaLa decisiones, el cuento de Tara¿Hay decisiones correctas e incorrectas? ) así que hoy no voy a ir por ahí.

Lo que te propongo hoy es que investiguemos lo siguiente. Si escojo, renuncio a otras muchas cosas y yo no quiero renunciar así que es mejor “no elegir“, al menos aparentemente. ¿Te apetece? Antes de continuar, lo que me gustaría hacer es romper dos mitos.

Mito número 1: Es imposible “no escoger”

Cuando, “no escojo” aparentemente me escapo de elegir. Sin embargo, el no escoger es lo mismo que escoger no hacer nada, es decir, no moverme de la situación actual. Como todas las elecciones, supone unas consecuencias, que en este caso significa renunciar a lo que podría suponer eso que no elijo.

Así que si elijo, elijo, y si no elijo, eso es también una elección.

Mito número 2: renunciar y elegir son la misma cosa

También podemos ver lo mismo de otra manera. A veces no elijo porque eso supone que renuncio a muchas cosas. Así que, la parte buena de no elegir es que evito renunciar a cosas que valoro. Así que es mejor no escoger.

Y también es cierto que si elijo algo significa que estoy valorando eso por encima de las cosas a las que renuncio. Así que es mejor elegir. Um… qué lío…. ¿En que quedamos?

Otra vez es una falacia. La elección es como una moneda con dos caras, una es la cara de lo que nos quedamos y en la otra está lo que renunciamos. La no elección también tiene dos caras. De nuevo en una cara hay lo que decido conservar y en la otra están las cosas a las que renuncio. Así que cuando elijo, renuncio y cuando renuncio, elijo. Siempre es la misma moneda con dos caras.

Quizás me esté equivocando de pregunta. La cuestión no es si elijo o no elijo, sino ¿cómo elijo?

Cómo elegir

Siguiendo el símil de la moneda, podríamos decir que elegir es lo mismo que tirar una moneda al aire. La moneda tiende a caer del lado que pesa más, es así de simple. Así que se trata de poner en una cara de la moneda los valores y las necesidades que se satisfacen al visualizar el mejor futuro una vez tomada esa decisión. Y poner en la otra cara, los valores y necesidades que se satisfacen al quedarme en el lugar en el que estoy.

También hace falta ser muy honesto con el lado de la moneda “no moverse” porque es seguro que satisface necesidades y valores que son muy valiosos y es posible que haya la tendencia a no quererlo valorar de forma honesta. El “no moverse” acostumbra a ser la cruz de la moneda, y tiene tanto derecho a ser tenida en cuenta como la otra cara.  Recuerda que la moneda es una sola cosa, indivisible.

Si no estás seguro, lanza la moneda y verás que pasa. La moneda no miente, porque simplemente cae del lado que pesa más, sin importarle qué cara es. No hay opciones buenas ni malas, correctas ni incorrectas. Esa es la gracia de tirar la moneda.

Una vez que la hayas lanzado, puedes plantearte el cómo llegar a ese lugar o cómo quedarte en dónde estás, aunque esto ya no sería materia para este artículo.

Buen viaje.

Me cuesta elegir. Estoy paralizado…

Quien no se ha encontrado alguna vez en dificultades para escoger. ¿Qué es lo que lo hace difícil? Después de darle algunas vueltas al asunto creo que hay dos cosas que influyen en eso. La primera es el miedo a equivocarse. ¿La opción elegida será la correcta? Sobre este aspecto ya he hablado en unos cuantos artículos (El miedo y las decisionesEquivocarse, una alternativa más allá de la culpaLa decisiones, el cuento de Tara¿Hay decisiones correctas e incorrectas? ) así que hoy no voy a ir por ahí.

Lo que te propongo hoy es que investiguemos lo siguiente. Si escojo, renuncio a otras muchas cosas y yo no quiero renunciar así que es mejor “no elegir“, al menos aparentemente. ¿Te apetece? Antes de continuar, lo que me gustaría hacer es romper dos mitos.

Mito número 1: Es imposible “no escoger”

Cuando, “no escojo” aparentemente me escapo de elegir. Sin embargo, el no escoger es lo mismo que escoger no hacer nada, es decir, no moverme de la situación actual. Como todas las elecciones, supone unas consecuencias, que en este caso significa renunciar a lo que podría suponer eso que no elijo.

Así que si elijo, elijo, y si no elijo, eso es también una elección.

Mito número 2: renunciar y elegir son la misma cosa

También podemos ver lo mismo de otra manera. A veces no elijo porque eso supone que renuncio a muchas cosas. Así que, la parte buena de no elegir es que evito renunciar a cosas que valoro. Así que es mejor no escoger.

Y también es cierto que si elijo algo significa que estoy valorando eso por encima de las cosas a las que renuncio. Así que es mejor elegir. Um… qué lío…. ¿En que quedamos?

Otra vez es una falacia. La elección es como una moneda con dos caras, una es la cara de lo que nos quedamos y en la otra está lo que renunciamos. La no elección también tiene dos caras. De nuevo en una cara hay lo que decido conservar y en la otra están las cosas a las que renuncio. Así que cuando elijo, renuncio y cuando renuncio, elijo. Siempre es la misma moneda con dos caras.

Quizás me esté equivocando de pregunta. La cuestión no es si elijo o no elijo, sino ¿cómo elijo?

Cómo elegir

Siguiendo el símil de la moneda, podríamos decir que elegir es lo mismo que tirar una moneda al aire. La moneda tiende a caer del lado que pesa más, es así de simple. Así que se trata de poner en una cara de la moneda los valores y las necesidades que se satisfacen al visualizar el mejor futuro una vez tomada esa decisión. Y poner en la otra cara, los valores y necesidades que se satisfacen al quedarme en el lugar en el que estoy.

También hace falta ser muy honesto con el lado de la moneda “no moverse” porque es seguro que satisface necesidades y valores que son muy valiosos y es posible que haya la tendencia a no quererlo valorar de forma honesta. El “no moverse” acostumbra a ser la cruz de la moneda, y tiene tanto derecho a ser tenida en cuenta como la otra cara.  Recuerda que la moneda es una sola cosa, indivisible.

Si no estás seguro, lanza la moneda y verás que pasa. La moneda no miente, porque simplemente cae del lado que pesa más, sin importarle qué cara es. No hay opciones buenas ni malas, correctas ni incorrectas. Esa es la gracia de tirar la moneda.

Una vez que la hayas lanzado, puedes plantearte el cómo llegar a ese lugar o cómo quedarte en dónde estás, aunque esto ya no sería materia para este artículo.

Buen viaje.

¡Me falta al respeto!

¿te has encontrado alguna vez en una situación en la que te dices que lo que hace el otro es una falta de respeto? Sin ir más lejos el otro día viví una situación en la que viví esto y lo que me gustaría compartir contigo es el proceso que utilizo para convertir ese juicio y el enfado que me llevé, en algo más productivo y eficaz, ¿me acompañas?

Primero te explicaré la situación para ponerte en contexto. En una reunión una persona hace un comentario en la que cuestiona la eficacia con la que se ha llevado un proyecto. Esa opinión se expresa desde el desconocimiento de las circunstancias del mismo y eso me lleva a pensar que eso es una falta de respeto hacia el trabajo de muchas personas que han participado en el.  Pensar eso me lleva al enfado. Y al enfadarme pienso que esa persona es muy desconsiderada y que siempre critica el trabajo de los demás y no se cuestiona nunca el suyo. Tener esta clase de pensamientos sólo hace que aumente mi enfado.

La cosa es que estoy enganchado en este círculo vicioso y me gustaría poder encontrar una fórmula para salir de él. Se me ocurre que tiene que ver con poner límites, y al pensar en ello sólo se me ocurren formas violentas de hacerlo, y no me siento cómodo en ese terreno. Así que voy a seguir el método de los 4 pasos para ver qué tal funciona.

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¿Cómo te afectan las opiniones de los demás?

En la entrada de hoy te quiero hablar de cómo me afectan las opiniones de los demás. ¿A ti te afectan? Supongo que podrías contestarme que depende. Un primer factor es que depende de la persona que me lo diga. Si es alguien significativo para mi, es muy probable que esa opinión me afecte. Cuando digo significativo me refiero que es alguien que me importa porque significa algo importante en mi vida o bien porque los criterios que le llevan a emitir opiniones merecen mi crédito.

Así que hay algo que me incomoda cuando alguien significativo en mi vida opina algo sobre mi que no me gusta. ¿Porqué? o mejor ¿para qué me siento mal cuando eso ocurre? Según la CNV (Comunicación NoViolenta), un sentimiento desagradable se produce cuando hay una necesidad o valor universal que es importante para mi que no se satisface. Por el contrario, los sentimientos desagradables se producen cuando hay uno o varios valores y necesidades universales que no se satisfacen. Así que, ¿cual debe ser la necesidad o necesidades que no se satisfacen cuando me entristezco cuando alguien emite una opinión negativa de mi?

Lo cierto es que me cuesta encontrarlas, así que, algo que me funciona es pensarlo en positivo. Es decir, ¿cuales serían las necesidades que se satisfacerían si la opinión fuera positiva? Ahora sí puedo encontrar necesidades tan valiosas como la de reconocimiento y la de belleza: me explico mejor.

Lo que quiero decirte es que, cuando el otro opina algo agradable de mí significa que ha visto una cualidad, la ha reconocido y me lo ha devuelto, como si fuera un espejo que refleja la luz. Como me gusta y valoro la belleza, el hecho que los otros la vean y la reconozcan en mí, hace que me que me sienta bien. Es como si me dijeran, “te veo y reconozco tu luz“. Y eso hace que yo también pueda ver y reconocer mi propia belleza. Así que también se convierte en un momento de auto-reconocimiento. También añadiría que cuando los otros me ven eso me da la oportunidad de darme cuenta que también soy para el otro, lo cual me proporciona sensación de pertenencia, conexión y sentido. Ahora entiendo porque es tan valioso que alguien significativo emita una opinión positiva sobre mi.

Por el contrario, cuando la opinión del otro es negativa lo que hace es mostrarme también algo, aunque en este caso es fealdad en vez de belleza. Así que, hay un también reconocimiento de algo que hay en mi, pero ese algo es sombra en vez de luz. Ese reconocimiento me aleja del otro y dejan de estar presentes las necesidades de pertenencia, conexión y sentido. También hay una falta de aceptación de esa sombra que el otro ve en mi. Así que no me extraña que me entristezca tanto cuando alguien significativo opina algo negativo sobre mi. Ver esto me da mucha claridad porque me ayuda a entender y hacer legítimo eso que estoy sintiendo. Pero no quiero quedarme aquí.

Los otros como reflejo de lo que soy

https://i0.wp.com/i51.tinypic.com/10xhtw4.jpg?resize=417%2C313Fíjate que lo que estoy haciendo es utilizar un espejo para mirarme, es decir, que me veo a partir de lo que me dicen los demás. Con esto hay que tener mucho cuidado porque esto tiene una implicaciones trascendentales.

La primera es que hay un riesgo de olvidarme que los juicios de los demás no son son ni verdad no mentira. Sólo los hechos pueden ser ciertos o falsos. Los juicios y las opiniones sólo pueden estar bien o mal fundamentados. En cambio un juicio, por muy sólidamente fundamentado que esté, nunca podrá ser cierto o falso. Juegan en otra liga diferente. (No es lo mismo hechos que juicios y opiniones)

Este es el problema, que si me olvido de esto entonces confundo las opiniones de los demás, ya sean positivas o negativas, con verdades. Quisiera ahora volver a la metáfora del espejo. Cuando creo como verdadera una opinión de los demás lo que estoy haciendo es asumir que el espejo con el que me miro es perfectamente plano y refleja exactamente la realidad. Pero las personas, todas, tenemos una historia personal, una familia, una educación, unas vivencias, una biología y unos valores que nos hace diferentes. Cada uno de nosotros reflejamos la luz de una forma particular. Somos de cualquier forma menos un espejo plano. Así que me estoy mirando en un espejo deformado.

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¿Cómo te afectan las opiniones de los demás?

En la entrada de hoy te quiero hablar de cómo me afectan las opiniones de los demás. ¿A ti te afectan? Supongo que podrías contestarme que depende. Un primer factor es que depende de la persona que me lo diga. Si es alguien significativo para mi, es muy probable que esa opinión me afecte. Cuando digo significativo me refiero que es alguien que me importa porque significa algo importante en mi vida o bien porque los criterios que le llevan a emitir opiniones merecen mi crédito.

Así que hay algo que me incomoda cuando alguien significativo en mi vida opina algo sobre mi que no me gusta. ¿Porqué? o mejor ¿para qué me siento mal cuando eso ocurre? Según la CNV (Comunicación NoViolenta), un sentimiento desagradable se produce cuando hay una necesidad o valor universal que es importante para mi que no se satisface. Por el contrario, los sentimientos desagradables se producen cuando hay uno o varios valores y necesidades universales que no se satisfacen. Así que, ¿cual debe ser la necesidad o necesidades que no se satisfacen cuando me entristezco cuando alguien emite una opinión negativa de mi?

Lo cierto es que me cuesta encontrarlas, así que, algo que me funciona es pensarlo en positivo. Es decir, ¿cuales serían las necesidades que se satisfacerían si la opinión fuera positiva? Ahora sí puedo encontrar necesidades tan valiosas como la de reconocimiento y la de belleza: me explico mejor.

Lo que quiero decirte es que, cuando el otro opina algo agradable de mí significa que ha visto una cualidad, la ha reconocido y me lo ha devuelto, como si fuera un espejo que refleja la luz. Como me gusta y valoro la belleza, el hecho que los otros la vean y la reconozcan en mí, hace que me que me sienta bien. Es como si me dijeran, “te veo y reconozco tu luz“. Y eso hace que yo también pueda ver y reconocer mi propia belleza. Así que también se convierte en un momento de auto-reconocimiento. También añadiría que cuando los otros me ven eso me da la oportunidad de darme cuenta que también soy para el otro, lo cual me proporciona sensación de pertenencia, conexión y sentido. Ahora entiendo porque es tan valioso que alguien significativo emita una opinión positiva sobre mi.

Por el contrario, cuando la opinión del otro es negativa lo que hace es mostrarme también algo, aunque en este caso es fealdad en vez de belleza. Así que, hay un también reconocimiento de algo que hay en mi, pero ese algo es sombra en vez de luz. Ese reconocimiento me aleja del otro y dejan de estar presentes las necesidades de pertenencia, conexión y sentido. También hay una falta de aceptación de esa sombra que el otro ve en mi. Así que no me extraña que me entristezca tanto cuando alguien significativo opina algo negativo sobre mi. Ver esto me da mucha claridad porque me ayuda a entender y hacer legítimo eso que estoy sintiendo. Pero no quiero quedarme aquí.

Los otros como reflejo de lo que soy

https://i0.wp.com/i51.tinypic.com/10xhtw4.jpg?resize=417%2C313Fíjate que lo que estoy haciendo es utilizar un espejo para mirarme, es decir, que me veo a partir de lo que me dicen los demás. Con esto hay que tener mucho cuidado porque esto tiene una implicaciones trascendentales.

La primera es que hay un riesgo de olvidarme que los juicios de los demás no son son ni verdad no mentira. Sólo los hechos pueden ser ciertos o falsos. Los juicios y las opiniones sólo pueden estar bien o mal fundamentados. En cambio un juicio, por muy sólidamente fundamentado que esté, nunca podrá ser cierto o falso. Juegan en otra liga diferente. (No es lo mismo hechos que juicios y opiniones)

Este es el problema, que si me olvido de esto entonces confundo las opiniones de los demás, ya sean positivas o negativas, con verdades. Quisiera ahora volver a la metáfora del espejo. Cuando creo como verdadera una opinión de los demás lo que estoy haciendo es asumir que el espejo con el que me miro es perfectamente plano y refleja exactamente la realidad. Pero las personas, todas, tenemos una historia personal, una familia, una educación, unas vivencias, una biología y unos valores que nos hace diferentes. Cada uno de nosotros reflejamos la luz de una forma particular. Somos de cualquier forma menos un espejo plano. Así que me estoy mirando en un espejo deformado.

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