El joven pez: un breve relato

 

Perdone – dijo un pez a otro- usted es más viejo y tiene más experiencia que yo, y probablemente podrá ayudarme. Dígame: dónde puedo encontrar eso que llaman Océano? Lo he estado buscando por todos los sitios, sin resultado.

El Océano– respondió el pez anciano-, está donde estamos ahora mismo.

¡¿Esto?! Pero si esto es sólo agua… Yo estoy buscando el Océano. – replicó el joven pez absolutamente decepcionado, mientras se alejaba nadando para buscarlo en algún otro lugar.

Anthony de Mello

 

Hoy he querido empezar con este breve relato porque me recuerda a la actitud que tenemos las personas ante la búsqueda de grandes cosas, como podría ser la búsqueda de la felicidad.  Quiero llegar a ella, la experimento brevemente y luego se me escapa entre los dedos. Entonces me pregunto, ¿dónde está este lugar tan fantástico? Cuando alcance la felicidad … ese tiene que ser un lugar inmensamente maravilloso…

Es como el joven pez que está en la búsqueda del Océano. Lo busca esperando encontrar un lugar extra-ordinario, es decir, un lugar fuera de lo ordinario, lo que le impide buscar en lo ordinario, en lo cotidiano. El Océano no puede ser eso que tiene justamente delante de sus ojos y eso le impide ver lo evidente.

Así que me pregunto, ¿puede ser que la felicidad esté delante de mis ojos y yo no me esté dando cuenta? ¿Dónde puedo encontrar la felicidad si no es precisamente en este mismo momento? ¿Qué harías diferente si esto pudiera ser verdad?

¡Buen viaje!

 

San Jorge y el dragón: un cuento sobre el miedo

La entrada de hoy es un relato que escribí para el día de Sant Jordi. La imagen de San Jorge matando el dragón es muy potente para mi. ¿Tuvo miedo antes de enfrentarse al dragón? ¿Cómo lo superó? Para responder a estas preguntas he inventado un cuento. A ver si te gusta.

P.S. Aquí tienes la versión escrita (San Jorge y el dragón llamado Miedo)

San Jorge y el dragón: un cuento sobre el miedo

La entrada de hoy es un relato que escribí para el día de Sant Jordi. La imagen de San Jorge matando el dragón es muy potente para mi. ¿Tuvo miedo antes de enfrentarse al dragón? ¿Cómo lo superó? Para responder a estas preguntas he inventado un cuento. A ver si te gusta.

P.S. Aquí tienes la versión escrita (San Jorge y el dragón llamado Miedo)

Se egoísta por favor. (3era parte)

Hay una historia que explica Stephen Covey que quiero contarte porque tiene relación con la serie de artículos en los que hablo de cómo ser egoísta de una forma diferente.

Cuenta Covey que estaba viajando en metro cuando al lado suyo unos niños no paraban de jugar saltando y molestando al resto de los viajeros. Su padre lo observaba desde la distancia, con la mirada perdida en el infinito.

Los viajeros cada vez estaban más molestos, incluido el mismo Covey. Pensaba que el padre debería reprender a los niños por comportarse de una manera tan poco respetuosa con los viajeros. El padre lo estaba viendo y no hacía nada. ¡Era indignante! Los juegos y las molestias a los viajeros continuaron un buen rato hasta que al final, saltó y le dijo al padre de las criaturas:

– Sus hijos no paran de molestar a los viajeros y a mí mismo y usted no les dice nada. Desde luego es una mala manera de educarlos.

Entonces, el padre de las criaturas les dijo.

– Mire usted, acabamos de venir del hospital donde su madre acaba de morir. La verdad es que no tengo ninguna gana de reñirles porque quieran jugar.

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Se egoísta, por favor (2ª parte). Cómo ser un egoísta de una forma diferente.

A veces resulta complicado balancear nuestras necesidades con las de los dos demás. En el artículo Se egoísta, por favor. ya comenté que prefiero que seas egoísta conmigo, que pienses siempre en ti mismo en primer lugar. También te proponía que fueras EGOÍSTA con mayúsculas, en el sentido que lo fueras teniendo en cuenta que formas parte de un sistema de relaciones de personas al cual estas conectado.

Ahora bien, supongo que algunos de vosotras /os se debe estar preguntando cómo se hace esto. ¿Cómo uno puede ser egoísta y, a la vez, tener en cuenta a los demás? Porque parece que sólo haya dos alternativas: o nos comportamos de una forma egocéntrica (que no es lo mismo que ser egoísta) o bien caemos en la amabilidad malentendida y los demás nos pasan por delante con el coste que supone para nosotros. Pues en el post de hoy te voy a proponer una manera en que puedes ser egoísta de una forma ecológica,  o sea, que tiene en cuenta y es respetuoso con las personas que te rodean. Es una tercera vía ¿Te apetece averiguar en qué consiste?

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Se egoísta, por favor.

Se egoísta, por favor. El título puede parecer una provocación pero te lo digo de verdad. Por favor, se egoísta. Siempre nos han enseñado que tenemos que sacrificarnos por los demás. Pero yo prefiero que seas egoísta conmigo. Y te diré unos cuantos porqués.

Si eres generosa o generoso por obligación, porque hay que ser buena chica o buen chico, por que es lo que hay que hacer o cuando eso supone para ti un esfuerzo o un sacrificio, entonces prefiero que seas egoísta conmigo. El que es generoso por obligación guarda en su corazón esa “deuda”. En realidad se trata de un canje del tipo “hoy por tí, mañana por mí” y mucho cuidado si no hay un “mañana por mi”, porque entonces, te lo va a exigir y si no se lo das, tendrá todo el derecho del mundo a enfadarse conmigo y a estar resentido (El resentimiento, la emoción del esclavo).

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¿Cómo te proteges de un entorno inseguro?. Un breve relato.

No podemos negar que las circunstancias actuales son de todo menos seguras. Pasamos por tiempos de incertidumbre. ¿Cómo haces haces frente a ello? Para hablarte de esto he escrito este breve relato. ¿Te apetece leerlo? (tiempo de lectura aproximado 3 min.)

Había una vez un pueblo que vivía en la pradera. Habían sobrevivido a toda clase de circunstancias adversas por lo que estaban acostumbrados a hacer frente a las dificultades con eficacia. Hasta que un día sufrieron el saqueo de un pueblo nómada.

Después de un cierto tiempo, cuando se habían recuperado, se sentaron a parlamentar sobre lo que les había sucedido, como siempre hacían cuando ocurrían circunstancias importantes en la comunidad. En la asamblea un miembro del consejo propuso construir una muralla que les protegiera de los invasiones de pueblos invasores. La idea fue ampliamente aceptada y se pusieron manos a la obra.

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El caballo y el pozo: Las críticas destructivas.

Cuando nos hacen una crítica destructiva nos duele y por ello la rechazamos y nos ponemos a la defensiva. Además, no tenemos ningún control sobre lo que hacen los demás. Vamos, que no podemos evitar que los demás nos hagan críticas destructivas. Entonces, ¿qué podemos hacer con esto? Esta situación me recuerda la historia del caballo que cayó en el pozo.

Cuenta la historia que había un campesino que tenía unos caballos que le ayudaban en los trabajos de su hacienda. Un día, su capataz le avisó que uno de sus caballos había caído en el fondo de un viejo pozo abandonado. Rápidamente, fue a ver qué había pasado. Se encontró que el caballo estaba bien, sin embargo, era viejo y los recursos que había que movilizar para rescatarlo eran muchos. Así que, muy a su pesar, decidió renunciar a su rescate. Lo que sí ordenó fue que sacrificase al animal tirando tierra en el pozo hasta enterrarlo.

Así se hizo y empezaron a lanzar tierra para cubrir al caballo y tapar el pozo. Pero entonces ocurrió algo curioso. El caballo, con cada palada de tierra que recibía, lo que hacía era sacudírsela de encima y utilizarla para subir un poco más el nivel del fondo del pozo. Y con cada palada hacía lo mismo. Hasta que llegó un momento que el fondo del pozo quedó a una altura suficiente que permitió al caballo saltar y salir de su trampa.

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Max y su sombra

El post de hoy va a tratar de un libro. Se trata de Max y su sombra de Jose Luis Regojo. Es un pequeño cuento ilustrado por Laura Borràs. Bueno, en realidad es pequeño en extensión pero enorme en contenido.

Es un cuento para pequeños, porque entretiene, pero sobretodo es una metáfora profunda y delicada acerca de un tema que no es nada fácil de tratar: la muerte y específicamente el suicidio. En una sociedad líquida (ver nota a pie de página), en la que las personas tratan de vivir de una forma superficial, donde se trata de huir de lo incómodo, es una gran noticia poder ver que hay quien puede tratar este tema con esta naturalidad y delicadeza.

En nuestro afán de proteger a nuestros hijos muchas veces tratamos de evitar que sean testigos de cosas desagradables como la muerte. Cuando mis hijas eran pequeñas nos habían acompañado en algún funeral. Al verlo, algunas personas extrañadas nos preguntaban ¿lleváis a las niñas a una cosa como esta? Mi pregunta es, ¿de qué queremos proteger a nuestros hijos? ¿de qué sirve que no vean el sufrimiento que conlleva la vida? ¿Acaso las cosas tristes no son tan reales como las alegres? ¿Podría existir la alegría sin la tristeza? ¿Podría haber vida sin la muerte?

Tratar de huir de eso es como tratar de escapar de nuestra sombra. La vida y la muerte, la luz y su sombra son las dos caras de una misma hoja. Es imposible separarlas. Así, en el relato de José Luis Regojo lo que hace Max es hacerse amigo de su sombra.

-Estoy cansada de caminar tanto y tengo un poco de frío – respondió la sombra-. ¿Podemos volver?

– ¡De acuerdo! Acércate a mi, no tengas miedo – le dijo Max-. ¿Porqué la gente te tiene tanto miedo? – le dijo esbozando una sonrisa cálida-. Incluso tienes frío, síntoma que tienes corazón: no se puede tener frío si no se tiene corazón.

El tratar de escapar de algo real pero que no nos gusta (link ->Estrategias para evitar el dolor) me conecta con el tema de las emociones. Son desconocidas porque nadie nos ha hablado de ellas y es natural tener miedo a aquello que no conocemos. Pero ignorarlas no sirve de nada porque siguen estando allí. Todos sabemos que tienen un papel fundamental en nuestras vidas pero preferimos engañarnos diciéndonos que no son tan importantes y que no nos influyen para nada.

Si somos capaces de acercamos a las emociones aceptándolas, sin juzgarlas, sólo entonces, pasará como con la sombra de Max, que tendrán la confianza de abrirse a nosotros para explicarnos que persiguen algo que es muy importante para nosotros. Los sentimientos que llamamos “desagradables”  (link -> listado de sentimientos) nos quieren avisar que hay necesidades universales (link -> listado de necesidades) que valoramos mucho y que no se están satisfaciendo. Es su manera de decirnos que hagamos algo con lo que nos está pasando, pero hay que saber escucharlas.  Si no lo hacemos, gritarán más y más hasta que decidamos escucharlas. (link ->Las emociones no se pueden controlar pero sí gestionar)

 

Por otra parte, hay otro gran tema tratado en el cuento que es el de la importancia del silencio. En otro momento Max tiene la siguiente conversación con su sombra:

 – ¿Hoy qué haremos?

– Te enseñaré a pintar con tinta china. – le dijo Max-. Mira, lo importante es el silencio al girar la barra de tinta sobre el tintero para que se diluya con el agua. Observa los espacios y no tanto los trazos. Lo importante son los vacíos … como tus silencios ¿Verdad que me entiendes?

La sombra no contestó. No hacía falta. Le resbaló una lágrima.

¿Porqué son tan importantes los silencios? Porque los silencios es el lugar donde todo es posible. Son como una semilla infinita: potencialidad pura. Los silencios dan espacio. Los silencios permiten que las cosas puedan pasar. Los silencios hablan por sí mismos porque dejan espacio a la reflexión, o simplemente a sentir la presencia del otro en una conversación. Eso puede ser mucho más potente e intenso que mil millones de palabras. Todos conocemos lo que puede transmitir una mirada, un gesto, una caricia ….

Por todo esto y más cosas que vosotros descubriréis si leéis el cuento no puedo hacer otra cosa que recomendaros la lectura de Max y su sombra. Un libro para saborearlo con calma. Un libro para leer a un niño, y que os permitirá continuar disfrutando de vuestra mutua compañía con una conversación llena de silencios sugerentes y enriquecedores … para los dos. Un libro para leeros a vosotros mismos y que espero que os alimente el alma tanto o más que a mí.

Aquí tenéis algunas ilustraciones:

¡Buen Viaje!

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 Podéis encontrar el libro en Amazon

Modernidad líquida: EL sociólogo Zygmunt Bauman es el autor del concepto «modernidad líquida» para definir el estado fluido y volátil de la actual sociedad, sin valores demasiado sólidos, en la que la incertidumbre por la vertiginosa rapidez de los cambios ha debilitado los vínculos humanos. Lo que antes eran nexos potentes ahora se han convertido en lazos provisionales y frágiles.

El impacto de lo que pensamos con un chiste.

El otro día estaba esperando a que mi hija saliera del entrenamiento del fútbol cuando me llamó la atención una persona que iba caminando sola y gesticulando ostensiblemente. Hoy en día es habitual porque en muchos casos se habla por teléfono móvil través de unos auriculares con micrófono. El caso es que la persona de la que os hablo no llevaba ningún auricular ni estaba hablando por teléfono.

Muchas veces, a éstas personas se las dice que no están muy cuerdas. ¿Porqué? Pues supongo que están tan metidos en sus diálogos internos que no se dan ni cuenta que son eso, internos, y que por lo tanto no tiene ningún sentido ni hablar en voz alta o gesticular, que son acciones hacia el exterior. Si consideramos sólo este aspecto para decir que estamos cuerdos o locos, entonces la linea que separa unos de otros es muy delgada. Ahora os explico mi interpretación.

Los supuestamente cuerdos nos damos cuenta (me vais a permitir que me incluya en esta categoría) cuándo lo que nos decimos es sólo nuestro y tenemos esa consciencia para no exteriorizarlo. Ahora bien, ¿cuantos de nosotros podemos estar seguros que nuestros diálogos internos, especialmente si hay en ellos fuertes emociones, no se manifiestan en el exterior sin que nos demos cuenta de ello? ¿Cómo podéis estar seguros que exteriormente no se manifiesta aquello que estáis pensando?

Os propongo que observéis a la gente en el metro, un lunes por la mañana. Las personas vivimos tan absortos en nuestros pensamientos que no vemos al que tenemos delante. Y sino, fijaros en las miradas de la gente, perdidas en el infinito, o mirando al suelo, o jugando con su smartphone compulsivamente como una forma de escapar al no saber estar con uno mismo.

¿Qué diferencia hay entonces entre cualquier persona perdida en sus pensamientos y la persona que vi el otro día que hablaba sola? La única diferencia es que una exterioriza su estado interno y la otra no pero, en lo esencial, están igual de perdidas en sus pensamientos.

Alguno de vosotros se podría preguntar, ¿hay algo de malo en ello?. La cuestión no es que sea bueno ni malo. Lo único que os planteo es que ésto hace que perdamos de vista que una cosa es lo que pasa y otra muy diferente es lo que pensamos al respecto de lo que está pasando. Lo segundo es una producción propia fruto de cómo somos, de nuestros valores, de nuestras vivencias personales. Desde luego que tiene que ver con lo que está pasando pero que NO es lo que pasa. (Podéis ver ->  El mapa no es el territorio). Ante la misma cosa pueden haber tantos diálogos internos como gente hay que mira la misma cosa y confundirlo con la realidad puede llevarnos graves consecuencias (podéis ver la primera parte del artículo ->Etiquetar a las personas)

Para ilustrar esto mismo de otra forma menos trágica os voy a explicar un chiste.

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