Resignarse o aceptar: la diferencia entre el punto final y el punto seguido.

Son dos conceptos muy similares pero hay un matiz que marca la diferencia. Si te parece podemos ir primero a ver en qué se parecen y luego vemos qué es lo que marca la diferencia.

La resignación

A la resignación y a la aceptación se llega a través de una situación en la que hay intereses contrapuestos. Por un lado hay unas circunstancias y por el otro estoy yo que considero que esas circunstancias no son aceptables para mi. Sin embargo, la diferencia estriba en el paradigma desde el que actúo para tratar de resolver esta situación de intereses contrapuestos.

A la resignación se llega desde el paradigma que dice que para resolver estos intereses contrapuestos hay que entrar en confrontaciónconflicto con ellos, es decir, se trata de emprender acciones con el objetivo de neutralizar, dañar o eliminar a eso contra lo que estoy luchando. Actúo desde la concepción del conflicto que dice que para que yo gane tu tienes que perder. Es como “los inmortales” sólo puede quedar uno.

Lo que ocurre es que, tras un período de lucha,  aquello contra lo que se lucha es más fuerte que yo y decido no emplear más tiempo, esfuerzo y energía en tratar de alcanzar mi objetivo y me someto a su voluntad.

Las consecuencias de la resignación

La parte positiva de la resignación es que se abandona la lucha y se llega a la paz, lo cual puede llegar a ser algo muy importante. Sin embargo hay que tener en cuenta las consecuencias negativas, porque hay un sometimiento hacia aquello que no he podido cambiar lo cual me lleva al resentimiento y seguramente a la amargura. Hay paz pero quizás no hay un verdero descanso.

Actuar desde un paradigma diferente: la aceptación.

Supón que se produce una circunstancia o un hecho que no puedo cambiar. Por ejemplo, hago planes para el fin de semana y decido ir de excursión. Llega el sábado por la mañana y no me encuentro bien. Estoy resfriado no tengo las fuerzas para salir de excursión y pasar el día en la montaña.

Desde el paradigma de la resignación no me queda más remedio que acatar mi derrota porque las circunstacias (estoy enfermo) son más fuertes que mi deseo a ir de excursión. Las circunstancias ganan, yo pierdo. Efectivamente, desde ahí es probable que entre en la amargura del resentimiento que supone pensar que por culpa de ese resfriado no puedo pasar un fantástico fin de semana. ¿Como sería el paradigma de la aceptación?

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La crisis de refugiados en Europa: ¿Cual es tu actitud ante las dificultades?

Hace unos días escuché por lo medios de comunicación que en Dinamarca el gobierno estaba bloqueando algunos medios de transporte como lineas de ferry con el objetivo de dificultar el paso de refugiados desde Alemania a Suecia. En este sentido, no era diferente a muchas de las noticias que me llegan que hablan del drama de los refugiados que huyen de las pésimas condiciones de vida debido a las guerras y la persecución y que tratan de llegar a países de Europa en busca de un futuro mejor.

Refugiados en una estación de Viena. Imagen: Reuters

Algunos ciudadanos no estaban en absoluto de acuerdo con la decisión de su gobierno porque no era coherente con sus valores de solidaridad humana. Lo que me llamó la atención es que en vez de quedarse en una actitud de queja hacia su gobierno y quedarse cruzados de manos hicieron algo radicalmente opuesto. Hubieron algunos de ellos que se organizaron a través de la redes sociales y se fueron a la estación de tren donde estaban bloqueados los refugiados para ofrecerse para llevarlos al lugar que ellos deseaban.

De esto quiero destacar dos cosas. La primera es que, a pesar de que esos ciudadanos tenían poderosas rezones para estar enfadados con su gobierno por no actuar conforme a sus principios, no se quedaron estancados en la queja y la resignación por tener un “mal gobierno” y lo supieron trascender. ¿Cómo? Supongo que el proceso por el que pasaron podría haber sido algo similar a lo siguiente:

“Mi gobierno no actúa conforme a mis valores y eso no me gusta. Así que lo primero que me pregunto es, ¿que puedo hacer yo para hacer cambiar esa decisión? Quizás si me pongo de acuerdo con personas que tienen los mismos valores que yo, podemos hacer manifestaciones para hacer cambiar esa decisión al gobierno. Otra solución podría ser votar a un partido político que esté más de acuerdo a mis principios y valores. Sin embargo, ninguna de estas soluciones es satisfactoria porque la crisis humanitaria está sucediendo ahora y esto son soluciones a más largo plazo.

Así que me pregunto otra vez, ¿qué está a mi alcance que puede contribuir a cambiar la realidad que acepto y que no me gusta? Lo que está en mis manos es ofrecerme a llevar a alguno de los refugiados. Eso sería muy poca cosa, sin embargo, es lo que está a mi alcance y cambia la realidad, aunque sea muy poco. También se me ocurre que si hay más personas como yo que hacen lo mismo entonces eso tendrá mucho más impacto. Así que me puedo organizar a través de las redes sociales para ver si hay más personas como yo que se animan a acompañar a gente.”

Esto fue lo que ocurrió y eso fue la noticia. Desconozco si todas esas personas eran tantas como para considerarlas como unas simples gotas de agua en el océano, como un pequeño río, o más bien eran una inmensa ola, pero sí que cambiaron la realidad. De hecho, en la noticia entrevistaron a un refugiado que explicaba emocionado su desesperación mientras esperaba bloqueado en la estación y cómo habían llegado ciudadanos de a pie que se habían ofrecido a llevarlos a donde ellos querían. Estaban experimentando la solidaridad humana en sus carnes y estaban emocionados emocionados por ello.

Mi propuesta

Para acabar me gustaría utilizar la actitud de estos ciudadanos que fueron capaces de transformar una realidad que aparentemente era imposible de cambiar y proponerte algo ¿Hay alguna situación personal o profesional en la que sientes que estás bloqueado y que te gustaría desencallar? Me espero a que la tengas ….

Ahora que la tienes, me imagino que es una situación que te preocupa. Así que la propuesta de hoy para ti es que utilices el mismo paradigma que las personas protagonistas de la noticia utilizaron y te preguntes, ¿Qué cosas puedo hacer yo, que sólo dependan de mi, que ayuden a mejorar esta situación en la que estoy bloqueado?

La idea es que te centres sólo en aquellas cosas que dependen sólo de tí y que te sirvan para empezar a salir del lugar en el que no quieres estar. No importa que no sea ” la solución total” sino que se trata de encontrar acciones a tu alcance que te acerquen hacia el lugar que tu quieres y se saquen de tu bloqueo. Luego se trata de dar pasos, uno a uno. Esto me recuerda la cita:

Un viaje de 1000 km empieza con un paso

Esto es tener una actitud proactiva y significa la diferencia entre ser víctima de las circunstancias o ser protagonista de nuestra vida. Prueba y me dices qué tal.

¡Buen viaje!

P.D: Los daneses no son los únicos que han tenido esta clase de iniciativa: Consulta la noticia.

No es lo mismo aceptar que rendirse.

File:Death of Captain Lawrence. "Don't Give Up the Ship." June 1813. Copy of engraving by H. B. Hall after Alonzo Chappel, ci - NARA - 531087.tif

Death of Captain Lawrence. “Don’t Give Up the Ship.” June 1813. Copy of engraving by H. B. Hall after Alonzo Chappel

A veces, me encuentro en situaciones complicadas en las que me encallo y no consigo tirar adelante, o que me suponen un esfuerzo titánico avanzar. Entonces hay alguien que me dice: tienes que aceptarlo.

Escucharlo me produce una cierta sensación de rechazo porque aceptar una situación me suena a rendirme, y eso a mi no me gusta. Pero ¿qué significa realmente aceptar? ¿En qué se diferencia de rendirse? y sobre todo, ¿por qué es tan poderosa la aceptación para conseguir una acción realmente eficaz?  En este artículo voy a tratar de explicártelo.

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El caballo y el pozo: Las críticas destructivas.

Cuando nos hacen una crítica destructiva nos duele y por ello la rechazamos y nos ponemos a la defensiva. Además, no tenemos ningún control sobre lo que hacen los demás. Vamos, que no podemos evitar que los demás nos hagan críticas destructivas. Entonces, ¿qué podemos hacer con esto? Esta situación me recuerda la historia del caballo que cayó en el pozo.

Cuenta la historia que había un campesino que tenía unos caballos que le ayudaban en los trabajos de su hacienda. Un día, su capataz le avisó que uno de sus caballos había caído en el fondo de un viejo pozo abandonado. Rápidamente, fue a ver qué había pasado. Se encontró que el caballo estaba bien, sin embargo, era viejo y los recursos que había que movilizar para rescatarlo eran muchos. Así que, muy a su pesar, decidió renunciar a su rescate. Lo que sí ordenó fue que sacrificase al animal tirando tierra en el pozo hasta enterrarlo.

Así se hizo y empezaron a lanzar tierra para cubrir al caballo y tapar el pozo. Pero entonces ocurrió algo curioso. El caballo, con cada palada de tierra que recibía, lo que hacía era sacudírsela de encima y utilizarla para subir un poco más el nivel del fondo del pozo. Y con cada palada hacía lo mismo. Hasta que llegó un momento que el fondo del pozo quedó a una altura suficiente que permitió al caballo saltar y salir de su trampa.

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Reduce la marcha que viene una subida…

Vas circulando por la carretera manejando tu vehículo. Circulas por un llano. No hay baches, todo funciona con normalidad. Entonces aparece un repecho en el camino. Tu no haces nada y continúas tu marcha. El repecho se convierte en una fuerte subida. Tu continúas sin hacer nada. Las revoluciones del motor bajan, y bajan. El motor renquea, la velocidad disminuye hasta que el motor se cala y el vehículo se detiene. Bajas del coche y te lamentas de tu mala suerte. ¿Porqué demonios tendría que haber aparecido ese repechón en mi camino? Con lo bien y feliz que estaba yo… Te dices. Mira que es mala suerte.

Para los que conducir un vehículo con cambio manual sea una cosa habitual esta historia quizás os parezca un poco absurda. Todo el mundo sabe que cuando uno lleva una marcha demasiado larga el motor se cala. Y aunque te gustaría llegar lo más rápido posible a tu destino, si encuentras una subida, lo más natural del mundo es reducir la marcha y por lo tanto, la velocidad. Parece un contrasentido, pero sabes muy bien que no reducir la marcha supone algo peor: pararte del todo con la consecuente pérdida de tiempo. El buen conductor sabe adaptar la marcha a las circunstancias del terreno y no se queja continuamente que la carretera tenga subidas y bajadas, curvas y rectas. Simplemente es así e incluso puede llegar a ser placentero: una carretera llana y sin curvas sería profundamente aburrida. Continuar leyendo

Transformar o adaptarse, ¿qué es lo mejor?

En ocasiones, cuando estoy viviendo una situación difícil, me he planteado si debo resistirme y rebelarme contra lo que está pasando, o bien abandonar y buscar algo mejor. Me recuerda a la dualidad luchar o huir. Entonces me viene a la memoria un fragmento de una oración que escribió el teólogo y politólogo protestante Karl Paul Reinhold Niebuhr en 1943. Dice así:

Dios, dame la serenidad de aceptar las cosas que no puedo cambiar; valor para cambiar las cosas que puedo; y sabiduría para conocer la diferencia.

Para los que esten incómodos con la palabra Dios la pueden eliminar de la oración sin que por ello se pierda nada de la esencia del mensaje. La frase es simple y por ello, sumamente potente.

Así nos habla de tener serenidad para aceptar las cosas que no podemos cambiar. La primera dificultad está en saber distinguir si es algo que puedo cambiar, aunque hay algo sobre lo que no cabe ninguna duda: el pasado seguro que no. Sin embargo nos quedamos lamentándonos sobre algo que pasó, aunque sabemos que no sirve de nada. ¿Significa eso que debamos saltarnos esta fase? Yo opino que no y que es necesaria. Es importante saber aceptar el sentimiento que aparezca en ese momento, ya sea frustración, tristeza, rabia,… y darle espacio, porque aquello que hemos perdido seguro que era algo muy valioso para nosotros. Sólo cuando hemos sido lo suficientemente valientes como para vivir con esa incomodidad podremos pasar a la siguiente etapa.

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¿Sabes la diferencia entre aceptar y rendirse?

Hay ocasiones en que las cosas no ocurren tal como las habíamos planeado. Aquí podemos encontrar un amplio rango de decepciones. Desde las que podemos considerar como parte de lo cotidiano hasta decepciones o pérdidas que pueden llegar a tocarnos muy intensamente. Tras una pérdida o decepción importante los psicólogos tienen estudiado que pasamos por una serie de etapas. Concretamente, las etapas que describe la Dra. E. Kubler Ross en caso de graves pérdidas son las siguientes:

1) Negación y aislamiento: la negación nos permite amortiguar el dolor ante una noticia inesperada e impresionante; permite recobrarse.

2) Ira: la negación es sustituida por la rabia, la envidia y el resentimiento; surgen todos los por qué.

3) Pacto: ante la dificultad de afrontar la difícil realidad, surge la fase de intentar llegar a un acuerdo para intentar superar la traumática vivencia.

4) Depresión: Es un estado, en general, temporal y preparatorio para la aceptación de la realidad. Requiera recibir grandes dosis de empatía. (¿Qué es la empatía?)

5) Aceptación: quien ha pasado por las etapas anteriores en las que pudo expresar sus sentimientos -su envidia por los que no sufren este dolor, la ira, y la depresión- contemplará el próximo devenir con más tranquilidad. No hay que confundirse y creer que la aceptación es una etapa feliz sino que es una tristeza serena.

Pero en este artículo me quiero referir a aquellas pérdidas que son menos intensas, pero que debemos afrontar de una forma cotidiana. Y para esta clase de decepciones, lo que sí voy a tomar del proceso descrito anteriormente es que, independientemente del orden y número de etapas por las que se pasa, al final hay una aceptación.

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