Diferencia entre causa y estímulo: cómo gestionar mejor nuestras emociones.

Hablar sobre los sentimientos y las emociones es una cosa difícil. En muchas ocasiones, para expresarlos decimos cosas como ” me siento traicionado, juzgado, herido, maltratado, manipulado, intimidado,…” cuando no son cosas agradables.  Y también expresiones para lo agradable como “me asiento acogido, respetado, valorado …”

Esta manera de expresarse tiene un inconveniente que me gustaría resaltar: la responsabilidad de sentir lo que sentimos la ponemos en los demás, lo cual nos convierte en sus víctimas. Es cierto que lo que hacen los otros nos afecta. La cuestión es darse cuenta de hasta qué punto es la causa o sólo es un estímulo. ¿Cual es la diferencia?

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¿Podemos cambiar nuestras emociones?

Hay muchas ocasiones que reconocemos una emoción o un estado de ánimo que no deseamos y queremos cambiarlo. Es ese tipo de cosas de las que decimos: vale, fácil de decir pero difícil de hacer. ¿ Cómo se hace ? Bien, en este artículo quiero daros alguna herramienta que os puede ser de utilidad.

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La zona de confort

La zona de confort es aquel espacio en el cual nos sentimos cómodos, seguros en lo que hacemos. Es por lo tanto, una zona en la que nos sentimos muy bien. Es un buen sitio si donde estamos es donde queremos estar. Sin embargo, podría ser que queramos alcanzar un objetivo que sea para nosotros muy importante. En ese caso, quedarse en la zona cómoda supone quedarse en donde estamos, y por lo tanto, renunciar a nuestro objetivo. Moverse hacia aquello que queremos y vale la pena supone salir de nuestra zona de confort, de aquello que conocemos, de aquello que sabemos hacer bien y adentrarnos en terrenos desconocidos, que no controlamos ni conocemos.

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Cuando tener la razón no es lo más útil …

En ocasiones me encuentro en situaciones en que nos cuesta hacernos responsables de lo que nos ocurre. En mi opinión la dificultad radica en las connotaciones del término responsabilidad.

Para explicarlo utilizaré un ejemplo. Supongamos que soy un jefe de proyecto y mañana tengo que hacer una presentación de un importante proyecto. He dejado encargado la parte de presentación a una persona del equipo. Llega el gran día y voy a la oficina a recoger la documentación: planos y un pen-drive con una presentación del proyecto. Llego a la oficina del cliente, enciendo el computador, conecto el pen-drive y… ¡No hay ningún fichero grabado!

Si os preguntara de quien es la responsabilidad, supongo que me contestaríais que de la persona que debería haber grabado la presentación en el pen-drive, es obvio.

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Los 4 pasos para la expresión de la ira.

 

La Ira por Ane VanillaCulpar, gritar o golpear a alguien, son maneras de expresar nuestra ira. Sin embargo, es un modo muy superficial de manifestar lo que nos ocurre por dentro. ¿Habría una manera más plena de expresar nuestra ira? La CNV (Comunicación No Violenta), al contrario de lo que pudiera parecer, no nos propone reprimirla sino todo lo contrario, nos incita a expresarla de una manera plena. ¿ Os apetece saber cómo?

Lo primero que es útil conocer es la diferencia entre estímulo y causa. Las circunstancias, las personas y sus comportamientos pueden ser estímulos para que nosostros sintamos ira pero en ningún caso podemos decir que son la causa. Es decir, que el primer paso para poder expresar de un modo pleno la ira es reconocer nuestra responsabilidad sobre ella. Este planteamiento puede sonar un poco provocativo pero en realidad no lo es. Mirémoslo a través de un ejemplo.

Supongamos que circulo por la carretera y en mi camino me encuentro un vehículo que circula bastante por debajo de la velocidad que yo acostumbro a circular. Trato de adelantarlo, pero en ese momento pasan vehículos en dirección contraria, lo cual impide la maniobra. ¿Qué es lo que me pasa? Pues que me enfado porque no puedo adelantar y el de delante va muy lento. ¿Acaso podría reaccionar de otro modo?. Continuar leyendo

¿Sabes la diferencia entre aceptar y rendirse?

Hay ocasiones en que las cosas no ocurren tal como las habíamos planeado. Aquí podemos encontrar un amplio rango de decepciones. Desde las que podemos considerar como parte de lo cotidiano hasta decepciones o pérdidas que pueden llegar a tocarnos muy intensamente. Tras una pérdida o decepción importante los psicólogos tienen estudiado que pasamos por una serie de etapas. Concretamente, las etapas que describe la Dra. E. Kubler Ross en caso de graves pérdidas son las siguientes:

1) Negación y aislamiento: la negación nos permite amortiguar el dolor ante una noticia inesperada e impresionante; permite recobrarse.

2) Ira: la negación es sustituida por la rabia, la envidia y el resentimiento; surgen todos los por qué.

3) Pacto: ante la dificultad de afrontar la difícil realidad, surge la fase de intentar llegar a un acuerdo para intentar superar la traumática vivencia.

4) Depresión: Es un estado, en general, temporal y preparatorio para la aceptación de la realidad. Requiera recibir grandes dosis de empatía. (¿Qué es la empatía?)

5) Aceptación: quien ha pasado por las etapas anteriores en las que pudo expresar sus sentimientos -su envidia por los que no sufren este dolor, la ira, y la depresión- contemplará el próximo devenir con más tranquilidad. No hay que confundirse y creer que la aceptación es una etapa feliz sino que es una tristeza serena.

Pero en este artículo me quiero referir a aquellas pérdidas que son menos intensas, pero que debemos afrontar de una forma cotidiana. Y para esta clase de decepciones, lo que sí voy a tomar del proceso descrito anteriormente es que, independientemente del orden y número de etapas por las que se pasa, al final hay una aceptación.

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“Me siento sólo” no es un sentimiento.

Una vez un abogado me hizo una recomendación: “Si un día te entregan un documento que en su cabecera diga “contrato” ves con cuidado, porque eso no implica que lo que venga a continuación sea necesariamente un  contrato. Es más, en ocasiones es cualquier cosa menos un contrato.”

Hago este comentario porque creo que, cuando intentamos hablar de nuestros sentimientos nos ocurre algo parecido. Decimos cosas como “Me siento sólo” o “Siento que no me escuchas” y estas expresiones, aunque digan que hablan de nuestros sentimientos, en realidad no lo están haciendo.

Hablar de nuestros sentimientos es algo complicado porque nadie nos ha enseñado cómo hacerlo. Es un terreno desconocido y en el que muchas veces no queremos ni entrar. ¿No os gustaría adentrados en este mundo? ¿No os pica un poco la curiosidad? Si os parece, vamos a tratar de sacar alguna cosa en claro sobre este tema.

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¿Podemos gestionar el estrés?

Podemos definir el estrés (stress) como un fenómeno que se presenta cuando las demandas de la vida se perciben demasiado difíciles. La persona se siente ansiosa y tensa y se percibe mayor rapidez en los latidos del corazón. El estrés es lo que uno nota cuando reacciona a la presión, sea del mundo exterior sea del interior de uno mismo. El estrés es una reacción normal de la vida de las personas de cualquier edad. Está producido por el instinto del organismo de protegerse de las presiones físicas o emocionales o, en situaciones extremas, de peligro.

En determinadas condiciones, los cambios provocados por el estrés en nuestro cuerpo (aumento de la presión sanguínea, ritmo cardíaco elevado,…) resultan muy convenientes, pues nos preparan de manera instantánea para responder oportunamente y poner nuestra vida a salvo. Muchas personas en medio de situaciones de peligro desarrollan fuerza insospechada, saltan grandes obstáculos o realizan maniobras prodigiosas.

¿Cuál es entonces el problema? Lo que en situaciones apropiadas puede salvarnos la vida, se convierte en un problema cuando nuestro cuerpo interpreta como algo “peligroso” situaciones que no ponen en peligro nuestra integridad y que ocurren con frecuencia en nuestro día a día. Ello provoca que nuestro cuerpo esté en permanente alerta lo cual tiene consecuencias negativas en nuestra salud: elevación de la presión sanguínea (hipertensión arterial), gastritis y úlceras en el estómago y el intestino, disminución de la función renal, problemas del sueño, agotamiento, alteraciones del apetito,…

La sociedad moderna nos ha llevado a vivir en ambientes que facilitan que las personas sufran estrés. ¿Cómo podríamos reducirlo? Veamos algunas posibles estrategias.

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Nunca dejes que nadie te diga “no puedes hacerlo”

¿Cuántas veces os han dicho algo así cuando habéis explicado a alguien un proyecto o idea que teníais y que queríais poner a la práctica?
Creo que este tipo de respuesta es esperable y por lo tanto deberíais estar preparados para ella e, incluso, podríais utilizarla en vuestro favor como algo útil para vuestro objetivo. Vamos a ver cómo.

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Problema o Reto.

En multitud de ocasiones nos decimos la frase “Tengo un problema” y nos nos quedamos ahí, quejándonos y lamentándonos de lo que nos ha ocurrido, dando vueltas en círculo una y otra vez. ¿Tenemos alguna otra opción? ¿Podemos cambiar nuestra relación o nuestra actitud frente a los problemas? En este artículo vamos a tratar sobre ello. Continuar leyendo