El camarero en el restaurante

Hola! Cuanto tiempo sin vernos, ¿eh? Lo cierto es que he pasado un par de meses en los que he decido volcar todas mis energías en otros proyectos y he decido, con dolor, no publicar artículos durante un tiempo. Sin embargo, hoy se acaba este período de sequía si bien no quiero prometerte que vaya a escribir con la frecuencia y regularidad que lo hacía hasta ahora. No quiero que escribir y compartir contigo se convierta en una obligación. Quiero que cuando lo haga sea porque realmente lo quiero hacerlo desde el corazón. Supongo que tú también prefieres que lo haga desde el deseo de contribuir y no desde la obligación o la imposición, aunque venga de mi mismo, ¿verdad?

Así que, lo que quiero compartir contigo es algo que me ha sucedido hoy mismo, en el restaurante al que he ido a comer con unos compañeros de trabajo. Es lo siguiente:

Entramos en el restaurante. Somos catorce comensales y hacemos el pedido conjunto. Luego llega una camarera con los primeros. Trae consigo unos cuantos platos de ensalada y pregunta, ¿quien ha pedido ensalada? Las personas hablan animadamente entre ellas y no escuchan la demanda de la camarera. Así que yo lo repito en voz alta para propagar la pregunta y ayudar de esta forma a la camarera a entregar las ensaladas. Luego vuelve otra vez con otros platos y hago lo mismo.

Al cabo de un tiempo es el turno de los segundos platos. Esta vez viene un camarero y yo escucho que dice algo de ….hamburguesas. Entonces pregunto a la mesa ¿quien de vosotros a pedido hamburguesa? y mientras lo digo el camarero me coloca el plato de hamburguesa.

.- Yo no pedí hamburguesa. Le contesto. Y entonces me contesta visiblemente molesto

.- Vamos a ver, yo pregunté quien había pedido hamburguesa. Usted me dice hamburguesa y por eso se la doy. A ver si se aclara.

Y el camarero se va a repartir el resto de platos. Entonces veo que en su mano lleva varios platos, hamburguesas y otros platos de pescado. Entonces es cuando me doy cuenta que está agobiado y el hecho de que yo no haya entendido su pregunta le había provocado trabajar más de la cuenta.

Sin embargo yo continuaba estando muy molesto. Muuuucho. Estar enfadado significa tener un montón de juicios y pensamientos acerca de la persona, de las circunstancias e incluso de mi mismo. ¿Qué es lo que me estaba pasando por la cabeza?

.- “Qué manera tan agresiva y poco amable de tratarme. Yo sólo estaba tratando de ayudar y su respuesta es esa! Si esta es la manera que tiene de tratar a los clientes,… vaya tela! “
.- “debería haberle contestado algo así como “si se trata de ponerse antipático también lo sé hacer yo !!

.- ” no te dejes pisotear, mereces respeto y ser atendido con respeto y cuidado”

Entonces me di cuenta que por este incidente “tonto” me estaba desconectando de la celebración y decidí olvidarme de ello. Al llegar a casa seguía recordando el incidente y por lo que alguna cosa importante estaba pendiente de descubrir. Efectivamente, y ahora te lo cuento.

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Cuatro maneras de escuchar mensajes difíciles

Resultat d'imatges de escucharEn la entrada de hoy me gustaría compartir contigo una situación en la que nos encontramos muchas veces, que es la de recibir un mensaje que nos resulta difícil de escuchar. En este artículo espero poder ofrecerte alternativas más allá de las conocidas, ¿te parece acompañarme?

Las 4 maneras de escuchar un mensaje difícil

Lo primero que tendríamos que ver es que es escuchar un mensaje difícil. Lo primero que podríamos decir es que un mensaje puede ser difícil de escuchar para mí y en cambio para ti no lo sea. Esto es quizás la primera cosa que podríamos tener en cuenta. Entiendo que un mensaje difícil es aquel que no me gusta escuchar. Pongamos un ejemplo, Supón que alguien me dice lo siguiente “Eres un desconsiderado por no avisarme que ibas a ir a aquella fiesta“. Me molesta escuchar eso porque siempre aviso y esta vez me despisté y no lo hice.

Voy a utilizar este ejemplo para describir las cuatro maneras, según la CNV, para responder a este tipo de comentarios.

1.- Culpar a los otros

Este tipo de comentarios son recibidos como un ataque, así que el primer impulso es responder con otro ataque culpando a la otra persona. Podría ser algo como lo siguiente: “Mira quien ha ido a hablar, la que se va sin despedirse ni decir nada a nadie…” ¿Te suena? 😉

2.- Culparse a uno mismo

El ataque recibido, en vez de producir una explosión, lo que puede hacer es una implosión, es decir culparse uno mismo por lo ocurrido. Así que podría ser algo así como “Es verdad, tiene razón, soy un desconsiderado y tendría que haber avisado”. Como ves, el ataque ahora se dirige hacia uno mismo. Ya no sé qué es peor. Veamos alguna alternativa más para salir de este círculo tan dañino.

3.- Expresión honesta de nuestras necesidades y sentimientos

Esto ya suena un poco más diferente a los que estamos acostumbrados, ¿verdad? De lo que se trata es de darse cuenta que el comentario me está afectando y escucharnos y tenernos en cuenta antes de hacer ninguna cosa. Se trata de parar y hacernos las siguientes preguntas ¿qué estoy sintiendo ahora mismo? ¿Qué necesidades y valores universales son importantes para mi en esta situación y me están faltando? Quizás estoy enfadado porque pienso que siempre la he tenido en cuenta y para una vez que me despisto, me tira la caballería encima…

Después de darme cuenta de ello podría decirle lo siguiente: “Oye, cuando me dices esto, me siento entre enfadado y frustrado porque me gustaría que valoraras las muchas veces que te he tenido en cuenta porque eres una persona importante para mí“. Supongo que ya ves que esta respuesta ya se sale de lo que acostumbramos a hacer. Pero incluso podemos hacer una salto más.

4.- Escuchar las necesidades y sentimientos de la otra persona: ofrecer empatía

Para llegar a este estadio creo que es necesario haber pasado por el paso 3, aunque no lo hayamos verbalizado. De lo que se trata es de tratar a la otra persona de la misma forma que hemos hecho con nosotros mismos, es decir, darle empatía tratando de imaginar que sentimientos y necesidades tenía esa persona en el momento que me dijo lo que me dijo. Así que ahora se trata de olvidarse de uno mismo y centrarse en la otra persona. Por eso te digo que para llegar al paso 4 antes conviene haber pasado por el 3. Pongámoslo en acción.

Vamos a ver, cuando esa persona me dijo que era un desconsiderado, ¿qué podría estar sintiendo? Y sobretodo, ¿qué necesidades y valores que son importantes para ella no estaban presentes? Seguramente estaba enfadada, lo puedo reconocer por el tono con el que me lo dijo. Supongo que para ella era muy importante asistir a esa fiesta,… No sé cual debe ser el motivo. Puede ser que fuera alguien que le interesa mucho, o simplemente quería pasarlo tan bien como nosotros. Supongo que también debe ser importante formar parte del grupo. Así que le podría estar faltando compañía, pertenencia al grupo, ser tenida en cuenta y valorada como un miembro valioso. Ahora ya imagino cuales podrían ser las necesidades que le están faltando cuando me hizo ese comentario. Bueno, aunque todo esto son sólo suposiciones mías. Lo importante es saber qué pasa a esa persona así que se lo podría preguntar. Diría algo como lo siguiente:

– Cuando me dices esto, supongo que estás enfadada porque para ti es muy importante que te consideremos como una persona importante y valiosa del grupo. ¿Es así?

Si acertamos, perfecto, pero si no, podemos volver a preguntar, porque lo importante no es acertar sino nuestra actitud de interés por sus sentimientos y necesidades. Es muy probable que después de eso, esa persona se haya tranquilizado porque ya ha sido escuchada y entendida, que es lo que todos los seres humanos necesitamos cuando estamos enfadados.

Una vez esa persona ya ha sido escuchada, sí que estaría más dispuesta a escucharnos, así que podríamos intervenir nosotros para decirle cómo nos hemos sentido cuando nos hablado de esa forma, siempre en términos de necesidades y sentimientos. Así la conversación podría haber sido algo así:

– Sí es lo que dices. Estaba enfadada porque pensaba que me estabais dejando de lado.
– Ya veo. Quieres estar con todo el grupo, disfrutar juntos y que te veamos como valiosa para el grupo.
– Sí, eso.
– ¿Te va bien si te explico ahora qué me ha pasado cuando me has dicho eso?
– Vale
– Pues lo que me ha pasado es que me he sentido primero enfadado y luego triste porque me gustaría que pudieras ver lo valiosa que eres para mi y cómo te he tenido en cuenta en otras ocasiones. También triste porque no me di cuenta de lo importante que era para ti esta fiesta. Me olvidé de avisarte y me entristece que este despiste ta haya dolido tanto.
– Bueno, lo importante es que lo hayamos aclarado. Además me ha gustado mucho oírte decir que soy importante para ti.
– Pues claro !
– Pues no hay problema, todos nos despistamos alguna vez. Dame un abrazo !

Conclusiones

En este artículo hemos visto juntos las cuatro maneras de responder a mensajes difíciles. Las dos primeras se basan el modelo del ataque defensa. Las dos segundas se basan en que, todo comportamiento es un intento de satisfacer necesidades y valores universales, aunque en ocasiones la estrategia que se utiliza sea trágica. La capacidad de traducir comportamientos a necesidades y sentimientos nos permite conectar con nosotros mismos y con los demás y romper las dinámicas del ataque, defensa que tanto dolor y malos entendidos causan. ¿Qué posibilidades nos abre el todo esto?

¡Buen viaje!

P.D. Ahora tienes la posibilidad de aprender poniendo en práctica los 4 pasos de la CNV, la expresión honesta y la escucha empática, asistiendo a mis talleres. Estaré encantado si vienes para practicar esta forma de comunicarte contigo y con los demás. Consulta la sección de eventos.

Me siento juzgado, ¿es eso un sentimiento?

Muchas veces oigo expresiones como “me siento juzgado” o “me siento rechazado” y me pregunto, ¿es eso un sentimiento? Si no lo es, se le parece mucho. En todo caso ¿qué importancia podría tener que eso no sea sentimiento? Si quieres encontrar respuestas a estas preguntas te invito a que leas este artículo, ¿me acompañas?

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La intuición empática frente a las conjeturas intelectuales

Resultat d'imatges de conjeturaHoy quisiera hablarte de la diferencia entre tener una intuición empática de lo que es tener conjeturas intelectuales, situándolo en el marco de una conversación. Concretamente, me refiero a ese diálogo interno que se produce cuando estás escuchando a otra persona.

Para explicarte esta distinción creo que lo mejor será hacerlo a través de un ejemplo. Supón que vienes un día a verme y me dices que quieres explicarme una cosa que te inquieta y empiezas a hablarme, y yo me quedo en silencio. En tu conversación me explicas algo que me dispara en siguiente pensamiento:

  • “Ah mira, lo que yo creo que le está pasando es que quiere una cosa pero lo que expresa es otra cosa diferente. Quizás me está tratando de ocultar algo o se está auto engañando.”

Esto podría ser el ejemplo de una conjetura intelectual en el sentido que es algo que yo pienso que podría pasarte desde una perspectiva intelectual, mental. Analizo, comparo con mis patrones y modelos mentales y hago un diagnóstico de lo que podría estar pasándote.

Ahora que estamos de acuerdo respecto a lo entiendo como una conjetura intelectual te explicaré qué es para mi la intuición empática. Se parece a la anterior en el sentido que la intuición empática también indica que es algo presuntivo, es decir, que no tengo certeza sobre eso. Sin embargo, esa intuición se emite no desde algo intelectual sino desde la empatía, desde el corazón. Desde luego es una forma de hablar metafórica, no literal pero a mi me parece útil para entender mejor la diferencia.

Te propongo utilizar el mismo ejemplo que antes para ver mejor esa diferencia. Recuerda que vienes a verme para explicarme algo que te inquieta. Tendría una intuición empática si pensara de la siguiente forma.

  • “Vale. Me doy cuenta que cuando pienso que quizás estás tratando de ocultar algo entonces me siento inquieto porque necesito claridad y es algo que yo valoro y necesito. También me parece intuir incomodidad en tu expresión, quizás porque también esté necesitando claridad u honestidad, aunque no tengo ninguna certeza sobre eso. La única manera de saber es preguntártelo, así que es lo que voy a hacer ahora mismo.”

Si te fijas, la diferencia con respecto a la conjetura intelectual es que mi intuición (y no certeza) viene de lo que yo creo que tu podrías estar sintiendo y necesitando. Como hago referencia a necesidades y sentimientos, metafóricamente digo que viene del corazón, para distinguirlo de las conjeturas intelectuales que digo que vienen de la cabeza.

Ahora, quizás te esté preguntando: vale, ¿porqué te empeñas en hacer esta distinción? ¿Porqué es tan importante?

El impacto de este distinción en la calidad de la conexión que tenemos con las personas

Creo que la respuesta me la podrías dar tu mism@. ¿Te sentirías igual si te dijera la conjetura intelectual del ejemplo, que si te lo expresara en forma de intuición empática? Supongo que no. Quizás en la primera podrías pensar que te estoy juzgando. Si tenemos mucha confianza y conexión quizás se podría superar la desconexión y separación que provoca ese juicio, e incluso quizás podría ayudarte a ver que quizás te estás auto engañando. O no, porque sólo es una conjetura, no una certeza. Y también podría pasar, que la confianza y conexión de ese momento se rompiera porque la conjetura intelectual implica que te estoy juzgando. Y cuando a alguien le juzgan se puede sentir atacado por lo que es posible que se ponga a la defensiva.

En cambio, en la intuición empática no hay juicio sino que hay un intento de conectar con la otra persona a través de lo que podría estar sintiendo y necesitando. Incluso, aunque no acierte con el sentimiento y la necesidad, podría hacer otra intuición empática para tratar otra vez de conectar contigo, no desde lo intelectual, y más desde “el corazón”. ¿Qué tipo que conexión tu prefieres? Y sobretodo, ¿qué es lo que más te ayudaría para aclarar qué es lo que te está pasando?

Bajo el paradigma de la intuición empática hay la creencia y la fe que no hay que intervenir para cambiar ni arreglar al otro, sino que se trata de tener la confianza que la otra persona es capaz de encontrar claridad y dar el espacio para que eso sea posible a través de la empatía. Y alegrarte cuando eres testigo una y otra vez que eso pasa.

Conclusiones

Con esto no quisiera decir que hacer intuiciones es mejor que conjeturas, simplemente porque muchas veces los pensamientos surgen sin que se puedan evitar. No te estoy hablando de reprimir o controlar pensamientos. Lo que sí que está en nuestras manos es poner conciencia y darnos cuenta cuando estamos haciendo conjeturas intelectuales y cómo trasnformarlas en intuiciones empáticas si queremos conectar de forma profunda con la otra persona.

Así que esta es mi propuesta de hoy para ti. Que tengas …

¡Buen viaje!

Las consecuencias de culpabilizar a los demás de nuestros sentimientos

En muchas ocasiones oigo decir cosas similares a “él me ha hecho sentir mal” o “Me has hecho llorar“… Estos son ejemplos que demuestran de qué forma hacemos responsables a los demás nuestros sentimientos. La lógica que hay detrás de esto es algo parecido a lo siguiente: La otra persona hace algo, yo me siento mal (aunque no sea muy consciente de ello), así que la otra persona es culpable que yo me sienta mal.

Hoy quisiera hablar de esto porque esta forma de pensar tiene grandes inconvenientes y me gustaría aportarte una alternativa a la ya conocida de culpabilizar a los otros o a ti mismo, por sentirte como te sientes. Lo que se trata de estar o no en lo cierto, sino de ampliar tu campo de posibilidades para que tú elijas qué hacer ¿te apetece?

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Gritar “en jirafa”: una forma diferente de enfadarte

En otras ocasiones he tenido la oportunidad de compartir contigo maneras para entender y afrontar el enfado: Enfádate de una forma diferenteEcologia emocional: cómo transformar la basura emocional en abonoEcologia emocional: cómo transformar la basura emocional en abono2a-parte, son artículos que hemos tratado este asunto.

Así que mi propuesta de hoy para ti con respecto a este tema es que grites “en jirafa“. ¿Sabes lo que significa esto? Pues es una forma diferente de gritar más ecológica y eficaz. Si tienes curiosidad por saber más detalles y en cómo se diferencia de la forma de gritar a la que estamos acostumbrados, te invito a que escuches el 10º episodio de Conecta 3, un programa en formato podcast que realizamos Alicia Mánuel, Dani Muxi y yo mismo.

Como en todos los episodios de Conecta 3, tratamos de combinar los contenidos para difundir la Comunicación Noviolenta (CNV), con secciones más livianas como Ojos que ven corazón que siente, o incluso divertidas, como la sección, la llamada del público (en este episodio no te puedes perder la llamada de Ernesto con su “sonotone CNV”)

Puedes escucharnos mientras paseas, vas de camino al trabajo, preparas la cena… Es una invitación a enriquecerte de una forma entretenida, ¿te apetece?

¡Buen Viaje!

Las expectativas y el resentimiento.

En ocasiones hacemos cosas para los demás que no obtienen el reconocimiento que esperamos. Entonces decimos cosas como”son unos desagradecidos” “no se merecen todo lo que he hecho por ellos“. ¿Te ha ocurrido a ti alguna vez? Si es así, me gustaría reflexionar contigo algunas cosas que me parecen útiles para gestionar situaciones como éstas, ¿me acompañas?.

Las expectativas y el resentimiento

Muchas veces hago cosas para los demás. Me refiero que mis acciones buscan un fruto que beneficia a los demás y, a veces, la respuesta que obtengo no es la esperada. En esto hay una variedad de matices infinita.

Para poner un ejemplo, imagina que preparo una cena para mis amigos la cena con todo el cariño del mundo y lo que recibo es una indiferencia absoluta, es decir, que se toman la cena y no dicen nada sobre si les gusta o no les gusta.

Ante esta respuesta, o mejor, ante esta no respuesta yo me podría sentir molesto. ¿Cómo lo hago para sentirme molesto con este hecho? Pues pensar cosas como “con todo el cariño que he puesto y no se dignan ni a decirme lo buena que está la cena. Con el cariño que le he puesto. Son unos desagradecidos

Como puedes comprobar, aquí hay resentimiento hacia los receptores de aquello que yo he preparado. ¿Porqué estoy resentido? Yo creo que es por mis expectativas, es decir, porque yo espero o, mas bien, exijo una respuesta de ellos que no obtengo y por eso me enfado. Me enfado porque ellos “deberían” agradecer mi trabajo, así que en realidad lo que tengo es una exigencia hacia como deberían de comportarse ante mi acto de “generosidad”. Así que la pregunta que podría hacerme es “¿Para qué estoy preparando esta cena tan maravillosa?

Esta pregunta se merece una respuesta lo más honesta posible porque podría responder, a bote pronto, que hago la cena para que la disfruten los demás. Ahora bien, ¿sólo eso? porque si estoy resentido porque no lo agradecen significa que exijo que me lo agradezcan, porque, sino fuera así, yo no me enfadaría, ¿no crees? Así que, si soy honesto conmigo mismo, me podré dar cuenta que si hay enfado o resentimiento hacia los demás porque no me agradecen la cena significa que al menos hay una parte de exigencia en que me reconozcan mi esfuerzo y mi dedicación. Por lo tanto, si bien es una acción altruista, en el fondo no lo es del todo. Hago la cena para que la disfruten, es cierto, y también la hago para que me lo reconozcan. Hay una parte mía que exige ser visto y cuando no lo consigue se enfada. ¿Estás de acuerdo conmigo?

Me gustaría mostrarte este mismo hecho pero con una actitud diferente. Supón que voy a preparar una cena para mis amigos y quiero que la disfruten. Sin embargo, antes de empezar me hago la siguiente pregunta. ¿Quiero preparar la cena para que la disfruten mis amigos? y contesto que sí. Luego me hago la siguiente pregunta. ¿Me enfadaré si no me lo agradecen o si no me dicen que les gusta? Es decir, ¿hasta qué punto dependo o exijo la aprobación de los demás? Llevar conciencia a esa parte mía que espera aprobación, o más bien, la exige, me parece muy importante.

Supón que mi respuesta es la siguiente: “Quiero hacer la cena para que la disfruten porque les tengo estima y por eso pondré cariño y tiempo. Deseo que mi esfuerzo sea visto y me encantaría que les guste y que me lo hagan saber y al mismo tiempo, quiero liberarme de la exigencia de tener que recibir un agradecimiento. Quiero dejar la puerta abierta para que respondan de la forma más honesta posible porque quiero que sea un regalo y se lo tomen desde mi ofrecimiento y no como algo para que yo obtenga reconocimiento. Quiero honestidad aunque pueda recibir algo que me entristezca.”

Mientras cenamos veo que las personas hablan y comen de forma animada y entonces pienso. “No me dicen nada y no sé si les está gustando la cena. Me encantaría saber si les gusta o si, por el contrario, no la están disfrutando. ¿Qué pasa si me dicen que no les gusta? Pues que me sentiré triste porque me encantaría que les guste, pero no estaré enfadado con ellos. Es más, si me dicen que no les ha gustado, la próxima vez podré hacerlo diferente para que sí que lo puedan disfrutar. Y si me dicen que les ha gustado me podré muy contento porque me satisface saber que he contribuido a su bienestar.

Entonces les preguntaría “¿Qué tal os parece la cena?” …

Lo que hace la diferencia

Me gustaría señalar que en los dos casos el estímulo era el mismo (nadie decía nada respecto a la cena) y mi voluntad de contribuir al bienestar de los demás también. Sin embargo las expectativas respecto a los demás son diferentes. En el primer caso también hay una parte de mi que quiere, o en realidad, exige reconocimiento y como no lo recibo me enfado. Sin embargo en el segundo caso no hay expectativas. Hay una voluntad de regalar y no de exigir nada a cambio. Eso no significa que no haya un deseo de reconocimiento, pero no hay una exigencia. Así que me alegraré si les gusta y me entristeceré si ocurre lo contrario pero no habrá nunca enfado ni resentimiento hacia ellos, ¿ves la diferencia?

Precisamente este “detalle” hace que en el segundo caso me mueva a hacer una pregunta para saber si les está gustando o no la cena, mientras que en el primer caso me he quedado callado, resentido y enfadado con ellos porque no me han reconocido el esfuerzo.

Conclusiones

Así que lo que hace la diferencia es que en la expectativa hay una componente de exigencia y eso sólo puede llevar al enfado o al resentimiento si lo que obtengo no es lo que quiero. Por lo tanto, mi propuesta de hoy para ti es que, cuando hagas algo para los demás, lleves conciencia para darte cuenta si tienes alguna expectativa. Si es así, revisítala para ver si te puedes desapegar de ella. Hacer eso significa abrirse a la posibilidad de alegrarse o de entristecerse, es decir, abrirse a la vida y además te podrás liberar de algo que puede ser tóxico para tí: el resentimiento y el pensar que eres víctima del comportamiento de los demás.

¡Buen viaje!

Dar y recibir feedback

Dar y recibir feedback es una parte esencial tanto en mundo de las empresas como en el personal. Las personas interactúan con nosotros y eso no impacta. Unas veces esa influencia es positiva, nos enriquece y por lo tanto nos gustaría que eso efecto se incrementara. Sin embargo, otras veces esa interacción disminuye nuestro bienestar, por lo que preferiríamos reducir o eliminar ese efecto negativo. Así que la necesidad de explicar a los demás que nos ocurre y darles feedback se convierte en un elemento esencial para cuidar de nuestro bienestar.

En relación a esto y antes de continuar con el tema de feedback, me parece importante señalar que los demás son sólo un estímulo de lo que me pasa pero no son su causa. Lo que quiero decir con esto es que, ante un mismo estímulo las personas podemos responder de forma totalmente diferente. Sino piensa en alguna situación en la cual, una acción tuya haya sido vivida por las personas de tu entorno de forma muy diferente. Si lo que hacemos fuera la causa de lo que sienten los demás, todo el mundo reaccionaria de la misma forma ante el mismo estímulo y la experiencia nos demuestra que no es así. Es más, incluso nosotros mismos podemos sentir cosas diferentes ante el mismo estímulo dependiendo del momento vital en el que estemos o de nuestro estado físico o emocional. Así que lo que hacen los demás influyen en mis sentimientos pero no los determinan.

Entonces, si esto es así, significa que los demás dejan de ser los culpables cuando hacen algo que disminuye mi bienestar. Asumir eso supone entrar en un nuevo mundo en el que ya no hay culpables y dejan de estar justificadas las amenazas y los castigos que pretenden forzar a los demás para que “depongan su actitud”. En este nuevo mundo ya no hay buenos ni malos, víctimas ni verdugos y yo dejo de tener TODA la razón.

Pero entonces se me abre una pregunta, ¿qué hago con lo que siento cuando los demás hacen alguna cosa que disminuye mi bienestar si ya no son ni los causantes ni los responsables? Si no hay nadie a quien echar la culpa de cómo me siento, ¿qué hago para cuidar de mi bienestar? Porque darme cuenta de esto no hace que el mundo sea mejor para mi…

Mi respuesta es que, lo que me gustaría es que los demás cambiasen su forma de comportarse, pero sólo si lo hacen de forma voluntaria porque quieren contribuir a mi bienestar y eso es más probable que lo hagan si pido desde lo que yo necesito admitiendo que soy vulnerable en vez de exigir a los demás cómo deben de comportarse para que yo me sienta bien. Porque cuando exijo, los demás sólo tienen dos alternativas: o se someten o se rebelan y yo no quiero ninguna de las dos cosas. No quiero que cambien su forma de actuar por miedo a mis amenazas, porque los castigue o porque los manipule haciéndoles sentir culpables de cómo yo me siento. Ese es un juego en el que a la larga todos perdemos.

Darme cuenta de que cuando interactúo con los demás soy vulnerable y tengo necesidades y valores que quiero respetar y cuidar me ayuda a darme cuenta que mi bienestar está en mis manos. Así que, siempre puedo pedir desde lo que necesito y si los demás no quieren contribuir desde el corazón a mi bienestar siempre puedo encontrar otras alternativas y estrategias, porque ya sé cuales son las necesidades y los valores universales que son valiosas para mi en ese momento.

Darme cuenta de esto me da a mi y a los demás apertura de posibilidades y también algo que yo valoro muuuucho: libertad.

¡Buen viaje!

El hombre que odiaba la Navidad.

Aquí tenéis mi regalo de Navidad: un pequeño relato. Espero que lo disfrutéis.

Erase una vez …
… una persona que no quería celebrar la navidad. De hecho la odiaba y por ello la gente no quería estar con él porque decían que era un amargado y ellos querían ser felices. Eso le confirmaba su idea que la Navidad era un tiempo horrible y entendía todavía menos cómo era posible que la gente estuviera tan feliz en Navidad. Así que, durante las fechas navideñas, intentaba relacionarse lo menos posible con las personas.

Precisamente uno de esos días, estando sentado en un banco de un parque que le gustaba frecuentar, una persona se sentó a su lado. No le gustó, porque él quería estar sólo y esa persona estaba rompiendo esa necesidad de distancia que era tan viva en esas fechas. Además esa persona canturreaba algo indescifrable y parecía especialmente feliz, lo cual aún le daba aún más rabia.

Pensó que era uno de esos activistas de las Navidades Felices y decidió poner remedio a eso lo más rápido posible y le dijo:

– ¿No te parece que las Navidades son una época triste y horrible, donde la gente es especialmente pesada cantando villancicos y desparramando felicidad sin ton ni son?

Esa persona dejó de canturrear y se quedó en silencio. Su cara no reflejaba ningún enfado a pesar de su comentario. Simplemente le miró a los ojos de una forma firme y suave. Los facciones estaban relajadas y eso fue algo que lo desconcertó por completo porque estaba acostumbrado a que la gente se apartara de él o simplemente empezara a discutir. Entonces esa persona le dijo:

– Por lo que me preguntas, las Navidades son para ti una época triste y horrible.
– Muy perspicaz – le contestó.

(Aunque estaba menos enfadado, aún deseaba estar solo y quería quitarse de encima a esa persona con ese comentario irónico. Si continuaba contestando de forma impertinente seguro que lo iba a conseguir. Sin embargo, esa persona contestó)

– Me parece que te he dicho una obviedad- respondió el desconocido de forma tranquila
– Sí. No hay que ser muy listo para darse cuenta. – Contestó nuevamente de forma irónica
– Y eso no te ha gustado.
– No. Para nada
-Ya veo… además creo que no te gusta que la gente en estas fechas desparrame felicidad sin ton ni son…

(Aún quería ahuyentarle pero le estaba costando mucho continuar con esa actitud porque esa persona no tenía muchas ganas de discutir. Decidió continuar explicando lo que le pasaba)

-Sí ¡Cantan y son felices sólo porque es Navidad !
-Entiendo que dices que la gente es feliz sólo porque toca estar feliz y me parece que no te gusta, porque para ti es importante ser auténtico y no seguir lo que los otros dicen que has de hacer o sentir.

(Parecía que esa persona le estaba entendiendo. Al menos nunca hasta entonces le había escuchado así…)

-¡Eso! Parece que en Navidad sea obligatorio estar feliz… ¿y si uno no tiene ganas de serlo o simplemente tiene motivos para estar triste?
-… supongo que deben haber motivos, que la gente no sabe, que hacen legítima tu tristeza. Me parece que te molesta que alguien o algo quiera imponerte la forma en que debes sentirte porque valoras mucho tu libertad…
-Sí ….
-… sobretodo cuando es algo tan personal como los sentimientos. Valoras y quieres respetar eso que te pasa, aunque eso no les guste a los demás, ¿no?
-Sí, es eso.

(Su enfado había desparecido porque estaba conectando con aquellos valores que eran fundamentales para él. Esa conexión con lo esencial le estaba llevando a una conexión muy profunda. Las cosas estaban cobrando un sentido que antes no tenían y eso, curiosamente, le estaba calmando. Entonces continuó)

-Para es muy importante respetarme y quiero tener la libertad de sentir lo que sea, aunque eso no le guste a los demás. Al mismo tiempo, pago un alto precio por ello: me aleja de los demás.
-Creo que, además de la libertad y el respeto hacia ti mismo, también valoras mucho la conexión y proximidad hacia los demás.
-Sí…
– … y te encantaría encontrar alguna manera de actuar en la que no tengas que renunciar a todo esto que es tan valioso e importante para ti , ¿verdad?
-Sí… es eso.

(Entonces hizo una profunda respiración. Algo había cambiado en su interior. Había claridad donde antes sólo había lío mental, juicios y rabia. Se dio cuenta que podía tener un profundo respeto hacia lo que sentía y que, al mismo tiempo también podía respetar profundamente la alegría que sentían los otros, aunque él no la compartiera. Podía estar con sus sentimientos sin pensar que los otros le estaban tratando de imponer cómo debía sentirse. De hecho, eso era imposible porque sólo él era el dueño de su alma. Unas lágrimas brotaron en sus ojos… Entonces miró a esa persona que “sólo” le había escuchado de una forma tan profunda.. )

-Gracias por escucharme así, porque has hecho posible que yo mismo me pueda escuchar. Gracias por regalarme empatía. Te deseo que pases unas Navidades felices….¡ o no ! –

(Le guiño un ojo para compartir la complicidad de ese comentario y de despidió de él. El parque, la calle y las personas con las que se cruzaba, ahora le parecían diferentes. Incluso la Navidad le parecía que había cambiado…)

-Desde luego, es cierto aquello que dice que “el mundo cambio cuando uno cambia

Fin

P.D. Te deseo unas navidades llenas de empatía.

Ser vulnerable no es lo mismo que ser débil, ¿porqué?

Archivo:Superman Herido.pngHoy quiero empezar con un acertijo. Me gustaría que me contestaras a lo siguiente:

¿Qué es lo que tenemos en común los seres humanos?

Venga, te dejo un tiempo para que lo pienses … ¿lo tienes ya? …. puedes buscar por internet a ver qué encuentras… ¿Has encontrado una respuesta que te satisfaga? … Si es así, estaré encantado que me dejes un comentario en el blog para compartirla con todo el mundo, y si no la tienes, o lo que has encontrado no te satisface te puedo dar mi respuesta.

Mi respuesta a esta pregunta es…..

… lo que tenemos en común los seres humanos es….

….

Lo que tenemos los seres humanos en común es que somos humanos.

Estoy casi seguro que estás pensando que te estoy tomando el pelo o que me estoy burlando de ti, pero no es así. De hecho me gustaría que pensáramos juntos que es lo que quiero decir con esta obviedad. Mi respuesta quiere llevarte a que pensemos qué es lo que hace que seamos humanos. Quizá me puedas responder que los humanos somos animales racionales, así que lo que tenemos en común es nuestra inteligencia.

Si es así, acepto tu respuesta, aunque yo tengo una propuesta diferente. Yo creo que lo que tenemos en común es que los seres humanos somos vulnerables y lo que nos hace vulnerables es que tenemos necesidades.

Cuando digo necesidades me refiero a las necesidades universales tal y como se entienden en la CNV (Comunicación NoViolenta). Las necesidades es aquello que es indispensable en nuestra vida y que engloba las necesidades vitales (respirar, comer, beber, domir, evacuar), nuestras necesidades de seguridad material y afectiva y las necesidades de desarrollo como pueden ser la de contrubuir a la vida, necedidad de dar sentido.

Efectivamente todos los seres humanos compartimos necesidades como la empatía, el respeto, la sinceridad, la belleza, la igualdad, la consciencia, la espiritualidad… Que todos tengamos las mismas necesidades no significa que todos tengamos las mismas necesidades en el mismo momento, sin embargo, sí que podemos vibrar cuando reconocemos una necesidad en otro ser humano. Que tengamos necesidades es lo que nos hace vulnerables y por lo tanto, humanos. Creo que podrás reconocer la belleza de necesidades como el amor, la belleza, la libertad, la espiritualidad, la empatía,… y también creo que es fácil de entender que cuando nos faltan, entonces sufrimos.

Por ejemplo, si hay algo que encuentro profundamente repulsivo, seguramente será porque me está faltando algo que yo valoro también profundamente: la belleza. Al reconocer y aceptar que lo repulsivo me afecta, que soy vulnerable a eso, también reconozco la importancia que tiene para mi la belleza. Lo repulsivo me permite darme cuenta que la belleza es importante, lo cual me conecta con mi humanidad y con la vida.

En resumen, reconocer que somos vulnerables nos permite abrirnos al dolor que sentimos cuando tenemos necesidades que nos están faltando. Permitirnos sentir el dolor y aceptarlo de forma incondicional abre la puerta a reconocer necesidades que son muy bellas y valiosas, lo cual nos conecta con la vida. Hacer esto, más que una muestra de debilidad, es para mi una verdadera muestra de valentía. Además, saber qué nos está faltando, puede llevarnos a emprender acciones para tomar responsabilidad de nuestras vidas de una forma mucho más consciente y eficaz.

!Buen viaje!