El camarero en el restaurante

Hola! Cuanto tiempo sin vernos, ¿eh? Lo cierto es que he pasado un par de meses en los que he decido volcar todas mis energías en otros proyectos y he decido, con dolor, no publicar artículos durante un tiempo. Sin embargo, hoy se acaba este período de sequía si bien no quiero prometerte que vaya a escribir con la frecuencia y regularidad que lo hacía hasta ahora. No quiero que escribir y compartir contigo se convierta en una obligación. Quiero que cuando lo haga sea porque realmente lo quiero hacerlo desde el corazón. Supongo que tú también prefieres que lo haga desde el deseo de contribuir y no desde la obligación o la imposición, aunque venga de mi mismo, ¿verdad?

Así que, lo que quiero compartir contigo es algo que me ha sucedido hoy mismo, en el restaurante al que he ido a comer con unos compañeros de trabajo. Es lo siguiente:

Entramos en el restaurante. Somos catorce comensales y hacemos el pedido conjunto. Luego llega una camarera con los primeros. Trae consigo unos cuantos platos de ensalada y pregunta, ¿quien ha pedido ensalada? Las personas hablan animadamente entre ellas y no escuchan la demanda de la camarera. Así que yo lo repito en voz alta para propagar la pregunta y ayudar de esta forma a la camarera a entregar las ensaladas. Luego vuelve otra vez con otros platos y hago lo mismo.

Al cabo de un tiempo es el turno de los segundos platos. Esta vez viene un camarero y yo escucho que dice algo de ….hamburguesas. Entonces pregunto a la mesa ¿quien de vosotros a pedido hamburguesa? y mientras lo digo el camarero me coloca el plato de hamburguesa.

.- Yo no pedí hamburguesa. Le contesto. Y entonces me contesta visiblemente molesto

.- Vamos a ver, yo pregunté quien había pedido hamburguesa. Usted me dice hamburguesa y por eso se la doy. A ver si se aclara.

Y el camarero se va a repartir el resto de platos. Entonces veo que en su mano lleva varios platos, hamburguesas y otros platos de pescado. Entonces es cuando me doy cuenta que está agobiado y el hecho de que yo no haya entendido su pregunta le había provocado trabajar más de la cuenta.

Sin embargo yo continuaba estando muy molesto. Muuuucho. Estar enfadado significa tener un montón de juicios y pensamientos acerca de la persona, de las circunstancias e incluso de mi mismo. ¿Qué es lo que me estaba pasando por la cabeza?

.- “Qué manera tan agresiva y poco amable de tratarme. Yo sólo estaba tratando de ayudar y su respuesta es esa! Si esta es la manera que tiene de tratar a los clientes,… vaya tela! “
.- “debería haberle contestado algo así como “si se trata de ponerse antipático también lo sé hacer yo !!

.- ” no te dejes pisotear, mereces respeto y ser atendido con respeto y cuidado”

Entonces me di cuenta que por este incidente “tonto” me estaba desconectando de la celebración y decidí olvidarme de ello. Al llegar a casa seguía recordando el incidente y por lo que alguna cosa importante estaba pendiente de descubrir. Efectivamente, y ahora te lo cuento.

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Los actos violentos que nos repugnan

Una dResultat d'imatges de gritare las cosas más útiles que he encontrado en la práctica de la CNV (Comunicación Noviolenta) es el principio que dice que cualquier acto humano es un intento de satisfacer necesidades universales. Lo que ocurre es que cuando esos actos son acciones violentas o muy violentas, nos cuesta mucho entender que esa acción esté tratando de satisfacer alguna necesidad humana. Este principio de la CNV está muy próximo a una presuposición de la PNL que dice que cualquier acto humano siempre tiene una intención positiva. Igualmente, esta presuposición puede generar rechazo en estos casos

Quiero tratar este tema contigo porque es una cuestión que me han planteado más de una vez y entenderlo nos puede ayudar a tener mucha más compasión hacia comportamientos violentos que cometemos contra nosotros mismos o contra los demás. Porque si somos capaces de ser compasivos con nosotros mismos en estas situaciones, seremos menos violentos con nosotros y entonces también podremos serlo hacia comportamientos de los demás, lo cual nos acerca a un mundo más compasivo y en el que la violencia no genere más violencia.

Lo primero que me gustaría señalar es que a veces (o muchas veces) actuamos sin ser conscientes de qué estamos necesitando. Sobretodo ocurre cuando estamos en una situación límite, por ejemplo, cuando estamos enfadados y gritamos. Esta emoción implica que estamos sufriendo y no encontramos otra forma de expresar nuestra desesperación por lo que ocurre. Exigimos que los demás hagan algo para ayudarnos pero es muy probable que no nos demos cuenta que lo que estamos necesitando con mucha intensidad y urgencia es escucha y empatía. Si esto es así, significaría que mi forma de actuar para pedir escucha y empatía es gritar, ¿no te parece una expresión trágica de necesidades?

Así que la inconsciencia, es decir, el no saber qué necesidades me están faltando, me puede llevar a lugares a las antípodas de lo que estoy deseando. Por lo tanto, algo que me puede ser muy útil cuando estoy enfadado es pararme para ser consciente que estoy necesitando con urgencia empatía y escucha. Y antes de continuar la escalada que me llevará al grito, es urgente que encuentre escucha en alguien y si no es posible, la puedo en mi mismo (auto empatía) como recurso de urgencia. Después de que me haya dado la escucha necesaria, es probable que encuentre otras necesidades que no estén satisfechas y que me han llevado al enfado.

La segunda cosa que quisiera señalar es que conviene recordar que la CNV hace una diferencia muy clara entre necesidades y estrategias. Es decir, que pueden haber múltiples estrategias (acciones) para satisfacer una misma necesidad. Curiosamente la PNL tiene una presuposición que nos recuerda la misma idea cuando nos dice que conviene distinguir entre lo que son nuestras acciones y la intención positiva que hay tras ellas. Si nos olvidamos de esta distinción entonces nos es difícil de entender que una acción violenta pueda ser un intento (trágico y seguramente no satisfactorio para el que lo comete) de satisfacer necesidades.

Así que la próxima vez que te cueste buscar las necesidades que podrían estar cubriendo acciones que no te gustan o que incluso te repugnan, ya sean tuyas o de otra persona, recordar esto quizás te ayude a conectar con la compasión hacia ti misma y/o hacia los demás. Eso contribuirá a crear un mundo más compasico en el que la violencia no genere más violencia.

¡Buen viaje !

¿Para qué meditas?

 

Francesc “meditando”

Cuando me he puesto a escribir sobre la meditación y cuales son mis motivaciones para practicarla, he tenido la curiosidad de saber para qué medita la gente en general. Podría haber hecho una encuesta a las personas que conozco, pero me decantado por algo menos laborioso. He hecho al Sr. Google la siguiente pregunta ¿Para que meditar? De las posibles respuestas te traigo estas dos:

El propósito de la meditación es cultivar estados mentales que nos proporcionen bienestar y tranquilidad, y eliminar los demás.” (http://www.meditarabcn.org/budismo/porque-meditar/)

La meditación se refiere a una práctica de naturaleza intelectual a través del cual se potencia la atención y la consciencia en el momento presente. Sea cual sea el motivo por el que una persona decide empezar a meditar, lo cierto es que la consecuencia es siempre la misma: un estado mental y físico de serenidad, paz interior, concentración y creatividad, …”

(http://www.vidanaturalia.com/meditacion-para-que-sirve-meditar-y-que-beneficios-tiene-la-meditacion/)

Bueno, ahí tienes “buenos” motivos para meditar y también quisiera explicarte los míos. Para simplificarlo al máximo te diría que medito porque me sienta muy bien. Podría extenderme muchísimo en las razones y los beneficios que obtengo y que experimento con esta práctica pero lo que me viene de gusto compartir contigo es algo que he descubierto hace poco y que me está resultando de mucha utilidad con respecto a mis motivaciones.

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Cuatro maneras de escuchar mensajes difíciles

Resultat d'imatges de escucharEn la entrada de hoy me gustaría compartir contigo una situación en la que nos encontramos muchas veces, que es la de recibir un mensaje que nos resulta difícil de escuchar. En este artículo espero poder ofrecerte alternativas más allá de las conocidas, ¿te parece acompañarme?

Las 4 maneras de escuchar un mensaje difícil

Lo primero que tendríamos que ver es que es escuchar un mensaje difícil. Lo primero que podríamos decir es que un mensaje puede ser difícil de escuchar para mí y en cambio para ti no lo sea. Esto es quizás la primera cosa que podríamos tener en cuenta. Entiendo que un mensaje difícil es aquel que no me gusta escuchar. Pongamos un ejemplo, Supón que alguien me dice lo siguiente “Eres un desconsiderado por no avisarme que ibas a ir a aquella fiesta“. Me molesta escuchar eso porque siempre aviso y esta vez me despisté y no lo hice.

Voy a utilizar este ejemplo para describir las cuatro maneras, según la CNV, para responder a este tipo de comentarios.

1.- Culpar a los otros

Este tipo de comentarios son recibidos como un ataque, así que el primer impulso es responder con otro ataque culpando a la otra persona. Podría ser algo como lo siguiente: “Mira quien ha ido a hablar, la que se va sin despedirse ni decir nada a nadie…” ¿Te suena? 😉

2.- Culparse a uno mismo

El ataque recibido, en vez de producir una explosión, lo que puede hacer es una implosión, es decir culparse uno mismo por lo ocurrido. Así que podría ser algo así como “Es verdad, tiene razón, soy un desconsiderado y tendría que haber avisado”. Como ves, el ataque ahora se dirige hacia uno mismo. Ya no sé qué es peor. Veamos alguna alternativa más para salir de este círculo tan dañino.

3.- Expresión honesta de nuestras necesidades y sentimientos

Esto ya suena un poco más diferente a los que estamos acostumbrados, ¿verdad? De lo que se trata es de darse cuenta que el comentario me está afectando y escucharnos y tenernos en cuenta antes de hacer ninguna cosa. Se trata de parar y hacernos las siguientes preguntas ¿qué estoy sintiendo ahora mismo? ¿Qué necesidades y valores universales son importantes para mi en esta situación y me están faltando? Quizás estoy enfadado porque pienso que siempre la he tenido en cuenta y para una vez que me despisto, me tira la caballería encima…

Después de darme cuenta de ello podría decirle lo siguiente: “Oye, cuando me dices esto, me siento entre enfadado y frustrado porque me gustaría que valoraras las muchas veces que te he tenido en cuenta porque eres una persona importante para mí“. Supongo que ya ves que esta respuesta ya se sale de lo que acostumbramos a hacer. Pero incluso podemos hacer una salto más.

4.- Escuchar las necesidades y sentimientos de la otra persona: ofrecer empatía

Para llegar a este estadio creo que es necesario haber pasado por el paso 3, aunque no lo hayamos verbalizado. De lo que se trata es de tratar a la otra persona de la misma forma que hemos hecho con nosotros mismos, es decir, darle empatía tratando de imaginar que sentimientos y necesidades tenía esa persona en el momento que me dijo lo que me dijo. Así que ahora se trata de olvidarse de uno mismo y centrarse en la otra persona. Por eso te digo que para llegar al paso 4 antes conviene haber pasado por el 3. Pongámoslo en acción.

Vamos a ver, cuando esa persona me dijo que era un desconsiderado, ¿qué podría estar sintiendo? Y sobretodo, ¿qué necesidades y valores que son importantes para ella no estaban presentes? Seguramente estaba enfadada, lo puedo reconocer por el tono con el que me lo dijo. Supongo que para ella era muy importante asistir a esa fiesta,… No sé cual debe ser el motivo. Puede ser que fuera alguien que le interesa mucho, o simplemente quería pasarlo tan bien como nosotros. Supongo que también debe ser importante formar parte del grupo. Así que le podría estar faltando compañía, pertenencia al grupo, ser tenida en cuenta y valorada como un miembro valioso. Ahora ya imagino cuales podrían ser las necesidades que le están faltando cuando me hizo ese comentario. Bueno, aunque todo esto son sólo suposiciones mías. Lo importante es saber qué pasa a esa persona así que se lo podría preguntar. Diría algo como lo siguiente:

– Cuando me dices esto, supongo que estás enfadada porque para ti es muy importante que te consideremos como una persona importante y valiosa del grupo. ¿Es así?

Si acertamos, perfecto, pero si no, podemos volver a preguntar, porque lo importante no es acertar sino nuestra actitud de interés por sus sentimientos y necesidades. Es muy probable que después de eso, esa persona se haya tranquilizado porque ya ha sido escuchada y entendida, que es lo que todos los seres humanos necesitamos cuando estamos enfadados.

Una vez esa persona ya ha sido escuchada, sí que estaría más dispuesta a escucharnos, así que podríamos intervenir nosotros para decirle cómo nos hemos sentido cuando nos hablado de esa forma, siempre en términos de necesidades y sentimientos. Así la conversación podría haber sido algo así:

– Sí es lo que dices. Estaba enfadada porque pensaba que me estabais dejando de lado.
– Ya veo. Quieres estar con todo el grupo, disfrutar juntos y que te veamos como valiosa para el grupo.
– Sí, eso.
– ¿Te va bien si te explico ahora qué me ha pasado cuando me has dicho eso?
– Vale
– Pues lo que me ha pasado es que me he sentido primero enfadado y luego triste porque me gustaría que pudieras ver lo valiosa que eres para mi y cómo te he tenido en cuenta en otras ocasiones. También triste porque no me di cuenta de lo importante que era para ti esta fiesta. Me olvidé de avisarte y me entristece que este despiste ta haya dolido tanto.
– Bueno, lo importante es que lo hayamos aclarado. Además me ha gustado mucho oírte decir que soy importante para ti.
– Pues claro !
– Pues no hay problema, todos nos despistamos alguna vez. Dame un abrazo !

Conclusiones

En este artículo hemos visto juntos las cuatro maneras de responder a mensajes difíciles. Las dos primeras se basan el modelo del ataque defensa. Las dos segundas se basan en que, todo comportamiento es un intento de satisfacer necesidades y valores universales, aunque en ocasiones la estrategia que se utiliza sea trágica. La capacidad de traducir comportamientos a necesidades y sentimientos nos permite conectar con nosotros mismos y con los demás y romper las dinámicas del ataque, defensa que tanto dolor y malos entendidos causan. ¿Qué posibilidades nos abre el todo esto?

¡Buen viaje!

P.D. Ahora tienes la posibilidad de aprender poniendo en práctica los 4 pasos de la CNV, la expresión honesta y la escucha empática, asistiendo a mis talleres. Estaré encantado si vienes para practicar esta forma de comunicarte contigo y con los demás. Consulta la sección de eventos.

Si haces esto… me enfado

Resultat d'imatges de enfadoHoy quisiera compartir contigo un patrón de comportamiento entre personas que veo muy a menudo y del cual me parece útil sacar a la luz para tomar conciencia de él. Se trata del patrón que quiero simbolizar con el título del post: Si haces esto, entonces me enfado. Tu verás … O aquello de “Tú haz lo que quieras pero …” Seguro que alguna vez has sido objeto de este chantaje emocional y también es posible que alguna vez también lo hayas utilizado.

Así que lo que quiero tratar en este artículo es descubrir cual es la manera de entender los sentimientos de uno mismo y de los demás cuando se hacen este tipo de comentarios y también proporcionar un enfoque diferente al que ya conocemos para que tengas más posibilidades de acción. ¿Te apuntas?

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Las consecuencias de culpabilizar a los demás de nuestros sentimientos

En muchas ocasiones oigo decir cosas similares a “él me ha hecho sentir mal” o “Me has hecho llorar“… Estos son ejemplos que demuestran de qué forma hacemos responsables a los demás nuestros sentimientos. La lógica que hay detrás de esto es algo parecido a lo siguiente: La otra persona hace algo, yo me siento mal (aunque no sea muy consciente de ello), así que la otra persona es culpable que yo me sienta mal.

Hoy quisiera hablar de esto porque esta forma de pensar tiene grandes inconvenientes y me gustaría aportarte una alternativa a la ya conocida de culpabilizar a los otros o a ti mismo, por sentirte como te sientes. Lo que se trata de estar o no en lo cierto, sino de ampliar tu campo de posibilidades para que tú elijas qué hacer ¿te apetece?

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La inteligencia emocional y la CNV (Comunicación Noviolenta)

En el artículo de hoy me gustaría hablarte de algo que puede resultar difícil de hacer, no porque sea difícil en sí mismo, sino porque no nos han enseñado a hacerlo, o al menos a mi y a muchos de mi generación. Se trata de hablar de los sentimientos.

Es posible que al ver esto, tu impulso haya sido el dejar de leer porque quizás pienses que es un lío en el que no quieres meterte o que es un asunto que no te va llevar a nada práctico. Te digo esto porque yo, no hace muchos años, es exactamente lo que hubiera hecho.

Hablar de sentimientos, escucharlos y darles espacio para hacer algo con ello era algo que estaba fuera de mi alcance hasta hace sólo unos pocos años. Hoy me veo todavía como un aprendiz, y a la vez quiero reconocerme el gran camino que he hecho gracias a la Comunicación Noviolenta. Así que, en el artículo de hoy, quiero explicarte el enfoque de la CNV con respecto a este tema. ¿Te apetece acompañarme?

El lado práctico de los sentimientos

Para empezar, te propongo ir un poco más allá del mundo en blanco y negro que supone decir “me siento bien” o “me siento mal“. La CNV nos proporciona un amplio listado de sentimientos agrupados según si se producen cuando hay o cuando no hay necesidades satisfechas (puedes consultar el listado). Esto quizá no te parezca muy relevante, pero la capacidad de poner un nombre a aquello que sentimos ya ejerce un primer efecto beneficioso.

Los avances en neurociencia nos aportan evidencias que dicen que nombrar la emoción reducen la actividad de la amígdala a un 50%, cuyo papel principal es el procesamiento y almacenamiento de reacciones emocionales. Nombrar la emoción es una forma de poner conciencia a eso que nos está pasando, lo cual permite reconectar el sistema límbico con el neocórtex, lo que nos ayuda a salir de lo que Daniel Goleman llamó secuestro emocional.

Sin embargo, la CNV nos ofrece la posibilidad de ir un paso más allá, porque nos permite conectar las emociones y los sentimientos con necesidades y valores universales, lo cual me parece clave para tomar acciones eficaces. Voy a través de explicarme a través de un ejemplo.

Supón que alguien hace alguna cosa y yo me enfado. El primer paso consiste en reconocer simplemente eso, que estoy enfadado y darle la bienvenida a esa sensación, lo cual ya es un verdadero reto, al menos para mi. Al pararme evito reaccionar ante el estímulo y eso supone dar un espacio a la libertad de elegir una respuesta diferente a la que me pide el cuerpo. Es parecido a lo que nos decían de, antes de actuar, cuenta hasta 10, y produce el efecto que hemos explicado antes. Pero no nos vamos que quedar aquí.

Así que una vez hecho eso, la pregunta que me surge es ¿Porqué me he enfadado de esta manera? Así que me ponga a la búsqueda de razones por las cuales yo me he enfadado y siempre acabo por encontrar mil razones por las cuales yo tengo razón y la otra persona no. Así que el enfado, lejos de irse, aumenta, junto con toda la nube de pensamientos que le acompañan. Esto no funciona.

Lo que propone la CNV es dejar de buscar razones por las que estoy enfadado y ponerme a buscar cuales son mis necesidades no satisfechas. Siguiendo el ejemplo de antes, si yo estoy enfadado, lo más probable es que haya un juicio hacia los demás sobre como deberían ser las cosas. Por ejemplo, pienso que “él debería tratarme mejor“. Entonces utilizo este juicio hacia los demás para descubrir que lo que yo estoy necesitando es cuidado y atención.

¿Porqué me parece ta importante este paso? Primero porque esto sirve para conectar de nuevo el sistema límbico con el neocórtex, por lo que la actividad de la amígdala desciende todavía más. Si nombrar la emoción es útil, todavía lo es más conectar con la necesidad que hay detrás de la emoción. En definitiva, el efecto es que la emoción cambia de intensidad. Así que el abanico de posibilidades se abre porque ya no me veo sometido al secuestro emocional.

En segundo lugar, poner conciencia en lo que necesito me permite poner en acción estrategias mucho más eficaces que si no lo supiera. Por ejemplo, si lo que necesito es atención y cuidado no voy a hacer lo mismo que si necesito diversión, tranquilidad o reconocimiento. Es más, muchas veces me siento mal y culpo a los demás por ello cuando ni yo mismo no soy consciente de lo que realmente estoy necesitando.

¿Te das cuenta de lo simple y potente que es esto? Los sentimientos desagradables son un poderoso sistema de alarma que me dicen que hay una o varias necesidades y valores universales que no están atendidos. Así que se trata de indagar cuales son, para poder hacer peticiones y poner en marcha acciones lo más eficaces posibles.

Conclusión

Este enfoque de las emociones y los sentimientos que aporta la CNV me ha ayudado a entender que las emociones desagradables también tienen derecho a existir y merecen ser escuchadas. Este es el aprendizaje que he hecho y que voy aplicando con éxitos y también con fracasos. Los primeros los celebro y de los segundos hago duelo y obtengo aprendizajes.

Si escucho con atención las emociones, puedo recibir el mensaje valioso me quieren enviar en forma de necesidades pendientes de ser atendidas, aunque muchas veces ese mensajero tenga un aspecto desagradable e incluso amenazador. Sin embargo escuchar a alguien tan “maleducado” ahora tiene todo el sentido y merece ese esfuerzo.

Espero que este enfoque te sirva de utilidad como a mi me está sirviendo. Este es uno de los motivos por los que practico y enseño CNV.

¡Buen viaje!

Las expectativas y el resentimiento.

En ocasiones hacemos cosas para los demás que no obtienen el reconocimiento que esperamos. Entonces decimos cosas como”son unos desagradecidos” “no se merecen todo lo que he hecho por ellos“. ¿Te ha ocurrido a ti alguna vez? Si es así, me gustaría reflexionar contigo algunas cosas que me parecen útiles para gestionar situaciones como éstas, ¿me acompañas?.

Las expectativas y el resentimiento

Muchas veces hago cosas para los demás. Me refiero que mis acciones buscan un fruto que beneficia a los demás y, a veces, la respuesta que obtengo no es la esperada. En esto hay una variedad de matices infinita.

Para poner un ejemplo, imagina que preparo una cena para mis amigos la cena con todo el cariño del mundo y lo que recibo es una indiferencia absoluta, es decir, que se toman la cena y no dicen nada sobre si les gusta o no les gusta.

Ante esta respuesta, o mejor, ante esta no respuesta yo me podría sentir molesto. ¿Cómo lo hago para sentirme molesto con este hecho? Pues pensar cosas como “con todo el cariño que he puesto y no se dignan ni a decirme lo buena que está la cena. Con el cariño que le he puesto. Son unos desagradecidos

Como puedes comprobar, aquí hay resentimiento hacia los receptores de aquello que yo he preparado. ¿Porqué estoy resentido? Yo creo que es por mis expectativas, es decir, porque yo espero o, mas bien, exijo una respuesta de ellos que no obtengo y por eso me enfado. Me enfado porque ellos “deberían” agradecer mi trabajo, así que en realidad lo que tengo es una exigencia hacia como deberían de comportarse ante mi acto de “generosidad”. Así que la pregunta que podría hacerme es “¿Para qué estoy preparando esta cena tan maravillosa?

Esta pregunta se merece una respuesta lo más honesta posible porque podría responder, a bote pronto, que hago la cena para que la disfruten los demás. Ahora bien, ¿sólo eso? porque si estoy resentido porque no lo agradecen significa que exijo que me lo agradezcan, porque, sino fuera así, yo no me enfadaría, ¿no crees? Así que, si soy honesto conmigo mismo, me podré dar cuenta que si hay enfado o resentimiento hacia los demás porque no me agradecen la cena significa que al menos hay una parte de exigencia en que me reconozcan mi esfuerzo y mi dedicación. Por lo tanto, si bien es una acción altruista, en el fondo no lo es del todo. Hago la cena para que la disfruten, es cierto, y también la hago para que me lo reconozcan. Hay una parte mía que exige ser visto y cuando no lo consigue se enfada. ¿Estás de acuerdo conmigo?

Me gustaría mostrarte este mismo hecho pero con una actitud diferente. Supón que voy a preparar una cena para mis amigos y quiero que la disfruten. Sin embargo, antes de empezar me hago la siguiente pregunta. ¿Quiero preparar la cena para que la disfruten mis amigos? y contesto que sí. Luego me hago la siguiente pregunta. ¿Me enfadaré si no me lo agradecen o si no me dicen que les gusta? Es decir, ¿hasta qué punto dependo o exijo la aprobación de los demás? Llevar conciencia a esa parte mía que espera aprobación, o más bien, la exige, me parece muy importante.

Supón que mi respuesta es la siguiente: “Quiero hacer la cena para que la disfruten porque les tengo estima y por eso pondré cariño y tiempo. Deseo que mi esfuerzo sea visto y me encantaría que les guste y que me lo hagan saber y al mismo tiempo, quiero liberarme de la exigencia de tener que recibir un agradecimiento. Quiero dejar la puerta abierta para que respondan de la forma más honesta posible porque quiero que sea un regalo y se lo tomen desde mi ofrecimiento y no como algo para que yo obtenga reconocimiento. Quiero honestidad aunque pueda recibir algo que me entristezca.”

Mientras cenamos veo que las personas hablan y comen de forma animada y entonces pienso. “No me dicen nada y no sé si les está gustando la cena. Me encantaría saber si les gusta o si, por el contrario, no la están disfrutando. ¿Qué pasa si me dicen que no les gusta? Pues que me sentiré triste porque me encantaría que les guste, pero no estaré enfadado con ellos. Es más, si me dicen que no les ha gustado, la próxima vez podré hacerlo diferente para que sí que lo puedan disfrutar. Y si me dicen que les ha gustado me podré muy contento porque me satisface saber que he contribuido a su bienestar.

Entonces les preguntaría “¿Qué tal os parece la cena?” …

Lo que hace la diferencia

Me gustaría señalar que en los dos casos el estímulo era el mismo (nadie decía nada respecto a la cena) y mi voluntad de contribuir al bienestar de los demás también. Sin embargo las expectativas respecto a los demás son diferentes. En el primer caso también hay una parte de mi que quiere, o en realidad, exige reconocimiento y como no lo recibo me enfado. Sin embargo en el segundo caso no hay expectativas. Hay una voluntad de regalar y no de exigir nada a cambio. Eso no significa que no haya un deseo de reconocimiento, pero no hay una exigencia. Así que me alegraré si les gusta y me entristeceré si ocurre lo contrario pero no habrá nunca enfado ni resentimiento hacia ellos, ¿ves la diferencia?

Precisamente este “detalle” hace que en el segundo caso me mueva a hacer una pregunta para saber si les está gustando o no la cena, mientras que en el primer caso me he quedado callado, resentido y enfadado con ellos porque no me han reconocido el esfuerzo.

Conclusiones

Así que lo que hace la diferencia es que en la expectativa hay una componente de exigencia y eso sólo puede llevar al enfado o al resentimiento si lo que obtengo no es lo que quiero. Por lo tanto, mi propuesta de hoy para ti es que, cuando hagas algo para los demás, lleves conciencia para darte cuenta si tienes alguna expectativa. Si es así, revisítala para ver si te puedes desapegar de ella. Hacer eso significa abrirse a la posibilidad de alegrarse o de entristecerse, es decir, abrirse a la vida y además te podrás liberar de algo que puede ser tóxico para tí: el resentimiento y el pensar que eres víctima del comportamiento de los demás.

¡Buen viaje!

¡Alegra esa cara! (2º parte)

Después del último artículo (¡Alegra esa cara!) he recibido algunos comentarios de personas cercanas diciéndome: “¿de verdad respondiste así a esa persona? ¿Esa no es una respuesta muy CNV (Comunicación NoViolenta), verdad? Así que me he decido ha escribir este post para aclarar algunas cosas y también sobre cual fue mi intención al escribir ese artículo.

Vamos a ver, lo primero que yo quería conseguir con ese artículo es señalar algo que a mi me parece importante. Hay personas que creen que animar a alguien cuando sienten una emoción desagradable es una forma de ayudarles, cuando lo que se consigue muchas veces es el efecto contrario. Al explicar mi anécdota traté de ilustrar ese efecto.

Lo segundo que quería hacer es una reivindicación: cuando tengo un sentimiento desagradable o incómodo quiero tener la valentía de permitírmelo y no quiero que nadie me diga que es lo que debo sentir. Permíteme que me explique un poco mejor.

Cuando sentimos emociones agradables significa que hay una o varias necesidades universales que están satisfechas. De igual manera, cuando sentimos alguna emoción desagradable significa que nos están faltando una o varias necesidades universales. Así que los sentimientos y las emociones nos sirven para conectar y reconocer lo que es valioso e indispensable en nuestras vidas: las necesidades y los valores universales.

Por ejemplo, el el pasado artículo te expliqué que yo me enfadé porque pensé que la otra persona quería imponerme la forma en que yo me debía sentir. Si no afronto y acepto la emoción que estoy experimentando no podré descubrir nunca que mi enfado responde a una necesidad de libertad y de respecto hacia lo que estoy sintiendo. Así que la rabia me permite conectar con mis necesidades de libertad y de auto-aceptación, que son muy vivas e importantes para mi. Si no me permito sentir la rabia porque “está mal” sentir eso, es imposible descubrir qué necesidades son valiosas para mi.

También quiero destacar que permitirse sentir y nada más, no me parece suficiente, porque si hay sentimiento y no descubrimos las necesidades que hay en su raíz, entonces perdemos una oportunidad preciosa de trascender lo que sentimos. De hecho hay mucha gente que no se permite enfadarse y que reprime ese sentimiento y por lo tanto no puede llegar nunca a descubrir cuales son los valores y necesidades universales que les están llevando a sentir la ira.

El problema de la ira es que se produce porque uno cree que lleva “La Razón“. Tener “La Razón” es muy peligroso porque el que la posee está legitimado para castigar, gritar o imponer, es decir se convierte en administrador de la justicia. Por ejemplo, yo pensaba que la otra persona me estaba imponiendo la forma en que yo debía sentirme. Cuando alguien trata de imponerte algo lo único que puedes hacer es rebelarte o someterte y  yo elegí rebelarme. Así que mi respuesta venía desde un deseo de preservar mi libertad y mi respeto hacia mi propia persona.

Por otra parte, ahora me doy cuenta que esa persona no quería imponerme nada. Sabiendo esto pienso que podría haber actuado de una forma diferente. Fíjate que de aquí a sentirme culpable por la forma en que respondí hay sólo un pequeño paso que no quiero dar, porque eso significaría juzgarme y culpabilizarme, y eso me acerca a comportamientos violentos hacia mi mismo.

Así que lo que me planteo es si podría encontrar una forma de actuar que fuera respetuosa hacia mi persona y que a la vez lo fuera también hacia los demás, sin necesidad de juzgarme ni de castigarme sintiéndome culpable por ello. Una respuesta que ahora se me ocurre que podría funcionar sería contestar a esa persona de una forma diferente.

– Realmente estoy de mal humor. Diciéndome que ponga buena cara supongo que quieres que me sienta mejor, ¿verdad?

-….

– Pues esto que me has dicho no me ayuda nada a sentirme mejor y al mismo tiempo te agradezco mucho tu interés. ¿Qué te parece esto que te estoy diciendo?

Esta respuesta trata de ser respetuosa y asertiva con mis necesidades a la vez que muestro interés por el impacto de mis palabras en la otra persona. Es una forma de decir, “yo soy importante y a la vez, también me importas tú.” Como ves, no hace falta ni castigarse ni sentirse culpable para encontrar formas de cuidarse uno mismo a la vez que somos respetuosos con los demás.

Conclusiones

En definitiva, los mensajes que quería transmitir son:

  • Tratar de consolar a alguien, no es empatía.
  • Uno tiene todo el derecho de sentirse como se siente. Puedes hacer uso de tu libertad para permitírtelo y así transformarlo.
  • El sentimiento de culpa es una forma violenta de tratarse a uno mismo y al mismo tiempo, tiene una intención positiva. Si somos capaces de descubrir las necesidades que está tratando de cubrir ese sentimiento de culpa podemos encontrar comportamientos que sean respetuosos hacia los demás y hacia uno mismo.

Espero que te haya aclarado alguna cosa más.

¡Buen viaje!

¡Alegra esa cara!

A veces, tratamos de contribuir al bienestar de una persona y la estrategia que escogemos consigue el efecto contrario. En relación a esto quiero compartir contigo una cosa que me pasó hace unos días y que tiene que ver justamente con esto. Se trata de lo siguiente.

La historia pasó en el trabajo. Yo llevaba dos días en los que me estaban surgiendo problemas inesperados y no estaba sabiendo cómo resolverlos. Esto me agobiaba porque se me acumulaba el trabajo y mi cabeza no paraba de darle vueltas sin resolverlo. Entonces, recibí una llamada de una persona quejándose por un servicio.

Cuando acabó la conversación estaba frustrado porque no había conseguido resolver la situación y también estaba molesto porque esa persona no había valorado los esfuerzos que habíamos hecho para tratar resolver la incidencia. No paraba de pensar cosas como: “Hagas lo que hagas nunca están satisfechos” “Sólo tengo quejas y nadie valora el trabajo que se hace” “No paro de tener problemas…”.

Así que entré en el ascensor con todo este jaleo en mi cabeza. Seguro que mi cara reflejaba este lío, porque una compañera de trabajo que estaba en el ascensor me dijo: “Alegra esa cara, hombre”. Supongo vio el estado de ánimo en mi cara e intentó animarme.

Desde luego te aseguro que lejos de animarme lo que consiguió fue un efecto totalmente contrario. En ese momento recibí esas palabras como un ataque en toda regla porque pensé: “¿Acaso tiene alguna idea de lo que me está pasando? ¿No tengo derecho a estar enfadado después de todo lo que estoy aguantando? ¿Acaso la gente tiene que poner buena cara a pesar de lo que le suceda? ¡Qué manera de imponer a los demás un estado de ánimo!”

Así que le respondí de la siguiente manera: ¡Cómo que alegre la cara! ¡Yo pongo la cara que me da la gana! ¡No faltaría más! Se lo dije muy enfadado y ella respondió que no hacía falta que me pusiera así. Por suerte las puertas del ascensor se abrieron y yo pude “huir” muy agitado por todo lo que había pasado.

Tratar de cambiar el estado de ánimo de alguien no es empatía

Me gustaría compartir contigo algunas cosas que me parecen muy importantes con respecto a esta anécdota. Vayamos por partes y comencemos por ella. ¿Qué es lo que la impulsó a hacer ese comentario? Yo me imagino que quería que me sintiera mejor y intentar animarme era su estrategia para satisfacer su necesidad de contribuir a mi bienestar.

Ahora bien, lo que obtuvo fue un efecto contrario en mi porque lo que yo necesitaba más urgentemente era una escucha empática y querer consolar a alguien porque se siente mal, puede ser adecuado en otras ocasiones pero no lo es si la otra persona necesita empatía. Yo estaba muy agitado y cuando me dijo que cambiara la cara pensé que no entendía nada de lo que me pasaba y que tenía que cambiar de humor simplemente porque ella lo decía. ¿Qué pasaba conmigo? ¿Lo que yo estaba sintiendo tenía alguna importancia? Como ves, el efecto que consiguió tratando de cambiar mi estado de ánimo fue que me enfadara todavía más, justo lo contrario de lo que pretendía.

Algo parecido pasa cuando alguien está deprimido y explica cómo se siente a una persona y entonces ésta le dice que se anime, que mire las cosas positivas de la vida, que se fije en lo que tiene y no en lo que le falta… ¡No, por favor! Os pido que no hagáis eso a menos que queráis que esa persona piense que no entendéis nada de lo que le pasa… Ya sé que se hace con las mejores de las intenciones, pero si quieres contribuir a su bienestar quizás sea más eficaz escuchar y nada más. (¿Sabemos lo que es realmente la escucha empática?).

Otra de las situaciones en las que se pueden ocurrir algo parecido es en los entierros. Hay algunas personas que ante el dolor de una persona por una pérdida consideran que tratar de animarla es lo mejor que pueden hacer para contribuir. Sin embargo yo me pregunto, ¿acaso no está justificado que esa persona sienta dolor por la pérdida de alguien querido? ¿Porque no honrar el dolor de esa persona acompañandola sin tratar de cambiar ni de mitigar ese dolor? Yo creo que, aunque parezca eso sea no hacer nada, en realidad es hacer mucho por ella.

Alguna cosa más…

No me gustaría que creas que para mi está mal intentar animar a alguien. Lo único que quiero es dar un poco más de claridad que nos permita decidir cual podría ser la mejor manera de contribuir al bienestar de una persona, sobretodo cuando lo que una persona está necesitando es empatía.

Finalmente, es posible que estés pensando que mi respuesta en el ascensor fue brusca hacia la otra persona porque que no tuve en cuenta las intenciones de contribuir a mi bienestar. Estoy de acuerdo y también no quiero sentirme culpable teniendo en cuenta que esa fue la mejor respuesta que pude dar teniendo en cuenta ese momento y esas circunstancias. Ahora bien, sabiendo lo que sé ahora y habiendo recibido empatía por lo que me ocurrió, creo que otra vez que me ocurra lo mismo podría responder algo así:

– Realmente estoy de mal humor. Diciéndome que ponga buena cara supongo que quieres que me sienta mejor, ¿verdad?
– Pues esto que me has dicho no me ayuda nada a sentirme mejor y al mismo tiempo te agradezco mucho tu interés . Si quieres luego nos vemos y te lo explico con calma.
– ¿Qué te parece?