Pedir en positivo y los inconvenientes de pedir lo que no queremos.

En nuestra vida diaria es habitual hacer y recibir peticiones. Así, hay veces en las que alguien hace algo que me disgusta y entonces le pido que deje de hacerlo. Ahora bien, ¿te has planteado alguna vez los inconvenientes que tiene el pedir las cosas que no quieres que hagan los demás? ¿Cuales podrían ser las ventajas de pedir lo que quieres en vez de lo que no quieres? En este este post voy explicarte cuales son estas ventajas y te propondré un método de dos pasos para ponerlo en práctica. ¿Me acompañas?

Continuar leyendo

Atacar o huir, ¿y si hubiera algo más?

Estimad@ lector. En este post te propongo que pensemos juntos acerca de las estrategias que utilizamos cuando nos afrontamos a una dificultad, ni importa cuál sea su envergadura, ni de qué tipo sea. En mi opinión, nos movemos en el paradigma de la lucha o la huída. Supongo qué te preguntas que tiene que ver esto con la forma que encaramos las dificultades.

Permítime que te lo explique con un ejemplo. Supón que tengo la siguiente dificultad. Hay una persona en que me trata de una forma desconsiderada y yo creo que a las personas hay que tratarlas con respeto así que no me gusta su manera de proceder. El planteamiento sobre la cuestión es que “debería” tratarme con consideración porque eso es lo “correcto”. Así que debe de cambiar de actitud y para conseguirlo se me ocurren sólo dos maneras que están basadas en el ataque o la huida.  ¿O quizás haya más?

La estrategia del ataque.

Llamo estrategia del ataque cuando quiero obligar al otro a actuar de una forma diferente a como lo está haciendo. Según mi juicio, hay una forma de actuar correcta y otra incorrecta y como opino que el otro lo hace mal entonces es el otro el que debe cambiar. Si te fijas, es una imposición basada en un juicio sobre lo que es correcto e incorrecto.

Resultados que se obtienen al aplicar la estrategia del ataque.

Supongamos que consigo imponer a los demás una forma de actuar. La primera reflexión es que si yo me impongo significa que el otro pierde. Si el otro pierde lo más probable es que esté resentido conmigo. Es decir, que a la próxima que pueda va a ir contra mi. Como dice el dicho “arrieros somos y en el camino nos encontraremos“.

Este es el mejor de los casos, porque, muchas veces, simplemente no consigo imponer mi manera de entender cómo se deben comportar los demás. El motivo es muy simple: a nadie le gusta que le digamos cómo debe comportarse. O sea, que he perdido mucha energía tratando de imponer algo y, además, no lo he conseguido y me siento frustrado.

Estrategia de la huida.

Vayamos a la segunda forma de reaccionar que es la que llamo la huida. La primera parte del razonamiento se comparte con la estrategia del ataque. Se basa en que yo tengo la razón y el otro está equivocado. La diferencia está en que no pretendo que el otro cambie, ya sea porque ya lo he intentado antes con todas mis fuerzas y de mil maneras diferentes y no lo he conseguido o porque juzgo que no voy a poderlo conseguir.

Ante esto, simplemente me rindo y dejo que continúe ocurriendo porque simplemente no puedo hacer nada para evitarlo. Como mucho, de vez en cuando me quejo de lo mala que es la otra persona y busco la simpatía en otras personas contándoles lo mal que se porta. Al explicarlo busco que me den la razón, porque la tengo, claro. Si son mis amigos me dan la razón y así me quedo tan tranquilito en mi no hacer nada. Jodido pero tranquilo, al menos aparentemente.

Si lo bajamos al ejemplo de antes, sería dejar que esa persona continúe actuando de la manera que lo hace y cada vez que ocurre quejarme amargamente de lo “mala persona” que es. Esta opción tiene la ventaja de consumir mucha menos energía que la del ataque. Busca la supuesta paz que da una retirada aunque a costa de quedarnos en la queja.

La vía de la aceptación.

¿Hay una estrategia diferente a la del ataque y la huida? Yo creo que sí. ¿Te apetece que te la explique?

Continuar leyendo

Atacar o huir, ¿y si hubiera algo más?

Estimad@ lector. En este post te propongo que pensemos juntos acerca de las estrategias que utilizamos cuando nos afrontamos a una dificultad, ni importa cuál sea su envergadura, ni de qué tipo sea. En mi opinión, nos movemos en el paradigma de la lucha o la huída. Supongo qué te preguntas que tiene que ver esto con la forma que encaramos las dificultades.

Permítime que te lo explique con un ejemplo. Supón que tengo la siguiente dificultad. Hay una persona en que me trata de una forma desconsiderada y yo creo que a las personas hay que tratarlas con respeto así que no me gusta su manera de proceder. El planteamiento sobre la cuestión es que “debería” tratarme con consideración porque eso es lo “correcto”. Así que debe de cambiar de actitud y para conseguirlo se me ocurren sólo dos maneras que están basadas en el ataque o la huida.  ¿O quizás haya más?

La estrategia del ataque.

Llamo estrategia del ataque cuando quiero obligar al otro a actuar de una forma diferente a como lo está haciendo. Según mi juicio, hay una forma de actuar correcta y otra incorrecta y como opino que el otro lo hace mal entonces es el otro el que debe cambiar. Si te fijas, es una imposición basada en un juicio sobre lo que es correcto e incorrecto.

Resultados que se obtienen al aplicar la estrategia del ataque.

Supongamos que consigo imponer a los demás una forma de actuar. La primera reflexión es que si yo me impongo significa que el otro pierde. Si el otro pierde lo más probable es que esté resentido conmigo. Es decir, que a la próxima que pueda va a ir contra mi. Como dice el dicho “arrieros somos y en el camino nos encontraremos“.

Este es el mejor de los casos, porque, muchas veces, simplemente no consigo imponer mi manera de entender cómo se deben comportar los demás. El motivo es muy simple: a nadie le gusta que le digamos cómo debe comportarse. O sea, que he perdido mucha energía tratando de imponer algo y, además, no lo he conseguido y me siento frustrado.

Estrategia de la huida.

Vayamos a la segunda forma de reaccionar que es la que llamo la huida. La primera parte del razonamiento se comparte con la estrategia del ataque. Se basa en que yo tengo la razón y el otro está equivocado. La diferencia está en que no pretendo que el otro cambie, ya sea porque ya lo he intentado antes con todas mis fuerzas y de mil maneras diferentes y no lo he conseguido o porque juzgo que no voy a poderlo conseguir.

Ante esto, simplemente me rindo y dejo que continúe ocurriendo porque simplemente no puedo hacer nada para evitarlo. Como mucho, de vez en cuando me quejo de lo mala que es la otra persona y busco la simpatía en otras personas contándoles lo mal que se porta. Al explicarlo busco que me den la razón, porque la tengo, claro. Si son mis amigos me dan la razón y así me quedo tan tranquilito en mi no hacer nada. Jodido pero tranquilo, al menos aparentemente.

Si lo bajamos al ejemplo de antes, sería dejar que esa persona continúe actuando de la manera que lo hace y cada vez que ocurre quejarme amargamente de lo “mala persona” que es. Esta opción tiene la ventaja de consumir mucha menos energía que la del ataque. Busca la supuesta paz que da una retirada aunque a costa de quedarnos en la queja.

La vía de la aceptación.

¿Hay una estrategia diferente a la del ataque y la huida? Yo creo que sí. ¿Te apetece que te la explique?

Continuar leyendo

El poder de la empatía: cómo responder a una pregunta incómoda

El otro día leí un artículo en un blog sobre psicologia que decía lo siguiente “20 respuestas ingeniosas a la pregunta ¿me estás analizando? El autor explica que ésta es una de las preguntas a las que un psicólogo o estudiante de psicología se debe enfrentar cuando revela su identidad a los demás. Las respuestas son realmente ingeniosas. Os pongo alguna de ellas:

“Yo no trabajo gratis.

Sí, te estoy analizando; pero la verdad es que no te quiero preocupar.

El diagnóstico es reservado.

¿Y tú crees que no tengo nada mejor que hacer? …”

Lo que me pasó al cabo de un rato de leerlas es que me quedó una sensación extraña. Las respuestas me hicieron sonreir pero con una cierta sensación agridulce. Detrás de ellas percibí una cierta agresividad, pero no gratuita, sino aquella que utilizamos cuando percibimos que nos atacan. Supongo que a un psicólogo o estudiante de psicología no le debe sentar muy bien que le hagan esta pregunta y para defenderse utiliza la ironía. Si lo único que pretende es mostrarse ingenioso creo que es una respuesta eficaz.Ahora, si lo que quiere es que los demás entiendan que no le ha gustado para nada la pregunta, que está harto u ofendido y quiere que le comprendan, la verdad es que no me parece que estas respuestas vayan a ser muy eficaces.

¿Alguna vez te has sentido molesto ante una pregunta y no has sabido cómo responderla? ¿Te gustaría poder explicar a los demás tu incomodidad sin que ello conlleve una respuesta agresiva? ¿O simplemente quieras responder con ironía ácida, pero no desde la reactividad, sino desde la libertad de hacerlo, porque crees que es la mejor opción entre varias disponibles? Si has respondido afirmativamente a alguna de estas preguntas te propongo un método en 4 pasos que te puede ser de utilidad.

Continuar leyendo

Esperando para aparcar…

Hoy quiero empezar con una cita de Epicteto, filósofo que nació en el año 55 dC y que dice así:

 “No es lo que ha sucedido lo que molesta a un hombre, sino su juicio sobre lo sucedido. Cuando alguien te irrita, ten por seguro que es tu propia opinión la que te ha irritado”.

Este fin de semana he tenido la oportunidad de comprobarlo con mi familia. Os explico lo que ha pasado.

Era sábado por la tarde y queríamos hacer algunas compras, así que decidimos ir a un centro comercial. Como era media tarde la afluencia de gente era máxima. Había un poco de cola de vehículos para entrar en el parking. Lógicamente, había un montón de coches intentando aparcar. Total, que después de dar algunas vueltas vimos un coche que estaba llenando el maletero con la compra que había realizado. Le hice una señal para saber si iba a salir y me contestó asintiendo. Entonces decidimos que era mejor esperar a que acabara de cargar el coche con sus compras a continuar dando vueltas para tratar de encontrar un sitio. Así que nos quedamos esperando.

Lo que vimos fue a dos personas que antes de cargar la compra discutían sobre cómo colocarla en el maletero. También ocurría que parte de lo que habían cargado lo descargaban nuevamente para recolocarlo de una forma diferente.

Mientras ocurría esto, ¿que es lo que nos pasaba? Pues que empezamos a hacer comentarios sobre lo que estábamos viendo. Decíamos cosas como…

Continuar leyendo

Actuar desde la tolerancia o desde la aceptación. ¿Cuál es la diferencia?

En algún otro artículo (Tolerar vs Aceptar) ya he explicado que no es lo mismo aceptar que tolerar. Las definiciones de ambos términos ya nos lo muestran:

Aceptar: Recibir voluntariamente o sin oposición lo que se da, ofrece o encarga.

Tolerar: Permitir algo que no se tiene por lícito, sin aprobarlo expresamente.

En la aceptación no hay oposición o resistencia. Sin embargo el término tolerar conlleva la idea de permitir algo que no se considera correcto. Por lo tanto hay un juico y se considera que algo o alguien está equivocado y a pesar de ello, se permite.

Ante una persona o comportamiento que no nos gusta tendemos como mucho a tolerar y en contadas ocasiones, lo aceptamos. Seguramente es porque asociamos aceptación con la aprobación de la conducta que nos repugna. Y éste es precisamente el error, porque se puede aceptar sin que ello signifique que estemos de acuerdo.

Por otra parte, si estamos de acuerdo que siempre es más fácil tolerar que aceptar ¿Qué es lo que gano aceptando en contraposición a la simple tolerancia?

Continuar leyendo

Sinceros y sincericidas. ¿Sabes la diferencia?

Está claro que la sinceridad es un valor. En este artículo quiero reflexionar sobre lo que puede significar llevar la sinceridad a un punto radical. Me refiero a situaciones en las que las personas expresan lo que piensan sin ningún tipo de filtro, tal y como les pasa por la cabeza, sin calcular las consecuencias de aquello que dicen. Es esta manera de entender la sinceridad a la que me refiero.

Para ver la diferencia os pondré algún ejemplo para que veaís la diferencia entre la sinceridad y el “sincericidio”.

Supongamos que voy por la calle y me encuentro con un amigo. Después de un rato de hablar con él me doy cuenta que lleva la camiseta al revés (es un pelín despistado) y se me plantea la siguiente duda: Si se lo digo se va a sentir ridículo y eso no me gusta… sin embargo si no se lo digo, va a ir por la calle sin darse cuenta que lleva la camiseta al revés… Vaya, que se lo digo y que decida él mismo que es lo que va a hacer….

“Oye, perdona pero, ¿ Te habías dado cuenta que llevas la camiseta al revés?” …

Lo que me ha movido a ser sincero es mi interés hacia la otra persona para evitarle que haga el ridículo llevando la camiseta al revés. He creído que con mi sinceridad el va a salir beneficiado.

Habría otra postura, en la cual se lleva la sinceridad hacia un lugar un poco diferente. Ilustrémoslo con otro ejemplo.

Voy por la calle y me encuentro con mi amigo. Esta vez lleva una camiseta con un diseño que no me gusta nada. Total, que nada más verle le digo:

“Oye, llevas una camiseta muy fea”.

En este ejemplo, he sido radicalmente sincero. Es más, podría pensar que si no se lo digo, no soy auténtico: para ser auténtico hay que decir lo que se piensa, y punto. Sin embargo, cuando actúo de esta forma no estoy teniendo en cuenta las consecuencias que pueda tener lo que yo digo sobre la otra persona, es decir, estoy poniendo mi necesidad de expresarme de una forma totalmente libre por delante de las posibles consecuencias que pudiera eso tener sobre los demás. Y ya sabemos que nuestra libertad acaba cuando empieza la de los otros.

Siguiendo con el ejemplo anterior, ¿Acaso la otra persona me había pedido mi opinión sobre su camiseta? Entonces, ¿Para que se la doy? ¿Podría ser que estuviera actuando con una sinceridad irreflexiva en la que no cuento con lo que le pase a la otra persona?

Uno podría pensar entonces que nunca hay que decir cosas que puedan herir a la otra persona. Tampoco se trata de pasarse al otro extremo. Lo que os propongo es que haya siempre una cierta reflexión respecto a qué es lo que pretendemos con ello y haber pensado antes las posibles consecuencias de ello y si lo que conseguimos es lo que pretendemos. Y en caso que sea así, adelante. Vale la pena tener siempre en cuenta cual es nuestra intención y hacer de ella nuestro marco de referencia para tomar nuestra decisión.
En fin, pensemos en las consecuencias que puede traer la sinceridad llevada hasta las últimas consecuencias. Como en muchas cosas, incluída la sinceridad,
el veneno está en la dosis.
¡Buen viaje!

Las consecuencias de no darse cuenta de lo que se piensa.

Hoy os quiero hablar de algo que nos ocurre contínuamente y de lo que raras veces nos damos cuenta. Me refiero a la confusión entre los hechos y lo que pensamos respecto a los hechos que estamos observando.  Es decir, que confundimos hechos y opiniones (ver al entrada del  ¿saber diferenciar hechos de opiniones? ) y eso tiene sus consecuencias. Permitirme que lo explique con un ejemplo.

Continuar leyendo

La Queja.

(Tiempo de lectura aprox. 3 min)

La queja es algo que todos conocemos muy bien. La única diferencia está en la frecuencia en que nos quejamos. Pero aunque lo hacemos continuamente intuimos que no es algo que sea muy efectivo. No es de extrañar que esté teniendo auge la iniciativa “no quejarse durante 21 días”. Con ello aseguran que mejorará nuestra salud. En este artículo os propongo una aproximación a la queja un poco diferente en la cual transformaremos la queja en algo que nos sea de más utilidad. Continuar leyendo