Gestión de conflictos. Plan de acción

conflictPor fin ya hemos llegado a la última entrega sobre cómo gestionar conflictos. Juntos hemos recorrido un camino que empezó en la primera entrega, cuando vimos cuales son los factores clave para resolver una situación conflictiva. En la segunda parte aprendimos a traducir nuestros juicios en necesidades y en la tercera aplicamos la misma habilidad para descubrir las necesidades que se escondían detrás de un comportamiento.
En esta última entrega, tal y como te prometí, toca dejar de reflexionar y entrar en acción. ¿De qué forma? Pues haciendo peticiones y negociando estrategias que puedan ser adecuadas para todas las partes.
Todo ello se sustenta en que, la inmensa mayoría de los conflictos se producen a nivel de estrategias pero no a nivel de necesidades. Ya vimos que descubrir las necesidades que hay detrás de un comportamiento es muy importante  a la hora de buscar estrategias. Para explicarte con mayor claridad esto que estoy exponiendo te pondré un ejemplo de un conflicto. Para ello haré el proceso desde el principio, para que puedas ver las diferentes fases y etapas por las que voy a pasar aplicándolo de una forma práctica. Vamos allá.

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Gestionar conflictos, 3ª parte. El lugar donde nos podemos ver y reconocer.

conflictBienvenid@ a la tercera parte que trata sobre la gestión de conflictos. Recuerda que en el primer artículo de la serie (Gestionar conflictos (1era parte) vimos juntos  la importancia de darnos cuenta de cual es nuestro nivel de compromiso si queremos resolver una relación conflictiva y cómo “el tener la razón” puede alejarnos de ello. En la segunda parte (Gestionar conflictos 2ªparte) aprendimos a traducir juicios en necesidades, que son las razones profundas que dan sentido al conflicto y que conviene que no pierdas por el camino y quedamos que en esta entrada íbamos a tratar de mirar hacia la otra parte en conflicto.

Antes de entrar en materia, creo que es muy importante resaltar cual va a ser el marco general de todo el proceso:  la intención de conectar con la otra persona para indagar cuales son sus razones profundas para mantenerse en el conflicto. Recuerda que esas razones las habíamos llamado necesidades (Link a Necesidades). Es aquello que es indispensable en nuestra vida ya que engloba nuestras necesidades vitales (respirar, beber, dormir, evacuar), de seguridad (material y afectiva,…) y de desarrollo (de contribuir a la vida, de sentido,..). Las necesidades son universales y semejantes a todos los seres humanos y precisamente por eso, cuando nos hablamos a este nivel, todos los seres humanos nos podemos comprender. Por eso resulta tan importante llegar a ellas.

Por lo tanto, si son universales y estan detrás de cualquier comportamiento humano, lo que toca ahora es buscar, con la intención de encontrar, cuales podrían ser las necesidades que hay escondidas detrás del comportamiento de la otra persona. Ya hemos visto que este proceso puede no ser evidente pero también sabemos que sólo en este lugar es donde vamos a poder encontrar estrategias que sean respetuosas con las necesidades de ambas partes. Para ello te propongo seguir el mismo proceso que has hecho tú para encontrar las tuyas. Son 4 pasos:

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Cómo gestionar un conflicto: 2ª parte

conflictBienvenidos a la segunda entrada de la serie dedicada a la gestión de conflictos. En la primera vimos la importancia de darnos cuenta de cual es nuestro nivel de compromiso si queremos resolver una relación conflictiva y cómo “el tener la razón” puede alejarnos de ello.

La entrada de hoy, comenzará de la forma en la que concluimos, ¿te acuerdas?: vamos a investigar juntos las muy buenas razones que hacen que te mantengas en la situación de conflicto. Porque si estás asumiendo ese coste tiene que haber algo muy importante que quieres conservar y conviene que no lo pierdas. Quizás pueda parecerte provocador que te diga que quieres mantenerte en el conflicto cuando seguro que es algo que no te gusta. Mi creencia es que las personas siempre tienen razones de peso para hacer lo que hacen, así que,¿cuales son las tuyas?

Te podría ayudar a encontrarlas si escribes en un papel los juicios sobre la otra persona y sobre ti y los transformas en necesidades insatisfechas. Las necesidades según la CNV son siempre bellas, universales. Traducir juicios en necesidades es algo que puede resultar complicado, simplemente porque no estamos acostumbrados a ello, así que creo que lo más fácil va ser explicartelo a través de ejemplos. En algunos verás que los juicios los convierto rápidamente en necesidades. Otros requieren indagar un poco más y hay más elaboración. Te recuerdo que si tienes dificultad para traducir tus juicios en necesidades puedes contactar conmigo dejándome un mensaje en la pestaña de contacto. Vamos a ver los ejemplos.

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Cómo gestionar un conflicto: 1era parte. El coste de tener la razón

conflictÉste va a ser el primero de una serie de artículos destinados a la gestión de conflictos. En esta serie te voy a dar las claves que te van a ayudar a salir de una situación conflictiva que quieres solucionar. Para que te puedan ser de máxima utilidad esta serie de artículos puedes pensar en una situación de bloqueo con una persona, ya sea en el ámbito laboral como en el personal para aplicar lo que vayas viendo a tu propio caso. ¿La tienes ya? Vamos a por ello.

El primer paso consiste en saber cuán importante es para ti esa relación porque eso va a determinar tu grado de compromiso con tu objetivo de restablecer esa relación perdida. Otra manera de mirarlo es encontrar cual es TU coste (emocional, de desarrollo de la tarea, …) que supone que esa relación esté rota. Si te importa muy poco la relación o bien eso tiene un coste muy bajo entonces no hace falta que sigas leyendo este artículo porque tu compromiso con restablecer puentes será muy bajo. Vamos, que esperarás que sea el otro el que haga algo, porque ” no es tu problema”.

Sin embargo, si ese coste emocional es importante, si el llevarte mal con esa persona supone que tu desarrollo de la tarea en lo profesional se resiente, si esa persona es importante para ti, entonces eso quiere decir que te has dado cuenta que ese problema, es TU problema. Si es tu problema, ¿qué piensas hacer con ello?

Quiero decirte que hay cosas que te pueden dificultar llegar a esta conclusión y es cuando piensas cosas como “yo tengo la razón y el otro no”. Y aunque puede que parezca que eso es muy importante, que lo es, no es lo suficientemente importante si lo que quieres es resolver tu problema. Permíteme que te lo explique con un ejemplo personal.

Esto me ocurrió hace ya unos años. Era la época en que enseñamos a los niños a respetar los semáforos. Estábamos mi hija y yo parados en un paso de peatones.  Entonces se puso el semáforo en verde y mi hija se dispuso a cruzar la calzada a la carrera, sin mirar. Inmediatamente la paré. Ella se quedó muy extrañada y me preguntó.

– ¿Porqué me paras si está verde?- me preguntó

– Pues porque antes de pasar hay que mirar si viene un coche a toda velocidad.

– !Pero si estoy pasando en verde¡ – exclamó

– Sí, ya lo sé. Pero imagina que un coche se despista y se pasa el semáforo en rojo. Tu lo habrías hecho bien y el coche mal. Tú tendrías toda la razón y el coche no. Ahora, ¿ de que te serviría tener razón si te atropella el coche?

Lo que quería decirle a mi hija es lo siguiente ¿De qué sirve tener la razón? Habría ganado la batalla de tener la razón pero sería una Victoria Pírrica.

Volviendo a lo nuestro, si has asumido que esta situación es, por encima de todo, tu problema y quieres hacerte cargo de ello, podemos continuar. Te sugiero que escribas en un papel qué te supone el tener el conflicto con esa persona y lo que obtendrías si esta relación funcionara bien. Entonces contesta a la pregunta: ¿Vale la pena?

El segundo paso consiste en investigar las muy buenas razones que hacen que te mantengas en la situación de conflicto. Porque si estás asumiendo ese coste tiene que haber algo muy importante que quieres conservar y conviene que no lo pierdas, ¿no te parece?, aunque esto lo dejaré para que lo investiguemos juntos  en la siguiente entrada. Te pido un poco de paciencia…

¡Gracias!

Buen viaje.

Entradas relacionadas -> Cómo gestionar un conflicto 2ª parteGestionar conflictos 3 era parte. El lugar donde nos podemos ver y reconocer

¿Cómo te proteges de un entorno inseguro?. Un breve relato.

No podemos negar que las circunstancias actuales son de todo menos seguras. Pasamos por tiempos de incertidumbre. ¿Cómo haces haces frente a ello? Para hablarte de esto he escrito este breve relato. ¿Te apetece leerlo? (tiempo de lectura aproximado 3 min.)

Había una vez un pueblo que vivía en la pradera. Habían sobrevivido a toda clase de circunstancias adversas por lo que estaban acostumbrados a hacer frente a las dificultades con eficacia. Hasta que un día sufrieron el saqueo de un pueblo nómada.

Después de un cierto tiempo, cuando se habían recuperado, se sentaron a parlamentar sobre lo que les había sucedido, como siempre hacían cuando ocurrían circunstancias importantes en la comunidad. En la asamblea un miembro del consejo propuso construir una muralla que les protegiera de los invasiones de pueblos invasores. La idea fue ampliamente aceptada y se pusieron manos a la obra.

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El caballo y el pozo: Las críticas destructivas.

Cuando nos hacen una crítica destructiva nos duele y por ello la rechazamos y nos ponemos a la defensiva. Además, no tenemos ningún control sobre lo que hacen los demás. Vamos, que no podemos evitar que los demás nos hagan críticas destructivas. Entonces, ¿qué podemos hacer con esto? Esta situación me recuerda la historia del caballo que cayó en el pozo.

Cuenta la historia que había un campesino que tenía unos caballos que le ayudaban en los trabajos de su hacienda. Un día, su capataz le avisó que uno de sus caballos había caído en el fondo de un viejo pozo abandonado. Rápidamente, fue a ver qué había pasado. Se encontró que el caballo estaba bien, sin embargo, era viejo y los recursos que había que movilizar para rescatarlo eran muchos. Así que, muy a su pesar, decidió renunciar a su rescate. Lo que sí ordenó fue que sacrificase al animal tirando tierra en el pozo hasta enterrarlo.

Así se hizo y empezaron a lanzar tierra para cubrir al caballo y tapar el pozo. Pero entonces ocurrió algo curioso. El caballo, con cada palada de tierra que recibía, lo que hacía era sacudírsela de encima y utilizarla para subir un poco más el nivel del fondo del pozo. Y con cada palada hacía lo mismo. Hasta que llegó un momento que el fondo del pozo quedó a una altura suficiente que permitió al caballo saltar y salir de su trampa.

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Simpatía y empatía. ¿Cual es la diferencia?

El otro día, en una conversación con un amigo, me explicó lo indignado que estaba con algo que le había ocurrido en el trabajo. En otro departamento habían hecho algo que, según su modo de entender su trabajo, era una manera muy poco profesional de hacer las cosas. Mientras me lo explicaba notaba cómo se iba enfadando cada vez más, al corroborar lo mal que lo habían hecho. Eran aspectos que para él eran de suma importancia, y precisamente por ello, el hecho que los otros no hubieran actuado así, le hacía indignarse todavía más.

La conversación ocurrió muy deprisa, de una forma improvisada, y la verdad es que en aquel momento sólo supe darle simpatía y no auténtica empatía, que es lo que creo que necesitaba. Y hay una diferencia muy importante. Le doy simpatía si cuando me explica algo, le doy la razón. “Sí, claro, es que no hay derecho con lo que te hacen” podría ser una respuesta típica. Cuando alguien se queja ante nosotros muchas veces es lo que pide, la adhesión a su causa. Pero si lo hacemos no estoy seguro que le seamos de utilidad.

En cambio, empatía sería olvidarse de uno mismo, de si estoy o no de acuerdo con lo que explica y tratar de conectarme con lo que le pasa con lo sucedido. Una manera puede ser simplemente escucharle en silencio. Otras veces, podemos utilizar alguna pregunta. En lo ocurrido con mi amigo, la conversación podría haber ido así:

Yo: Creo que estás muy enfadado con lo ocurrido ….
Amigo: Sí, me pongo de los nervios cuando veo esas chapuzas.
Yo: Ya veo,… Si los demás hubieran actuado de otra forma más acorde con tus criterios de calidad, tú estarías más tranquilo porque para tí es muy importante esa calidad en los resultados.
Amigo: Sí, ya sabes que mi trabajo es algo muy importante para mí. Y los demás no lo valoran.
Yo: Tu trabajo es algo que valoras mucho, y supongo que te encantaría poder compartir esa satisfacción por el trabajo bien hecho con los demás. Eso es lo que te falta y por eso te enfadas, ¿es así?
Amigo: Sí…
Yo: Te encantaría que los demás supieran eso y que contribuyeran a tu necesidad de autorealización y que pudieras compartir esas inquietudes con esas personas para trabajar compartiendo esos mismos criterios.
Amigo: Sí. Creo que es eso…
….

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El impacto de lo que pensamos con un chiste.

El otro día estaba esperando a que mi hija saliera del entrenamiento del fútbol cuando me llamó la atención una persona que iba caminando sola y gesticulando ostensiblemente. Hoy en día es habitual porque en muchos casos se habla por teléfono móvil través de unos auriculares con micrófono. El caso es que la persona de la que os hablo no llevaba ningún auricular ni estaba hablando por teléfono.

Muchas veces, a éstas personas se las dice que no están muy cuerdas. ¿Porqué? Pues supongo que están tan metidos en sus diálogos internos que no se dan ni cuenta que son eso, internos, y que por lo tanto no tiene ningún sentido ni hablar en voz alta o gesticular, que son acciones hacia el exterior. Si consideramos sólo este aspecto para decir que estamos cuerdos o locos, entonces la linea que separa unos de otros es muy delgada. Ahora os explico mi interpretación.

Los supuestamente cuerdos nos damos cuenta (me vais a permitir que me incluya en esta categoría) cuándo lo que nos decimos es sólo nuestro y tenemos esa consciencia para no exteriorizarlo. Ahora bien, ¿cuantos de nosotros podemos estar seguros que nuestros diálogos internos, especialmente si hay en ellos fuertes emociones, no se manifiestan en el exterior sin que nos demos cuenta de ello? ¿Cómo podéis estar seguros que exteriormente no se manifiesta aquello que estáis pensando?

Os propongo que observéis a la gente en el metro, un lunes por la mañana. Las personas vivimos tan absortos en nuestros pensamientos que no vemos al que tenemos delante. Y sino, fijaros en las miradas de la gente, perdidas en el infinito, o mirando al suelo, o jugando con su smartphone compulsivamente como una forma de escapar al no saber estar con uno mismo.

¿Qué diferencia hay entonces entre cualquier persona perdida en sus pensamientos y la persona que vi el otro día que hablaba sola? La única diferencia es que una exterioriza su estado interno y la otra no pero, en lo esencial, están igual de perdidas en sus pensamientos.

Alguno de vosotros se podría preguntar, ¿hay algo de malo en ello?. La cuestión no es que sea bueno ni malo. Lo único que os planteo es que ésto hace que perdamos de vista que una cosa es lo que pasa y otra muy diferente es lo que pensamos al respecto de lo que está pasando. Lo segundo es una producción propia fruto de cómo somos, de nuestros valores, de nuestras vivencias personales. Desde luego que tiene que ver con lo que está pasando pero que NO es lo que pasa. (Podéis ver ->  El mapa no es el territorio). Ante la misma cosa pueden haber tantos diálogos internos como gente hay que mira la misma cosa y confundirlo con la realidad puede llevarnos graves consecuencias (podéis ver la primera parte del artículo ->Etiquetar a las personas)

Para ilustrar esto mismo de otra forma menos trágica os voy a explicar un chiste.

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Reduce la marcha que viene una subida…

Vas circulando por la carretera manejando tu vehículo. Circulas por un llano. No hay baches, todo funciona con normalidad. Entonces aparece un repecho en el camino. Tu no haces nada y continúas tu marcha. El repecho se convierte en una fuerte subida. Tu continúas sin hacer nada. Las revoluciones del motor bajan, y bajan. El motor renquea, la velocidad disminuye hasta que el motor se cala y el vehículo se detiene. Bajas del coche y te lamentas de tu mala suerte. ¿Porqué demonios tendría que haber aparecido ese repechón en mi camino? Con lo bien y feliz que estaba yo… Te dices. Mira que es mala suerte.

Para los que conducir un vehículo con cambio manual sea una cosa habitual esta historia quizás os parezca un poco absurda. Todo el mundo sabe que cuando uno lleva una marcha demasiado larga el motor se cala. Y aunque te gustaría llegar lo más rápido posible a tu destino, si encuentras una subida, lo más natural del mundo es reducir la marcha y por lo tanto, la velocidad. Parece un contrasentido, pero sabes muy bien que no reducir la marcha supone algo peor: pararte del todo con la consecuente pérdida de tiempo. El buen conductor sabe adaptar la marcha a las circunstancias del terreno y no se queja continuamente que la carretera tenga subidas y bajadas, curvas y rectas. Simplemente es así e incluso puede llegar a ser placentero: una carretera llana y sin curvas sería profundamente aburrida. Continuar leyendo

Una historia divertida…y alguna reflexión.

Hoy os quiero explicar una anécdota que me pasó la semana pasada y os puedo asegurar que es divertida. ¿Os apetece?

Esto me ocurrió al salir del trabajo. Había sido un día lluvia y con mucho viento y la tarde continuaba igual. Hacía un viento que dificultaba poder utilizar el paraguas. Aunque llovía, por suerte no lo hacía con mucha intensidad. Entonces vi una chica que iba corriendo en dirección a la parada del autobús que está cerca. Es el origen de la línea y el autobús estaba parado esperando a que fuera la hora de salida. Hasta aquí nada extraño. Entonces vi que en su carrera hacia la parada le caía algo al suelo. Pero creo que no se dio cuenta porque continuó hacia el autobús.

Sin pensar mucho más me fui a recoger lo que le había caído. En un principio pensé que podría ser la funda del paraguas. Sin embargo no os podrías imaginar nunca qué fue lo que me encontré en el suelo…

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