San Jorge y el dragón llamado Miedo

El miércoles pasado, 23 de abril fue el día de San Jorge, e inspirado en la vida de este santo he escrito un cuento sobre el miedo. Espero que te guste. Ya me dices…

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La fama de San Jorge se había extendido por todo el mundo gracias a su habilidad para matar dragones y no era extraño que tuviera encargos por todo el mundo de gente que tenía este tipo de problemas. Así fue como un día le llamaron de un pueblo que estaba aterrorizado por un dragón. Ellos decían que era el más terrible que se podía encontrar.

Cuando San Jorge oía esto pensaba que la gente siempre piensa que su dragón es el más grande y terrible de todos los dragones que puedan existir. Sin embargo su experiencia le decía que un dragón, es un dragón y punto. La cuestión es que decidió entrevistarse con las autoridades del pueblo. El alcalde le dijo:

– Nos enfrentamos a un dragón de dimensiones descomunales. Toda la población está completamente aterrorizada. Sus gritos y rugidos son suficientes para dejarnos la sangre helada.

San Jorge y el dragón. Rubens

– ¿Cómo se llama vuestro dragón? – Preguntó San Jorge

(Permíteme una pequeña interrupción en el relato porque quizás esta pregunta te pueda parecer extraña o inútil, sobre todo si no estás familiarizado con el mundo de los dragones. Te comento, todos los dragones tienen nombre y sin él perderían todo su poder. Con esta aclaración podemos volver a la historia)

– Nuestro dragón se llama MIEDO. – le dijo el alcalde

Al mencionar ese nombre San Jorge sintió una presión en el estómago y se le erizó la piel. Se había enfrentado a muchos dragones pero nunca le había sentido antes esa sensación. Qué extraño…

– Decidme por donde vive y lo iré a buscar.

– Vive al otro lado de esas montañas, por donde se pone el sol.

– De acuerdo, mañana iré.

Durante el resto del día preparó sus armaduras y material de guerra, alimentó bien a su caballo y lo dejó descansar.

– A ver que nos encontramos mañana– dijo mientras cepillaba las crines de su caballo.

Al día siguiente se dirigió a las montañas que escondían al dragón. No tardó mucho en encontrarlo. Lo que se encontró superaba todas sus expectativas. Era un dragón de dimensiones increíbles. Tenía una piel llena de gruesas escamas que le daban un aspecto invencible. Su sola visión le paralizó. Sólo pensaba en alejarse de semejante peligro, así que se apartó para pensar con un poco más de calma.

Entonces se acordó de Merlín y pensó que iría a hablar con él para exponerle el asunto. En otras ocasiones ya lo había hecho y siempre le había resultado de ayuda. Fue a palacio y le expuso todo el asunto. Merlín se quedó un rato pensando, en silencio. Aspiró su pipa y de su boca salió un humo que dibujó en el aire unas formas sugerentes. Al final le dijo lo siguiente.

– Tienes que dejarte matar por el dragón.

San Jorge se quedó atónito.

– Cómo puedes decirme semejante cosa. ¿Me estás diciendo que me deje matar por el dragón? ¿Lo he entendido bien?

– Lo has entendido perfectamente. Te has de dejar matar por el dragón. Repitió Merlín y continuó de la siguiente forma.

– La vida es una rueda que no para nunca: para que haya un nuevo principio debe haber un final. Así que tienes que morir tal como eres ahora para que otro San Jorge, más fuerte vuelva a nacer y pueda enfrentarse a este dragón llamado MIEDO. Yo no conozco otro camino. Y ahora me tendrás que disculpar, pero otros asuntos reclaman mi atención. Que tengas buen viaje.

San Jorge montó su caballo y inició el camino de vuelta completamente desconcertado por las palabras de Merlín. Durante el viaje estuvo dándole vueltas al asunto hasta que al final, decidió que cuando llegara, decidiría qué iba a hacer. El camino se hizo más corto de lo que hubiera deseado. Cuando llegó a la guarida del dragón, lo encontró dormido y pensó.

– No tengo ni idea de cómo matarlo así que, lo que voy a hacer es lo que me dijo Merlín porque yo soy San Jorge y mi misión es acabar con los dragones, sea como sea.

Entonces empezó a gritar y hacer ruido golpeando la espada contra su armadura hasta que lo despertó. Entonces el dragón empezó a caminar hacia él. Sus miradas se cruzaron y se quedó helado. Era enorme aunque eso no le impedía moverse con la elegancia de los movimientos de un felino. Se fue acercando lentamente. Parecía que disfrutara con su sufrimiento. De vez en cuando lanzaba por su boca una llamarada y el calor y el hedor a azufre llegaban a él de una forma insoportable.

Estaba aterrado, pensando cómo iba a ser su final. Sólo tenía ganas de salir corriendo y salvar su vida. Sin embargo se quedó quieto, sintiendo en su cuerpo las sensaciones que le producían esos pensamientos. Entonces hubo un momento en que dejó de pensar y sólo sentía, nada más. Mientras, el dragón avanzaba inexorable, hacia él.

Ya estaba delante suyo y entonces, abrió su enorme boca que mostraba unas filas de dientes perfectamente alineados, afilados y brillantes, listos para devorarle. Cerró los ojos y pudo sentir como nacía la oscuridad mientras el dragón cerraba su boca sobre él y esperó…

… pero sorprendentemente no pasó nada. Entonces abrió los ojos y el dragón se había desvanecido. Bueno, en realidad, se había reducido a la mínima expresión y correteaba entre las patas de su caballo, con un aspecto que recordaba el pasado terrorífico que había tenido aunque ahora fuera inofensivo. Por un momento pensó en acabar con él definitivamente, pero una extraña sensación de compasión, compresión y amor invadió su cuerpo y no lo hizo. Cuanto más lo miraba, más se reconocía en él. Matarlo significaría matar algo de si mismo y así que decidió acogerlo para escucharlo y entenderlo. También pensó en Merlín y decidió ir a verlo enseguida para explicarle lo que le había sucedido. Cuando al día siguiente llegó a palacio le estaba esperando.

– Te veo diferente, así que estoy seguro que te dejaste devorar por el dragón, ¿no es así?

– Sí, ¿cómo sabías que iba a sobrevivir?

– Mira, el dragón era real, pero su tamaño y su ferocidad, era una ilusión que se alimentaba de la energía de tu MIEDO. Cuanto más miedo tenías, más grande y terrible se hacía. Eso hacía que le tuvieras más miedo lo cual le daba más energía para crecer y así sucesivamente. Habías entrado en un círculo vicioso muy difícil de romper. De nada hubiera servido que te hubiera dicho que el dragón no era real porque para ti lo era, y eso es lo que importa cuando tienes que afrontarlo. Merlín continuó.

– La única manera que conozco de romper ese círculo vicioso es que dejes sentir en ti la sensación cuando evocas el MIEDO, sin juzgarla, sin tan siquiera tratar de nombrarla. Se trata que la puedas observar de tal forma que tu y el miedo seáis la misma cosa. En ese momento ya no hay la necesidad de llamar eso de ninguna forma. Se trata de dejar que sea lo que ya es. ¿Entiendes lo que te estoy diciendo? – Entonces continuó.

-El dragón sólo puede vivir a través de ti porque en realidad tú y el dragón sois la misma cosa. Si puedes permanecer mirando de frente eso, sintiéndolo profundamente con absoluta presencia, entonces podrás cortar la energía con la que se alimenta. En cambio, si al observar y sentir esa sensación tratas de escaparte, vuelves a pensar en ella y la reconoces y dices, mira, tengo MIEDO, entonces vuelve a recobrar energía y el dragón vuelve a crecer. Es una forma muy sutil de estar con lo que es.

– Creo que ahora entiendo lo que me ha ocurrido. Me doy cuenta que mientras esperaba a ser devorado he tenido la sensación que el dragón cambiaba de tamaño, y unas veces se hacía más pequeño mientras que otras veces se hacía más terrible. Ahora que entiendo y veo porqué me ocurría eso creo que voy a entrenar mi capacidad de observar y sentir sin juzgar ni etiquetar. Ahora entiendo eso de me dijiste de “dejarte morir para volver a nacer”.

Sólo cuando me rindo y me dejo sentir la sensación del MIEDO, sólo cuando puedo estar presente con ella sin más, sólo en ese momento en que acepto lo que es y “muero” es cuando vuelvo a la vida transformado. Morir para renacer renovado y fortalecido. Aceptar lo inaceptable para comprender lo incomprensible. No es fácil pero sé que es posible. De nuevo gracias Merlín, por abrirme este nuevo camino.

Francesc Bonada

 

Cómo ser el protagonista de mi vida: La diferencia entre dolor y sufrimiento

Hoy quiero empezar por comentar un episodio de una serie de televisión. Se trata de “Cómo conocí a vuestra madre” Concretamente hay un episodio en el que dos amigos, Barney y Marshall hacen una apuesta. El que la pierda recibirá 10 bofetadas del que haya ganado.

La cuestión es que Barney pierde y su amigo Marshall, le da a elegir entre dos opciones: podrá recibir las 10 bofetadas seguidas o bien sólo 5, pero se las podrá dar en cualquier momento que elija Marshall, sin avisar. Se lo piensa un rato y al final al elije la modalidad de las 5 bofetadas. En los siguientes capítulos se puede ver el sufrimiento de Barney, porque cada pequeño gesto de Marshall lo interpreta como el preludio de una bofetada, aunque al final no acaba por llegar.

Vamos a ver, entre recibir 10 bofetadas o “sólo” 5 mi elección está clara: prefiero la segunda opción. Lo que ocurre es que en este caso concreto mi elección no sería tan clara porque 5 bofetadas es menos desagradable que 10 sólo si tengo en cuenta el dolor. Ahora bien, si además del dolor considero el sufrimiento, 5 bofetadas pueden llegar a ser peor que 10. ¿Quieres saber porqué?

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¿Realmente crees que hay decisiones correctas e incorrectas?

¿Tienes que tomar una decisión y estás sufriendo por ello? En el proceso de tomar una decisión importante pasamos por momentos de dolor y sufrimiento. Por cierto, quizás hayas escuchado alguna vez la frase siguiente:

El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional

¿Qué es lo que quiere decir? ¿Porqué puede ser importante entender cual es la diferencia entre ambas?

A bote pronto, si cuando tenemos que tomar una decisión hay dolor y sufrimiento todo mezclado y lo segundo es opcional, a mi me gustaría poder ahorrármelo. ¿A ti también? La segunda cosa es que si no sé diferenciarlos, ¿cómo puedo deshacerme del sufrimiento? Así que, si a la hora de tomar decisiones, quieres saber un poco más sobre cómo puede beneficiarte distinguir entre dolor y sufrimiento , entonces este artículo puede serte de utilidad.

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Los sentimientos y “matar al mensajero”.

El origen de la expresión “matar al mensajero” se remonta a la Antigüedad, ya que en aquella época se exponían a perder la vida cuando llevaban malas noticias a los poderosos. En la Edad Media era costumbre azotar al mensajero portador de malas noticias, aunque ya no se le daba muerte. Vaya progreso, ¿eh? Supongo que el sindicato de los mensajeros no debía estar muy organizado….

En fin, hoy en día “matar al mensajero” no pasa de ser una frase hecha, pero alguna cosa debe quedar porque todos tenemos cierta tendencia a culpabilizar a otros o a las circunstancias de las cosas malas que nos pasan. Es una forma de sacudirnos de encima la responsabilidad ( link a artículo: Estímulo y reacción). A estas alturas de la entrada  quizás te estés preguntando qué tiene que ver la expresión “matar al mensajero” con el mundo de las emociones y los sentimientos. Permíteme que te lo explique.

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El resentimiento, 2ª parte

pregunta dificilPara los que estáis interesados en cómo podría ser un ejemplo del proceso en 6 pasos para superar el resentimiento que expuse en el post El resentimiento, la emoción del esclavo me he decidido a exponerlo en forma de ejemplo.

Imaginaros la siguiente historia:

Yo tenía un socio en un proyecto empresarial y cuando llegó un momento de dificultades económicas, desapareció sin dejar rastro de ningún tipo. A hacer eso tuve que hacerme cargo de todos los compromisos económicos contraídos. Me costó mucho esfuerzo recuperarme. Cuando pienso en eso y que él desapareció dejándome sólo no puedo evitar enfurecerme. De hecho, si un día llego a encontrarme con él no sé lo que podría pasar…

 Fase previa:

Vale, puedo entender que el resentimiento me esclaviza porque estoy seguro que él debe estar tan tranquilo mientras yo me muero de rabia. También puedo entender que él no me obliga a sentirme como me siento. Reconozco que estoy atrapado en la rabia. No quisiera estar amargado por ello porque bastante tengo con haber hecho el sobreesfuerzo que me ha supuesto su comportamiento. Pero no puedo evitar sentir lo que siento. Y no estoy seguro que quiera dejar de sentirlo….

Fase 1. Separa el grano de la paja.

Esta fase supone separar los hechos de las opiniones. Supongo que los hechos son que mi socio se fue sin abonar las parte de los compromisos de pago. También creo que es un hecho que no dejó constancia de cómo localizarle. Estos son los hechos.

Fase 2. Lo que te dices es una película.

Lo que pienso cuando recuerdo lo que pasó es que es un desconsiderado y un caradura. Pienso que esto no se hace a un amigo y que es ser un cobarde irse sin decir nada y dejar todas las cargas al que se queda.

Me cuesta mucho pensar que esto que me digo sea una película. En realidad creo que es un hecho y no una película. Pero bueno, acepto que en alguna otra cultura diferente a la mía o algún otro planeta haya alguien que no piense lo mismo que yo de esa persona… Cuando recuerdo los hechos pienso que ….. en fin, no me quiero repetir…y es cierto que una cosa son los hechos y otra diferente lo que yo me digo con lo que pasa porque podría decirme una cosa diferente…

Fase 3. Intención Positiva

¿Para qué me digo lo que me digo cuando recuerdo lo que me hizo? Pues porque quiero sentir rabia. Además pienso que es un egoísta y un desconsiderado. Me doy cuenta que al pensar eso de él quiero conservar la rabia para darle su merecido. Y si le doy su merecido creo que será la forma que no vuelva a hacer lo que me ha hecho. Y además así creo que es una forma de pagar por el daño que me ha causado.

Creo que lo que quiero con ello es protegerme a mí y a los demás de su comportamiento. Además necesito que me compense por el daño que me ha causado. Y también quisiera que supiera lo mucho que he sufrido con todo esto. Las necesidades que están insatisfechas son las de protección y seguridad, las de contribución al bienestar de los demás, la de confianza y también necesito sobretodo que pueda reconocer lo que he sufrido de una forma auténtica y sincera. Sí, necesito seguridad, confianza y mucha, mucha empatía. ¡Ufff!

Fase 4 y 5. Hacer el duelo y apreciar la belleza de las necesidades.

Ahora me doy cuenta de lo importante que es para mí tener confianza, seguridad, reconocimiento y que mis sentimientos sean tenidos en cuenta. Me gustaría tanto que estas necesidades de confianza seguridad y empatía estuvieran satisfechas … y cómo sé que no lo tengo siento una profunda tristeza.

Ahora que reconozco lo importante que son para mí estas necesidades no satisfechas siento tristeza profunda, pero no rabia. El sentimiento no es agradable pero es diferente a la rabia. Es algo más tranquilo. No me hubiera imaginado que se pudiera estar triste y tranquilo la vez…

Fase 6. Plan de acción

Si tuviera la oportunidad de hablar con él algún día … ¿Qué es lo que le pediría? Lo que me encantaría que hiciera es que me escuchara de forma auténtica. Quisiera que me escuchara lo mucho que he sufrido. Para mí sería muy importante si él fuera capaz de escuchar mi dolor sin tratar de buscar escusas, sin defenderse y sin tratar de mitigar lo que siento. Sí, eso sería curativo para mí. Y también me encantaría que se ofreciera a recompensarme de alguna forma.

¿Y si no le veo nunca? De hecho creo que nunca pueda localizarle así que creo que nunca podré recibir todo esto de su parte. Aunque estoy profundamente triste creo que puedo vivirlo con serenidad. Y no me quita el sueño, ni consume mi salud. Tengo la impresión que no estoy atrapado en la rabia como antes. … es una sensación de liberación que me gusta …

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Hasta aquí lo que podría ser el proceso para transformar el resentimiento. Espero que os haya sido de utilidad.

¡Buen Viaje!

Cómo nos hacemos trampas al solitario.

Hace unos días publiqué en el twitter una cita que decía lo siguiente:

Las personas hacen un gran esfuerzo por ver el mundo de una manera que preserve su sentido de bienestar. T. Wilson

Uno de mis seguidores de twitter (Emilia Amores) me sugirió que escribiera un artículo sobre ello. Me pareció una buena idea y por eso estamos aquí. A mi, esta cita me sugiere dos ideas. La primera es la siguiente:

Las personas no vemos el mundo como es sino como somos. Sobre esto sólo un par de cosas. La información que nos llega del mundo a través de los sentidos es abrumadora y por esta razón nuestro cerebro hace un proceso de filtrado de la información que nos bombardea sin cesar para no quedar bloqueado. Hay que tener en cuenta este mecanismo porque los filtros que tenemos cada uno son diferentes. Tenemos filtros fisiológicos (ante un mismo estímulo no todo el mundo puede ver, oír y sentir exactamente lo mismo). Tenemos filtros culturales (hay cosas que son correctas para una cultura y totalmente incorrectas para otras) y filtros personales (si queréis ampliar información podéis leer la entrada El mapa no es el territorio ).  Estos filtros actúan como si fueran unas gafas a través de las cuales observamos la realidad y que la mayor parte de las veces ni somos conscientes que las llevamos. Es por ello que sostengo que vemos el mundo como somos y no como es.

La segunda idea que me lleva la cita es que, como tenemos diferentes maneras de ver el mundo, cuando lo que vemos es muy difícil de aceptar, nos ponemos unas gafas que son totalmente opacas, que niegan la realidad. Es un mecanismo de defensa que todos tenemos, que todos aplicamos alguna vez y que nos permite avanzar. Como dice la cita, la negación busca “preservar nuestro estado de bienestar”. Ahora bien, ¿qué problema hay entonces en el autoengaño? ¿Que puede pasar si el negar lo que veo me aporta tranquilidad y es hasta cierto punto necesario?

Pues resulta que la estrategia de la negación funciona, pero sólo en el corto plazo, porque negar el problema no lo soluciona. Si una cosa tiene la realidad es que es muy tozuda y además, desconsiderada. Vamos, que le trae sin cuidado cómo nos pueda afectar. La realidad va lo suyo independientemente de lo que pensemos o sintamos. Y cuando no afrontamos lo que sucede continúa allí, aunque la ignoremos.

Es algo así como si supieras que alguien te va a pegar un cachete y esto fuera inevitable. Entonces decides que, venga, que te lo den, pero justo antes que te lo van a dar, tu te retiras. “No, no, más tarde”. Pero eso no te va librar del cachete, simplemente lo posterga. Total que lo has pasado mal y aún te queda recibirlo. Y así sucesivamente.

Estrategias para “evitar el cachete” tenemos muchas y hay libros enteros de psicología que hablan de ellas. La cuestión que os planteo es, ¿estaríais dispuestos a abriros a probar algo diferente a lo que estáis acostumbrados a hacer con los resultados que ya conocéis?

Para mi, probar algo diferente sería estar dispuesto a “aguantar el cachete”, a sentir el dolor, porque eso nos permite transformarlo en algo que nos haga avanzar. Ya sé que lo que os planteo no es fácil, pero los resultados que os proporciona lo otro ya lo conocéis de sobra, ¿verdad?. Si queréis probar algo diferente, continuad leyendo. Sino, sed honestos con vosotros mismos y dejad de leer este artículo.

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El resentimiento: la emoción del esclavo

Este entrada la voy a dedicar a una emoción que creo que todos conocemos: el resentimiento. Y digo que es conocida porque se produce tanto en el ámbito personal como en el de las organizaciones. Por ejemplo, estamos resentidos con nuestra pareja porque pedimos colaboración y no nos la da, o bien con nuestra empresa porque no nos trata como merecemos. Para empezar, os adjunto una una definición del término:

Resentimiento es la acción y efecto de resentirse (tener un enojo o pesar por algo). El resentimiento se refleja en diversos sentimientos y actitudes, como la hostilidad hacia algo o alguien, la ira no resuelta sobre un acontecimiento, el enfurecimiento o la incapacidad para perdonar.

De esta definición me gustaría destacar varios aspectos.

El primero. El esquema sobre el que se sustenta el resentimiento suele ser que algo o alguien nos ha causado un daño que consideramos que no se puede reparar y que juzgamos que no merecemos, por lo que el causante merece que le castiguemos. La forma en que se ejerce ese castigo puede ser mostrar hostilidad hacia el causante de nuestro dolor,  y la incapacidad de perdonar.

Otro aspecto muy importante es que el resentimiento implica algo que está enquistado, no resuelto. Si lo pensamos en términos de tiempo, este sentimiento podría venir de un acontecimiento sucedido hace meses o incluso muchos años. Por lo tanto el resentimiento es un compañero de viaje que nos puede acompañar durante mucho tiempo por lo que puede llegar a tener mucho impacto en nuestras vidas.

También es bueno tener en cuenta que hay ocasiones que no somos capaces de reconocer que estamos resentidos. Puede ser que llevemos tanto tiempo con ello que ya forme parte de lo que nosotros consideremos algo “normal”. Cuando uno lleva una pesada carga durante mucho tiempo muchas veces se olvida que la lleva. ¿Cómo podríamos reconocerla? Mostrarse nervioso o muy sensible ante ciertos hechos o personas, tener una actitud hostil, expresar dificultades para confiar en nuevas relaciones y sentirse menospreciado son algunos indicadores.

Hasta ahora hemos hablado de los efectos externos del resentimiento. Sin embargo estas actitudes que se muestran en el exterior tienen un efecto sobre nosotros. En realidad, lo que sucede en el exterior responde a algo que nos pasa en nuestro interior. ¿Cómo son esas sensaciones? Desde luego no es algo que nos proporcione calma ni sosiego sino todo lo contrario. Por lo tanto el resentimiento tiene una componente de sufrimiento para el que se siente resentido. Es como si el “castigar” tuviera un efecto secundario sobre el que castiga. Esto me trae a la memoria una cita que explica muy bien este fenómeno.

El resentimiento es como tomar veneno esperando que la otra persona muera. – Carrie Fisher.

Finalmente decir que el resentimiento también se basa en el hecho que pensamos que el comportamiento  de la otra persona o las circunstancias han sido la causa de cómo nos sentimos. (Diferencia entre causa y estímulo). Esto nos convierte en víctimas, lo cual tiene un efecto muy positivo en nosotros ya que nos da la tranquilidad de ser los inocentes. Sin embargo hay un efecto secundario que hay que tener en cuenta. El ser víctimas nos incapacita para la acción ya que es el otro el culpable y por lo tanto no podemos hacer nada. Y si no podemos hacer nada dejamos de ser libres y nos convertimos en esclavos del resentimiento que sentimos por nuestro “agresor”. Lo curioso es que es una esclavitud generada por nosotros porque el “agresor” no nos obliga a sentir eso. Estamos enganchados al agresor pero somos nosotros los que nos enganchamos y no al revés. Hay otra cita relacionada con ello para explicarlo.

El resentimiento es la emoción del esclavo, no porque el esclavo sea resentido, sino porque quien vive en el resentimiento, vive en la esclavitud.” F. W. Nietszche

Quizás alguno de vosotros se diga lo siguiente. “Vale, puedo llegar a entender que es la emoción del esclavo, y además, decido que no quiero continuar así. Sin embargo no puedo evitar dejar de sentir como siento. ¿Cómo puedo salir de este círculo vicioso?”.

Muy bien, la buena noticia es que se puede salir de esta dinámica y la no tan buena es que requiere determinación. ¿Estáis dispuestos? Si contestáis que sí, continuad leyendo. Sino es así, no creo que os valga la pena que continuéis esta lectura.

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Una noche muy oscura, sin luna …

Es una noche muy oscura, sin luna. Estás conduciendo por una carretera solitaria. Entras en una recta y pones las luces largas. No hay nadie más que tú, la carretera y las sombras que se crean con la luz de los faros. El final de la recta se acerca y aparece otro vehículo en dirección contraria. También sus faros iluminan la noche. Pones las cortas para no molestar. El otro vehículo no. Cada vez está más cerca y su luz hiere tus ojos. Le haces unas ráfagas pero no hace caso. Te enfadas. A pesar de que la luz te molesta mucho mantienes la vista en la carretera.

Entonces el coche que te deslumbraba te rebasa y puedes ver de nuevo la carretera. Es posible que aun te duelan los ojos, pero es un dolor diferente. Es más, te das cuenta que ahora ves la carretera de otra forma porque se ilumina con otro tipo de luz. No sabes muy bien cómo definirla … quizás sea más serena. Es la misma carretera solitaria, en la misma noche cerrada, y sin embargo te das cuenta que hay otros caminos que ahora ves y que antes no podrías haber visto.

 

Este simple relato para mí es una metáfora de lo que nos pasa con los sentimientos desagradables. Si los miras cara a cara te molestan e incluso te pueden herir. Sin embargo si los aceptas, puedes encontrar en ellos un sentido. Están ahí para decirte que te falta algo que es muy importante: hay una necesidad insatisfecha (Listado de necesidades). Cuando investigas y descubres cual es y lo importante que es para ti, puedes aceptar el sentir lo que sientes, te permites sentirlo. Y cuando lo haces, de repente todo tiene sentido. Te quedas el tiempo necesario para honrar esa necesidad tan importante que no está satisfecha. La aceptación transforma ese dolor en una tristeza serena. Entonces entiendes que puedes estar triste y sereno al mismo tiempo. Esta es la alquimia de la aceptación.

¡Buen viaje!

 

¿Permites que te afecten las personas tóxicas?

Como alguien decía “hay personas que llevan la alegría allí a donde van mientras que otras, cuando se van es cuando la alegría aparece”. Es algo inevitable. Hay ciertas personas con las que no congeniamos. E incluso, hay ciertas personas con las que el sentimiento no es el de falta de simpatía sino de absoluto y completo rechazo.

En este artículo no pretendo que trabajemos sobre nuestra percepción sobre esa persona y sí en las consecuencias negativas que tiene sobre nosotros lo que pensamos de ella. Y para esto os he preparado este pequeño relato.

 

Mar era la hija de un malabarista que vivía con su familia en un circo que no era ni muy grande ni muy pequeño, ni muy famoso, aunque tampoco era desconocido. Mar adoraba los animales y estaba encantada con una cría de león que acababa de nacer. Cada día lo iba a ver y cuando podía y la dejaban, lo alimentaba ella misma. El pequeño león respondía con cariño a sus cuidados.

Los días pasaban y Mar sentía un gran afecto hacia la cría de león. Sin embargo, un día ocurrió algo inesperado cuando al acercarse a la jaula para ir a alimentar a su estimada mascota, recibió un zarpazo sobre su delicado brazo. Se puso a gritar y a llorar y enseguida aparecieron los trabajadores del circo, que eran los miembros de su gran familia y la socorrieron. Por suerte. La herida no era grave y su recuperación fue rápida.

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