Resignarse o aceptar: la diferencia entre el punto final y el punto seguido.

Son dos conceptos muy similares pero hay un matiz que marca la diferencia. Si te parece podemos ir primero a ver en qué se parecen y luego vemos qué es lo que marca la diferencia.

La resignación

A la resignación y a la aceptación se llega a través de una situación en la que hay intereses contrapuestos. Por un lado hay unas circunstancias y por el otro estoy yo que considero que esas circunstancias no son aceptables para mi. Sin embargo, la diferencia estriba en el paradigma desde el que actúo para tratar de resolver esta situación de intereses contrapuestos.

A la resignación se llega desde el paradigma que dice que para resolver estos intereses contrapuestos hay que entrar en confrontaciónconflicto con ellos, es decir, se trata de emprender acciones con el objetivo de neutralizar, dañar o eliminar a eso contra lo que estoy luchando. Actúo desde la concepción del conflicto que dice que para que yo gane tu tienes que perder. Es como “los inmortales” sólo puede quedar uno.

Lo que ocurre es que, tras un período de lucha,  aquello contra lo que se lucha es más fuerte que yo y decido no emplear más tiempo, esfuerzo y energía en tratar de alcanzar mi objetivo y me someto a su voluntad.

Las consecuencias de la resignación

La parte positiva de la resignación es que se abandona la lucha y se llega a la paz, lo cual puede llegar a ser algo muy importante. Sin embargo hay que tener en cuenta las consecuencias negativas, porque hay un sometimiento hacia aquello que no he podido cambiar lo cual me lleva al resentimiento y seguramente a la amargura. Hay paz pero quizás no hay un verdero descanso.

Actuar desde un paradigma diferente: la aceptación.

Supón que se produce una circunstancia o un hecho que no puedo cambiar. Por ejemplo, hago planes para el fin de semana y decido ir de excursión. Llega el sábado por la mañana y no me encuentro bien. Estoy resfriado no tengo las fuerzas para salir de excursión y pasar el día en la montaña.

Desde el paradigma de la resignación no me queda más remedio que acatar mi derrota porque las circunstacias (estoy enfermo) son más fuertes que mi deseo a ir de excursión. Las circunstancias ganan, yo pierdo. Efectivamente, desde ahí es probable que entre en la amargura del resentimiento que supone pensar que por culpa de ese resfriado no puedo pasar un fantástico fin de semana. ¿Como sería el paradigma de la aceptación?

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4 pasos para transformar tu “clima emocional”

Estimad@ lector@,

Cada mañana, antes de salir de casa, me gusta consultar la predicción meteorológica. Tengo la costumbre de ir en bicicleta y saber si va a llover me ayuda a decidir cómo prepararme (tomar el chubasquero, calzarme con zapatos de lluvia,…) o bien dejar la bici y tomar otro medio de transporte. Te explico esto porque, al igual que la climatología impacta en mi vida y en mis decisiones cotidianas, creo que mi clima emocional también impacta de alguna manera en mis decisiones y en mi vida, pero, ¿de qué forma? Esto es lo que me gustaría tratar hoy contigo.

Supongo que estás de acuerdo conmigo en que la reacción ante una misma cosa puede ser muy diferente si estoy de buen o mal humor. El clima emocional me hace ver una misma cosa de forma muy diferente. Si esto es así, mi clima emocional actúa como si fuera un filtro que modifica la realidad. Si estoy de buen humor es como si llevara una gafas de resaltan y hacen brillar las cosas y si estoy de mal humor, las gafas actúan de modo contrario.

También podríamos estar de acuerdo en que, si llevo puestas las gafas de “buen tiempo” mi vida es más fructífera y provechosa que cuando llevo las gafas del “mal tiempo”. Ver las cosas por el lado positivo me hace aprovechar las posibilidades que ofrece la vida y también estoy más feliz. Entonces, si me doy cuenta que llevo las gafas del mal humor, ¿porqué no me las cambio por las del buen humor? en definitiva ¿porqué no cambiar mi clima emocional?

Supongo que podrías decirme que, igual que el clima meteorológico no puede cambiarse, el clima emocional tampoco. En ese caso estaría de acuerdo contigo y también estaría en desacuerdo. Permíteme que te lo explique.

Por un lado, estoy de acuerdo porque lo que sentimos en un momento dado, es algo que existe, es un hecho y por lo tanto simplemente es así. Aunque lo que esté sintiendo no me guste, o incluso lo aborrezca, no lo puedo cambiar porque es. Puedo hacer ver que no existe, pero sigue ahí. En este sentido, es como el tiempo meteorológico: si llueve, llueve y si hace sol, hace sol, independientemente de cuales son mis preferencias. La realidad es muy tozuda.

Entonces, ¿Porque no estoy de acuerdo? Porque opino que, aunque no puedo cambiar el clima emocional actual, si que puedo influenciar en el clima emocional que ha de venir. ¿Quieres saber cómo?

Cambia de gafas: cómo transformar tu clima emocional

Lo primero de todo es hacerte la siguiente pregunta: ¿cual es mi clima emocional actual? Es algo que parece obvio pero no lo es en absoluto. A veces podría resultar difícil aceptar que llevo las gafas “del mal humor”. En esto conviene ser muy honesto porque, sin hacer este paso, es imposible avanzar.

El segundo paso consiste en hacerse la siguiente pregunta: ¿porqué estoy de mal humor? Normalmente creemos que la causa del mal humor son las cosas que nos pasan, aunque yo opino que no es así. Por ejemplo, puedo decir que “estoy de mal humor porque es lunes pero yo creo que la verdadera causa que tenga mal humor el lunes por la mañana, son las cosas que me digo cuando es lunes por la mañana. Para hacer un ejemplo, sigamos con la misma situación: es lunes por la mañana, me despierto y entonces me digo:

– Qué cansancio, … cómo me gustaría quedarme en la cama más tiempo… porque lo que me espera en el trabajo es la presión de mi jefe para que acabe lo pendiente, qué agobio …

Y entonces me viene el mal humor.

Tercer paso: identifica las necesidades que hay tras ese diálogo

La pregunta que toca hacerse ahora es ¿qué necesidades y valores universales crees que hay tras estos pensamientos? De lo que se trata es que identifiques de este listado cuáles te podrían estar faltando cuando piensas eso.

En este ejemplo me parece que lo más evidente es que hay una necesidad de descanso. No obstante, aunque exista esa necesidad hay ocasiones en que estar cansado no es motivo suficiente para estar de mal humor. Por lo tanto debe haber algo más y seguro que tiene que ver con “lo que me espera al llegar al trabajo…¡presión por acabar trabajo pendiente! Así que probablemente además de necesitar descanso, también necesite respeto al ritmo personal, y quizás también empatía y respeto a lo que me está pasando, definitiva, ser visto y tenido en cuenta. ¡Ufff!

Algo pasa cuando uno se da cuenta de cuales son las necesidades en juego porque tienen ver con lo que está vivo en ese momento. Si no fueran importantes los valores y necesidades que hemos visto juntos yo no estaría de mal humor aunque fuera lunes por la mañana, ¿no crees?

Cuarto paso ¿Ha cambiado tu clima emocional?

Ahora me gustaría que me dijeras cómo te sientes después de este descubrimiento. Lo más probable es que el mal humor se haya transformado en otra cosa. No digo que ahora pases a estar de buen humor sino que, de tener un clima emocional tormentoso, quizás pases a tener un clima en que, haya dejado de llover, todavía esté nublado y sobretodo, empiece a asomar el sol entre las nubes.

Porque hacer este descubrimiento me libera de culpabilizar a los demás y a las circunstancias de mi mal humor, y a la vez, me lleva a un sitio un poco incómodo porque ya no hay excusas ni culpas. Ahora sé en qué dirección puedo actuar para tratar de satisfacer eso que me está faltando. Es un asunto mío y de nadie más. Dejar de culpar a los otros y a las circunstancias tiene el inconveniente de la incomodidad pero a cambio me proporciona algo que yo creo que es muy, muy, muy valioso: la libertad de elegir cómo quiero que sea mi futuro.

¡Buen viaje!

Llámate por teléfono

En el post de hoy quería hablar contigo sobre qué es la autoempatía y sobretodo, cómo ponerla en acción. Es algo que quería hacer hace tiempo pero no sabía muy cómo abordarlo… hasta ahora. Todo gracias a un video de Fidel Delgado que te recomiendo que mires (Fidel Delgado: llámate por teléfono). Este post está basado en él aunque yo te propongo una pequeña variación sobre las preguntas que él propone. Ahora te explico de qué se trata.

De la misma manera que cuando recibimos un golpe o nos hacemos una herida que nos duele conviene prestarle atención lo antes posible, cuando nos ocurre algo que nos toca emocionalmente, es conveniente también prestarle atención. A mi me parece lógico. Ahora bien, en ocasiones no actuamos de esta manera y esto puede ser por varias razones. Una podría ser porque las emociones desagradables tendemos a reprimirlas o a enmascararlas ya que hay una tendencia natural a alejarse de lo desagradable y acercarse hacia lo agradable. Otra razón podría ser que, aunque se pueda reconocer la emoción no se sepa qué hacer con ellas. Seguramente debe haber otras muchas razones…

La cuestión es que hay algo que duele y requiere nuestra atención. Una manera de hacerlo es mediante la auto-empatía, es decir, darse empatía a uno mismo, atenderse y escucharse para saber que es lo que nos hace daño. ¿Cómo ? Pues a ahí es donde entra en juego mi propuesta de hoy para ti:

¡ Llámate por teléfono !

Toma tu teléfono móbil y marca un número. Te propongo que marques tu número de DNI, más que nada para evitar que llames a alguien de verdad de forma accidental. Luego te llamas por tu nombre. En mi caso sería:

– Hola Cesc

Eso ya te sorprenderá porque normalmente los que te llaman por tu nombre son los otros y no tu mismo. Eso te hará regresar a ti mismo. Luego te preguntas lo siguiente:

– ¿Cómo estás ? ¿Qué te pasa?

Y te lo explicas. Es hora de desahogartete porque hay alguien que te está escuchando con atención plena, al 100%, que te conoce y que está dispuesto a escucharte de verdad y con presencia. Quédate el rato que necesites hasta que llega el momento de hacerte la siguiente pregunta:

– ¿Qué necesitas?

Esta pregunta es una revolución porque te saca de la queja, que es como una droga que satisface pero que te deja sin energía para salir de la situación en la que te encuentras. De lo que se trata es de encontrar qué necesidades y valores universales te están faltando en estas situación. (Acceso a listado de necesidades) Este paso te dará mucha claridad. Una vez que hayas descubierto y reconocido cuales son esas necesidades que son tan valiosas para ti, te propongo que te quedes ahí un ratito. Dedicarles unos instantes para reconocerlas y para darse cuenta de lo importantes que son es una forma de honrar algo que es muy valioso. Finalmente acabas con un:

– Luego te llamo

Y vuelves a la situación en la que estabas. Después de haber “recibido” una llamada tan especial tendrás otra perspectiva y es muy probable que se te abran unas posibilidades que antes no podías ver.

Confieso que parece una tontería o incluso una locura, pero lo he probado y me ha funcionado. Esto no es ninguna garantía de que eso te sirva, pero ¿qué pierdes con probarlo? Después de todo, darte un espacio para ti y para escucharte cuando te pasa algo, podría ser un gran favor que te puedes, porque cuidar de ti mismo es tu responsabilidad y es un paso necesario para que puedas ayudar a otros con garantías. Prueba y me dices.

¡Buen viaje!

La crisis de refugiados en Europa: ¿Cual es tu actitud ante las dificultades?

Hace unos días escuché por lo medios de comunicación que en Dinamarca el gobierno estaba bloqueando algunos medios de transporte como lineas de ferry con el objetivo de dificultar el paso de refugiados desde Alemania a Suecia. En este sentido, no era diferente a muchas de las noticias que me llegan que hablan del drama de los refugiados que huyen de las pésimas condiciones de vida debido a las guerras y la persecución y que tratan de llegar a países de Europa en busca de un futuro mejor.

Refugiados en una estación de Viena. Imagen: Reuters

Algunos ciudadanos no estaban en absoluto de acuerdo con la decisión de su gobierno porque no era coherente con sus valores de solidaridad humana. Lo que me llamó la atención es que en vez de quedarse en una actitud de queja hacia su gobierno y quedarse cruzados de manos hicieron algo radicalmente opuesto. Hubieron algunos de ellos que se organizaron a través de la redes sociales y se fueron a la estación de tren donde estaban bloqueados los refugiados para ofrecerse para llevarlos al lugar que ellos deseaban.

De esto quiero destacar dos cosas. La primera es que, a pesar de que esos ciudadanos tenían poderosas rezones para estar enfadados con su gobierno por no actuar conforme a sus principios, no se quedaron estancados en la queja y la resignación por tener un “mal gobierno” y lo supieron trascender. ¿Cómo? Supongo que el proceso por el que pasaron podría haber sido algo similar a lo siguiente:

“Mi gobierno no actúa conforme a mis valores y eso no me gusta. Así que lo primero que me pregunto es, ¿que puedo hacer yo para hacer cambiar esa decisión? Quizás si me pongo de acuerdo con personas que tienen los mismos valores que yo, podemos hacer manifestaciones para hacer cambiar esa decisión al gobierno. Otra solución podría ser votar a un partido político que esté más de acuerdo a mis principios y valores. Sin embargo, ninguna de estas soluciones es satisfactoria porque la crisis humanitaria está sucediendo ahora y esto son soluciones a más largo plazo.

Así que me pregunto otra vez, ¿qué está a mi alcance que puede contribuir a cambiar la realidad que acepto y que no me gusta? Lo que está en mis manos es ofrecerme a llevar a alguno de los refugiados. Eso sería muy poca cosa, sin embargo, es lo que está a mi alcance y cambia la realidad, aunque sea muy poco. También se me ocurre que si hay más personas como yo que hacen lo mismo entonces eso tendrá mucho más impacto. Así que me puedo organizar a través de las redes sociales para ver si hay más personas como yo que se animan a acompañar a gente.”

Esto fue lo que ocurrió y eso fue la noticia. Desconozco si todas esas personas eran tantas como para considerarlas como unas simples gotas de agua en el océano, como un pequeño río, o más bien eran una inmensa ola, pero sí que cambiaron la realidad. De hecho, en la noticia entrevistaron a un refugiado que explicaba emocionado su desesperación mientras esperaba bloqueado en la estación y cómo habían llegado ciudadanos de a pie que se habían ofrecido a llevarlos a donde ellos querían. Estaban experimentando la solidaridad humana en sus carnes y estaban emocionados emocionados por ello.

Mi propuesta

Para acabar me gustaría utilizar la actitud de estos ciudadanos que fueron capaces de transformar una realidad que aparentemente era imposible de cambiar y proponerte algo ¿Hay alguna situación personal o profesional en la que sientes que estás bloqueado y que te gustaría desencallar? Me espero a que la tengas ….

Ahora que la tienes, me imagino que es una situación que te preocupa. Así que la propuesta de hoy para ti es que utilices el mismo paradigma que las personas protagonistas de la noticia utilizaron y te preguntes, ¿Qué cosas puedo hacer yo, que sólo dependan de mi, que ayuden a mejorar esta situación en la que estoy bloqueado?

La idea es que te centres sólo en aquellas cosas que dependen sólo de tí y que te sirvan para empezar a salir del lugar en el que no quieres estar. No importa que no sea ” la solución total” sino que se trata de encontrar acciones a tu alcance que te acerquen hacia el lugar que tu quieres y se saquen de tu bloqueo. Luego se trata de dar pasos, uno a uno. Esto me recuerda la cita:

Un viaje de 1000 km empieza con un paso

Esto es tener una actitud proactiva y significa la diferencia entre ser víctima de las circunstancias o ser protagonista de nuestra vida. Prueba y me dices qué tal.

¡Buen viaje!

P.D: Los daneses no son los únicos que han tenido esta clase de iniciativa: Consulta la noticia.

Grita, pero de forma diferente: transformando la basura emocional, 2ª parte

Querido lector@, si leíste mi entrada Cómo transformar la basura tóxica emocional en abono …. verás que me comprometí a darte una alternativa para enfadarte de una forma diferente cuando la situación necesita e nuestra respuesta inmediata y no podemos poner en práctica los pasos que te describí. Así que, lo que trataré de explicarte es cómo enfadarte de otra forma para situaciones de urgencia. ¿Qué podría ser una de urgencia?

Por ejemplo, imagínate que durante mi jornada de trabajo he tenido una discusión con un cliente (… malo) y luego mi jefe me ha dado una bronca (… más malo todavía). Acaba la jornada y sólo tengo ganas de llegar a casa para descansar y para que escuchen mi relato del día tan horrible que he tenido. Me encantaría que me dieran mucha escucha, atención y empatía. Hoy realmente lo necesito porque estoy muy mal… Pues bien, cuando llego a casa lo que me encuentro son mis dos hijas peleándose, gritándose e insultándose ¿te lo imagina?

– Ahh! Brrr! No puede ser, ¡ hoy no! ¡ Esto es demasiado para mi !

Con estos pensamientos en la cabeza y con mi estado de ánimo después del día tan horrible la reacción que me pide el cuerpo es enfadarme con ellas, gritarlas e incluso, si estoy muy enfadado, castigarlas por pelearse e insultarse. Digo reacción porque no hay ningún espacio entre el estímulo (mis hijas están en casa peleándose) y mi respuesta (me pongo yo también a gritar diciéndolas que no saben comportarse, que son unas desconsideradas y que se merecen un castigo)

La reacción conocida tiene un resultado conocido, no podría ser de otra manera. El castigo no me sirve porque lo que consigo es tranquilidad aun precio muy alto ya que me he enfadado todavía más. Al castigarlas y gritar que son unas desconsideradas he conseguido que ellas también se enfaden lo cual afecta a mi relación con ellas, que es algo que quiero evitar porque me intersa cuidar la relación. Además no he conseguido aquello que tanto necesitaba que era escucha, atención, cariño y empatía. Como ves unos resultados muy pobres.

Lo que a mi me gustaría es enfadarme de una forma que provoque en los demás un impulso de ayudar al que está enfadado y darle la empatía que tanto está necesitando. Ya te comenté en el pasado artículo que una persona enfadada es en realidad una persona que sufre. Lo que ocurre es que expresa ese enfado culpabilizando a los demás por sentirse como se siente. Así que las personas reciben un mensaje agresivo y ante una agresión, las reacciones posibles son el contra-atacar, someterse a la agresión o huir. En cualquier caso, la respuesta está a las antípodas de la escucha, la atención y la empatía, que es lo que necesita una persona que está enfadada.

¿Cómo sería enfadarse diferente? Recuerda que lo que quiero conseguir es expresar mi sufrimiento de forma que no sea percibido como una agresión. Para que esto ocurra hay que hacer un cambio de paradigma. La propuesta es cambiar de:

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Cómo transformar la basura tóxica emocional en abono: la ecología emocional

EnfadarseHoy quiero hablarte del enfado. Cuando me dejo llevar por la ira primero es un alivio, pero luego se puede convertir en vergüenza y culpa cuando me doy cuenta de los efectos perjudiciales que ha tenido la forma como he liberado esa rabia sobre los demás. Así que se me presenta un dilema. Por un lado, enfadarse es liberador porque me permite expresar algo que está muy vivo en mi. Pero por otro lado, si quiero cuidar la relación con las personas debo reprimirlo para evitar el daño que puede causar en los demás la expresión de mi ira. Así que me pregunto. ¿Habría alguna forma de expresar mi rabia a la vez que soy respetuoso con los demás? ¿Puedo convertir los insultos y la violencia verbal contra los otros en algo a favor de la vida? En definitiva ¿Podría enfadarme de una forma ecológica? Mi respuesta es que sí.

¿Porqué me enfado?

Antes de entrar en materia me gustaría explicarte que normalmente me enfado con alguien porque pienso que no ha actuado de la forma que debería. Rechazo su forma de actuar, la califico como errónea y perjudicial y exijo que se comporte de la manera que yo considero como correcta y aceptable.

El enfado también indica que culpabilizo a la otra persona por la forma en que yo me siento. Por ejemplo, si me enfado porque el otro no es comprensivo conmigo indica que estoy exigiendo comprensión y como no la recibo provoca que yo me enfade. Si el otro es la causa de mi enfado significa que es culpable de que yo me sienta mal por lo que se merece un castigo. Así que el enfado puede ser un mecanismo de defensa y de ataque al mismo tiempo.

El problema de esta forma de entender la situación es que la expresión no respetuosa de mi enfado como una forma de castigar se convierte en una forma legítima de actuar. Sin embargo, cuando castigo causo dolor y eso puede dañar la relación. Si valoro esa relación es cuando aparece la vergüenza o el sentimiento de culpa.

También quisiera decirte que siendo no respetuoso con el otro consigo mi objetivo de hacerme respetar. Sin embargo, puede pasar que el otro actúe sólo para evitar el dolor que causa mi forma no respetuosa de expresar la rabia, pero que no se mueva por un verdadero deseo de contribuir a mi bienestar. Entonces, yo me pregunto, ¿es eso lo que quieres? ¿No preferirías que el otro actuara con la voluntad de buscar tu bienestar en vez de que actuara sólo para evitar el dolor de tu castigo? En definitiva ¿te gustaría poder enfadarte de otra forma?

Transfomando la basura emocional en abono

Mi propuesta es que te enfades de una forma diferente. Así que te voy a hacerte una propuesta para que lo pruebes y me digas.

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Las emociones desagradables: 4 pasos para gestionarlas

El Grito de Edvard Munch

Hay muchas cosas que los seres humanos tenemos en común y hoy quiero hablar de una de ellas: las necesidades y valores universales. La Comunicación NoViolenta denomina así a aquello que es indispensable para el ser humano.

Efectivamente, una persona, no importa de que sexo, edad, raza o cultura sea, necesita para vivir y desarrollarse, seguridad física y emocional, alimento y cobijo, amor, pertenencia, sentido, libertad… Así que, por ser humanos, compartimos necesidades y valores universales. (Enlace a un listado de necesidades y valores universales). ¿Qué ocurre cuando no se satisfacen estas necesidades y valores? Pues que aparecen los sentimientos desagradables. Así que los sentimientos son un indicador que hay necesidades satisfechas o insatisfechas.

Ahora quisiera hablar de los sentimientos desagradables. Yo no se qué te pasa a ti pero yo, cuando siento una emoción que no me gusta, muchas veces trato de ignorarla o de taparla. Es una respuesta de defensa ante algo desagradable ¿Cuál crees que pueden ser las consecuencias de actuar de esta forma?

Vamos a ver, si estamos de acuerdo en lo que hemos hablado hasta ahora y no hago caso a mis sentimientos desagradables, entonces no sabré qué necesidades me están faltando. ¿Porqué podría ser eso importante? Es importante porque las acciones que pondré en marcha para dejar de tener esos sentimientos desagradables serán poco eficaces ya que iré probando cosas hasta que acierte con una estrategia que satisfaga la(s) necesidad(es) que me está faltando. Es el método ensayo/error pero completamente a ciegas. Ahora bien, si sé qué me está faltando, las probabilidades de encontrar algo que funcione para mi, serán más elevadas, ¿no te parece?

Después de esto creo que estarás de acuerdo conmigo que el no mirar cara a cara y huir de los sentimientos, por desagradables que sean, consigue cuidarme y preservar mi bienestar, por lo menos en el corto plazo. Sin embargo es una estrategia muy poco eficaz, al menos en el largo plazo.

Por otra parte, creo que conviene no pasarse al otro extremo y quedarse todo el tiempo auto observando los sentimientos porque eso me impide poner en marcha acciones, que es lo que hace que las cosas pasen. Te lo digo porque es muy fácil quedarse en el círculo vicioso de los pensamientos y sentimientos desagradables. Así que mi propuesta de hoy para ti es que, cuando te asalten sentimientos desagradables sigas los siguientes pasos:

4 pasos para gestionar las emociones desagradables.

1. Atiende y escucha los sentimientos desagradables cuando aparezcan porque son un indicador de que hay algo que no va bien.

2. Indaga las necesidades y valores universales te están faltando. Puedes consultar el listado que te he pasado antes.  (Enlace a un listado de necesidades y valores universales).

3. Busca estrategias que puedan satisfacer esas necesidades. ¿Qué puedes pedirte para tratar de satisfacer eso que te está faltando? Sé imaginativo y haz una lista, cuanto más larga mejor. Te darás cuenta que hay un montón de posibilidades.

4. Ponte en marcha. La única manera de recorrer un camino es caminando y ahora, además tienes una dirección: tus necesidades y valores universales.

Ya me contarás.

¡Buen viaje!

¿Qué significa eso de ser un Guerrero Pacífico?

Hace un tiempo vi un programa por televisión en el que hablaban personas con enfermedades neurodegenerativas, que tenía por objeto recaudar fondos para la investigación de esta clase de enfermedades. Hubieron muchos testimonios que me conmovieron. Sin embargo hubo una persona que dijo algo que me llamó mucho la atención. Dijo algo parecido a lo siguiente:

Yo para tirar adelante con mi enfermedad seguí el consejo de una persona que me dijo: No luches contra la enfermedad. Vive con ella y hazte su amigo.”

¿Cómo es posible que el mejor consejo que puedes seguir es que te hagas amigo de algo que te está matando? Es parecido a aquello de “Ama a tu enemigo“. Lo siento, pero me resultaba muy difícil de entender. Sin embargo hay personas que eso de “amar a su enemigo” les ha ido bastante bien. Me vienen a la memoria los ejempos de Nelson Mandela, Martin Luther King,  Gandhi… y seguro que también de muchas otras personas que no conozco que han seguido el mismo camino. ¿Porqué puede ser esa una buena manera de lidiar con tu enemigo? Si me acompañas hoy voy a tratar de darte mi visión y te explicaré qué es lo que tiene que ver el Guerrero Pacífico.

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El efecto sedante de lo habitual: la felicidad, la brújula y el destino

ASCENSOR ANTIGUO REFORMADOEl otro día me ocurrió una cosa que me ha hecho reflexionar. A media mañana recibí un mensaje de un amigo con el que había quedado para visitarle por la tarde, que me decía lo siguiente. “Están revisando el ascensor de casa y lo más probable es que cuando tu llegues no esté operativo.”

Hay que tener en cuenta dos cosas. La primera es que vive en un ático y la segunda es que voy en bicicleta. Es una de estas plegables y siempre la llevo conmigo así que las perspectivas eran subir la bicicleta (pesa 12 kilos) por la escalera hasta el ático. ¡Uffff!

A medida que se acercaba la hora de la visita no podía evitar el agobio al pensar que tendría que hacer el esfuerzo de subir a pie con la bicicleta a cuestas. Total, que cuando llegué a la portería no estaba de muy buen humor. Plegué la bicicleta y me planté delante del ascensor. No había ningún cartel avisando que estaba fuera de servicio así que pulsé el botón de llamada, sólo para probar.

Se escuchó un ruido, se iluminó el indicador y el ascensor empezó a descender: ¡Funciona! ¡Qué alegría! Ya no tenía que subir a pie con la bicicleta todos los pisos hasta el ático. Mientras subía en el ascensor y experimentaba esta alegría me di cuenta que lo que estaba pasando en esos momentos no era en absoluto diferente a lo que me había pasado todas las veces que había tomado el ascensor de esa casa, que eran muchas. Sin embargo era la primera vez que este mismo hecho suponía una alegría indescriptible. Si el hecho es el mismo, ¿qué es lo que lo había hecho diferente?

Creo que está claro que lo que hace diferente el hecho es mi interpretación sobre lo que ocurre, es decir, lo que convierte una cosa normal en una cosa extraordinaria motivo de alegría es lo que yo pienso acerca de hecho, concretamente mis expectativas.

El efecto sedante de lo habitual

Mi día a día, y supongo que el tuyo, esta lleno de hechos normales en el sentido que son habituales. Esa cotidianidad hacen que me impida ver lo extraordinario que hay en algo a pesar que eso sea habitual, o que quizás, a pesar de ser normal, no por ello es digno de mi admiración.

Sino fíjate bien en el montón de hechos normales que se producen desde que te levantas. Por ejemplo darle a un botón y que se encienda una luz parece algo simple pero, ¿tienes idea del montón de cosas que hay detrás de eso para que sea posible? Para que esto pase tiene que haber una central eléctrica que produce la energía, un sistema de transporta de alta y media tensión, un sistema de cableado de distribución desde esas subcentrales hasta tu casa y en tu casa debe haber una instalación eléctrica. Y para que una central exista alguien la ha tenido que diseñarla y un montón de gente ha tenido que construirla. Y el que lo ha diseñado previamente a tenido que estudiar durante muchos años. Y lo que ha estudiado esa persona es a la vez fruto de un montón de generaciones anteriores que han desarrollado todos esos conocimientos. Cada elemento de la cadena, a su vez forma parte de otra cadena, que también forma parte de otra … y así “ad infinitum”.

Así que no es lo mismo que algo sea habitual a que sea normal. De hecho si lo miro con la perspectiva de lo que ocurre en el mundo puedo decir que hay un montón de países y un montón de personas para los que este hecho tan normal no es en absoluto habitual.

Esto es lo que yo llamo el efecto sedante de lo habitual. Las cosas que pueden llegar a considerarse extraordinarias, con el tiempo dejan de serlo por el simple hecho que se conviertan en habituales. Esto ocurre no sólo con las cosas que nuestra sociedad nos pone al nuestro alcance sino que también ocurre con las cosas que adquirimos y con los objetivos personales y profesionales que conseguimos. Incluso pasa en el aspecto relacional.

En el momento de conseguir aquello que tanto deseábamos, somos felices, pero una vez conseguido se convierte en algo habitual, y el efecto sedante de lo habitual, convierto aquello que era tan maravilloso y extraordinario en normal. ¿Donde quedó la felicidad?

La ventaja de este mecanismo es que me impulsa a conseguir más y más cosas y por lo tanto a progresar y en definitiva a ser feliz. Sin este impulso hacia la felicidad es al mismo tiempo una fuente de insatisfacción permanente porque cuando alcanzo eso que me hacía feliz, por el efecto sedante de lo habitual, hace que quiera otras cosas. ¿Cuando descansaré? ¿Donde está el límite? ¿Cuando podré ser feliz?

La felicidad, la brújula y el destino

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Procrastinar o el arte de postergar: 4 pasos para superarlo.

Según la wikipedia la procrastinación (del latín: pro, adelante, y crastinus, referente al futuro), postergación o posposición es la acción o hábito de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables.

¿Porqué puede ser un problema procrastinar?

By Quino

Todos en algún momento postergamos y no pasa nada cuando aceptamos que queremos diferir una acción y lo hacemos con total conciencia y libertad de elección. Ahora bien, hay veces que al postergar algo, nos sentimos mal y eso, según creo yo, es síntoma que estamos viviendo un conflicto interno.

Por lo tanto, el problema de postergar no es hacerlo sino sentirse mal por ello. Si el malestar que sentimos es síntoma de un conflicto interno, entonces la cuestión a indagar será cuales son las partes en conflicto y, si consigo gestionarlo, entonces el conflicto se disolverá y el postergar dejará de ser un problema, ¿no te parece?

No obstante, antes de entrar en materia, me gustaría explicarte los ingredientes que necesito para cocinar este artículo.

El conflicto y las necesidades.

Según la Comunicación NoViolenta (CNV) todas nuestras acciones son respuestas, más o menos exitosas, que intentan satisfacer necesidades y valores universales. Los valores y necesidades universales son todo aquello que es indispensable para que los seres humanos puedan vivir. Así, hay necesidades básicas como pueden ser la necesidad de alimento, descanso, seguridad física y emocional, otras, como la necesidad de pertenencia, conexión, amor, afecto y también otras más elevadas como las necesidades de contribuir, sentido o espiritualidad. Las necesidades universales son comunes a todos los seres humanos, no importa de qué sexo, raza, religión, época o idea política tengan (enlace a un listado de necesidades y valores universales)

La importancia de conocer cuales son las necesidades que están en juego cuando hago alguna acción es que hay muchas maneras diferentes de satisfacerlas. Eso significa que no tengo porque apegarme a una acción concreta siempre que pueda encontrar alguna otra acción para satisfacer la necesidad que estoy intentando satisfacer. Por ejemplo, si estoy cansado eso significa que tengo una necesidad de descanso.

Ahora bien, para satisfacerla puedo hacer cosas tan diversas como tumbarme en el sofá, ir al cine a ver una película, puedo también decidir ir a tomar una copa con un amigo para conversar conversar o incluso podría ir a jugar un partido de fútbol con los amigos. Saber que necesidad está en juego me abre un abanico enorme de posibilidades, mientras que si no la sé, mis posibilidades se reducen a una sola acción a la cual me será muy difícil renunciar.

Podemos resolver un conflicto cuando cambiamos el nivel de las acciones por el nivel de las necesidades.

El conflicto se produce cuando una acción que realiza una parte perjudica o no satisface necesidades de otra parte. Por ejemplo, supongamos que tengo un conflicto interno entre hacer una tarea doméstica y sentarme en el sofá. Entonces, la acción “sentarme en el sofá”, que es un manera de satisfacer las necesidad de descanso, entra en conflicto con la acción “hacer la tarea doméstica”, que puede ser una manera de satisfacer las necesidades de orden, limpieza y quizás de tranquilidad.

Si este conflicto no es la primera vez que se me plantea, podría ser que la acción “sentarme en el sofá” sea una respuesta de oposición y resistencia a una voz interna que me dice “tienes que hacer ….” por lo que la acción “descansar en el sofá” quizás también sea una forma de rebelarme ante esa voz que se quiere imponer, por lo que eso sea un intento de satisfacer la necesidad de libertad y respeto al ritmo. Como puedes ver, cuando hacemos algo siempre hay una o varias necesidades que estamos intentando satisfacer, aunque no seamos conscientes de ello.

El otro asunto importante en la resolución de un conflicto es que las necesidades (que no las acciones concretas) son igual de importantes y merecen ser tenidas en consideración de igual forma. Es decir, que sentarse en el sofá o hacer la tarea doméstica no es lo importante sino que lo verdaderamente importante es encontrar alguna acción o conjunto de acciones que satisfagan las necesidades de descanso, libertad, respeto al ritmo, tranquilidad, orden y limpieza.

El pensamiento estratégico.

Con este concepto me quiero referir a un modo de pensar que tiene en cuenta un conjunto de acciones que va más allá de una acción inmediata de corto plazo. El pensamiento estratégico implica que puedo ir más allá de la acción “descansar en el sofá” o “hacer la tarea” y puedo trazar un plan más amplio en la que haya una sucesión de acciones. Por ejemplo, el pensamiento estratégico en un partido de tenis me permite ver que puede interesarme perder el juego en curso porque eso me permitirá ahorrar energía para ganar el set y finalmente el partido.

En definitiva, si aplico el pensamiento estratégico a nuestro ejemplo puedo entender que la acción “descansar” y la acción “hacer la tarea doméstica” pueden ser etapas de un mismo plan y no tienen porqué entenderse como cosas separadas que están en conflicto.

Por fin entra en juego el último ingrediente que quería explicarte.

Tomar una decisión:

Lo perfecto como enemigo de lo bueno.

El problema de las decisiones es que pueden ser difíciles de tomar cuando esperamos tomar la decisión perfecta y yo creo que eso es imposible porque las decisiones perfectas no existen. Lo que te propongo es que tomes la mejor decisión que puedes tomar con los datos que tienes disponibles. Sabiendo que estás tomando una decisión imperfecta, decide cuando vas a volver a revisar esta decisión. Es decir, toma una decisión pero que no sea definitiva, así podrás tomar decisiones “equivocadas” con tranquilidad.

Una vez que has decido qué hacer y cuándo vas a revisar la decisión, de lo que se trata es de hacerlo y, como diría Machado “sin volver la vista atrás”. Si detectamos que hay una sensación de queja significa que estamos revisando lo decidido y ya hemos dicho que de lo que se trata de de mirar hacia adelante. Por ejemplo, si he decido descansar, se trata de descansar al 100 %, sin remordimientos, sin volver la vista atrás. Igualmente, si he decidido hacer la tarea, se trata de simplemente eso, de hacerla como si fuera la única cosa en el mundo. Si detecto que hay resistencia significa que estoy volviendo la vista atrás y estoy revisando lo que ya he decidido.

Haz compartimentos estancos.

Actuar de esta forma es como hacer compartimentos estancos que evitan que el agua que entra en un sitio inunde todo el buque. Si estoy para descansar, descanso, y si hago la tarea doméstica, simplemente la hago, sin interferencias de una cosa con la otra.

Pasos para gestionar la procrastinación

Por fin ha llegado el momento de la receta. Gracias por la paciencia.

Paso 1. Acepta que estás en conflicto.

De lo que se trata es de no añadir más leña al fuego. Lo que quiero decir con esto es que a veces uno está enfadado por que se está en conflicto y eso para mi es añadir enfado a la situación de conflicto. Aceptarlo no significa que lo ignore, simplemente digo que sí a eso que me está pasando. De hecho si hay dos partes mías que están en oposición significa que hay necesidades y valores universales muy importantes y valiosos que estoy intentando preservar. Yo creo que eso vale verdaderamente la pena indagarlo.

Paso 2. Identifica qué necesidades y valores universales está buscando satisfacer cada parte.

En nuestro ejemplo ya hemos visto que las necesidades que hay en juego con la acción “descansar ” son las necesidades de descanso e incluso, la de libertad y de respeto al ritmo. Con la acción “realizar la tarea doméstica” se intentan satisfacer las necesidades de orden, limpieza y tranquilidad. Podemos ir al paso 3.

Paso 3. Genera ideas para satisfacer las necesidades de ambas partes y utiliza el pensamiento estratégico.

De lo que se trata ahora es de buscar acciones que puedan servir para satisfacer la necesidades de descanso, libertad, respeto al ritmo, orden limpieza y tranquilidad sin olvidarse del pensar de forma estratégica.

Así que, si estoy muy cansado se me ocurre que primero podría descansar, por ejemplo durante media hora, y luego, hacer la tarea doméstica de forma tranquila y estando atento a mi forma física, de manera que si me canso en exceso, tome el compromiso de parar y tomar otro descanso. Creo que este plan satisface mis necesidades de descanso, libertad, respeto al ritmo, orden, limpieza y tranquilidad. Increíble, ¿no te parece?

Paso 4. Hazlo y no te olvides de los “compartimentos estancos”

De lo que se trata es de ejecutar el plan haciendo de cada etapa algo único, total y digno de ser vivido intensamente “sin volver la vista atrás”. Confía, ya trazaste un plan, y has tenido en cuenta que es revisable, así que ahora se trata de disfrutarlo.

Conclusión

Aquí te he dado una receta que creo puede ayudar a gestionar la procrastinación. Desde luego es presuntuoso pensar que este es el método definitivo para conseguirlo y esa no es mi pretensión. Me sentiré muy satisfecho si este artículo puede contribuir, aunque sólo sea de forma muy ligera, a que puedas gestionar mejor el hábito de postergar. Ya me dirás.

¡Buen viaje!