Desconectar el parloteo mental para conectar con la vida.

smartphones¿Te haz fijado cómo el móvil puede captar y absorber toda nuestra atención? Te invito a que durante una jornada observes las personas que tienes a tu alrededor y de qué forma interactúan con el móvil. Te puedes fijar en aquellos momentos en los que no hay nada que hacer, como cuando se está viajando en transporte público, o se está haciendo cola para alguna cosa. También puedes observar aquellos momentos en los que sí que hay algo que hacer, como por ejemplo, comiendo con alguien en un restaurante, tomando una copa en un bar o en una reunión de trabajo.

Puedes observar qué ocurre cuando paseas por las calles de una ciudad. A mi me ha ocurrido que voy paseando y en ocasiones tengo que pararme o cambiar mi trayectoria si quiero evitar chocar con una persona absorta mirando su pantalla del móvil. Sin ir más lejos el otro día casi choco con una persona en la calle y esta vez era yo el que iba consultando una conversación de whatsup.

A mi me llama mucho la atención cómo enseguida surge el impulso a tomar el móvil y cómo se hace casi insoportable. ¿Tendré un mensaje de e-mail urgente? ¿Me han enviado un whatsup? ¿Qué música podría estar escuchando ahora? ¿Porqué no jugar al Candy Crush? La oferta de distracción que nos ofrece el smart phone conectado a internet es inmenso.

Ahora bien, ¿cual es el efecto de estar permanentemente pendientes de nuestro móvil? Pues que la atención sólo puede estar en un lugar y si está en la pantalla no lo está en el todo los demás. ¿Y qué es todo lo demás? Pues ni más ni menos que la vida. Efectivamente, fuera de nuestra pantalla de nuestro móvil la vida late independientemente que nosotros le prestemos atención o no. Mientras estamos conectados a la pantalla del móvil nos desconectamos de lo que ocurre ahí fuera, en definitiva nos desconectamos de la vida real. El siguiente vídeo explica esto mismo:

Sin embargo hoy quiero utilizar este efecto de estar conectado continuamente al móvil para hablarte de otra cosa que también me desconecta de la vida como si de un smartphone se tratara: me refiero a mis pensamientos. Permíteme que me explique un poco mejor.

En el vídeo hemos visto cómo el poner la atención en el móvil distrae de todo lo que pasa alrededor, en definitiva, me desconecta de la vida. Te cuento esto porque, cuando me quedo pensando sobre las cosas, dándole vueltas y más vueltas, se produce el mismo efecto que cuando me quedo absorto mirando el móvil y pierdo el contacto con lo que está pasando en el mundo. Bueno, exactamente de vista no, porque yo puedo seguir mirando lo que pasa en el exterior, pero estoy tan absorto en mis pensamientos que miro tan superficialmente que no veo. (enlace a la entrada : Miro pero no veo)

Por ejemplo, puedo pasar delante de un amanecer magnífico mientras voy de camino al trabajo pero si mi mente está dándole vueltas a la próxima reunión y está pensando cómo va a ser la jornada, voy a ser incapaz de verla. Estará delante mío pero mi parloteo mental me impedirá ver lo que hay más allá de mis pensamientos. Este es el efecto que tiene mi parloteo mental: me desconecta de la vida. (Enlace a la entrada: Observar sin juzgar, ¿es eso posible?)

Cómo reconectar con la vida

Bueno, hay multitud de métodos y disciplinas para volver a conectar con uno mismo y con la vida: meditación, mindfulness, … Yo quiero ser menos ambicioso y de momento, mi reto será sólo darme cuenta que estoy metido en mi parloteo mental y por lo tanto, que estoy desconectado de lo que pasa ahí fuera, es decir, de la vida. ¿Quieres probar tú y me cuentas?

¡Buen viaje!

P.D. Si quieres aquí tienes alguna entrada más que podría serte de utilidad:

 

Observar sin juzgar, ¿es eso posible?

Hoy quiero compartir contigo algo que me llena de curiosidad y sobre lo que estoy investigando. Se trata de observar sin juzgar. Es posible que te estés preguntando, ¿ a qué viene esto? Mira, si eres un lector habitual de mis post habrás visto que lo primero que hace falta para que podamos salir de una situación de dificultad es darnos cuenta de lo que pensamos.

Una cosa es lo que pasa, los hechos mondos y lirondos, y otra muy diferente aquello que viene a nuestra cabeza cuando nos ocurre lo que nos ocurre. Así que los juicios y los pensamientos que me vienen cuando me pasan las cosas que me pasan son un factor clave para entenderme y encontrar soluciones a mis bloqueos.

El otro asunto respecto a los pensamientos y juicios es que muchas veces me identifico tanto con mis pensamientos que confundo lo que pienso sobre los hechos, con los hechos mismos. Esta confusión tiene una consecuencia importante. Los hechos no se pueden cambiar mientras que sí puedo cambiar lo que pienso. Si confundo una cosa con otra entonces me resultará muy difícil cambiar mis ideas sobre lo que me ocurre, así que eso supone que me quedaré en el bloqueo.

Ya he escrito algún post para hablar sobre ello así que  (la importancia de darse cuenta de lo que se piensa) hoy quiero que miremos juntos otro aspecto de los pensamientos. No sé si te habrás dado cuenta pero somos auténticas fábricas de pensamientos. Hay algún estudio que afirma que esta cantidad es de 60.000  ! La cuestión que se me plantea es la siguiente:  ¿de dónde sale lo que pienso? ¿De dónde sale lo que estás pensando ahora mismo? Quédate un rato antes de contestarme de forma rápida…

Quizás puedes contestar, “de mi cerebro” o “de mi”… aunque eso que dices es un pensamiento que viene de algún sitio. Se trata de hilar un poco más fino: cuando veas que aparece el pensamiento quédate para observar de donde surge, sin pensarlo, sólo siendo un espectador de lo que sucede. Vuelve a probar…

¿Qué te ha pasado? Es posible que durante un brevísimo momento hayas tenido una experiencia muy difícil de explicar. Son ese tipo de cosas que no se pueden explicar con palabras, sólo cuenta experimentarlo. ¿Cómo explicarías a alguien lo que experimentas al ver una puesta de sol? Complicado, tiene que vivirlo él mismo porque las palabras se quedan cortas.

En mi opinión, lo que acabas de hacer es experimentar lo que es observar quien eres tú en realidad. Pero no quiero entrar en la esencia de lo que eres sino en la esencia de observar.

¿Qué significa observar realmente?

Es imposible observar el mundo sin aplicar de forma involuntaria los filtros que suponen mi historia personal, mis vivencias, mis creencias sobre el mundo, sobre las personas y sobre mí mismo. No veo el mundo como es sino, en gran parte, como soy. Sobre esto ya he escrito en alguna ocasión (no es lo mismo mapa que territorio).

Ahora bien, ¿hay alguna forma de observar sin las gafas que llevamos cada uno de nosotros? Poder hacerlo implicaría que podría dejar de lado todo lo que tiene que ver conmigo y mirar el mundo, libre de todo  eso. ¿Es eso posible? Y si lo fuera ¿qué implicaría? Si veo el mundo a través de mis filtros personales y tuviera la capacidad de poder quitarme esas gafas entonces podría ver lo que realmente es y no lo que yo creo que es. Bua! Eso sería una pasada, ¿no crees? ¿A ti no te gustaría descubrirlo?

Vale, quizás te pase como a mí, que te encantaría poder hacerlo, así que “sólo” queda un pequeño detalle, ¿Cómo podemos quitarnos las gafas de nuestra historia personal? ¿Imposible?

La buena noticia es que es posible, y la mala es que no es fácil. Bueno, quizás sea un poco presuntuoso decir que es posible. Lo que sí puedo afirmar es que yo si creo que es posible. El camino no te lo voy a descubrir yo, sino que hay sabiduría milenaria que habla sobre ello que se basa en aprender la habilidad de observar sin juzgar, sin pensar ni etiquetar sobre lo que observamos. Fácil de decir y difícil de hacer.

Lo que te estoy diciendo es muy radical porque observar sin añadir mis juicios ni mis etiquetas significa observar incluso sin utilizar palabras, porque una palabra es una etiqueta de una cosa y no es la cosa en sí misma. Así que si utilizo la palabra ya me estoy limitando. ¿Se puede llegar a observar liberándonos incluso de este límite? Yo creo que sí porque yo lo he hecho y estoy convencido que tú también lo has hecho, aunque a veces no nos demos ni cuenta y sólo lo hagamos durante unos brevísimos momentos.

Para ponerte un ejemplo, busca un momento en tu vida en el que te hayas sentido profundamente conectado a eso que estabas viendo. Puede ser un paisaje, la visión de una persona querida o alguna cosa que al observarla te hayas sentido conectado de una forma especial. ¿Qué pasaba en el momento de máxima conexión? ¿Es posible que no hubiese ninguna palabra? Simplemente estabas ahí, presente al 100% y cuando eso ocurre entonces desaparece el tiempo. Si hay pensamiento hay tiempo, así que si no hay tiempo es posible que no haya pensamiento. Es como si el ponerse en contacto con la realidad real y no con la realidad imaginada fuese una experiencia que nos dice que estamos en contacto con la realidad…

Estoy de acuerdo que estos momentos pueden ser muy breves pero existen. Y si los podemos crear una vez, aunque sea durante un breve instante, eso quiere decir que los podemos reproducir más veces y los podemos expandir. Soy consciente de la dificultad que supone observar de esta forma.

Por ejemplo, cuando miro una puesta de sol enseguida me surge el pensamiento que dice “qué puesta de sol tan bonita”. Pongo etiquetas sobre si es bonito o si me gusta, y entonces pienso que quiero conservar ese momento para volver a sentirlo más adelante. Cuando ocurre esto entonces es cuando me desconecto de la experiencia de observar y pierdo la conexión con lo que es. Por eso observar de esta forma es tan difícil y tan sutil. Por eso observar la realidad real es tan difícil.

Conclusiones

Observar de esta forma para mi es más una dirección que un destino. Quiero decir con esto que es algo a lo que no pretendo llegar, simplemente porque si pienso que lo he alcanzado entonces ya vuelvo a estar en mis pensamientos y eso quiere decir que no estoy observando.

Me es útil saber que cuando me alejo de esta forma de observar entonces lo que veo es algo que se aleja de la realidad real. Me ayuda a darme cuenta que cuando pongo etiquetas, juicios y pensamientos sobre lo que veo entonces lo que estoy haciendo es mirar a través de mis gafas personales y eso me ayuda a darme cuenta que eso que yo veo, no es lo que es sino que es la realidad vista a través de las gafas de mi yo, de mi ego…

Y tú, ¿cómo observas lo que te rodea? ¿Cómo te observas a ti mismo? ¿Por qué no pruebas de observar y observarte? En la meditación puede que encuentres alguna respuesta…

¡Buen viaje!

Observar sin juzgar, ¿es eso posible?

Hoy quiero compartir contigo algo que me llena de curiosidad y sobre lo que estoy investigando. Se trata de observar sin juzgar. Es posible que te estés preguntando, ¿ a qué viene esto? Mira, si eres un lector habitual de mis post habrás visto que lo primero que hace falta para que podamos salir de una situación de dificultad es darnos cuenta de lo que pensamos.

Una cosa es lo que pasa, los hechos mondos y lirondos, y otra muy diferente aquello que viene a nuestra cabeza cuando nos ocurre lo que nos ocurre. Así que los juicios y los pensamientos que me vienen cuando me pasan las cosas que me pasan son un factor clave para entenderme y encontrar soluciones a mis bloqueos.

El otro asunto respecto a los pensamientos y juicios es que muchas veces me identifico tanto con mis pensamientos que confundo lo que pienso sobre los hechos, con los hechos mismos. Esta confusión tiene una consecuencia importante. Los hechos no se pueden cambiar mientras que sí puedo cambiar lo que pienso. Si confundo una cosa con otra entonces me resultará muy difícil cambiar mis ideas sobre lo que me ocurre, así que eso supone que me quedaré en el bloqueo.

Ya he escrito algún post para hablar sobre ello así que  (la importancia de darse cuenta de lo que se piensa) hoy quiero que miremos juntos otro aspecto de los pensamientos. No sé si te habrás dado cuenta pero somos auténticas fábricas de pensamientos. Hay algún estudio que afirma que esta cantidad es de 60.000  ! La cuestión que se me plantea es la siguiente:  ¿de dónde sale lo que pienso? ¿De dónde sale lo que estás pensando ahora mismo? Quédate un rato antes de contestarme de forma rápida…

Quizás puedes contestar, “de mi cerebro” o “de mi”… aunque eso que dices es un pensamiento que viene de algún sitio. Se trata de hilar un poco más fino: cuando veas que aparece el pensamiento quédate para observar de donde surge, sin pensarlo, sólo siendo un espectador de lo que sucede. Vuelve a probar…

¿Qué te ha pasado? Es posible que durante un brevísimo momento hayas tenido una experiencia muy difícil de explicar. Son ese tipo de cosas que no se pueden explicar con palabras, sólo cuenta experimentarlo. ¿Cómo explicarías a alguien lo que experimentas al ver una puesta de sol? Complicado, tiene que vivirlo él mismo porque las palabras se quedan cortas.

En mi opinión, lo que acabas de hacer es experimentar lo que es observar quien eres tú en realidad. Pero no quiero entrar en la esencia de lo que eres sino en la esencia de observar.

¿Qué significa observar realmente?

Es imposible observar el mundo sin aplicar de forma involuntaria los filtros que suponen mi historia personal, mis vivencias, mis creencias sobre el mundo, sobre las personas y sobre mí mismo. No veo el mundo como es sino, en gran parte, como soy. Sobre esto ya he escrito en alguna ocasión (no es lo mismo mapa que territorio).

Ahora bien, ¿hay alguna forma de observar sin las gafas que llevamos cada uno de nosotros? Poder hacerlo implicaría que podría dejar de lado todo lo que tiene que ver conmigo y mirar el mundo, libre de todo  eso. ¿Es eso posible? Y si lo fuera ¿qué implicaría? Si veo el mundo a través de mis filtros personales y tuviera la capacidad de poder quitarme esas gafas entonces podría ver lo que realmente es y no lo que yo creo que es. Bua! Eso sería una pasada, ¿no crees? ¿A ti no te gustaría descubrirlo?

Vale, quizás te pase como a mí, que te encantaría poder hacerlo, así que “sólo” queda un pequeño detalle, ¿Cómo podemos quitarnos las gafas de nuestra historia personal? ¿Imposible?

La buena noticia es que es posible, y la mala es que no es fácil. Bueno, quizás sea un poco presuntuoso decir que es posible. Lo que sí puedo afirmar es que yo si creo que es posible. El camino no te lo voy a descubrir yo, sino que hay sabiduría milenaria que habla sobre ello que se basa en aprender la habilidad de observar sin juzgar, sin pensar ni etiquetar sobre lo que observamos. Fácil de decir y difícil de hacer.

Lo que te estoy diciendo es muy radical porque observar sin añadir mis juicios ni mis etiquetas significa observar incluso sin utilizar palabras, porque una palabra es una etiqueta de una cosa y no es la cosa en sí misma. Así que si utilizo la palabra ya me estoy limitando. ¿Se puede llegar a observar liberándonos incluso de este límite? Yo creo que sí porque yo lo he hecho y estoy convencido que tú también lo has hecho, aunque a veces no nos demos ni cuenta y sólo lo hagamos durante unos brevísimos momentos.

Para ponerte un ejemplo, busca un momento en tu vida en el que te hayas sentido profundamente conectado a eso que estabas viendo. Puede ser un paisaje, la visión de una persona querida o alguna cosa que al observarla te hayas sentido conectado de una forma especial. ¿Qué pasaba en el momento de máxima conexión? ¿Es posible que no hubiese ninguna palabra? Simplemente estabas ahí, presente al 100% y cuando eso ocurre entonces desaparece el tiempo. Si hay pensamiento hay tiempo, así que si no hay tiempo es posible que no haya pensamiento. Es como si el ponerse en contacto con la realidad real y no con la realidad imaginada fuese una experiencia que nos dice que estamos en contacto con la realidad…

Estoy de acuerdo que estos momentos pueden ser muy breves pero existen. Y si los podemos crear una vez, aunque sea durante un breve instante, eso quiere decir que los podemos reproducir más veces y los podemos expandir. Soy consciente de la dificultad que supone observar de esta forma.

Por ejemplo, cuando miro una puesta de sol enseguida me surge el pensamiento que dice “qué puesta de sol tan bonita”. Pongo etiquetas sobre si es bonito o si me gusta, y entonces pienso que quiero conservar ese momento para volver a sentirlo más adelante. Cuando ocurre esto entonces es cuando me desconecto de la experiencia de observar y pierdo la conexión con lo que es. Por eso observar de esta forma es tan difícil y tan sutil. Por eso observar la realidad real es tan difícil.

Conclusiones

Observar de esta forma para mi es más una dirección que un destino. Quiero decir con esto que es algo a lo que no pretendo llegar, simplemente porque si pienso que lo he alcanzado entonces ya vuelvo a estar en mis pensamientos y eso quiere decir que no estoy observando.

Me es útil saber que cuando me alejo de esta forma de observar entonces lo que veo es algo que se aleja de la realidad real. Me ayuda a darme cuenta que cuando pongo etiquetas, juicios y pensamientos sobre lo que veo entonces lo que estoy haciendo es mirar a través de mis gafas personales y eso me ayuda a darme cuenta que eso que yo veo, no es lo que es sino que es la realidad vista a través de las gafas de mi yo, de mi ego…

Y tú, ¿cómo observas lo que te rodea? ¿Cómo te observas a ti mismo? ¿Por qué no pruebas de observar y observarte? En la meditación puede que encuentres alguna respuesta…

¡Buen viaje!

¿Sabemos valorar lo que tenemos?

El pasado domingo fui al quiosco donde compro habitualmente el diario. Era el día del sorteo de Navidad (para los lectores que no lo conozcáis, es un sorteo de la Lotería Nacional de España, muy popular porque se encuadra en las fechas navideñas). Encontré al quiosquero revisando unos boletos de lotería. Entonces le dije,

– Qué,  ¿ha habido suerte? ¿Eres ya millonario?

Entonces se paró unos instantes antes de contestar y me dijo.

– Yo ya soy rico.

Me contestó con su voz característica: tiene dificultades para hablar porque sufrió y superó un cáncer de laringe. Entonces continuó su explicación.

– Mira, tengo salud que es lo más importante. Sin esto lo demás no sirve para nada. Yo, que he superado algo como esto ( y me señaló su cuello, tapado siempre con un pañuelo) es algo que tengo en cuenta. Antes estaba siempre preocupado por cualquier cosa, pero ahora, ya no. Como dicen por Madrid, me pongo el mundo por montera.

– Ya entiendo. Le contesté.

– Muchas gracias (…por la lección de sabiduría, pensé)

¿Tenemos que esperar a perder algo para aprender a valorarlo? Creo que muchos de nosotros somos capaces de darnos cuenta de ello cada vez que nos ocurre algo trascendente en nuestras vidas o cuando le pasa a alguien cercano a nosotros, pero enseguida se nos olvida en la vorágine del día a día. ¿Cómo podríamos aprender a valorar estas cosas tan importantes en nuestras vidas?

La manera que yo estoy encontrando es la de establecer pequeños rituales de agradecimiento e incorporarlos a la vida diaria. Agradecer el confort que me da una buena ducha de agua caliente por las mañanas. Agradecer los alimentos que voy a comer antes de empezar la comida. Agradecer que puedo ir caminando mi trabajo ( los que tenemos el privilegio de tenerlo) y sentir el aire fresco en la cara, … Trato de incorporar poco a poco estos rituales en mis rutinas diarias para que mi vida sea más rica, para que la pueda vivir con más intensidad. No quiero esperar al fin de semana para vivir. No quiero esperar a las vacaciones o al viaje extraordinario para disfrutar …. no quiero pasar de puntitas por la vida.

IMG_3698Para acabar te adjunto un texto que creo que tiene que ver con esto. Espero que te sea de inspiración.

Los milagros son comparables a las piedras: están en todos los sitios, ofreciendo su belleza y casi nadie las valora. Vivimos una realidad donde abundan los prodigios, pero sólo los ven los que han desarrollado la percepción. Sin esta sensibilidad, todo se vuelve banal, al acontecimiento maravilloso lo llamamos casualidad, avanzamos por el mundo sin esta actitud clave que es la gratitud. Cuando pasa la cosa más extraordinaria, lo vemos como un fenómeno natural, como si fuéramos parásitos, lo usamos sin dar nada a cambio. Pero el milagro exige un intercambio: He de fructificar aquello que me has dado para los otros. Si no estamos unidos, no captamos el portento. Los milagros no los hace ni los provoca nadie; se descubren. Cuando el que se creía ciego se quita las gafas oscuras, ve la luz.

Alejandro Jodorowsky

¿Qué tal si nos quitamos las gafas oscuras?

¡Buen viaje!

 

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Se te escapa el tiempo y no sabes cómo …

Amaneceres perdidos

 

¿Se te escapa el tiempo y no sabes cómo? Mi compromiso para mirar la vida de otra forma.

El tiempo se me escapa, sin quererlo, sin darme cuenta. Parece que cada vez me pasa más deprisa. Me veo un montón de veces diciéndome “Ha pasado un año y sin embargo me parece que fue ayer cuando …”. ¿A ti te ocurre lo mismo? El tiempo es como

 

… el tiempo es como el agua que brota de una fuente. Intento retenerla en mis manos para que no se me escape, pero no lo consigo. La fuente proviene de un manantial que a veces brota con mucha fuerza, mientras que otras veces sólo da un hilo de agua, pero nunca se agota. He intentado retenerla haciendo un cuenco con mis manos, pero el agua acaba por rebosar y se pierde de forma inexorable.

Durante mucho tiempo me he resistido a esto pero me ha dado cuenta que es inútil. No quiero luchar más, quiero aceptarlo sin  resignarme. ¿Cómo sería entonces aceptarlo?

Estoy presente y atento a lo que siento cuando el agua pasa entre mis dedos, sin juzgarlo, sin querer que sea algo diferente de lo que ya es. Entonces es cuando curiosamente se produce un cambio.El agua que me parecía siempre igual deja de serlo. Sólo cuando estoy presente y sólo soy un testigo de lo que pasa puedo apreciar cada gota de agua como algo único e irrepetible. Este momento se convierte en algo sencillamente único y por ello, maravilloso.Así que ahora ya no quiero retener el agua. Ahora simplemente quiero que fluya para disfrutar de ello.

Mi declaración de intenciones

Con esta metáfora lo que te quiero decir es que he descubierto que tratar de resistirse al paso del tiempo es inútil. Me resisto porque supongo que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero ahora quiero cambiar de actitud. Así que esta mi declaración de intenciones con respecto a vivir el momento.

Quiero vivir la vida y no estar todo el día perdido haciendo cosas o esperando a que las cosas pasen, sin darme cuenta que la vida está delante mío, esperando que la viva. Quiero dejar de juzgar el tiempo y pensar si es o ha sido mejor o peor. Quiero vivir cada momento de mi vida, cada segundo, simplemente dejando que sea, sintiéndolo. Nada es superfluo, todo es valioso, hasta lo aparentemente más insignificante. Quiero llorar con todas mis lágrimas y reír con todas mis risas. Quiero honrar a la vida en todos sus momentos porque ahí se esconde algo único e irrepetible que quiero descubrir. No quisiera perdérmelo para nada.  Así que no quiero que mi vida se limite a esperar a que lleguen los buenos momentos sino que quiero hacer bueno cada momento.

Llevándolo a la práctica

¿Cómo estoy llevando esto a mi vida diaria? Pues a través de mi intención de poner cada vez más consciencia en todas y cada una de las cosas que hago en mi vida. Así que, antes de hacer algo, decido cual va a ser mi intención y si quiero hacerlo de forma consciente. Entonces, antes de empezar algo me pregunto ¿Cesc, quieres hacer esto de forma consciente?

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Amaneceres perdidos.

El otro día, cuando iba de camino al trabajo, me detuve en un semáforo. Mientras esperaba que se pusiera verde pensaba en las cosas que tenía que hacer esa mañana y planificaba mentalmente lo que haría al llegar la oficina. Inmerso en esos pensaminetos, levanté la cabeza y vi que el semáforo ya estaba en verde. Me lancé con mi bicicleta a cruzar rápidamente la calzada cuando al levantar la vista del asfalto me encontré con la siguiente imagen.

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El impacto de lo que pensamos con un chiste.

El otro día estaba esperando a que mi hija saliera del entrenamiento del fútbol cuando me llamó la atención una persona que iba caminando sola y gesticulando ostensiblemente. Hoy en día es habitual porque en muchos casos se habla por teléfono móvil través de unos auriculares con micrófono. El caso es que la persona de la que os hablo no llevaba ningún auricular ni estaba hablando por teléfono.

Muchas veces, a éstas personas se las dice que no están muy cuerdas. ¿Porqué? Pues supongo que están tan metidos en sus diálogos internos que no se dan ni cuenta que son eso, internos, y que por lo tanto no tiene ningún sentido ni hablar en voz alta o gesticular, que son acciones hacia el exterior. Si consideramos sólo este aspecto para decir que estamos cuerdos o locos, entonces la linea que separa unos de otros es muy delgada. Ahora os explico mi interpretación.

Los supuestamente cuerdos nos damos cuenta (me vais a permitir que me incluya en esta categoría) cuándo lo que nos decimos es sólo nuestro y tenemos esa consciencia para no exteriorizarlo. Ahora bien, ¿cuantos de nosotros podemos estar seguros que nuestros diálogos internos, especialmente si hay en ellos fuertes emociones, no se manifiestan en el exterior sin que nos demos cuenta de ello? ¿Cómo podéis estar seguros que exteriormente no se manifiesta aquello que estáis pensando?

Os propongo que observéis a la gente en el metro, un lunes por la mañana. Las personas vivimos tan absortos en nuestros pensamientos que no vemos al que tenemos delante. Y sino, fijaros en las miradas de la gente, perdidas en el infinito, o mirando al suelo, o jugando con su smartphone compulsivamente como una forma de escapar al no saber estar con uno mismo.

¿Qué diferencia hay entonces entre cualquier persona perdida en sus pensamientos y la persona que vi el otro día que hablaba sola? La única diferencia es que una exterioriza su estado interno y la otra no pero, en lo esencial, están igual de perdidas en sus pensamientos.

Alguno de vosotros se podría preguntar, ¿hay algo de malo en ello?. La cuestión no es que sea bueno ni malo. Lo único que os planteo es que ésto hace que perdamos de vista que una cosa es lo que pasa y otra muy diferente es lo que pensamos al respecto de lo que está pasando. Lo segundo es una producción propia fruto de cómo somos, de nuestros valores, de nuestras vivencias personales. Desde luego que tiene que ver con lo que está pasando pero que NO es lo que pasa. (Podéis ver ->  El mapa no es el territorio). Ante la misma cosa pueden haber tantos diálogos internos como gente hay que mira la misma cosa y confundirlo con la realidad puede llevarnos graves consecuencias (podéis ver la primera parte del artículo ->Etiquetar a las personas)

Para ilustrar esto mismo de otra forma menos trágica os voy a explicar un chiste.

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¿Es compatible el hecho de tener objetivos y ejecutar planes para alcanzarlos con la filosofía del “vivir el momento”?

Durante mucho tiempo he podido comprobar personalmente la utilidad y efectividad que supone fijarse objetivos. He estudiado y probado infinidad de técnicas, algunas veces con éxito y otras veces con resultados más bien pobres. Sin embargo, he llegado a la conclusión que la capacidad de hacer planes y el compromiso para llevar a cabo lo planeado es fundamental para tener la sensación que controlamos nuestras vidas y que no somos unas simples marionetas a merced de las circunstancias de la vida. Y cuando uno descubre algo que funciona y piensa que puede ser muy valioso para el progreso de las personas se entusiasma y tiene la tendencia a pensar que es lo único que funciona.

Durante mucho tiempo este ha sido el paradigma en el que he vivido: fijarme objetivos alineados con lo que entiendo que es misión en este mundo, y hacer planes para alcanzarlos. Y como en todas las cosas, la única manera de aprender es hacerlo, equivocarse, y volver a intentarlo. Llegados a este punto, supongo que alguno de vosotros se podría preguntar: bueno, ¿Y cuál es el problema?

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¿Podemos gestionar el estrés?

Podemos definir el estrés (stress) como un fenómeno que se presenta cuando las demandas de la vida se perciben demasiado difíciles. La persona se siente ansiosa y tensa y se percibe mayor rapidez en los latidos del corazón. El estrés es lo que uno nota cuando reacciona a la presión, sea del mundo exterior sea del interior de uno mismo. El estrés es una reacción normal de la vida de las personas de cualquier edad. Está producido por el instinto del organismo de protegerse de las presiones físicas o emocionales o, en situaciones extremas, de peligro.

En determinadas condiciones, los cambios provocados por el estrés en nuestro cuerpo (aumento de la presión sanguínea, ritmo cardíaco elevado,…) resultan muy convenientes, pues nos preparan de manera instantánea para responder oportunamente y poner nuestra vida a salvo. Muchas personas en medio de situaciones de peligro desarrollan fuerza insospechada, saltan grandes obstáculos o realizan maniobras prodigiosas.

¿Cuál es entonces el problema? Lo que en situaciones apropiadas puede salvarnos la vida, se convierte en un problema cuando nuestro cuerpo interpreta como algo “peligroso” situaciones que no ponen en peligro nuestra integridad y que ocurren con frecuencia en nuestro día a día. Ello provoca que nuestro cuerpo esté en permanente alerta lo cual tiene consecuencias negativas en nuestra salud: elevación de la presión sanguínea (hipertensión arterial), gastritis y úlceras en el estómago y el intestino, disminución de la función renal, problemas del sueño, agotamiento, alteraciones del apetito,…

La sociedad moderna nos ha llevado a vivir en ambientes que facilitan que las personas sufran estrés. ¿Cómo podríamos reducirlo? Veamos algunas posibles estrategias.

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Zapping Mental

¿Qué es hacer zapping? Para mi es plantarse delante de la tele y cambiar compulsivamente de canal, sin ton ni son. Miro algo y pienso, habrá algo mejor? Y cambio de canal. Y cuando he cambiado me vuelvo a hacer la misma pregunta y vuelvo a cambiar. Y así sucesivamente. Al cabo de un rato de estar instalado en esta dinámica, apago la tele agotado, cansado, con una sensación de insatisfacción y aburrimiento.

Pues bien, imaginad que los canales de televisión son vuestros pensamientos y vosotros sois los espectadores, los que miráis la televisión con el mando a distancia en vuestras manos.

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