“Pasar o no pasar el aspirador, esa es la cuestión” – falsamente atribuido a Hamlet ;-)

Estoy el sábado por la mañana en casa. El piso necesita limpieza. Creo que le sentaría la mar de bien que le pasara el aspirador pero sólo pensarlo y ya me entra una pereza… estoy en lucha entre mi necesidad de orden, limpieza y las de comodidad y descanso. La lucha es dura. Después de un rato, que a mí me ha parecido muy largo, me inclino por pasar la aspiradora. Definitivamente creo que me quedaré más tranquilo y que después de haberlo limpiado podré descansar con la satisfacción de ver el piso limpio y la casa ordenada.

Empiezo a pasar la aspiradora. Mientras lo hago no puedo dejar de pensar lo bien que estaría yo descansando, tirado en el sofá, en vez de estar haciendo algo tan pesado y tedioso como pasar la aspiradora. Mientras pienso esto, el trabajo se me hace súper pesado y además me siento molesto porque es como si una parte mía me estuviera obligando a hacer algo que otra parte mía no quiere.

Al final acabo con una sensación de cansancio que no se corresponde con el trabajo que he hecho. Supongo que piensas que es lo más normal al del mundo después de pensar lo que pensaba mientras pasaba el aspirador. La pregunta que me hago es, ¿habría otra forma más liviana de hacer esto? Yo creo que sí. Si me acompañas te lo muestro.

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¿Las cosas tienen sentido?

Un terremoto o una catástrofe natural, ¿pueden tener sentido? Que un niño pequeño muera por una enfermedad, ¿tiene sentido? Que una persona que pasea tranquilamente por la acera de una ciudad, sea atropellada por un coche y muera, ¿tiene eso sentido? En general, las cosas que pasan, ¿tienen sentido?

Cuando nos ocurren cosas desagradables o terribles buscamos desesperadamente que eso tenga algún sentido. Es como si que para que las cosas pasen tuviera que haber una explicación.No sé qué es lo que tu opinas al respecto. Yo creo que las cosas que pasan pueden ser los efectos de unas causas, y que suceden independientemente de que tengan sentido o no lo tengan para mí.

Me parece un poco pretencioso por mi parte esperar que las cosas pasen o dejen de pasar, esperando que haya alguien como yo que dé el visto bueno para que eso suceda. Un terremoto que arrasa ciudades y pueblos y mata a miles de personas tiene unas causas geológicas, y ocurre independientemente que tenga o no tenga sentido para mí. Esto me trae a la memoria una cita que tiene que ver con el sentido de justicia en la vida. En palabras de Mordecai Kaplan,

Esperar que el mundo te trate bien porque eres una persona honesta es como esperar que el toro no te embista porque eres vegetariano.

Lo que yo creo es que las cosas no tienen intrínsecamente sentido, aunque sí creo que las personas buscamos y podemos encontrar un sentido a las cosas que nos pasan. Así que de lo que se trata es de poner el foco en nosotros y no en las cosas que suceden. Con todo esto, la pregunta que ahora me viene es: ¿Qué es lo que me impulsa a buscar sentido a las cosas? ¿Para qué busco un sentido a las desgracias que me acontecen en la vida?

Si te parece podemos buscarlo juntos. Lo que se me ocurre es que recordemos algo que nos haya pasado en la vida que no tenga sentido. Yo ya tengo el mío, ¿tienes tú el tuyo? Me espero… Ahora te pido algo (o mucho) de imaginación. Supón que por arte de magia, ya has encontrado el sentido a ese suceso. Golpe de varita mágica y … ¡zas! Ahora lo ves claro. Todo lo que pasó, ves que tiene todo el sentido del mundo.

¿Cómo te sientes ahora que todo tiene sentido? ¿Cómo ha cambiado la forma en que estás viviendo esas circunstancias? Quédate un rato ahí para experimentarlo.

….

Me encantaría que me pudieras explicar qué te ha sucedido. Lo que a mí me ha ocurrido es que tengo una gran sensación de tranquilidad. Eso no me ha quitado la sensación de tristeza pero es una tristeza tranquila, podría decir que es dulcemente amarga. Cuando las cosas dolorosas que nos pasan tienen sentido, se produce algo que hace posible que los sentimientos se transformen. ¿Porqué?

Cuando encuentro sentido a algo, eso me ayuda a aceptar las circunstancias por penosas que éstas puedan ser. Al aceptar dejo de resistirme y de vivir peleado con lo que me ha ocurrido y eso me permite trascender la rabia. El aceptar es como un poderoso disolvente que me “des-a-pega” de una realidad dolorosa que ya no puedo cambiar. Es entonces cuando dejo de preguntarme ¿Cómo ha podido pasarme esto a mí? Esto es poderoso porque es el paso necesario para poder hacer el siguiente paso.

Cuando encuentro sentido a algo que me ha pasado y lo he aceptado, entonces es posible encontrar un “para qué” y eso hace que mire hacia adelante. Un “para qué” me impulsa a moverme hacia un futuro mejor a partir de lo que es, y me da la energía para hacer cosas, o “simplemente” me da la energía suficiente para continuar. Esto me recuerda una cita de Nietzsche que dice:

«Quien tiene algo por qué vivir, es capaz de soportar cualquier cómo»

El ejemplo de Viktor Frankl

Este psiquiatra Austríaco pasó por la dolorosa experiencia de los campos de concentración nazis. Viktor Frankl sobrevivió al Holocausto, pero tanto su esposa como sus padres fallecieron en los campos de concentración. A su regreso escribió el libro “El hombre en busca de sentido“, (por cierto te recomiendo encarecidamente su lectura). En esta obra expone que, incluso en las condiciones más extremas de deshumanización y sufrimiento, el hombre puede encontrar una razón para vivir.

Las personas que buscaron y encontraron un sentido a todo esa locura, tuvieron una energía vital suplementaria que les permitió aumentar sus probabilidades de supervivencia. Quizás te estés preguntando, ¿qué razones para vivir podrían encontrar personas que vivieron situaciones tan “sin sentido” como los prisioneros de los campos de concentración? Cada una tuvo que encontrar su propio sentido y habitualmente eran motivaciones que iban más allá de su propia persona. El propio Viktor Frankl encontró en el amor que sentía por su familia y por su esposa la fuerza para continuar luchando. Así, escribiría después

“[…] la salvación del hombre sólo es posible en el amor y a través del amor”.

Otros prisioneros la encontraron reconfortando a los demás, … Cada persona tuvo que encontrar la suya. (Puedes leer más en: Monografías: El hombre en busca de sentido)

Nuestra responsabilidad

Así que, quizás, ante cualquier situación dolorosa nos encontramos ante la responsabilidad de buscar dentro de nosotros, un sentido a todo eso que nos está pasando, un sentido que, a su vez, lo encontramos curiosamente fuera de nuestro ego, cuando hay un para qué que nos trasciende. En palabras de Frankl:

«Todo puede serle arrebatado a un hombre, menos la última de las libertades humanas: el elegir su actitud en una serie dada de circunstancias, de elegir su propio camino. ¿No podemos cambiar la situación? Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento.»

Te deseo que siempre puedas encontrar un “buen sentido” y …

¡Buen Viaje!

La brújula de la felicidad

Creo que hay muchas cosas que tenemos en común los seres humanos. Entre ellas hay una en la que estoy seguro que vamos a coincidir. Todos queremos ser felices. ¿verdad que sí?

Bien, todos queremos ser felices aunque cada persona escoge su propio camino para tratar de serlo. Así que, quizás podríamos estar de acuerdo que la vida es un continuo movimiento guiado por la búsqueda de la felicidad. Los filósofos de oriente y occidente han tratado de dar sus respuestas a lo que es la felicidad y cómo llegar a ser feliz, aunque yo tengo la impresión que todavía nadie a encontrado la llave maestra de la felicidad o quizás todavía no hemos entendido cómo hacerlo.

Es por eso que cada uno de nosotros hacemos nuestros intentos. Vamos a un lugares y nos fijamos metas que se suponen nos harán felices y cuando las alcanzamos nos decimos “¡Encontré la felicidad!”, pero eso no dura mucho. Como el agua que se escapa entre los dedos, la felicidad se pierde al cabo de un tiempo.

Podemos preguntar a las personas que se dicen felices y nos cuentan cómo lo han conseguido pero parece que su solución no sea la definitiva porque hay gente que haciendo lo que dicen los sabios encuentra la felicidad y en cambio, hay gente que haciendo lo mismo no la alcanza. Así que la felicidad parece que no puede estar en una manera concreta y universal de hacer las cosas.

Por otra parte, cuando pienso en las veces que he llegado a aquello que pensaba que me haría feliz, durante un cierto tiempo experimento felicidad. Así que, sí que tiene que haber alguna cosa en aquello que hago que me hace feliz.

Esto me hace pensar que la felicidad está relacionada de alguna forma con las cosas que hago pero no es una relación determinante del tipo causa efecto porque, si fuera así, cuando alcanzara aquello que me hace feliz, entonces lo sería siempre. Así que el factor personal seguramente es un factor determinante.

Después de darle muchas vueltas al asunto he llegado a una conclusión que quiero compartir contigo. Como la felicidad no puede estar en un lugar concreto, en un objetivo particular o en una manera de vivir determinada que sea universal a todas las personas he decidido que voy a dejar de buscarlo ¿Quiero decir esto renuncio a ser feliz? Sí pero no. Ya sé que es una contradicción, pero sólo en apariencia. Voy a tratar de explicarme mejor.

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La gestión del tiempo y la estrategia del submarino.

En el post de hoy te quiero hablar sobre lo que es en mi opinión uno de los mayores retos que hay a la hora de gestionar el tiempo. Me refiero a que las pequeñas cosas del día a día me impiden dedicar tiempo a las cosas importantes pero no urgentes. Precisamente, el no encontrar tiempo para planificar y prepararme para lo que tiene que venir incrementa las urgencias, lo cual me deja menos tiempo para que pueda pensar y planificar. Lo cual hace que tenga más urgencias, … Desde luego es un círculo vicioso del cual resulta muy difícil salir. ¿Cuales son las razones que me lo impiden? ¿Hay alguna estrategia que me podría ayudar? A continuación voy a tratar de dar respuesta a estas preguntas.

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La gestión del tiempo y la estrategia del submarino.

En el post de hoy te quiero hablar sobre lo que es en mi opinión uno de los mayores retos que hay a la hora de gestionar el tiempo. Me refiero a que las pequeñas cosas del día a día me impiden dedicar tiempo a las cosas importantes pero no urgentes. Precisamente, el no encontrar tiempo para planificar y prepararme para lo que tiene que venir incrementa las urgencias, lo cual me deja menos tiempo para que pueda pensar y planificar. Lo cual hace que tenga más urgencias, … Desde luego es un círculo vicioso del cual resulta muy difícil salir. ¿Cuales son las razones que me lo impiden? ¿Hay alguna estrategia que me podría ayudar? A continuación voy a tratar de dar respuesta a estas preguntas.

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Cómo sustituir costumbres no deseadas por costumbres sanas.

A veces me plantean cosas como la siguiente. ¿Oye Francesc, cómo es que continúo haciendo cosas que sé que me perjudican? Veo claramente que eso que hago no me beneficia pero es como si estuviera atrapad@ porque continúo haciéndolo.

¿Te ha pasado alguna vez algo parecido? En este post voy a tratar de que juntos investiguemos qué es lo que puede hacer que nos mantengamos enganchados a costumbres perjudiciales. No puedo salir de una prisión si antes no trato de comprender cómo está construida y cuales son sus entresijos así que éste será el primer paso que vamos a dar para que luego podamos construir costumbres que sí sean beneficiosas. Así que, si estás interesado en este tema, y porqué nos hacemos auto boicot, este artículo puede ser de tu interés.

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¿Quieres ser cigarra o hormiga? ¿Podría ser las dos cosas a la vez?

 

Me parece que tú ya conoces la fábula de la cigarra y la hormiga y creo que también sabes que todas las fábulas acaban con una moraleja. En el caso de esta fábula el mensaje es que el trabajo incesante de la hormiga se ve recompensado con la supervivencia, mientras que la despreocupación de la cigarra la paga con su vida. Es pues una invitación al trabajo duro y al valor del esfuerzo. Sin embargo la amenaza es la fuerza motora de ese comportamiento y eso a mi eso no me gusta.

Por otra parte, lo que me gusta de la cigarra es esa actitud de saber vivir y disfrutar de los momentos que te proporciona la vida, no como la hormiga que parece que sólo sepa vivir para trabajar. Así que después de leer la fábula de la cigarra y la hormiga lo que me queda es una cierta sensación de conflicto. No me gusta tener que elegir entre ser o cigarra o hormiga. ¿No me podría quedar con lo mejor de los dos? Esta inquietud que te planteo no es nueva y de hecho es compartida con más gente. De hecho, esto me recuerda un chiste sobre consultores de alto nivel.

Cuenta que una cigarra, al conocer la fábula de la cigarra y la hormiga también entró en crisis. No podía dejar de ser una cigarra, por lo tanto necesitaba cantar en verano, pero no deseaba para nada morir, así que decidió contratar a un consultor de alto nivel para que le diera una solución a su dilema.

¿Hay alguna solución a este problema? Le preguntó al consultor.

– Por supuesto.

Y después de abonarle la tarifa de consultor de alto nivel le dijo lo siguiente:

– Lo que debes hacer es lo siguiente. Durante el verano te dedicas a cantar y cuando llegue el invierno, te disfrazas de hormiga y te metes en el hormiguero para pasar el invierno.

– ¡Qué gran idea!, dijo la cigarra. 

Pero después de pensar un rato, le contestó.

– ¿Y cómo me disfrazo de hormiga? – Eso se lo tendrás que preguntar a un consultor de bajo nivel. Yo sólo me ocupo de las grandes ideas.

….

Yo no soy un consultor de alto nivel aunque tengo una propuesta para ti que une el mundo de la cigarra con el de la hormiga y además, !te lo cuento gratis! ¿Te apetece que te lo explique? Continuar leyendo

Monstruos SA: ¿qué te impulsa hacia el cambio?

Cuando una persona o un sistema formado por personas quiere cambiar siempre podremos encontrar dos campos de fuerzas en oposición. Veamos cuales son.

Las fuerzas que dificultan el cambio

En este lado está normalmente el miedo a lo desconocido, ya que cualquier cambio supone alejarse de una zona que conocemos y que controlamos. Otras veces no es tan el miedo como la incomodidad que supone moverse de lo que conozco. A esta zona de lo conocido y lo que controlamos se le llama zona de confort aunque en muchas ocasiones no es en absoluto una zona confortable. Simplemente es donde estamos acostumbrados a estar, sea no no sea agradable.

Las fuerzas que favorecen el cambio

Estas son las fuerzas que favorecen que la persona o el sistema se muevan en dirección hacia el cambio deseado. A primera vista uno pudiera pensar que estas son las fuerzas impulsoras, las que nos mueven hacia un futuro esperanzador e ilusionante. Es cierto, aunque hay un pero. Lo que yo estoy más habituado a ver es que, cuando nos fijamos un objetivo lo hacemos diciendo lo que no queremos en vez de lo que queremos. Tendemos a formular un objetivo para corregir lo que está mal, para huir de una situación negativa. Así formulamos objetivos como los siguientes:

No quiero tener miedo…

No quiero una relación negativa con…

No quiero estar en el paro…

No quiero que mi departamento …

Fíjate que la fuerza impulsora del cambio es algo que no me gusta, incluso es el miedo a que algo negativo me pase. Muy positivo no es, ¿no te parece? Estoy de acuerdo que el miedo y el rechazo es una gran fuerza impulsora, pero ¿hay alguna cosa diferente que me acerque a lo que quiero desde otro lugar?

Otra forma de acercarte a lo que quieres

Mi propuesta es que rompas la tendencia que tenemos todos a huir de lo que no nos gusta y pasar a formular mi objetivo haciéndote otro tipo de preguntas:

¿Cuál es el lugar en el que quiero estar? ¿Cómo es ese lugar?¿Que me pasará cuando esté en ese lugar? ¿Cómo me sentiré? ¿Con quién estaré? ¿Qué habré conseguido? ¿Qué cosas me estaré diciendo?

Recrea ese lugar deseado y siéntelo. Cuanto más lo puedas ver, tocar y sentir más energía obtendrás que es lo que realmente necesitas para alcanzar los objetivos que te has marcado. Lo que quiero decirte con esto es que la energía que proviene de lo que quieres, de lo que deseas, lo que te proporciona sentir aquello que te has marcado como objetivo, tiene una energía mucho más poderosa que la que viene del miedo o de la incomodidad de la situación no deseada. Si te has marcado un objetivo retador vas a necesitar mucha energía para conseguirlo así que es muy recomendable que te centres en utilizar la energía positiva de tu objetivo en vez de centrarte en la negativa. Es una cuestión de probarlo para experimentar la diferencia.

Esto es lo que conecta precisamente con el título del post porque me trae a la memoria la película Monstruos S.A. ¿La recuerdas? El mundo de los monstruos es paralelo al de los humanos y los protagonistas van a trabajar a una fábrica donde los monstruos viajan al mundo de los niños a través de unas puertas mágicas. Una vez allí, obtienen la energía que su mundo necesita a partir de los gritos que hacen los niños cuando los monstruos les asustan. Cuanto más terrorífico sea el monstruo, más grita el niño y más energía capturan y guardan para su mundo.

Pasan un montón de cosas divertidas cuando una niña pasa accidentalmente al mundo de los monstruos. Pero lo que lo que me conecta con la película es el hecho que, por casualidad se dan cuenta que la energía que proporciona un niño cuando se ríe es  mucho más poderosa que la energía que proporcionan los gritos del miedo.

Para mi esto es algo parecido. La energía que necesitan tus objetivos para que se puedan convertir en realidad los puedes obtener de dos formas. Del miedo y rechazo que te proporciona aquello que no quieres (los gritos de los niños) o bien de aquello que viene de lo que somos capaces de imaginar y sentir cuando vivimos lo que queremos conseguir (las risas de los niños) . En la película se dan cuenta que la risa es 10 veces más energética que los gritos del miedo. Los gritos son poderosos y proporcionan energía pero son mucho más potentes las risas. Hay un cambio de paradigma y desde ese momento se reinventan para conseguir risas en vez de gritos de miedo.

¿Será igual de potente también en el caso de los objetivos? ¿Es realmente tan poderoso el  imaginar, sentir y vivirlo como si ya lo hubieras conseguido? ¿Te atreverías a imaginártelo? La única manera de saberlo es que lo pruebes. Ya me contarás…

¡Buen viaje!

 

Reduce la marcha que viene una subida…

Vas circulando por la carretera manejando tu vehículo. Circulas por un llano. No hay baches, todo funciona con normalidad. Entonces aparece un repecho en el camino. Tu no haces nada y continúas tu marcha. El repecho se convierte en una fuerte subida. Tu continúas sin hacer nada. Las revoluciones del motor bajan, y bajan. El motor renquea, la velocidad disminuye hasta que el motor se cala y el vehículo se detiene. Bajas del coche y te lamentas de tu mala suerte. ¿Porqué demonios tendría que haber aparecido ese repechón en mi camino? Con lo bien y feliz que estaba yo… Te dices. Mira que es mala suerte.

Para los que conducir un vehículo con cambio manual sea una cosa habitual esta historia quizás os parezca un poco absurda. Todo el mundo sabe que cuando uno lleva una marcha demasiado larga el motor se cala. Y aunque te gustaría llegar lo más rápido posible a tu destino, si encuentras una subida, lo más natural del mundo es reducir la marcha y por lo tanto, la velocidad. Parece un contrasentido, pero sabes muy bien que no reducir la marcha supone algo peor: pararte del todo con la consecuente pérdida de tiempo. El buen conductor sabe adaptar la marcha a las circunstancias del terreno y no se queja continuamente que la carretera tenga subidas y bajadas, curvas y rectas. Simplemente es así e incluso puede llegar a ser placentero: una carretera llana y sin curvas sería profundamente aburrida. Continuar leyendo

Esfuerzo o entusiasmo. ¿Cual es tu motor?

 

En este artículo hablaré del esfuerzo y la ilusión. Aunque antes de entrar en materia os quiero explicar una clasificación de 3 tipos que es aplicable tanto a personas como a organizaciones. Más adelante veréis cual es la relación con el título del artículo. ¿Os apetece? Entonces, ¡Vamos allá !

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