Procrastinar o el arte de postergar: 4 pasos para superarlo.

Según la wikipedia la procrastinación (del latín: pro, adelante, y crastinus, referente al futuro), postergación o posposición es la acción o hábito de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables.

¿Porqué puede ser un problema procrastinar?

By Quino

Todos en algún momento postergamos y no pasa nada cuando aceptamos que queremos diferir una acción y lo hacemos con total conciencia y libertad de elección. Ahora bien, hay veces que al postergar algo, nos sentimos mal y eso, según creo yo, es síntoma que estamos viviendo un conflicto interno.

Por lo tanto, el problema de postergar no es hacerlo sino sentirse mal por ello. Si el malestar que sentimos es síntoma de un conflicto interno, entonces la cuestión a indagar será cuales son las partes en conflicto y, si consigo gestionarlo, entonces el conflicto se disolverá y el postergar dejará de ser un problema, ¿no te parece?

No obstante, antes de entrar en materia, me gustaría explicarte los ingredientes que necesito para cocinar este artículo.

El conflicto y las necesidades.

Según la Comunicación NoViolenta (CNV) todas nuestras acciones son respuestas, más o menos exitosas, que intentan satisfacer necesidades y valores universales. Los valores y necesidades universales son todo aquello que es indispensable para que los seres humanos puedan vivir. Así, hay necesidades básicas como pueden ser la necesidad de alimento, descanso, seguridad física y emocional, otras, como la necesidad de pertenencia, conexión, amor, afecto y también otras más elevadas como las necesidades de contribuir, sentido o espiritualidad. Las necesidades universales son comunes a todos los seres humanos, no importa de qué sexo, raza, religión, época o idea política tengan (enlace a un listado de necesidades y valores universales)

La importancia de conocer cuales son las necesidades que están en juego cuando hago alguna acción es que hay muchas maneras diferentes de satisfacerlas. Eso significa que no tengo porque apegarme a una acción concreta siempre que pueda encontrar alguna otra acción para satisfacer la necesidad que estoy intentando satisfacer. Por ejemplo, si estoy cansado eso significa que tengo una necesidad de descanso.

Ahora bien, para satisfacerla puedo hacer cosas tan diversas como tumbarme en el sofá, ir al cine a ver una película, puedo también decidir ir a tomar una copa con un amigo para conversar conversar o incluso podría ir a jugar un partido de fútbol con los amigos. Saber que necesidad está en juego me abre un abanico enorme de posibilidades, mientras que si no la sé, mis posibilidades se reducen a una sola acción a la cual me será muy difícil renunciar.

Podemos resolver un conflicto cuando cambiamos el nivel de las acciones por el nivel de las necesidades.

El conflicto se produce cuando una acción que realiza una parte perjudica o no satisface necesidades de otra parte. Por ejemplo, supongamos que tengo un conflicto interno entre hacer una tarea doméstica y sentarme en el sofá. Entonces, la acción “sentarme en el sofá”, que es un manera de satisfacer las necesidad de descanso, entra en conflicto con la acción “hacer la tarea doméstica”, que puede ser una manera de satisfacer las necesidades de orden, limpieza y quizás de tranquilidad.

Si este conflicto no es la primera vez que se me plantea, podría ser que la acción “sentarme en el sofá” sea una respuesta de oposición y resistencia a una voz interna que me dice “tienes que hacer ….” por lo que la acción “descansar en el sofá” quizás también sea una forma de rebelarme ante esa voz que se quiere imponer, por lo que eso sea un intento de satisfacer la necesidad de libertad y respeto al ritmo. Como puedes ver, cuando hacemos algo siempre hay una o varias necesidades que estamos intentando satisfacer, aunque no seamos conscientes de ello.

El otro asunto importante en la resolución de un conflicto es que las necesidades (que no las acciones concretas) son igual de importantes y merecen ser tenidas en consideración de igual forma. Es decir, que sentarse en el sofá o hacer la tarea doméstica no es lo importante sino que lo verdaderamente importante es encontrar alguna acción o conjunto de acciones que satisfagan las necesidades de descanso, libertad, respeto al ritmo, tranquilidad, orden y limpieza.

El pensamiento estratégico.

Con este concepto me quiero referir a un modo de pensar que tiene en cuenta un conjunto de acciones que va más allá de una acción inmediata de corto plazo. El pensamiento estratégico implica que puedo ir más allá de la acción “descansar en el sofá” o “hacer la tarea” y puedo trazar un plan más amplio en la que haya una sucesión de acciones. Por ejemplo, el pensamiento estratégico en un partido de tenis me permite ver que puede interesarme perder el juego en curso porque eso me permitirá ahorrar energía para ganar el set y finalmente el partido.

En definitiva, si aplico el pensamiento estratégico a nuestro ejemplo puedo entender que la acción “descansar” y la acción “hacer la tarea doméstica” pueden ser etapas de un mismo plan y no tienen porqué entenderse como cosas separadas que están en conflicto.

Por fin entra en juego el último ingrediente que quería explicarte.

Tomar una decisión:

Lo perfecto como enemigo de lo bueno.

El problema de las decisiones es que pueden ser difíciles de tomar cuando esperamos tomar la decisión perfecta y yo creo que eso es imposible porque las decisiones perfectas no existen. Lo que te propongo es que tomes la mejor decisión que puedes tomar con los datos que tienes disponibles. Sabiendo que estás tomando una decisión imperfecta, decide cuando vas a volver a revisar esta decisión. Es decir, toma una decisión pero que no sea definitiva, así podrás tomar decisiones “equivocadas” con tranquilidad.

Una vez que has decido qué hacer y cuándo vas a revisar la decisión, de lo que se trata es de hacerlo y, como diría Machado “sin volver la vista atrás”. Si detectamos que hay una sensación de queja significa que estamos revisando lo decidido y ya hemos dicho que de lo que se trata de de mirar hacia adelante. Por ejemplo, si he decido descansar, se trata de descansar al 100 %, sin remordimientos, sin volver la vista atrás. Igualmente, si he decidido hacer la tarea, se trata de simplemente eso, de hacerla como si fuera la única cosa en el mundo. Si detecto que hay resistencia significa que estoy volviendo la vista atrás y estoy revisando lo que ya he decidido.

Haz compartimentos estancos.

Actuar de esta forma es como hacer compartimentos estancos que evitan que el agua que entra en un sitio inunde todo el buque. Si estoy para descansar, descanso, y si hago la tarea doméstica, simplemente la hago, sin interferencias de una cosa con la otra.

Pasos para gestionar la procrastinación

Por fin ha llegado el momento de la receta. Gracias por la paciencia.

Paso 1. Acepta que estás en conflicto.

De lo que se trata es de no añadir más leña al fuego. Lo que quiero decir con esto es que a veces uno está enfadado por que se está en conflicto y eso para mi es añadir enfado a la situación de conflicto. Aceptarlo no significa que lo ignore, simplemente digo que sí a eso que me está pasando. De hecho si hay dos partes mías que están en oposición significa que hay necesidades y valores universales muy importantes y valiosos que estoy intentando preservar. Yo creo que eso vale verdaderamente la pena indagarlo.

Paso 2. Identifica qué necesidades y valores universales está buscando satisfacer cada parte.

En nuestro ejemplo ya hemos visto que las necesidades que hay en juego con la acción “descansar ” son las necesidades de descanso e incluso, la de libertad y de respeto al ritmo. Con la acción “realizar la tarea doméstica” se intentan satisfacer las necesidades de orden, limpieza y tranquilidad. Podemos ir al paso 3.

Paso 3. Genera ideas para satisfacer las necesidades de ambas partes y utiliza el pensamiento estratégico.

De lo que se trata ahora es de buscar acciones que puedan servir para satisfacer la necesidades de descanso, libertad, respeto al ritmo, orden limpieza y tranquilidad sin olvidarse del pensar de forma estratégica.

Así que, si estoy muy cansado se me ocurre que primero podría descansar, por ejemplo durante media hora, y luego, hacer la tarea doméstica de forma tranquila y estando atento a mi forma física, de manera que si me canso en exceso, tome el compromiso de parar y tomar otro descanso. Creo que este plan satisface mis necesidades de descanso, libertad, respeto al ritmo, orden, limpieza y tranquilidad. Increíble, ¿no te parece?

Paso 4. Hazlo y no te olvides de los “compartimentos estancos”

De lo que se trata es de ejecutar el plan haciendo de cada etapa algo único, total y digno de ser vivido intensamente “sin volver la vista atrás”. Confía, ya trazaste un plan, y has tenido en cuenta que es revisable, así que ahora se trata de disfrutarlo.

Conclusión

Aquí te he dado una receta que creo puede ayudar a gestionar la procrastinación. Desde luego es presuntuoso pensar que este es el método definitivo para conseguirlo y esa no es mi pretensión. Me sentiré muy satisfecho si este artículo puede contribuir, aunque sólo sea de forma muy ligera, a que puedas gestionar mejor el hábito de postergar. Ya me dirás.

¡Buen viaje!

Pasos para desbloquear una conversación.

En la última entrada (¿Qué hace que una conversación funcione?) vimos juntos que las conversaciones dejan de funcionar cuando deja de haber escucha. Vimos que en un conflicto resulta muy difícil tener una buena conversación porque las dos partes están desesperadas por encontrar una escucha que no le proporciona el otro. También vimos la situación era como un atasco en un cruce entre dos calles. Los dos quieren pasar al mismo tiempo (las dos partes quieren recibir escucha) pero la urgencia es tan grande que se atascan por esta urgencia de ser escuchados.

¿Cómo se soluciona o se previenen un atasco en un cruce de calles? Una de las formas que más se utilizan es mediante un semáforo que regula el tiempo que tiene cada parte para pasar. ¿Podríamos aplicar un sistema similar en una conversación conflictiva? Sí y no, me explico. Por una parte sí, porque así damos un cierto tiempo a cada parte para que tenga la oportunidad de hablar. por otra lado no, porque eso no asegura que las dos partes se escuchen. Hace falta algo más para restablecer la conexión y la escucha. Veamos una forma de hacerlo.

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¿Qué hace que una conversación funcione?

Una conversación que funciona es como una pareja que baila de forma armoniosa. En el baile, uno hace un movimiento que es escuchado por su pareja y, gracias a eso hay una respuesta que, a su vez es escuchada por el otro. Así es como surgen los pasos y movimientos de una forma fluida y armoniosa. Para bailar hay que estar muy atento al otro, sino la magia se rompe y el baile también. Sin escuchar el movimiento del otro es imposible que se produzca un baile armonioso.

Por eso digo que las buenas conversaciones son como un buen baile. En una buena conversación hay uno que habla y la respuesta del otro surge de una escucha auténtica y profunda. Esa respuesta es escuchada de forma profunda y desde ese lugar surge otra respuesta, o un silencio, que también es escuchado. ¿Puedes ver la armonía de una buena conversación? Cuando hay una buena conversación los interlocutores se sienten a gusto porque el baile fluye de una forma natural y armoniosa: hay escucha y enriquecimiento mutuo.

Sin embargo hay veces que las conversaciones no funcionan de esta forma, y yo me pregunto, ¿qué es lo que hace que la magia se rompa? Yo creo que eso pasa cuando deja de haber escucha profunda. Cuando falta este ingrediente el diálogo fluido que surge y se enriquece con las aportaciones de cada parte degenera y se convierte a un intercambio de monólogos. Cada parte dice lo suyo, pero no hay una verdadera interacción ni enriquecimiento porque lo que se dice no surge de la escucha sino de una necesidad de “decir lo mío“.

Volviendo a la imagen del baile, es como si cada bailarín se pusiera a bailar con un estilo totalmente diferente al del otro. ¿Te imaginas una pareja en el que uno baila salsa y el otro un vals? Pues esto es lo que ocurre cuando en los diálogos deja de haber escucha. Entonces la experiencia agradable de fluir se convierte en desasosiego, en impaciencia e incluso aparece la ira.

Si estás de acuerdo en lo que acabamos de ver juntos, recuperar el diálogo sería tan simple como recuperar la escucha. Simple, sí, porque sólo es esto, pero en absoluto fácil, porque cuando lo que rompe la escucha son las emociones que sienten los interlocutores y eso no es fácil de gestionar. Sino, recuerda alguna conversación en la que no haya habido escucha. ¿Qué pasaba con las emociones de los interlocutores? … Es muy probable que la intensidad emocional fuera muy alta, ¿verdad que sí?

Cuando discutimos con alguien de forma acalorada cada uno habla pero no recibe ni escucha ni comprensión de la otra parte. Entonces lo que hace es insistir en su expresión, y lo que consigue es más de lo mismo, es decir falta de escucha y comprensión. El círculo vicioso va creciendo y la sensación de desesperación va en aumento junto con la falta de escucha mutua.

Es como si cada parte estuviera diciendo: “Para y escúchame a mi primero, que tengo cosas muy importantes a decirte y necesito urgentemente que tú me escuches y me comprendas”. Sin embargo en vez de recibir escucha y comprensión sólo hay un busto parlante que explica su propia historia. Lógico porque curiosamente, la otra parte está exactamente igual, es decir, está necesitando desesperadamente ser escuchada.

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Una forma de responder a los gritos: practicando el “aikido emocional”

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Ō-Sensei Morihei Ueshiba, maestro fundador del Aikido

Todas las personas tienen todo el derecho del mundo a ser como son y a comportarse como se comportan, independientemente que a mi me guste más o menos o me perjudique en mayor o menor forma. Por otra parte, yo también tengo todo el derecho del mundo a comportarme de la forma que a mi me parezca más adecuada teniendo en cuenta mis necesidades y mis valores.

Teniendo en cuenta esto, cuando alguien actúa de una forma que no me satisface y opto por quedarme y afrontar la situación, se me ocurre que puedo actuar de dos formas. Una, de forma reactiva, y la otra proactiva. ¿Te interesaría saber en qué consiste cada una y cual podría ser la mejor para ti? Si tu respuesta es afirmativa te recomiendo que continúes leyendo.

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El apego y la diferencia entre necesidad y estrategia.

Una de las cosas que me resulta muy útil a la hora de encontrar respuestas a situaciones difíciles, ya sea en el campo personal como en el profesional, es la conocer la distinción entre necesidad y estrategia. Las Necesidades según la Comunicación NoViolenta (CNV), son todo aquello que es esencial en nuestras vidas. Así hay necesidades vitales cómo son el respirar, comer, beber, dormir, evacuar; también existen las necesidades de seguridad tanto material como afectiva; finalmente también se incluyen las necesidades de desarrollo del ser humano como son las contribución a la vida, la de dar sentido, etcétera.

En cambio, las estrategias son todo aquello hacemos para intentar satisfacer las necesidades. Es más, nuestras acciones son siempre un intento más o menos exitoso o más o menos “ecológico” para ir al encuentro de una o varias necesidades que están vivas en ese momento. Ahora bien, ¿Porqué es tan importante esta distinción?

No es lo mismo necesidades que estrategias.

Ya he dicho antes que nuestras acciones son siempre estrategias para satisfacer necesidades. Así que las acciones son importantes en la medida que nos ayudan a satisfacer necesidades. La cuestión es que,  si confundo la estrategia con la necesidad entonces la acción deja de convertirse en un medio para convertirse en un fin en si mismo. Esto supone que me aferro a una estrategia porque creo que es la única forma para satisfacer las necesidades, y las necesidades son esenciales para la vida lo cual reduce enormemente mis posibilidades para encontrar la felicidad.

Sin embargo si soy consciente de qué necesidades estoy intentando satisfacer con una determinada acción, desaparece mi apego a esa estrategia y me abro a buscar y encontrar otras estrategias que también sirvan para satisfacer esas necesidades. Para explicarme mejor, me gustaría ponerte un ejemplo. Supón que te digo que estoy muy frustrado y enfadado porque necesitaba ir al cine y ya es demasiado tarde para ir. 

Lo primero a tener en cuenta es que he dicho que ir al cine es una necesidad cuando en realidad es sólo una estrategia. Sin embargo estoy con un amigo que conoce la CNV y me va a ayudar a diferenciarlas. El diálogo podría ser algo como lo que sigue.

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“¿Quieres ser feliz o tener la razón? Las dos cosas a la vez es imposible”.

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Freskenzyklus der Brancacci-Kapelle in Santa Maria del Carmine in Florenz, Szene: Hl. Petrus und Hl Paulus im Disput mit dem Magier Simon vor Nero

En el artículo de hoy quiero hablarte de tener la razón, especialmente en una situación de conflicto. Así que supón que he discutido con alguien, estoy enfadado y en conflicto con esa persona y además yo tengo la razón. Fíjate que digo que tengo “la razón” y no “mis razones” lo cual significa que razón sólo hay una, y además la tengo yo. Y si la tengo yo no la puede tener la otra parte, así que el otro está equivocado.

Otra cosa que quiero tener en cuenta es cómo me está afectando la situación conflictiva. En hecho que yo esté en conflicto con la otra persona, ¿me incomoda o me hace sufrir de alguna forma? Para responder a esta pregunta vale la pena ser muy honesto con uno mismo. Yo no sé qué te pasa a ti, pero a mi, los conflictos con las personas me incomodan mucho, y especialmente si el conflicto es con alguna persona que es importante y valiosa para mi. Pero el hecho que me me haga sufrir no hace cambiar el hecho que yo tengo razón y el otro no. Eso yo no puedo cambiarlo, así que, aunque me resulte incómodo me tendré que acostumbrar a eso.

¿Te das cuenta de lo que me está pasando? La única manera que el conflicto se solucione es que la otra persona reconozca su error. Mientras eso no pase, yo no podré hacer nada y por lo tanto, yo continuaré sufriendo por ello. Tener la razón supone dejar en manos del otro que yo deje de sufrir. Así que, tener la razón me encadena a la situación problemática o lo deja en manos de otro. Así que se me plantea el siguiente dilema: ¿quiero tener razón o seguir sufriendo?, o como dice el título del post “¿Quiero tener razón o ser feliz? porque las dos cosas al mismo tiempo es imposible”.

Ahora es tu turno. Recuerda una situación conflictiva con alguien importante, ya sea en el entorno laboral como en el personal. ¿Que elijes, tener razón o ser feliz?

Si has escogido ser feliz, te animo a que continúes leyendo el artículo. Y también puede ser que hayas pensado algo así como: – Claro que quiero ser feliz,  pero también tengo unos principios y una dignidad. Así que elijo seguir teniendo razón a costa de mi felicidad. Si éste es tu caso entonces también te sugiero que continúes leyendo porque, a continuación, podrás encontrar el tesoro que se esconde tras la actitud de tener la razón y eso te permitirá encontrar alternativas que te permitirán ser feliz. ¿Me acompañas?

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El origen de los conflictos: ¿sabes la diferencia entre necesidad y estrategia?

Peter van der Sluijs.

Peter van der Sluijs.

En algunos artículos ya hemos visto que lo que nos mueve a hacer las cosas son las necesidades y valores universales. También hemos visto que las necesidades son todo aquello que es esencial en nuestras vidas. Así hay necesidades vitales cómo son el respirar, comer, beber, dormir, evacuar; también existen las necesidades de seguridad tanto material como afectiva; finalmente también se incluyen las necesidades de desarrollo del ser humano como son las contribución a la vida, la de dar sentido, etcétera.

También hemos visto juntos en otros artículos que todo lo que hacemos es un intento más o menos exitoso o más o menos “ecológico” para ir al encuentro de una o varias necesidades que están vivas en ese momento.

Quizás te puedas estar preguntando por qué estoy otra vez repitiendo todo esto. La cuestión es que muchas veces confundimos una necesidad con la estrategia que son las acciones que llevamos a cabo para satisfacer esa necesidad y eso tiene una consecuencia que puede llegar a tener mucho impacto. ¿Quieres saber porqué?

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Cambiar las cosas desde la aceptación: el ejemplo de Nelson Mandela

 

La reciente muerte de Nelson Mandela me ha movido a escribir este entrada. Su manera de liderar ha sido y continuará siendo un ejemplo para mí y para muchas personas. Tras 27 años de prisión consiguió unir un país entero que vivía en el odio y el resentimiento a través del poder transformador de su ejemplo. Y lo hizo desde un lugar diferente al del odio y la venganza, a pesar que estaba cargado de muy buenas razones para odiar las personas que tanto sufrimiento habían causado a él y a muchas personas. Sin embargo entendió que el cambio era posible desde un lugar diferente, el de la aceptación de su oponente, lo puso en acción y logró eso que parecía imposible.

Muchos creen que este es el camino para realizar cambios transformadores y sostenibles en el tiempo pero piensan que sólo está al alcance de personas de la categoría humana de Mandela o de Ghandi. ¿Tenemos que esperar a que nazca otro Mandela para poder realizar este tipo de cambios?. Yo no quiero resignarme a esto. Es más, creo que todos podemos hacer cambios desde nuestro ámbito de acción: nuestra familia, trabajo, barrio. Así que no se trata de pedirnos cambiar un país. Esto me recuerda la siguiente cita:

“Debes ser el cambio que quieres ver en el mundo” (Mahatma Gandhi)

El otro aspecto es, ¿cómo se puede cambiar algo desde un lugar diferente al rechazo cuando no se está de acuerdo, o se está radicalmente en desacuerdo con la otra parte? ¿En qué consiste hacer cambios desde la aceptación? Pues precisamente es lo que te quiero explicar: qué es y cómo podemos hacer nosotros este tipo de cambios siguiendo el ejemplo de Mandela.  ¿Me acompañas?

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Dos mapas, una realidad: cómo afrontar los conflictos.

Esta semana he visto en un programa de televisión algo que me ha llamado la atención y que quiero compartir contigo. El programa trataba sobre una persona que hacía una visita a un compañero periodista que estaba de corresponsal en Jerusalén. Durante el programa le acompaña por diferentes lugares conflictivos. Finalmente le lleva al lugar donde prepara sus crónicas. Se trata de un edificio compartido por otros colegas periodistas y al final llegan al lugar donde trabaja. Entonces hubo algo que me llamó la atención: le enseñó dos mapas de la zona y dijo.

– Mira, aquí tienes dos mapas. Uno es el hecho por los Israelíes y el otro por los Palestinos. Corresponden al mismo lugar pero lo explican de forma diferente. Cuando me tengo que mover siempre consulto los dos mapas y así dispongo de más información y voy más seguro.

Lo explica como algo sorprendente. Supongo que nosotros estamos acostumbrados a que a un territorio le corresponde un mapa. Sin embargo, en ese lugar tan conflictivo, un mismo territorio tenía dos representaciones bastante diferentes.

A mi me parece que la estrategia de aceptar los dos mapas como descripciones de la realidad y no descartar ninguno de ellos por incompleto o por falso es muy práctico. Suma la información que le aportan los dos mapas y así tiene una visión más completa de lo que puede encontrarse cuando se desplace a la zona, especialmente teniendo en cuenta que se trata de una zona en conflicto y hay que estar preparado.

A estas alturas puede que te estés preguntando qué tiene que ver esto de los dos mapas con la gestión de conflictos. Permíteme que te lo explique.

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Gestión de conflictos. Plan de acción

conflictPor fin ya hemos llegado a la última entrega sobre cómo gestionar conflictos. Juntos hemos recorrido un camino que empezó en la primera entrega, cuando vimos cuales son los factores clave para resolver una situación conflictiva. En la segunda parte aprendimos a traducir nuestros juicios en necesidades y en la tercera aplicamos la misma habilidad para descubrir las necesidades que se escondían detrás de un comportamiento.
En esta última entrega, tal y como te prometí, toca dejar de reflexionar y entrar en acción. ¿De qué forma? Pues haciendo peticiones y negociando estrategias que puedan ser adecuadas para todas las partes.
Todo ello se sustenta en que, la inmensa mayoría de los conflictos se producen a nivel de estrategias pero no a nivel de necesidades. Ya vimos que descubrir las necesidades que hay detrás de un comportamiento es muy importante  a la hora de buscar estrategias. Para explicarte con mayor claridad esto que estoy exponiendo te pondré un ejemplo de un conflicto. Para ello haré el proceso desde el principio, para que puedas ver las diferentes fases y etapas por las que voy a pasar aplicándolo de una forma práctica. Vamos allá.

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